La quinta columna
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Se llama quinta columna al grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo cuando llegue el momento. El nombre no procede de ninguna metáfora arquitectónica ni de ningún orden de batalla antiguo: sale de una cuenta muy concreta, la de cuatro columnas que avanzaban y una quinta que ya estaba dentro.
Qué significa exactamente
La expresión exige tres cosas a la vez. La primera es la pertenencia aparente: el quintacolumnista está dentro, con carné, con uniforme o con vecindad. La segunda es la lealtad real al bando contrario. La tercera, y es la que la distingue de todo lo demás, es el aplazamiento: la quinta columna no actúa todavía, espera. Su función es estar preparada para el momento en que su intervención sirva de algo.
Ese tercer rasgo explica por qué no es sinónimo de otras palabras vecinas. Un espía recoge información y la manda fuera; una quinta columna está para actuar, no para informar. Un infiltrado o un topo ha sido colocado deliberadamente por el enemigo, mientras que una quinta columna puede estar formada por simpatizantes espontáneos que nadie ha reclutado. Un traidor puede traicionar una vez y a cara descubierta; el quintacolumnista se define por la permanencia del disimulo.
El derivado quintacolumnista se escribe en una sola palabra y funciona como sustantivo y como adjetivo. Es de las pocas palabras españolas del siglo XX que han generado familia léxica propia sin ayuda de nadie.
Hay algo en esta expresión que conviene mirar de frente, porque es lo que la hace peligrosa. La acusación de quinta columna es infalsable: no admite defensa. Quien la niega está haciendo exactamente lo que haría un quintacolumnista, y quien calla, también. Ninguna prueba puede desmentirla, porque su premisa es que las apariencias engañan. Las acusaciones de este tipo, en cualquier época y en cualquier bando, han servido siempre para lo mismo, que es señalar al disidente interno sin tener que discutir con él.
De ahí el uso rebajado que hoy es el más frecuente: llamar quinta columna a los críticos del propio partido o a los del propio sector. Es un uso hiperbólico y bastante irresponsable, porque toma prestada la gravedad de un término que nació en una guerra y la aplica a una discrepancia de opinión.
Vale la pena reparar en una rareza de la propia expresión. El ordinal quinta solo tiene sentido si se sabe que antes hubo cuatro, y la inmensa mayoría de quienes usan hoy el término no tienen ni idea de cuáles eran. La locución sobrevive completamente desprendida de su aritmética, como un número de casa cuya calle ya no existe. Es un buen ejemplo de cómo las expresiones no necesitan ser comprensibles para funcionar: les basta con ser reconocibles.
De dónde viene
El origen es preciso, está fechado y no hay que reconstruirlo por conjetura: la expresión nace en el otoño de 1936, durante el avance de las tropas sublevadas sobre Madrid.
La formulación es sencilla. Cuatro columnas militares convergían sobre la capital para tomarla. A ellas se sumaría una quinta, que no venía de fuera: estaba ya dentro de la ciudad, formada por simpatizantes emboscados que actuarían en el momento del asalto. La aritmética es lo que da nombre a la cosa. No hay metáfora: hay una columna más que las cuatro que se veían venir.
La frase se atribuye habitualmente al general Emilio Mola, aunque la autoría exacta se discute y las circunstancias en que se pronunció se han contado de varias maneras. Esa discusión no afecta al origen del término, que está fuera de duda, pero conviene no adornar con detalles que no se pueden sostener.
Lo que sí está documentado es el efecto inmediato de la expresión en el Madrid sitiado. El miedo a la quinta columna se instaló en la ciudad y tuvo consecuencias muy graves durante aquel otoño, cuando la sospecha de que el enemigo estaba dentro se convirtió en un factor de la violencia en la retaguardia. Es un dato incómodo y forma parte de la historia de la expresión: pocas frases han producido tan deprisa efectos tan concretos.
Hay en esta historia un mecanismo que conviene subrayar, porque es lo que explica la fortuna del término. La expresión la acuñó el bando atacante para anunciar una ventaja, pero quien la difundió y la puso en circulación fue el bando sitiado, que la adoptó de inmediato para nombrar aquello que temía. Es decir: la palabra triunfó en boca de sus destinatarios. Rara vez se ve con tanta claridad cómo una consigna de propaganda pasa al idioma general precisamente porque el adversario la repite.
La difusión internacional llegó por la vía literaria y periodística. Madrid estaba llena de corresponsales extranjeros, y el término viajó con ellos. Ernest Hemingway tituló The Fifth Column la obra teatral que publicó en 1938 y que nació de su estancia en la ciudad durante la guerra. A partir de ahí, fifth column se instaló en el inglés y de ahí pasó a media Europa, con enorme fortuna durante la Segunda Guerra Mundial: el temor a los quintacolumnistas fue un fenómeno de masas en Gran Bretaña, en Francia y en Estados Unidos.
Merece la pena señalar lo que esto significa desde el punto de vista del idioma. El español ha exportado muy pocas palabras al vocabulario político internacional del último siglo, y esta es una de ellas, junto con guerrilla y pronunciamiento, las dos del siglo XIX. Que las tres vengan de la guerra civil o de la inestabilidad militar dice bastante sobre qué exportó España durante doscientos años.
Cómo se usa hoy
Es una expresión de registro culto, propia del lenguaje político y periodístico, y perfectamente viva en todo el ámbito hispanohablante. En España e Hispanoamérica se entiende igual, aunque el peso emocional varía según la historia de cada país: donde ha habido guerra interna o dictadura reciente, la palabra pesa más.
El uso serio, el que conserva el sentido original, aparece en textos sobre conflictos armados, servicios de inteligencia y guerra híbrida. Ahí la expresión es técnica y no resulta exagerada.
El uso político cotidiano es mucho más frecuente y bastante más ligero. Acusar de quinta columna al ala crítica de un partido, a un sindicato o a un medio de comunicación se ha convertido en un recurso barato del debate público. Quien recurre a él debería saber que está diciendo que su adversario no es un adversario legítimo sino un agente enemigo, y esa es una afirmación que en su origen se saldaba con fusilamientos.
Existe además un uso deportivo y empresarial, claramente humorístico, para hablar de aficionados del rival infiltrados en la grada o de empleados que trabajan a favor de la competencia. No molesta a nadie porque la desproporción es evidente.
Sobre la forma: se escribe en minúscula, sin comillas y con artículo, la quinta columna. El adjetivo derivado va en una sola palabra, quintacolumnista, y admite plural regular. No debe confundirse con el nombre de ninguna unidad militar real.
Su recorrido posterior explica también por qué el término sigue tan cargado. Durante la Segunda Guerra Mundial y después, en los años de la Guerra Fría, la sospecha del enemigo interior organizó buena parte del debate político de medio mundo, y la quinta columna fue el nombre que se le dio en casi todos los idiomas. Ese uso masivo dejó en la expresión un poso que no se ha ido: cuando alguien la emplea hoy, aunque sea a la ligera, está invocando toda esa memoria.
Expresiones parecidas
La más cercana en el imaginario es caballo de Troya, y la diferencia entre ambas es de mecanismo. El caballo de Troya es un objeto o una operación que introduce al enemigo dentro; la quinta columna es el enemigo que ya estaba dentro. Una habla del engaño para entrar, la otra de la espera una vez dentro.
En el vocabulario de la infiltración quedan topo, tomada de la novela de espionaje anglosajona, e infiltrado, que es el término neutro y hoy el más usado en la crónica policial. Ninguno de los dos incorpora la idea de masa: un topo es uno, una quinta columna es un colectivo.
Para la traición sin disimulo están cambiar de bando, pasarse al enemigo y vender a los suyos, que describen actos visibles y por tanto no cumplen la condición esencial de nuestra expresión.
Y en el terreno de la sospecha genérica, el enemigo en casa y criar cuervos cubren un espacio parecido con menos precisión y menos historia detrás. El inglés dice fifth column, que es nuestro préstamo devuelto, y usa además the enemy within, el enemigo interior, con un alcance más vago.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Chile
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Colombia
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Cuba
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
España
Traidores infiltrados en la propia organización
Acusación grave; en política se usa con ligereza
«Acusó a los críticos de ser la quinta columna del partido.»
México
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Perú
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Venezuela
Grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
fifth column
Literalmente: quinta columna
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «la quinta columna»?
Un grupo de partidarios del enemigo infiltrados en el propio bando, que trabajan desde dentro para favorecer su triunfo llegado el momento.
¿De dónde viene «la quinta columna»?
Nace en el otoño de 1936, en el avance sobre Madrid: cuatro columnas sublevadas convergían sobre la capital y una quinta, formada por simpatizantes emboscados dentro de la ciudad, actuaría en el momento del asalto. Hemingway tituló The Fifth Column su obra de 1938.
¿Quién inventó la expresión «quinta columna»?
La formulación se atribuye al general Emilio Mola en el otoño de 1936, pero la autoría exacta se discute y no está zanjada. Lo seguro es el contexto: cuatro columnas sublevadas avanzando sobre Madrid y una quinta emboscada dentro de la ciudad.
¿Cómo se usa «la quinta columna»?
Como acusación grave de traición interna, aunque en política se emplea con bastante ligereza: «acusó a los críticos de ser la quinta columna del partido». De ahí sale también «quintacolumnista».
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Hemingway, The Fifth Column (1938)
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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