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La quinta columna

Respuesta rápida
«La quinta columna» significa Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
  • Origen histórico: Nace en el otoño de 1936, en el avance sobre Madrid: cuatro columnas sublevadas convergían sobre la capital y una quinta, formada por simpatizantes emboscados dentro de la ciudad, actuaría en el momento…
  • Variantes frecuentes: Ser un quintacolumnista · Actuar de quinta columna
  • En otros idiomas: «fifth column» (EN)

Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Se llama quinta columna al grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo cuando llegue el momento. El nombre no procede de ninguna metáfora arquitectónica ni de ningún orden de batalla antiguo: sale de una cuenta muy concreta, la de cuatro columnas que avanzaban y una quinta que ya estaba dentro.

Qué significa exactamente

La expresión exige tres cosas a la vez. La primera es la pertenencia aparente: el quintacolumnista está dentro, con carné, con uniforme o con vecindad. La segunda es la lealtad real al bando contrario. La tercera, y es la que la distingue de todo lo demás, es el aplazamiento: la quinta columna no actúa todavía, espera. Su función es estar preparada para el momento en que su intervención sirva de algo.

Ese tercer rasgo explica por qué no es sinónimo de otras palabras vecinas. Un espía recoge información y la manda fuera; una quinta columna está para actuar, no para informar. Un infiltrado o un topo ha sido colocado deliberadamente por el enemigo, mientras que una quinta columna puede estar formada por simpatizantes espontáneos que nadie ha reclutado. Un traidor puede traicionar una vez y a cara descubierta; el quintacolumnista se define por la permanencia del disimulo.

El derivado quintacolumnista se escribe en una sola palabra y funciona como sustantivo y como adjetivo. Es de las pocas palabras españolas del siglo XX que han generado familia léxica propia sin ayuda de nadie.

Hay algo en esta expresión que conviene mirar de frente, porque es lo que la hace peligrosa. La acusación de quinta columna es infalsable: no admite defensa. Quien la niega está haciendo exactamente lo que haría un quintacolumnista, y quien calla, también. Ninguna prueba puede desmentirla, porque su premisa es que las apariencias engañan. Las acusaciones de este tipo, en cualquier época y en cualquier bando, han servido siempre para lo mismo, que es señalar al disidente interno sin tener que discutir con él.

De ahí el uso rebajado que hoy es el más frecuente: llamar quinta columna a los críticos del propio partido o a los del propio sector. Es un uso hiperbólico y bastante irresponsable, porque toma prestada la gravedad de un término que nació en una guerra y la aplica a una discrepancia de opinión.

Vale la pena reparar en una rareza de la propia expresión. El ordinal quinta solo tiene sentido si se sabe que antes hubo cuatro, y la inmensa mayoría de quienes usan hoy el término no tienen ni idea de cuáles eran. La locución sobrevive completamente desprendida de su aritmética, como un número de casa cuya calle ya no existe. Es un buen ejemplo de cómo las expresiones no necesitan ser comprensibles para funcionar: les basta con ser reconocibles.

De dónde viene

El origen es preciso, está fechado y no hay que reconstruirlo por conjetura: la expresión nace en el otoño de 1936, durante el avance de las tropas sublevadas sobre Madrid.

La formulación es sencilla. Cuatro columnas militares convergían sobre la capital para tomarla. A ellas se sumaría una quinta, que no venía de fuera: estaba ya dentro de la ciudad, formada por simpatizantes emboscados que actuarían en el momento del asalto. La aritmética es lo que da nombre a la cosa. No hay metáfora: hay una columna más que las cuatro que se veían venir.

La frase se atribuye habitualmente al general Emilio Mola, aunque la autoría exacta se discute y las circunstancias en que se pronunció se han contado de varias maneras. Esa discusión no afecta al origen del término, que está fuera de duda, pero conviene no adornar con detalles que no se pueden sostener.

Lo que sí está documentado es el efecto inmediato de la expresión en el Madrid sitiado. El miedo a la quinta columna se instaló en la ciudad y tuvo consecuencias muy graves durante aquel otoño, cuando la sospecha de que el enemigo estaba dentro se convirtió en un factor de la violencia en la retaguardia. Es un dato incómodo y forma parte de la historia de la expresión: pocas frases han producido tan deprisa efectos tan concretos.

Hay en esta historia un mecanismo que conviene subrayar, porque es lo que explica la fortuna del término. La expresión la acuñó el bando atacante para anunciar una ventaja, pero quien la difundió y la puso en circulación fue el bando sitiado, que la adoptó de inmediato para nombrar aquello que temía. Es decir: la palabra triunfó en boca de sus destinatarios. Rara vez se ve con tanta claridad cómo una consigna de propaganda pasa al idioma general precisamente porque el adversario la repite.

La difusión internacional llegó por la vía literaria y periodística. Madrid estaba llena de corresponsales extranjeros, y el término viajó con ellos. Ernest Hemingway tituló The Fifth Column la obra teatral que publicó en 1938 y que nació de su estancia en la ciudad durante la guerra. A partir de ahí, fifth column se instaló en el inglés y de ahí pasó a media Europa, con enorme fortuna durante la Segunda Guerra Mundial: el temor a los quintacolumnistas fue un fenómeno de masas en Gran Bretaña, en Francia y en Estados Unidos.

Merece la pena señalar lo que esto significa desde el punto de vista del idioma. El español ha exportado muy pocas palabras al vocabulario político internacional del último siglo, y esta es una de ellas, junto con guerrilla y pronunciamiento, las dos del siglo XIX. Que las tres vengan de la guerra civil o de la inestabilidad militar dice bastante sobre qué exportó España durante doscientos años.

Cómo se usa hoy

Es una expresión de registro culto, propia del lenguaje político y periodístico, y perfectamente viva en todo el ámbito hispanohablante. En España e Hispanoamérica se entiende igual, aunque el peso emocional varía según la historia de cada país: donde ha habido guerra interna o dictadura reciente, la palabra pesa más.

El uso serio, el que conserva el sentido original, aparece en textos sobre conflictos armados, servicios de inteligencia y guerra híbrida. Ahí la expresión es técnica y no resulta exagerada.

El uso político cotidiano es mucho más frecuente y bastante más ligero. Acusar de quinta columna al ala crítica de un partido, a un sindicato o a un medio de comunicación se ha convertido en un recurso barato del debate público. Quien recurre a él debería saber que está diciendo que su adversario no es un adversario legítimo sino un agente enemigo, y esa es una afirmación que en su origen se saldaba con fusilamientos.

Existe además un uso deportivo y empresarial, claramente humorístico, para hablar de aficionados del rival infiltrados en la grada o de empleados que trabajan a favor de la competencia. No molesta a nadie porque la desproporción es evidente.

Sobre la forma: se escribe en minúscula, sin comillas y con artículo, la quinta columna. El adjetivo derivado va en una sola palabra, quintacolumnista, y admite plural regular. No debe confundirse con el nombre de ninguna unidad militar real.

Su recorrido posterior explica también por qué el término sigue tan cargado. Durante la Segunda Guerra Mundial y después, en los años de la Guerra Fría, la sospecha del enemigo interior organizó buena parte del debate político de medio mundo, y la quinta columna fue el nombre que se le dio en casi todos los idiomas. Ese uso masivo dejó en la expresión un poso que no se ha ido: cuando alguien la emplea hoy, aunque sea a la ligera, está invocando toda esa memoria.

Expresiones parecidas

La más cercana en el imaginario es caballo de Troya, y la diferencia entre ambas es de mecanismo. El caballo de Troya es un objeto o una operación que introduce al enemigo dentro; la quinta columna es el enemigo que ya estaba dentro. Una habla del engaño para entrar, la otra de la espera una vez dentro.

En el vocabulario de la infiltración quedan topo, tomada de la novela de espionaje anglosajona, e infiltrado, que es el término neutro y hoy el más usado en la crónica policial. Ninguno de los dos incorpora la idea de masa: un topo es uno, una quinta columna es un colectivo.

Para la traición sin disimulo están cambiar de bando, pasarse al enemigo y vender a los suyos, que describen actos visibles y por tanto no cumplen la condición esencial de nuestra expresión.

Y en el terreno de la sospecha genérica, el enemigo en casa y criar cuervos cubren un espacio parecido con menos precisión y menos historia detrás. El inglés dice fifth column, que es nuestro préstamo devuelto, y usa además the enemy within, el enemigo interior, con un alcance más vago.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1938
The Fifth Column
Obra de Ernest Hemingway.
Hacia 1938 el término ya circulaba con su sentido actual y anclado al Madrid de la Guerra Civil: cuatro columnas sublevadas convergiendo sobre la capital y una quinta, de simpatizantes emboscados, esperando dentro.
Origen documentado
He preferido reformular el enunciado en términos de circulación antes que bajarlo a probable, porque así el nivel se aplica a lo que el testimonio sostiene de verdad. Hemingway tituló The Fifth Column la obra que publicó en 1938, nacida de su estancia en el Madrid en guerra, y un título así solo funciona si la expresión ya era reconocible allí y con ese sentido. Que la acuñación sea del otoño de 1936 encaja sin esfuerzo con ese uso, pero es el matiz y no el enunciado: la obra acredita circulación, no el instante en que alguien dijo la frase por primera vez. El DLE registra la locución como pieza común del español.
La formulación se debe al general Emilio Mola.
Origen disputado
La atribución se repite de manera casi automática, y las circunstancias en que se habría pronunciado se han contado de varias maneras. El problema es que se transmite sin pasaje localizado: ni esta ficha ni sus fuentes registran el texto, el discurso o el parte donde la frase conste, y una autoría sin documento es exactamente lo que este diccionario no da por bueno. Conviene separar las dos cosas: que el origen del término esté fuera de duda no arrastra consigo la autoría, que sigue abierta.
El término es un anglicismo: se acuñó en inglés, a veces atribuido a Hemingway por su obra de 1938, y el español lo tomó prestado.
Explicación popular desmentida
La cronología lo desmiente con los datos de la propia ficha: The Fifth Column es de 1938 y su título procede de la expresión que el autor conoció en el Madrid en guerra dos años antes. El préstamo va en sentido contrario, del español al inglés y de ahí a media Europa, con enorme fortuna durante la Segunda Guerra Mundial. Atribuir a Hemingway la acuñación confunde al difusor con el inventor: Madrid estaba llena de corresponsales extranjeros y el término viajó con ellos, de modo que la obra de 1938 es parte del trasvase y no su punto de partida.
El nombre es una metáfora arquitectónica: la quinta columna sería la que sostiene el edificio por dentro, o la que sobra en una fachada de cuatro.
Explicación popular desmentida
Es la lectura de quien ya no sabe cuáles eran las otras cuatro, y se desmonta con la aritmética que la propia expresión conserva. En español «columna» nombra también la formación militar en marcha, y es esa acepción la que el ordinal cuenta: cuatro que avanzaban sobre Madrid y una quinta que ya estaba dentro. La lectura arquitectónica obliga además a inventar un edificio del que nadie sabe decir cuál es ni por qué tendría cinco columnas, y no produce el rasgo que define la expresión, que es la espera: una columna de piedra no aguarda el momento de actuar.
El término procede de un orden de batalla de la Antigüedad, en el que a cuatro columnas de ataque se sumaba una quinta de reserva.
Explicación popular desmentida
La quinta unidad de un despliegue así sería una reserva que espera fuera, y lo que define a la quinta columna es justamente estar dentro, entre los sitiados y con su apariencia. La lectura no llega a producir el significado que pretende explicar. A eso se añade la ruta del término: pasa al inglés en los años treinta desde el Madrid en guerra, y ese trasvase es el que lo instala en media Europa. Un tecnicismo militar heredado de la Antigüedad no habría necesitado ese préstamo ni habría esperado a 1938 para asomar en un título.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Los infiltrados que desde adentro juegan para el otro bando.

Mismo sentido; registro culto o periodístico, con resonancia de la Guerra Fría más que de la Guerra Civil española.

«Adentro del gremio hay una quinta columna que le pasa todo a la empresa.»

Chile

Partidarios encubiertos del enemigo dentro del propio bando.

Mismo sentido; en Chile la expresión arrastra la carga de la polarización previa a 1973 y no se usa a la ligera entre gente mayor.

«En esa época a cualquiera que discrepara lo trataban de quinta columna.»

Colombia

Mismo sentido que el general

Cuba

Los que dentro del país actúan al servicio del enemigo exterior.

Ojo: en el discurso oficial cubano no es una figura retórica sino una acusación política corriente contra disidentes, con consecuencias reales para el señalado.

«En el noticiero los trataron de quinta columna y de mercenarios pagados desde afuera.»

España

Traidores infiltrados en la propia organización

Acusación grave; en política se usa con ligereza

«Acusó a los críticos de ser la quinta columna del partido.»

México

Grupo interno que trabaja en favor del adversario desde dentro de la propia organización.

Mismo sentido; muy usado el derivado «quintacolumnista» en la prensa política.

«Acusaron al ala crítica del partido de ser la quinta columna del gobierno anterior.»

Perú

Mismo sentido que el general

Venezuela

Infiltrados que favorecen al adversario desde dentro.

Como en Cuba, es acusación habitual del discurso oficial contra la oposición, así que suena mucho más grave que en España, donde se lanza con ligereza.

«Dijeron en cadena que esos dirigentes son la quinta columna del imperio.»

Ejemplos de uso

  • «En las cenas familiares mi primo hace de quinta columna y le cuenta a su madre hasta lo que no pasó.»
  • «El comité sospecha que hay una quinta columna que filtra cada acuerdo antes de que se firme.»
  • «La directiva llamó quintacolumnistas a los socios que pedían auditar las cuentas del club.»

Así suena en una conversación

Cómo se dice en otros idiomas

EN

fifth column

Literalmente: quinta columna

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «la quinta columna»?

Un grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.

¿De dónde viene «la quinta columna»?

Nace en el otoño de 1936, en el avance sobre Madrid: cuatro columnas sublevadas convergían sobre la capital y una quinta, formada por simpatizantes emboscados dentro de la ciudad, actuaría en el momento del asalto. Hemingway tituló The Fifth Column su obra de 1938.

¿Quién inventó la expresión «quinta columna»?

La formulación se atribuye al general Emilio Mola en el otoño de 1936, pero la autoría exacta se discute y no está zanjada. Lo seguro es el contexto: cuatro columnas sublevadas avanzando sobre Madrid y una quinta emboscada dentro de la ciudad.

¿Cómo se usa «la quinta columna»?

Como acusación grave de traición interna, aunque en política se emplea con bastante ligereza: «acusó a los críticos de ser la quinta columna del partido». De ahí sale también «quintacolumnista».

Fuentes consultadas

  1. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española (DLE)
  2. Hemingway, The Fifth Column (1938)
  3. Doval, Gregorio, Del hecho al dicho, s. v. «quinta columna», «sobre madrid al frente de cuatro columnas militares pero que por boca de queipo de llano decia disponer de una quinta columna refiriendose a las personas que dentro del territorio enemigo defendian sus mismos ideales intereses y objeti»

Qué sostiene esta ficha

  • Certeza declarada: hay más de una versión y no se puede elegir entre ellas.
  • Fuentes citadas: 2 obras.
  • Primera aparición escrita: The Fifth Column, 1938.
  • Estado editorial: redactada; pendiente de revisión humana.

Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.

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