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Dichosymás

No dar cuartel

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Quien no da cuartel no concede al rival ni tregua ni piedad: aprieta sin dejarle respirar hasta acabar con él. La expresión nació como término de guerra, con un sentido literal y terrible, el de no hacer prisioneros, y hoy se oye sobre todo en las crónicas deportivas. La palabra cuartel no significa aquí lo que parece.

Qué significa exactamente

Conviene ver primero la familia entera, porque el sentido de la pieza suelta se entiende mal. Dar cuartel es conceder al vencido que se rinde un trato humano en lugar de matarlo. Pedir cuartel es solicitarlo. No dar cuartel es negarlo. Y sin cuartel funciona como adjetivo: guerra sin cuartel, lucha sin cuartel. El diccionario académico recoge ese valor de cuartel como el buen trato que los vencedores ofrecen a los vencidos.

Lo llamativo es la asimetría de uso. La forma afirmativa está prácticamente muerta: nadie dice hoy que un equipo dio cuartel al rival. Viven la negación y el adjetivo. Es un fenómeno muy frecuente en la fraseología española, donde hay palabras que solo sobreviven dentro de una negación, como ocurre en no dar pie con bola o en no pegar ojo. El sentido positivo se atrofia y queda el molde negativo, que es el que la gente aprende.

El significado literal es mucho más duro de lo que el uso deportivo deja adivinar. No dar cuartel quería decir matar a quien se rendía. No es una metáfora del rigor: es una orden concreta de no hacer prisioneros. El derecho de la guerra la prohíbe expresamente desde el reglamento anejo a la Convención de La Haya de 1907, que declara ilícito declarar que no se dará cuartel, y la prohibición se reiteró después en los protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra. Que una expresión hoy casi festiva nombre una conducta tipificada como crimen de guerra dice bastante sobre la velocidad a la que se enfrían las palabras.

En el uso figurado actual no hay violencia de ninguna clase, solo intensidad. Significa no conceder respiro, no hacer concesiones, no aflojar cuando el rival está tocado. Se aplica a partidos, negociaciones, oposiciones políticas y competencia comercial, y en todos esos contextos resulta perfectamente inocuo.

Con una salvedad importante. Aplicada a un conflicto armado real, la expresión recupera de golpe su sentido literal. Un titular que afirma que un ejército no dio cuartel está diciendo algo muy grave, se pretenda o no, y conviene saberlo antes de escribirlo.

Queda la homonimia, que despista a mucha gente. En español, cuartel es también la cuarta parte de algo, cada una de las divisiones de un escudo heráldico, un distrito de una ciudad y, sobre todo, el edificio donde se aloja la tropa. Muchos hablantes entienden la locución como no dar alojamiento, que no es lo que significa. Aunque, y aquí está lo interesante del asunto, puede que no anden tan lejos del origen.

De dónde viene

Cuartel deriva de cuarto, del latín quartus, y la cadena de sentidos que arranca de ahí es reconstruible sin sobresaltos: cuarta parte, división de un espacio, distrito de una población, zona asignada a una tropa y, por último, edificio donde esa tropa se aloja. Hasta aquí, todo documentado.

El sentido de clemencia aparece en el vocabulario militar europeo de los siglos XVI y XVII, y no solo en castellano. El francés quartier, el inglés quarter, el italiano y el neerlandés desarrollan el mismo valor en el mismo periodo. Esa simultaneidad es el dato más sólido de todo el expediente, y apunta a una jerga común de los ejércitos profesionales de la época, la de las guerras de Flandes y de religión, donde soldados de media Europa compartían campamento, botín y costumbres.

Sobre cómo nació ese valor hay dos explicaciones en competencia. La primera lo liga al alojamiento: dar cuartel sería admitir al vencido en el acantonamiento en lugar de degollarlo, darle sitio, comida y custodia. Es semánticamente limpia, porque parte de una acepción de cuartel que está documentada con seguridad, y explica por qué se usó esa palabra y no otra.

La segunda, muy repetida sobre todo en la tradición lexicográfica inglesa, remite a un supuesto acuerdo entre las tropas españolas y las neerlandesas por el que la vida de un prisionero se rescataba por la cuarta parte de su paga. De ahí el cuarto, de ahí el cuartel. Es una historia con gancho y con fecha aparente.

Circula además una tercera lectura, que en realidad es una variante de la primera: cuartel entendido como espacio asignado y seguro, de modo que dar cuartel equivaldría a conceder un sitio donde estar a salvo. Se solapa tanto con la del alojamiento que puede tratarse como una sola.

Mi lectura, y la doy como lectura y no como conclusión: la primera se sostiene sola, sin necesidad de ningún pacto ni de ninguna anécdota. La segunda tiene la forma inconfundible de una etimología construida hacia atrás, a partir del parecido entre cuartel y cuarto.

Hasta qué punto está probado

Establecido está lo siguiente: que la palabra existe con ese valor, que aparece en varias lenguas europeas en el mismo periodo y que los diccionarios la recogen. Nada de eso se discute.

No está establecido cuál de los caminos semánticos produjo el sentido de clemencia. Tampoco la dirección del préstamo, es decir, si el castellano lo tomó del francés, al revés, o si todas las lenguas lo recibieron de un uso militar compartido. Esta última posibilidad es a la vez la más probable y la menos demostrable, porque la jerga de campamento no deja archivo: se habla, no se escribe.

Sobre la hipótesis del rescate conviene ser explícito. No se ha exhibido ningún documento de la época que recoja semejante convención. No hay capitulación, ordenanza, asiento ni contrato conocido que fije el rescate en un cuarto de la paga. Y una regla militar de ese tipo, de haber existido, habría dejado rastro en la documentación administrativa de los ejércitos de los siglos XVI y XVII, que era abundantísima y todo menos informal: aquellos ejércitos contaban hasta los clavos.

De ahí se puede sacar una regla práctica que sirve para muchas otras etimologías. Cuando el origen de una palabra se explica mediante una convención aritmética exacta, la cuarta parte de la paga, el tercio del botín, la décima de la cosecha, conviene desconfiar. La precisión numérica es lo que hace memorable el relato, y es también lo que delata que se construyó para ser recordado. Las etimologías reales suelen ser aburridas, graduales y difíciles de contar en una frase.

Por todo ello la ficha se queda en disputado y no sube a probable. La explicación del alojamiento es claramente mejor, pero mejor no significa demostrada, y no hay ningún texto conocido que cierre el asunto.

Cómo se usa hoy

El registro es neutro y el uso, general en todos los países hispanohablantes, sin diferencias de sentido. Lo que cambia de un sitio a otro es la frecuencia y la competencia con otras fórmulas.

Su terreno predilecto es la crónica deportiva, donde funciona casi como muletilla: no dio cuartel al rival, no hubo cuartel en el segundo tiempo. También aparece en información política, en negociación laboral y en el lenguaje de la competencia empresarial. La forma más viva de todas es la adjetival, con guerra sin cuartel y lucha sin cuartel a la cabeza.

En América compite con no dar tregua, que resulta algo más frecuente y suena menos libresca. Y pedir cuartel se conserva sobre todo en negativa, para decir que alguien no se rinde. El resultado es un equilibrio curioso: en el español actual casi nadie da cuartel y casi nadie lo pide, pero todo el mundo entiende la expresión.

Ya se ha dicho y conviene repetirlo, porque es el único uso realmente delicado: en información sobre guerras reales la locución no es un adorno. Ahí significa lo que significaba en el siglo XVII.

Expresiones parecidas

Del lado de la dureza sin límites están a sangre y fuego, que añade destrucción material, pasar a cuchillo, que es la versión explícita y sin metáfora de lo que la nuestra dice de forma velada, y no dejar títere con cabeza, mucho más ligera y con origen literario.

Para la intensidad sostenida, sin el componente sangriento, el castellano ofrece no dar tregua, no dar respiro, apretar las tuercas y ir a por todas. Son las que conviene usar cuando se habla de un partido o de una negociación y no se quiere invocar el sentido literal.

Del lado del vencido quedan rendirse a discreción, que es el término técnico de la rendición sin condiciones, e izar bandera blanca. Ambas describen justamente el momento en que alguien pide lo que el otro puede negarle.

El inglés conserva to give no quarter con el mismo valor y ha desarrollado además take no prisoners, que es hoy la fórmula corriente para el sentido figurado y que hace explícito lo que el español mantiene oculto tras una palabra opaca. El francés dice sans quartier. Que cuatro o cinco lenguas europeas compartan la misma imagen, y con la misma cronología, sigue siendo el mejor argumento para pensar en un origen de campamento y no en una anécdota nacional.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Chile

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Colombia

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

España

No dar respiro ni clemencia

Frecuente en deporte y en negociación

«El equipo no dio cuartel en toda la segunda parte.»

México

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Perú

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Uruguay

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Venezuela

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él; en un debate o una competición, no dejarle respirar.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to give no quarter

Literalmente: no dar cuartel

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «no dar cuartel»?

No conceder tregua ni piedad al adversario, apretar sin descanso hasta acabar con él. En un debate o una competición, no dejarle respirar.

¿De dónde viene «no dar cuartel»?

«Cuartel» valía por el buen trato que el vencedor concede al vencido que se rinde, pero de dónde sale ese sentido no está claro. Una hipótesis lo liga al alojamiento donde se recluía al prisionero al que se perdonaba la vida; otra, a un pacto de rescate por la cuarta parte de la paga.

¿Es verdad que «cuartel» viene de la cuarta parte de la paga?

No está probado. Esa explicación, muy repetida en la tradición inglesa, sostiene que el prisionero se rescataba por una cuarta parte de su paga, pero tiene aire de etimología construida a posteriori. La hipótesis del alojamiento del prisionero resulta más sobria.

¿Cómo se usa «no dar cuartel»?

Para describir una presión sin respiro, frecuente en deporte y en negociación: «el equipo no dio cuartel en toda la segunda parte». También circulan «sin cuartel», «guerra sin cuartel» y «pedir cuartel».

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Corominas, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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