Ponerse las botas
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida, sobre todo comiendo hasta hartarse o ganando mucho dinero de golpe.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Quien se pone las botas saca un provecho enorme de algo, y hoy lo más habitual es que ese algo sea comida. Se puso las botas de marisco, se pusieron las botas con la reventa: en los dos casos hubo ocasión, hubo exceso y hubo aprovechamiento. La expresión no describe el disfrute, describe la desmesura.
Qué significa exactamente
Hay dos sentidos plenamente vivos y conviene tratarlos por separado antes de ver qué comparten. El primero es gastronómico y es hoy el dominante en España: ponerse las botas equivale a comer hasta hartarse, normalmente de algo bueno o poco frecuente. El segundo es económico: sacar mucho dinero de una situación, generalmente aprovechando la necesidad ajena o una coyuntura favorable.
Lo que une ambos usos es la idea de ocasión. Nadie se pone las botas trabajando de nueve a cinco ni comiendo lo de todos los días. Hace falta una circunstancia que se sale de lo normal: un banquete, una oferta, una escasez que dispara los precios, una herencia. La expresión no premia el mérito, describe el aprovechamiento de una coyuntura, y por eso en el sentido económico casi siempre lleva un reproche implícito.
Existe además un tercer uso, más difuso, para el disfrute intenso de cualquier cosa. Ponerse las botas de reír, ponerse las botas viendo fútbol. Es menos frecuente y suena a extensión moderna del sentido gastronómico, pero funciona sin problema y nadie lo percibe como forzado.
Frente a sus vecinas, esta locución tiene una particularidad que la hace útil: cubre a la vez el terreno de la comida y el del dinero, cosa que casi ninguna otra hace. Ponerse morado vale solo para comer. Forrarse y hacer el agosto valen solo para el dinero. Que ponerse las botas sirva para ambos ha llevado a más de un estudioso a sospechar que en realidad son dos expresiones distintas que acabaron confundiéndose por su forma. Es una sospecha con fundamento, aunque nadie la ha demostrado.
Sobre la construcción, el complemento se introduce con con o con de, y la elección aporta matiz: con tiende a la ganancia, se pusieron las botas con la subasta, y de tiende a la comida, se puso las botas de jamón. No es una regla estricta, pero el oído la reconoce.
De dónde viene
La explicación que repiten los repertorios apela a la historia del calzado, y merece exponerse con detalle porque es la que todo el mundo encuentra al buscar.
La bota de cuero, alta y cosida, fue durante siglos un artículo caro. Requería piel de calidad y trabajo de zapatero, y la usaban quienes cabalgaban, es decir, caballeros, militares y gente con posibles. El grueso de la población iba calzado con abarcas, esparteñas, alpargatas o zuecos, materiales baratos que se fabricaban en casa o en el pueblo. Bajo esa lectura, ponerse las botas equivalía a haber ascendido de posición: quien se las ponía es que había prosperado lo suficiente para permitírselas.
La hipótesis es coherente con el sentido económico y encaja con una lógica de la indumentaria como marcador social que está bien establecida para la Edad Moderna. Explica sin dificultad por qué la expresión se aplica a quien gana mucho dinero de golpe.
El problema aparece con la comida, que es hoy el uso principal. Del calzado caro no se llega al atracón por ningún camino evidente, y esa es la grieta que la explicación tradicional nunca ha tapado.
Aquí conviene poner sobre la mesa un dato que la lengua ofrece por su cuenta: en castellano, bota nombra también el recipiente de cuero para el vino, el odre pequeño que se lleva al campo y del que se bebe a chorro. Son dos palabras distintas con historias distintas, pero suenan igual y ambas se hacían de piel. Una expresión relacionada con beber y comer en abundancia encajaría con esa bota mucho mejor que con la otra, y la homonimia bastaría para que las dos ramas de significado acabaran bajo la misma forma. Lo digo como observación razonada y no como hallazgo: no conozco documentación que lo respalde, y presentarlo de otro modo sería hacer justo lo que este sitio evita.
Circula también una tercera vía, la de que ponerse las botas sería simplemente prepararse para algo bueno, como quien se calza para salir de viaje o para una jornada de caza. Es la menos convincente, porque no explica el exceso, que es el núcleo mismo de la locución.
Hasta qué punto está probado
Ninguna de las tres explicaciones cuenta con respaldo documental, y por eso la ficha se declara disputada en lugar de repetir la versión más popular como si estuviera cerrada.
La hipótesis del calzado tiene a su favor la verosimilitud histórica y el respaldo de los repertorios clásicos, que la han transmitido durante décadas. Tiene en contra dos cosas serias. La primera, que la repetición no es prueba: un dato que pasa de un diccionario de dichos a otro sin fuente nueva sigue siendo una conjetura por muchas veces que se copie. La segunda, y más grave, es que deja sin explicar el sentido dominante. Una etimología que resuelve el uso minoritario y no el mayoritario está incompleta por definición.
La vía de la bota de vino resuelve mejor el sentido gastronómico, pero no tiene tras de sí nada más que la homonimia y el sentido común. Es un argumento de plausibilidad, no una demostración, y hay que decirlo con todas las letras.
Un detalle cronológico refuerza la prudencia: la ficha declara la época como desconocida, y no por comodidad. No disponemos de una primera documentación fechada que permita saber cuál de los dos sentidos apareció antes. Y esa es exactamente la información que zanjaría el asunto. Si el sentido económico fuera anterior, la explicación del calzado ganaría muchos enteros; si lo fuera el gastronómico, se hundiría. Sin ese dato, cualquier afirmación categórica sobre el origen de esta expresión es más entusiasmo que filología.
Cómo se usa hoy
En España es de uso diario y el sentido gastronómico se lleva la mayor parte de las apariciones. Comidas familiares, bufés, celebraciones y cualquier ocasión con comida abundante son su terreno. El registro es coloquial y completamente inocuo: se dice delante de cualquiera, incluidos niños y jefes, y no tiene ninguna connotación grosera.
El sentido económico se mantiene vivo sobre todo en la prensa y en la conversación política, casi siempre con intención crítica. Se dice de intermediarios, de especuladores, de empresas que aprovechan una crisis. En ese uso la expresión funciona como acusación velada: no dice que se haya hecho nada ilegal, pero deja claro que alguien se aprovechó mientras los demás pagaban.
En América se entiende bien y se emplea en Colombia, México, Perú y Venezuela, aunque compite con fórmulas locales de mucho arraigo. Para el atracón se prefieren con frecuencia darse un banquetazo, comer hasta reventar o los verbos regionales del hartazgo; para la ganancia, forrarse y sus equivalentes. Conviene una advertencia de precisión: en México, ponerse hasta atrás significa emborracharse y no tiene relación con nuestra locución, aunque el parecido formal induzca a error a algún hablante peninsular.
Un apunte de uso que suele fallar a los aprendices: la expresión es siempre pronominal y siempre en plural. No existe ponerse la bota ni poner las botas a alguien. La forma está fijada y no admite manipulación, lo que en sí mismo es señal de antigüedad.
Expresiones parecidas
En el terreno de la comida, la vecina más próxima es ponerse morado, que describe el atracón sin la idea de oportunidad aprovechada. Inflarse a algo y ponerse hasta arriba funcionan igual y son algo más informales. Darse un atracón es la fórmula neutra y la única que cabe sin problema en un texto formal.
En el del dinero, hacer el agosto es la más cercana de todas, porque también parte de una ocasión limitada en el tiempo, la cosecha, y también lleva incorporado el matiz de aprovechar mientras dura. Forrarse es más directa y más moderna. Sacar tajada apunta a un beneficio parcial obtenido de algo ajeno, con un punto de picaresca. Ser un negocio redondo describe la operación en lugar de a quien la hace.
Hay una diferencia que conviene tener clara para no equivocarse. Hacer el agosto y ponerse las botas se solapan bastante, pero la primera insiste en la temporada y la segunda en la desmesura. Una tienda hace el agosto en Navidad; un tipo que revende entradas se pone las botas. La primera describe un negocio bueno, la segunda una glotonería, sea de comida o de dinero.
El inglés recurre a to make a killing para la ganancia, literalmente hacer una matanza, y a to pig out para la comida, con el cerdo de por medio. Ninguna lengua parece resistirse a describir el exceso con una imagen algo brutal, y la nuestra, con sus botas, resulta comparativamente discreta.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Colombia
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida, sobre todo comiendo hasta hartarse o ganando mucho dinero de golpe.
España
Hartarse o enriquecerse
El sentido de comer mucho es hoy el más común
«Con la reventa se pusieron las botas.»
México
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida, sobre todo comiendo hasta hartarse o ganando mucho dinero de golpe.
Perú
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida, sobre todo comiendo hasta hartarse o ganando mucho dinero de golpe.
Venezuela
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida, sobre todo comiendo hasta hartarse o ganando mucho dinero de golpe.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to make a killing
Literalmente: hacer una matanza
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «ponerse las botas»?
Sacar un gran provecho de algo o disfrutarlo sin medida. Hoy el sentido dominante es el gastronómico, comer hasta hartarse, pero también vale para el dinero: quien revende entradas a triple precio se pone las botas. Lo que describe es el exceso aprovechando una ocasión.
¿De dónde viene «ponerse las botas»?
El origen está disputado. La explicación más difundida recuerda que las botas de cuero eran calzado caro, propio de gente acomodada, frente a las abarcas del pueblo: ponérselas equivalía a haber prosperado. Es razonable, pero no está documentada.
¿Por qué «ponerse las botas» significa comer mucho?
Es justamente el punto débil de la explicación habitual, que apela al calzado caro y no aclara el salto a la comida. Cabe pensar en la homonimia con la bota de vino, el odre de cuero para beber, aunque tampoco eso está probado.
¿Es lo mismo «ponerse las botas» que «ponerse morado»?
No exactamente. Ponerse morado se refiere solo a la comida y describe el atracón. Ponerse las botas sirve además para el dinero y añade la idea de haber aprovechado una ocasión favorable: no basta con comer mucho, tiene que haber ganga de por medio.
Fuentes consultadas
- Iribarren, El porqué de los dichos
- DLE, Diccionario de la lengua española (RAE-ASALE)
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Irse de picos pardos
Salir de juerga y diversión nocturna, en busca de compañía o de fiesta, dejando de lado las obligaciones y el buen…
Quien fue a Sevilla perdió su silla
Quien abandona un puesto o un sitio se expone a encontrarlo ocupado al volver; se dice, medio en broma, al quedarse…
Jugarse algo a cara o cruz
Dejar una decisión al azar lanzando una moneda al aire, o afrontar una situación en la que todo se decide de una sola…
Armarse la marimorena
Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante…
Irse por los cerros de Úbeda
Divagar y apartarse del asunto que se está tratando, respondiendo con rodeos que casi siempre sirven para no contestar…
No hay moros en la costa
Indica que no hay peligro ni nadie vigilando y que se puede actuar con tranquilidad; en interrogativa, avisa justo de…