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Dichosymás

Armarse la marimorena

Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante gente.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Una bronca de las gordas, con gritos, empujones y gente metiéndose donde no la llaman: eso es que se arme la marimorena. La palabra no significa nada por sí sola fuera de la frase, y ese es justamente el motivo de que su origen lleve siglos discutiéndose sin que nadie logre cerrarlo.

Qué significa exactamente

La expresión describe un escándalo colectivo y ruidoso. No sirve para una discusión entre dos personas en voz baja, por muy agria que sea: hace falta ruido, hace falta desorden y, sobre todo, hace falta que se meta más gente de la que empezó. Una marimorena tiene siempre un componente de contagio.

Casi siempre se dice en pretérito. Se armó la marimorena es una frase de crónica: se cuenta después, a quien no estaba, y el que la cuenta suele hacerlo con cierto disfrute. Eso le da un matiz que conviene registrar: la expresión quita gravedad. Si el suceso acabó mal de verdad, con heridos o con consecuencias serias, nadie lo llama marimorena. La palabra reserva su sitio para los escándalos que, vistos desde fuera, tienen algo de espectáculo.

El verbo también dice cosas. Armar es en castellano un verbo enormemente productivo para el desorden: armar un lío, armar un cirio, armar un belén, armar la gorda, armar un escándalo. Todos comparten la construcción con sujeto pospuesto y el mismo aire de que la cosa se monta sola. Liarse y montarse funcionan igual y son intercambiables en el uso actual.

Y luego está la palabra. Marimorena no vive fuera de esta locución: no se puede tener una marimorena, ni comprarla, ni describir a nadie como marimorena. Solo existe dentro de la frase, prisionera de ella. Ese tipo de palabras es habitual en la fraseología y suele ser buena señal de antigüedad, porque significa que el conjunto se fijó cuando el elemento aún tenía sentido propio y sobrevivió al vaciarse.

Frente a sus vecinas, tiene una posición intermedia. Armarse la gorda es la versión plana, sin color. Armarse la de Dios es Cristo añade solemnidad burlona y resonancia religiosa. La marimorena queda en medio: es de las gordas, pero suena a jarana más que a catástrofe.

De dónde viene

La explicación tradicional lleva la frase al Madrid del siglo XVI y a una taberna. Habría existido una tabernera llamada María Morena, o Mari Morena, que protagonizó una pelea sonada con unos soldados empeñados en beber de la mejor cuba de la casa. El escándalo fue tal que el vecindario lo comentó durante años, y de ahí habría salido la expresión. La versión más elaborada del relato añade que del asunto quedó constancia en un pleito.

La frase, en cambio, sí está documentada: Correas la recoge en su vocabulario de refranes de 1627, que es el gran inventario del habla proverbial del Siglo de Oro. Eso fija un tope: a principios del XVII la expresión circulaba y era reconocible. Lo que no se puede fijar con la misma seguridad es la anécdota que le va pegada.

Existe una segunda vía, morfológica y mucho menos vistosa. El castellano fabrica desde antiguo sustantivos jocosos con el elemento mari-, sacado del nombre propio más común que había: marimacho, marisabidilla, marimandona, maritornes. Es un molde vivo, productivo y perfectamente capaz de generar un compuesto con morena sin necesidad de ninguna mujer concreta. En esa lectura, la marimorena no sería nadie: sería una manera festiva de nombrar el follón, con el mismo mecanismo con que se llama la gorda a la bronca.

Conviene descartar de entrada una pista que aparece siempre y que no lleva a ninguna parte: el villancico popular que repite el estribillo de la marimorena. La canción usa la palabra ya hecha, no la crea, y no sirve para fechar nada.

Vale la pena entender cómo funcionaban las recopilaciones del Siglo de Oro para calibrar lo que aporta Correas. Aquellos vocabularios se hacían anotando lo que se oía, a veces con una glosa breve que explicaba el sentido y a veces con una historieta que el recopilador había escuchado o que reconstruía él mismo. La frontera entre lo registrado y lo interpretado es porosa, y no siempre se puede saber en qué lado cae cada nota. Un refranero de aquella época es un testimonio excelente de que una expresión existía y un testimonio bastante endeble de por qué existía.

Hasta qué punto está probado

La expresión está documentada desde el siglo XVII. La anécdota que la explica, no.

El pleito que suele citarse como prueba nunca se ha reproducido. Se menciona de un libro a otro, sin signatura, sin transcripción y sin que nadie vuelva a los papeles a comprobarlo. Ese es el patrón exacto de las etimologías de anécdota: un documento que todo el mundo cita y nadie ha visto. No significa que no exista; significa que no se puede usar como prueba.

Pero hay un problema de método todavía mayor, y es que, aunque el expediente apareciera mañana, no serviría para lo que se pretende. Probaría que hubo una pelea en una taberna madrileña, cosa nada extraordinaria en un siglo en que las peleas de taberna eran cotidianas. Lo que habría que probar es el salto siguiente: que de aquella pelea concreta salió una palabra que pasó al idioma entero. Ese salto no lo documenta ningún expediente judicial, y es justamente el que hace falta.

La vía morfológica no necesita documentos porque no afirma ningún suceso. Se apoya en un molde que se puede comprobar en palabras vivas y en el hecho de que moreno era descripción corriente de personas. Tiene a su favor la economía: explica lo mismo sin postular a nadie.

Mi impresión, dicha sin más autoridad que la lectura, es que la anécdota resulta demasiado redonda. Cuando una explicación etimológica trae nombre propio, oficio, ciudad, siglo y hasta expediente, y sin embargo nadie ha visto el expediente, lo prudente es sospechar que la historia se construyó hacia atrás desde la palabra. Dicho esto, tampoco se puede descartar: Correas era muy aficionado a anotar el suceso concreto que había detrás de una frase, y en algunos casos acertaba de pleno. Aquí, sencillamente, no hay manera de saberlo.

Cómo se usa hoy

Está muy viva en España, donde es de uso general y de todas las edades. En México, Colombia, Venezuela y Perú se emplea y se entiende, con menor frecuencia. En el Cono Sur el reconocimiento baja bastante y se prefieren otras fórmulas locales para el mismo concepto.

El registro es coloquial pero limpio: no tiene nada de grosera y se puede decir delante de cualquiera. Eso explica que la prensa deportiva y la política la usen con toda naturalidad, sobre todo en crónicas de partidos accidentados y de plenos municipales que acaban a gritos.

El tiempo verbal habitual es el pretérito indefinido, se armó. El futuro existe como pronóstico —se va a armar la marimorena— y funciona como advertencia medio divertida. El presente casi no se usa, porque la expresión pide distancia: se cuenta lo que pasó, no lo que está pasando.

En cuanto a la escritura, va en una sola palabra y en minúscula. La grafía separada, con mayúsculas, solo tiene sentido cuando se está contando la anécdota de la tabernera y se habla de ella como persona.

Con quién sí y con quién no: prácticamente con todo el mundo, siempre que el suceso admita el tono festivo. Aplicarla a un altercado con consecuencias graves suena frívolo y desentona. Es la única precaución que hace falta.

Expresiones parecidas

El grupo más próximo lo forman las otras fórmulas del mismo molde: armarse la de Dios es Cristo, más enfática y con resonancia religiosa; armarse la gorda, la versión neutra; armar un cirio y armar un belén, que meten objetos de iglesia con el mismo desparpajo; y armarse un zafarrancho, que viene de la marina y conserva un punto de operación militar. En el habla joven española, liarse parda y montarse un pollo cumplen exactamente la misma función.

Fuera del molde, la casa de Tócame Roque describe algo distinto y a veces se confunde: no es un estallido, es un estado. Allí el desorden y el griterío son permanentes; la marimorena, en cambio, empieza y acaba.

Para el momento previo, estar el ambiente caldeado o saltar la chispa nombran la fase de acumulación. Y para el después, quedar la cosa en aguas de borrajas señala que el escándalo no tuvo consecuencias, que es lo que ocurre casi siempre.

El inglés resuelve la idea con all hell broke loose, que traslada el follón al infierno en lugar de a la taberna. La imagen es más apocalíptica y menos vecinal, pero el uso es idéntico: se cuenta en pasado y con ganas.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Colombia

Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante gente.

España

Bronca monumental

Casi siempre en pasado y con tono de crónica divertida

«Cuando anularon el gol se armó la marimorena en la grada.»

México

Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante gente.

Perú

Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante gente.

Venezuela

Estallar una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y participación de bastante gente.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

all hell broke loose

Literalmente: se desató todo el infierno

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «armarse la marimorena»?

Que estalla una pelea, un escándalo o un alboroto de grandes proporciones, con mucho ruido y bastante gente implicada.

¿De dónde viene «armarse la marimorena»?

No está aclarado. La explicación clásica, recogida por Correas, habla de una tabernera madrileña llamada María Morena que en el siglo XVI se peleó con unos soldados que querían beber de la mejor cuba. Otra vía apunta a un simple compuesto expresivo sobre el nombre María.

¿Es verdad que «la marimorena» viene de una tabernera llamada Mari Morena?

No está probado. La anécdota de la tabernera madrileña del siglo XVI la recoge Correas, pero el expediente judicial que suele citarse como prueba nunca se ha reproducido. La alternativa es que sea un compuesto expresivo formado sobre el nombre María.

¿Cómo se usa «armarse la marimorena»?

Casi siempre en pasado y con tono de crónica divertida: «cuando anularon el gol se armó la marimorena en la grada». También se oye «liarse la marimorena».

Fuentes consultadas

  1. Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
  2. Iribarren, El porqué de los dichos

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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