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Dichosymás

Quien con lobos anda, a aullar se enseña

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Uno acaba adoptando las costumbres de la gente con la que se junta, y el refrán da por hecho que serán las malas. No afirma que quien anda con lobos se convierta en lobo: dice que aprende a aullar. La distinción importa, porque lo primero que se pega de un grupo no son sus ideas, sino sus maneras.

Qué significa exactamente

El refrán habla de contagio de conducta. Quien frecuenta a gente de malas costumbres termina imitándolas aunque no se lo proponga, y aunque por dentro siga pensando lo mismo que antes. Es una advertencia sobre el poder del entorno y trae incorporada una tesis discutible: que la presión del grupo puede más que el criterio de cada uno.

Merece la pena mirar el verbo. Se enseña no significa aquí que el sujeto instruya a nadie; es un uso antiguo, pronominal, con el valor de acostumbrarse o habituarse. En castellano clásico enseñarse a algo era hacerse a ello, más o menos como hoy decimos avezarse. Ese matiz se ha perdido, y de ahí que la variante moderna a aullar aprende haya ganado terreno: dice lo mismo con un verbo que se entiende a la primera. La forma antigua, en cambio, era más precisa, porque el pronominal sugiere que el cambio ocurre sin maestro y sin voluntad.

El aullido tampoco está puesto al azar. Lo que el refrán dice que se aprende no es a cazar, ni a morder, ni a bajar al redil: se aprende el sonido, la señal de pertenencia. Primero se copia la manera de hablar, el tono, las bromas; lo demás viene después, si viene. Como descripción de cómo se entra en una pandilla, resulta de una exactitud incómoda.

Conviene subrayar que el refrán es peyorativo por definición. En pura lógica valdría también para las buenas compañías, pero nadie lo usa así. A nadie se le ocurre decir que quien con lobos anda a aullar se enseña para elogiar a alguien que ha mejorado rodeándose de gente honrada; para eso el refranero tiene otra pieza, quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Los lobos son siempre los otros, y siempre son malos.

Y no hay que confundirlo con su vecino más célebre. Dime con quién andas y te diré quién eres es un refrán de diagnóstico: deduce el carácter de alguien a partir de sus amistades y da por supuesto que ya era así antes de juntarse con ellas. El nuestro es causal: sostiene que la compañía produce el cambio. Uno juzga, el otro explica. Se citan casi como sinónimos y no lo son.

Tampoco equivale del todo a decir que alguien anda en malas compañías, que es la formulación llana del mismo aviso. El refrán añade dos cosas que la frase llana no tiene: la certeza de que ocurrirá, sin excepciones, y la insinuación de que el afectado no se dará cuenta. Nadie decide aullar. Se aúlla porque los demás aúllan.

De dónde viene

Aquí el terreno es firme. Gonzalo Correas lo registra en su vocabulario de refranes de 1627, y antes de él ya circulaba por los refraneros castellanos, esas colecciones que desde el siglo XV se dedicaron a poner por escrito lo que la gente decía. Correas lo anota sin comentario, que era lo que hacía con aquello que todo el mundo conocía.

Detrás hay un modelo latino muy difundido en la Edad Media: qui cum lupis ambulat ululare discit, quien anda con lobos aprende a aullar. La tradición lo atribuía a los padres de la Iglesia, aunque esa atribución conviene tomarla con la misma prudencia que todas las atribuciones de sentencias latinas, que la Edad Media repartía con notable generosidad. Lo que sí puede afirmarse es que la fórmula circulaba en latín y que de ahí pasó, con traducción casi literal, a las lenguas romances y al inglés.

La imagen prendió en castellano por una razón muy concreta: el lobo no era una metáfora. En la España rural fue durante siglos el enemigo económico del ganadero, el animal que se llevaba las ovejas y contra el que se organizaban batidas y trampas colectivas. Hay pueblos cuyo callejero conserva todavía el rastro de aquellas construcciones. Cuando un refrán decía lobo, el oyente del siglo XVI no pensaba en un símbolo del mal: pensaba en las cuentas del año.

La estructura es de manual del refranero castellano. El molde quien más verbo, coma y consecuencia es uno de los más productivos de la lengua proverbial: quien mucho abarca poco aprieta, quien siembra vientos recoge tempestades, quien a buen árbol se arrima. Permite fabricar sentencias nuevas sin esfuerzo, y esa facilidad explica en buena parte por qué el refranero castellano es tan descomunal.

Vale la pena preguntarse por qué el aullido y no la mordedura. Un refrán que dijera que quien anda con lobos aprende a morder sería más alarmante y, a la vez, mucho menos fino: convertiría al aprendiz en agresor desde el primer día y perdería la gradación. El aullido no hace daño a nadie, y ahí está su fuerza. Se empieza siempre por lo inofensivo.

Una precisión sobre la etiqueta. Que el origen esté documentado significa aquí que la expresión está atestiguada por escrito desde antiguo y que se conoce su modelo latino. No significa que se sepa quién la dijo por primera vez en castellano ni cuándo: eso, tratándose de refranes, casi nunca se sabe. Un refrán no tiene autor, tiene difusión.

Cómo se usa hoy

Vive en todo el ámbito hispanohablante con el mismo sentido y sin variaciones apreciables entre España y América. Los refraneros viajaron enteros en el equipaje del castellano, y este iba en primera fila.

El registro es coloquial y el tono, inequívocamente paternal. Suena a advertencia de madre, de abuelo o de maestro, y por eso en boca de alguien joven casi siempre se emplea con ironía, citándolo como se cita aquello que dirían los mayores. Ese uso irónico está muy extendido y no ha desplazado al original.

Los contextos habituales son tres. La educación de los hijos, cuando alguien desconfía de las amistades nuevas. El trabajo, para describir cómo un ambiente enrarecido acaba contagiando a quien llegó con buenas intenciones. Y la política, donde se emplea contra quien pacta con quien no debía; ahí funciona como acusación en diferido, porque no dice que el aludido sea malo, dice que se está volviendo.

Un aviso práctico: dicho a la cara, es duro. Llama lobos a los amigos del interlocutor y le atribuye poca cabeza. Se emplea mucho más en tercera persona y a espaldas del aludido que de frente, y quien lo suelta delante debe contar con que la conversación se tuerza.

Como tantos refranes largos, se cita truncado. Basta con «quien con lobos anda…» y una pausa para que el oyente complete el resto. Ese mecanismo es la mejor prueba de que una fórmula sigue viva: solo se puede dejar a medias lo que todo el mundo sabe terminar.

Entre las dos variantes no hay una mejor. A aullar se enseña conserva el sabor antiguo y es la forma que recogen los repertorios; a aullar aprende es más transparente y suena más natural en la conversación de hoy. La coma después de anda es la puntuación tradicional y conviene mantenerla, porque marca la pausa que el refrán pide al decirlo.

Expresiones parecidas

La familia inmediata es la de los refranes sobre compañías, y todos dicen cosas distintas aunque se usen como si fueran intercambiables. Dime con quién andas y te diré quién eres juzga a partir del entorno. Dios los cría y ellos se juntan va casi en dirección contraria: sostiene que la gente parecida se busca sola, de modo que no hay contagio, hay afinidad previa. Si se acepta ese, el nuestro sobra.

La manzana podrida pudre el cesto es el más próximo en la idea de contagio, pero desplaza el foco al corruptor en lugar de al corrompido y suele servir para justificar la expulsión de alguien de un grupo. Seguir como borregos describe otra cosa: la imitación por pasividad, sin que haya ningún lobo enseñando nada.

En el lado positivo, quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija es la contrapartida exacta, con la misma lógica de que el entorno determina, aplicada al revés. Que el refranero contenga las dos afirmaciones no es una contradicción que haya que resolver: los refranes no forman un sistema, se invocan de uno en uno según lo que a cada cual le convenga defender.

Fuera del castellano, el inglés conserva el calco del proverbio latino, who keeps company with wolves will learn to howl, y varias lenguas europeas tienen su versión con la misma imagen. No hay préstamo entre ellas: hay una fuente común y un animal que todas conocían de cerca.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Chile

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Colombia

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

España

Las malas compañías contagian

Aviso paternal o reproche

«Se juntó con esa cuadrilla y ya se le nota: quien con lobos anda, a aullar se enseña.»

México

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Perú

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Venezuela

Uno acaba adoptando las costumbres de la compañía que frecuenta, casi siempre para mal; advierte sobre el poder de las malas amistades.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

who keeps company with wolves will learn to howl

Literalmente: quien va con lobos aprenderá a aullar

Preguntas frecuentes

¿Qué significa quien con lobos anda, a aullar se enseña?

Que uno acaba adoptando las costumbres de la gente con la que se junta, casi siempre las malas. No dice que la persona se vuelva mala, sino que termina imitando las maneras del grupo sin darse cuenta.

¿De dónde viene el refrán quien con lobos anda, a aullar se enseña?

Correas lo registra en 1627 y antes ya circulaba por los refraneros castellanos. Detrás hay un proverbio latino muy difundido en la Edad Media, qui cum lupis ambulat ululare discit, con el mismo sentido.

¿Se dice a aullar se enseña o a aullar aprende?

Las dos formas son correctas. La tradicional es «a aullar se enseña», con un uso antiguo del verbo equivalente a acostumbrarse; «a aullar aprende» es más moderna y transparente, y hoy se oye mucho.

¿Es lo mismo que dime con quién andas y te diré quién eres?

No. Ese refrán deduce cómo es alguien a partir de sus amistades; este afirma que la compañía cambia a la persona. Uno diagnostica un carácter y el otro explica un contagio de conducta.

Fuentes consultadas

  1. Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
  2. Refranero Multilingüe (Centro Virtual Cervantes)

Por qué puedes fiarte de esta ficha

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