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Dichosymás

Esto es Jauja

Lugar o situación de abundancia y bienestar sin esfuerzo; en negativa, sirve para recordar a alguien que aquí no se regala nada.

Jauja es el sitio donde todo sobra y nada cuesta trabajo, y por eso la frase se oye hoy sobre todo en negativo: aquí no es Jauja. Detrás del tópico hay un lugar real, una ciudad peruana del valle del Mantaro, y una obrilla de teatro del siglo XVI que fijó la fábula para siempre.

Qué significa exactamente

Hay dos usos y llevan direcciones opuestas. El positivo, exclamativo, celebra una situación de bienestar sin esfuerzo: llegas a un sitio donde te lo dan todo hecho y sueltas que aquello es Jauja. El negativo, mucho más frecuente en el habla actual, es un correctivo: esto no es Jauja, ¿te crees que esto es Jauja?. Sirve para recordarle a alguien que aquí las cosas hay que ganárselas.

El matiz decisivo está en el esfuerzo. Jauja no es simplemente un lugar rico: es un lugar donde la riqueza no exige trabajo. Un país próspero cuya prosperidad se debe a que la gente madruga no es Jauja. Jauja es donde la comida crece ya cocinada y donde quien se empeña en trabajar hace el ridículo. La abundancia, en este tópico, va siempre acompañada de la abolición del esfuerzo.

Eso la separa de otros paraísos. El Dorado es riqueza que hay que ir a buscar, con expedición, mapa y muertos por el camino. La tierra prometida es un premio al final de un recorrido penoso. Jauja no pide nada; está ya servida. Por eso el reproche funciona: quien dice que esto no es Jauja no está negando que haya recursos, está negando que sean gratis.

La construcción negativa merece una nota aparte, porque no es simétrica de la positiva. Esto es Jauja es una valoración; esto no es Jauja es una orden encubierta. Quien la pronuncia no está informando de nada, está exigiendo un cambio de conducta: ponte a trabajar, deja de pedir, baja tus expectativas. La forma es enunciativa y la función, imperativa, que es un desdoblamiento muy frecuente en las fórmulas de reprensión familiar.

También conviene fijarse en el sujeto. Casi siempre es un demostrativo neutro, esto, que no señala un lugar concreto sino la situación entera: la casa, la empresa, el país, el momento. Esa vaguedad es útil, porque permite aplicar el reproche sin acusar directamente a nadie de nada.

Conviene señalar un punto que se pasa por alto. Para buena parte de los peruanos, y desde luego para los jaujinos, Jauja no es un tópico: es su ciudad, en el departamento de Junín, con su historia, su clima seco de altura y una fama sanitaria muy concreta por los sanatorios que allí se instalaron. La misma palabra funciona en dos planos distintos según a quién se le diga, y ese desajuste conviene tenerlo presente antes de hacer la broma.

De dónde viene

Aquí el recorrido está documentado, y se puede seguir paso a paso.

El punto de partida es geográfico. Jauja, en el valle del Mantaro, fue establecida por Francisco Pizarro en 1534 como primera capital española del Perú. La elección tenía lógica: era un valle poblado, fértil y en el eje del camino incaico. Duró poco. El emplazamiento estaba demasiado adentro y demasiado alto para gobernar un territorio que dependía del mar, y la capitalidad se trasladó a Lima ese mismo año.

El segundo paso lo dieron las noticias. Las cartas y relaciones que cruzaban el Atlántico hablaban de un valle de clima excelente, tierras generosas y una región cargada de plata. En una Castilla con hambres periódicas, con malas cosechas y con pueblos enteros que emigraban, esas descripciones no se leían como informes: se leían como promesas. Y cada repetición las agrandaba.

El tercer paso, el que convirtió la noticia en tópico literario, lo dio Lope de Rueda. Autor, actor y director de compañía, sevillano, escribió un paso titulado La tierra de Jauja, impreso hacia mediados del siglo XVI. La pieza es breve y cruel: dos pícaros entretienen a un bobo describiéndole las maravillas de aquel país mientras le vacían la cazuela que llevaba a su mujer. Mientras el pobre hombre escucha embobado, se queda sin comida.

Lo que los pícaros describen no es Perú: es el país de Cucaña de toda la vida, con ríos de leche y miel, árboles que dan buñuelos y asadores girando solos. Y con el remate característico del tópico, que es el castigo a quien pretende trabajar. Lope de Rueda no inventó nada de eso; tomó una fantasía europea muy anterior y le puso encima el nombre americano que estaba en boca de todos.

Esa es la ironía del asunto: el lugar existía y era un valle andino corriente, con su gente y sus cosechas. El mito se fabricó en España, con materiales españoles, y solo tomó prestada la etiqueta. Desde el paso de Lope de Rueda, la palabra ya no volvió a significar únicamente una ciudad.

El cuarto paso fue la lexicalización, y es el que explica que la expresión siga viva. Una vez que el público asoció el nombre con la fantasía, la palabra pudo funcionar sin necesidad de contar la historia. Los diccionarios acabaron recogiéndola con ese valor figurado, y el académico la registra hoy para designar cualquier cosa que se presente como modelo de prosperidad y abundancia. Cuando un topónimo entra en el diccionario como nombre común, ya no hay marcha atrás: pertenece al idioma tanto como al mapa.

Merece la pena preguntarse por qué prendió esta y no otra. Circulaban en la España del XVI muchos nombres americanos cargados de promesa, y varios tenían más oro detrás. La ventaja de Jauja fue el teatro: el paso de Lope de Rueda se representaba ante públicos que no leían, en corrales y en plazas, y una fábula escuchada a carcajadas se fija mejor que una leída. La palabra se difundió por el oído, que es como se difunden las cosas que duran.

Cómo se usa hoy

En España la expresión está viva y se emplea sobre todo en su forma negativa. Es fórmula de padres a hijos y de jefes a empleados, y transmite un reproche seco pero sin insulto. En la forma positiva se oye menos y casi siempre con ironía.

En México, Argentina, Colombia y Chile se entiende y se usa, con menor frecuencia, y en algunos registros se percibe como españolismo. Nadie tiene problema en descifrarla, porque el contexto la explica sola.

En Perú hay que andar con más cuidado, y no por susceptibilidad: sencillamente, allí la palabra tiene dueño. Jauja es una ciudad con nombre propio, con vecinos y con una historia sanitaria que fue seria. Usar el tópico delante de un peruano puede requerir aclarar de qué se está hablando, y desde luego conviene evitar el tono de quien descubre una curiosidad exótica: no lo es.

El registro es coloquial. La grafía habitual es con mayúscula inicial, por tratarse de un topónimo, aunque el diccionario académico recoge también la forma en minúscula como nombre común para designar cualquier cosa que se presente como modelo de prosperidad. Las dos circulan y ninguna está mal.

La expresión no ha generado derivados figurados: no existe un adjetivo para lo propio de Jauja en sentido metafórico. Los derivados que hay son los reales, el gentilicio peruano, y pertenecen a la ciudad, no al tópico.

En cuanto al tono, el reproche es duro pero admisible en casi cualquier contexto laboral o familiar. No ofende, porque lo que hace es desinflar una expectativa, no descalificar a la persona.

Expresiones parecidas

La hermana más cercana es atar los perros con longaniza, que dice exactamente lo mismo con otro decorado: la abundancia se pinta desperdiciando lo caro en lo vulgar. Comparten hasta el uso preferente en negativo, y las dos se emplean para bajarle los humos a quien vive por encima de lo que hay.

Del mismo linaje europeo viene el país de Cucaña, que en España ha quedado reducido casi solo al palo untado de las fiestas populares, pero cuyo fondo es el mismo país imaginario. El francés lo conserva entero en le pays de Cocagne y el alemán en su Schlaraffenland.

Con América comparte escenario valer un Potosí, que también convirtió un lugar minero en unidad de medida. La diferencia es de naturaleza: Potosí mide cantidad, un valor enorme y cuantificable; Jauja mide facilidad, una vida sin resistencia. Se puede valer un Potosí y trabajar como un burro.

Para el derroche puntual está tirar la casa por la ventana, que describe un gasto extraordinario y voluntario, normalmente en una celebración, no una situación permanente. Y para el aprovechado que se instala en la abundancia ajena, vivir del cuento, que se puede practicar perfectamente en sitios que no son Jauja.

El inglés recurre a la fórmula bíblica the land of milk and honey, la tierra de leche y miel, que trae consigo una solemnidad de la que Jauja carece por completo. La versión española es más golfa, y lo es porque nació en un entremés de pícaros y no en un libro sagrado.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Lugar o situación de abundancia y bienestar sin esfuerzo; en negativa, sirve para recordar a alguien que aquí no se regala nada.

Chile

Lugar o situación de abundancia y bienestar sin esfuerzo; en negativa, sirve para recordar a alguien que aquí no se regala nada.

Colombia

Lugar o situación de abundancia y bienestar sin esfuerzo; en negativa, sirve para recordar a alguien que aquí no se regala nada.

España

Sitio donde todo sobra

Hoy se oye más en la fórmula de reproche: 'esto no es Jauja'

«Aquí se trabaja, que esto no es Jauja.»

México

Lugar o situación de abundancia y bienestar sin esfuerzo; en negativa, sirve para recordar a alguien que aquí no se regala nada.

Perú

Ciudad real del valle del Mantaro

En Perú Jauja es ante todo un topónimo, con fama de aires saludables

«Se fue a Jauja a curarse de los pulmones.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

the land of milk and honey

Literalmente: la tierra de leche y miel

FR

le pays de Cocagne

Literalmente: el país de Cucaña

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «esto es Jauja»?

Que un lugar o una situación son de abundancia y bienestar sin esfuerzo. Hoy se oye sobre todo en negativo, para recordar a alguien que aquí no se regala nada: «esto no es Jauja».

¿De dónde viene «esto es Jauja»?

Jauja es una ciudad del valle peruano del Mantaro, fundada por Pizarro en 1534 y primera capital del Perú. Las noticias sobre su clima benigno y su riqueza llegaron a España convertidas en fábula, y Lope de Rueda fijó el tópico en el paso La tierra de Jauja, de mediados del siglo XVI.

¿Existe Jauja de verdad?

Sí. Jauja es una ciudad real del valle del Mantaro, en Perú, fundada en 1534 y primera capital del país. En Perú es ante todo un topónimo, con fama de aires saludables; en España quedó como nombre del país de la abundancia.

¿Cómo se usa «esto es Jauja»?

Casi siempre como reproche, en forma negativa: «aquí se trabaja, que esto no es Jauja». También en afirmativo, para describir un sitio donde todo sobra. Se usa en España y en buena parte de Hispanoamérica.

Fuentes consultadas

  1. Lope de Rueda, La tierra de Jauja
  2. DLE (RAE-ASALE)
  3. Iribarren, El porqué de los dichos

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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