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A otro perro con ese hueso

Respuesta rápida
«A otro perro con ese hueso» significa Réplica con que se rechaza un engaño, una excusa o un cuento poco creíble: equivale a decir que a uno no lo engañan con esa historia.
  • Origen histórico: La imagen es la del perro al que se distrae con un hueso pelado, sin carne, para que suelte lo que lleva en la boca. Correas la registra en su Vocabulario de 1627 y Cervantes la pone en boca de personajes…
  • Variantes frecuentes: A otro perro con ese hueso, que yo no me lo trago
  • En otros idiomas: «tell it to the marines» (EN)

Réplica con que se rechaza un engaño, una excusa o un cuento poco creíble: equivale a decir que a uno no lo engañan con esa historia.

Con esa historia no me engañas: eso es lo que contesta quien suelta un a otro perro con ese hueso. No es una descripción, es una réplica, y va siempre dirigida a alguien que acaba de dar una excusa poco creíble. La imagen que hay detrás es la del perro al que se distrae con un hueso ya pelado.

Qué significa exactamente

Es un acto de habla completo: en cinco palabras rechaza el cuento y descalifica al que lo cuenta. No admite lecturas intermedias. Quien la dice ya ha decidido que le están mintiendo, y lo hace saber sin dejar margen a la negociación.

La gracia está en el reparto de papeles, que tiene su sutileza. El que habla se coloca en el lugar del perro que no pica y manda al otro a buscar un perro más tonto. Es decir, se compara a sí mismo con un animal y sale ganando, porque en la escena el perro listo es él. Ese juego de espejos es lo que le da el punto burlón.

El demostrativo importa. Se dice ese hueso, no un hueso, porque señala la excusa concreta que se acaba de oír. La expresión responde siempre a algo dicho un segundo antes; no se puede soltar en el aire ni como comentario general sobre la mentira.

La ampliación que yo no me lo trago hace explícito lo que el resto deja implícito y baja un poco el nivel de ingenio a cambio de claridad. Se usa cuando el interlocutor podría no captar el refrán, o cuando el hablante quiere insistir.

Frente a sus vecinas, tiene su hueco propio. A mí no me la das es más seca y menos gráfica. Cuéntaselo a tu abuela es más burlona y bastante menos dura, porque el desprecio va hacia el cuento y no hacia el intento. No me vengas con cuentos rechaza el relato sin acusar necesariamente de mala fe. La nuestra sí acusa: da por hecho que hay intención de engañar.

Conviene aclarar una confusión que se ve de vez en cuando. No significa que la historia aburra, ni que uno no quiera escucharla. Significa exactamente que uno no se la cree y sabe por qué.

Hay además una condición de uso que casi nunca se explicita: la excusa tiene que ser reincidente o inverosímil de forma llamativa. Nadie responde así a una explicación razonable que resulta ser falsa. La frase se reserva para el cuento gastado, el que ya se ha oído tres veces o el que se cae por su propio peso. Por eso funciona tan bien con las excusas de manual —el móvil estropeado, el tren que no pasó, el correo que se perdió—, que son precisamente las que todo el mundo ha usado alguna vez.

De dónde viene

El origen está documentado y no hay nada que discutir. Correas la recoge en su vocabulario de refranes y frases proverbiales de 1627, y Cervantes la pone en boca de personajes del Quijote. Dos testimonios de ese calibre a comienzos del siglo XVII prueban que la fórmula estaba hecha, era corriente y se entendía sin explicación.

Conviene decir lo obvio para evitar el malentendido habitual: ni Correas ni Cervantes la inventaron. Los refraneros del Siglo de Oro recogen habla que ya circulaba, muchas veces desde bastante antes, y Cervantes tenía por costumbre llenar los diálogos de Sancho con material proverbial que sus lectores reconocían al instante. Que aparezca en el Quijote significa que era popular, no que naciera allí.

La imagen se explica sola y no necesita anécdota. Al perro se le echa un hueso pelado para que suelte lo que lleva en la boca o para que se distraiga un rato. El hueso tiene forma de comida, olor de comida y no alimenta nada. Ese es exactamente el mecanismo de una excusa falsa: tiene forma de razón y está vacía por dentro. Cuando una expresión es tan transparente, buscarle un origen histórico concreto es perder el tiempo.

Merece la pena fijarse en el a otro, que es la clave de todo. La frase no dice conmigo no, dice prueba con otro. En lugar de negar el engaño, lo desvía. Esa elegancia oblicua, que deja al mentiroso con el hueso en la mano y sin destinatario, es probablemente lo que ha mantenido viva la fórmula cuatro siglos largos.

Y hay un fondo léxico que la sostiene. El castellano ha usado siempre el hueso para lo que no tiene sustancia o para lo que da trabajo sin provecho: roer un hueso, tocarle a uno el hueso, ser un hueso duro de roer. La palabra ya traía consigo la idea de esfuerzo sin recompensa, y la frase solo tuvo que aprovecharla.

Que aparezca en el Quijote tiene además un valor añadido para entender cómo se usaba. Cervantes reparte el material proverbial con criterio: quien acumula refranes es Sancho, y su acumulación es un rasgo de caracterización, la marca del hablante que razona con sentencias heredadas en lugar de con argumentos propios. Que una fórmula entre en ese repertorio significa que el lector de 1615 la reconocía al vuelo y sabía exactamente qué clase de persona la decía. Ninguna otra prueba de vitalidad es tan buena como esa.

Merece la pena señalar, por último, lo que la frase no tiene: no hay en ella ni pueblo, ni oficio, ni personaje histórico al que agarrarse. Es de las expresiones que desactivan por sí solas la industria de las etimologías pintorescas, porque no dejan hueco donde meter la anécdota. Cuando alguien pregunta de dónde viene, la respuesta honesta es que viene de mirar a un perro con un hueso, y que llevamos cuatro siglos diciéndolo.

Cómo se usa hoy

Está viva en España y en toda América con la misma forma y el mismo sentido. Es de las expresiones con menos variación geográfica del castellano, cosa que se explica por su antigüedad: viajó con la lengua antes de que las variedades se separaran.

El registro es coloquial y la frecuencia, alta. Se aprende pronto, porque las excusas empiezan en la infancia y las réplicas también. Muchos hablantes la usan sin haber pensado nunca en el perro ni en el hueso.

Se dice completa o truncada. Con soltar a otro perro y dejarlo ahí basta, y el truncamiento suena incluso más desdeñoso, porque da a entender que ni siquiera merece la pena terminar la frase.

El tono lo cambia todo. Dicha con sonrisa, entre amigos, es casi cariñosa y funciona como una manera de decir que no cuela sin que nadie se enfade. Dicha en serio, con la cara seria, es una acusación de mentira en toda regla y no deja al otro ninguna salida airosa. Ese es su principal riesgo.

Con quién sí: familia, amigos, compañeros de confianza. Con quién no: clientes, superiores, contextos profesionales donde acusar de mentira tenga consecuencias, y desde luego cualquier situación en la que uno pueda estar equivocado. La frase no admite matices después: una vez dicha, no se puede añadir un bueno, igual sí es verdad sin quedar en ridículo.

En prensa aparece sobre todo en columnas de opinión y en titulares, donde el juego con el perro da mucho de sí. En registros formales no cabe.

La respuesta que recibe también es reveladora. Quien se ve señalado por la frase tiene dos salidas: reírse y admitir que la excusa era mala, o indignarse y exigir que se le crea. La primera desactiva el conflicto en un segundo; la segunda lo agrava. Que la fórmula tenga ese punto de humor incorporado facilita mucho la primera reacción, y ahí está buena parte de su utilidad social. Es una acusación con una puerta de salida.

Expresiones parecidas

Del lado del que engaña están dar gato por liebre y vender humo. La primera describe la sustitución fraudulenta de una cosa por otra peor; la segunda, la promesa de lo que no existe. Ambas nombran la acción; la nuestra nombra la reacción, y por eso se combinan bien: alguien intenta darte gato por liebre y tú le mandas a otro perro con ese hueso.

Entre las réplicas equivalentes, la más próxima es a mí no me la das con queso, que comparte incluso la lógica del cebo, con el ratón en lugar del perro. A mí no me la pegas es más directa y menos gráfica. Cuéntame otra y cuéntaselo a tu abuela rebajan la acusación a burla.

Cerca pero no igual está menos lobos, Caperucita, que no desmiente una mentira sino que recorta una exageración: se le dice a quien presume de más, no a quien miente para escaparse. Y tomar el pelo designa el engaño en broma, sin intención de sacar provecho, que es justo lo que aquí no ocurre.

El inglés tiene tell it to the marines, que traslada la incredulidad a un cuerpo militar con fama de tragarse cualquier historia, y pull the other one, que juega con la idea de que a uno le están tirando de la pierna. Ninguno de los dos recurre a animales, y quizá por eso resultan menos vívidos que el hueso pelado.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1627
Vocabulario de refranes y frases proverbiales
Obra de Gonzalo Correas.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Allí se dice «andá a cantarle a Gardel»

No me creo esa historia, búscate a otro

Mismo sentido; convive con «andá a cantarle a Gardel», que es la réplica más típica del país para lo mismo

«¿Que te quedaste sin señal justo a esa hora? A otro perro con ese hueso.»

Chile

Allí se dice «no me vengas con cuentos»

A mí no me engañas con ese cuento

Mismo sentido; alterna con «no me vengas con cuentos», algo más frecuente

«A otro perro con ese hueso, si te vi salir con ella.»

Colombia

Réplica con que se rechaza una excusa

Mismo sentido; suele ir precedida de un «no me venga con esas»

«No me venga con esas, a otro perro con ese hueso.»

España

No me lo creo

Tajante, algo burlón

«¿Que se te ha estropeado el móvil otra vez? A otro perro con ese hueso.»

México

Rechazo tajante de una excusa o un cuento poco creíble

Mismo sentido y misma forma, sin diferencias apreciables; muy viva en la conversación

«¿Que se te descompuso el carro otra vez? A otro perro con ese hueso.»

Perú

Rechazo burlón de una mentira

Mismo sentido, sin diferencias apreciables

«A otro perro con ese hueso, hermano, que yo estuve ahí.»

Venezuela

Esa historia no me la trago

Mismo sentido; se combina a menudo con «echar un cuento», el verbo local para mentir

«A otro perro con ese hueso, chamo, que a mí no me echas ese cuento.»

Ejemplos de uso

  • «Dice que ha sido el gato el que ha tirado el cristal del aparador. ¡A otro perro con ese hueso!»
  • «Otra vez el tráfico y otra vez media hora tarde: a otro perro con ese hueso.»
  • «Me juraba el del puesto que el reloj era de oro y le solté que a otro perro con ese hueso.»

Así suena en una conversación

Cómo se dice en otros idiomas

EN

tell it to the marines

Literalmente: cuéntaselo a los marines

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «a otro perro con ese hueso»?

Es una réplica con la que se rechaza un engaño, una excusa o un cuento poco creíble. Equivale a decir «a mí no me engañas con esa historia».

¿De dónde viene «a otro perro con ese hueso»?

De la imagen del perro al que se distrae con un hueso pelado, sin carne, para que suelte lo que lleva en la boca. Correas la registra en su Vocabulario de 1627 y Cervantes la pone en boca de personajes del Quijote.

¿Cuándo se dice «a otro perro con ese hueso»?

Como respuesta tajante y algo burlona a una excusa que no se cree: «¿que se te ha estropeado el móvil otra vez? A otro perro con ese hueso». Se usa en España y en toda Hispanoamérica.

¿Aparece «a otro perro con ese hueso» en el Quijote?

Sí, Cervantes la pone en boca de personajes del Quijote, y Correas la registra en su Vocabulario de 1627. Eso indica que a principios del siglo XVII ya era fórmula hecha del habla, no una creación literaria.

Fuentes consultadas

  1. Correas, Gonzalo, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
  2. Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha (primera parte, 1605; segunda parte, 1615)
  3. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española (DLE)

Qué sostiene esta ficha

  • Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
  • Fuentes citadas: 3 obras.
  • Primera aparición escrita: Vocabulario de refranes y frases proverbiales, 1627.
  • Estado editorial: redactada; pendiente de revisión humana.

Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.

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