Llevarse como el perro y el gato
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
Dos personas que discuten a todas horas y no consiguen convivir sin roce se llevan como el perro y el gato. La comparación describe un conflicto crónico y de intensidad media, no una enemistad a muerte: siguen viéndose, siguen compartiendo casa u oficina, y siguen tirándose los trastos a la cabeza.
Qué significa exactamente
El rasgo que define la expresión no es la pelea, es la combinación de pelea y convivencia. Si uno de los dos se marcha, ya no se llevan como el perro y el gato: sencillamente no se hablan. Hace falta que sigan compartiendo espacio, y que ese espacio sea obligatorio.
Por eso se aplica sobre todo a relaciones de las que no se puede uno bajar: hermanos, socios, vecinos de rellano, compañeros de piso, cuñados, matrimonios de largo recorrido. Rara vez se dice de dos conocidos que podrían perfectamente dejar de verse.
La intensidad es media y esto merece subrayarse. Hay bronca constante, hay roce, hay portazos, pero no hay odio homicida ni ruptura. La expresión lleva incorporado un punto de indulgencia, casi de resignación divertida, que es lo que permite decirla delante de los interesados sin que la cosa vaya a mayores.
Y reparte la culpa a partes iguales, cosa nada frecuente en las fórmulas del conflicto. No dice quién empezó ni quién tiene razón; dice que juntos no funcionan. Esa neutralidad es precisamente lo que la hace cómoda: quien la usa no se está posicionando.
El verbo elegido dice bastante. Llevarse es un verbo de relación recíproca, de los que exigen dos sujetos y no admiten culpable único: uno no se lleva mal con otro sin que el otro se lleve mal con uno. La expresión hereda esa reciprocidad y por eso resulta imposible usarla para señalar a alguien. Quien quiera acusar tiene que cambiar de fórmula.
También admite la variante sin verbo, como el perro y el gato, que funciona como comentario suelto y suele ir precedida de un gesto o de un suspiro. En esa forma abreviada la comparación se aplica igual a personas que a situaciones, y hasta a cosas que no encajan entre sí.
Frente a sus vecinas hay diferencias claras. Llevarse a matar, que a veces se da como variante, es bastante más fuerte: allí no queda ninguna ternura. Ser como el agua y el aceite describe incompatibilidad sin conflicto activo, dos personas que sencillamente no se mezclan y que pueden estar en la misma sala sin dirigirse la palabra. Estar a partir un piñón es el contrario exacto.
De dónde viene
Aquí no hay historia que contar, y conviene decirlo desde el principio en vez de rellenar el hueco con conjeturas.
La ficha declara el origen desconocido y es la etiqueta correcta. No hay anécdota, ni texto fundacional, ni oficio detrás, ni fecha de primera documentación que nadie haya señalado. Los diccionarios la recogen sin datación porque no hay datación que dar.
Lo que sí puede explicarse es la imagen, que se sostiene sola. Perro y gato manejan códigos corporales que se contradicen en puntos concretos: el movimiento de cola que en el perro señala excitación amistosa, en el gato indica irritación; la aproximación frontal y directa que el perro entiende como saludo, el gato la lee como amenaza. Dos animales que hablan idiomas incompatibles y comparten cocina dan material de observación a cualquiera.
Y ahí está la clave de por qué no hay origen: los dos animales llevan miles de años conviviendo con las personas en el mismo espacio doméstico, en todas partes. La comparación existe con la misma forma en casi todas las lenguas europeas —fight like cats and dogs en inglés, s’entendre comme chien et chat en francés, essere come cane e gatto en italiano, wie Hund und Katze en alemán— y eso no indica préstamo. Indica que cualquier lengua con perros, gatos y hablantes puede fabricar la comparación por su cuenta.
Buscarle una cuna concreta sería, por tanto, un ejercicio inútil. No es una expresión que naciera en un sitio y se difundiera desde allí; es una observación disponible en todos los patios a la vez.
Hasta qué punto está probado
No hay nada que probar y nada que desmentir, y ese es el estado honesto de la cuestión. Decir que no se sabe es aquí la respuesta completa, no una manera elegante de no haber buscado.
Vale la pena señalar una ausencia llamativa: en torno a esta expresión no circula ningún bulo etimológico. No hay tabernera, ni arzobispo, ni pleito medieval. Y la razón es instructiva. Las etimologías fantasiosas prosperan donde hay opacidad, donde una palabra o una escena resulta incomprensible y el hablante siente la necesidad de rellenar el vacío con un relato. Cuando la metáfora es transparente y cualquiera puede verificarla mirando a su alrededor, no queda hueco para la leyenda.
Sí conviene, en cambio, someter la comparación a un examen que casi nunca se le hace: ¿describe la realidad? Bastante mal, la verdad. Perros y gatos socializados desde pequeños conviven sin ningún problema en millones de casas, duermen juntos y se limpian mutuamente. La expresión recoge un tópico, no un hecho zoológico universal. Es una observación parcial —cierta cuando los animales se encuentran de adultos y sin preparación— elevada a ley general, que es exactamente lo que hace el refranero con los animales desde siempre.
Eso no le quita valor como fórmula del idioma. Solo conviene no usarla como argumento sobre el comportamiento animal, porque ahí no se sostiene.
Cómo se usa hoy
Es de uso universal en el ámbito hispanohablante, sin variación de sentido de un país a otro. Se entiende en cualquier sitio y no exige explicación a nadie.
El registro es coloquial y absolutamente inofensivo. Aparece a diario en la conversación familiar y en el periodismo blando, que la aplica a parejas de famosos, a socios de coalición y a compañeros de reparto con fama de no soportarse.
Es una de las poquísimas fórmulas para describir un conflicto que pueden decirse delante de los implicados sin que estos se enfaden demasiado. Como reparte la responsabilidad y quita hierro al asunto, quien la recibe suele limitarse a protestar sin convicción. Ese es su principal valor social.
Donde no encaja es en los conflictos graves. Aplicada a una relación con maltrato, con abuso o con miedo de por medio, la fórmula banaliza y suena francamente mal, porque presenta como pintoresco algo que no lo es. La simetría que la hace útil en los casos leves es exactamente lo que la hace inaceptable en los serios.
Admite comparación y negación con toda naturalidad: se puede decir que dos personas no se llevan tan mal como el perro y el gato, o que se llevan peor. Y no es raro oír el remate irónico de quien apunta que, en su casa, el perro y el gato duermen juntos, con lo que el chiste se vuelve contra el refrán.
Su terreno preferido es el de los hermanos. Padres y abuelos la usan constantemente para describir a dos criaturas que se pasan el día discutiendo y que, sin embargo, no soportan estar separadas. Ahí la expresión funciona casi como consuelo: da por supuesto que la pelea es compatible con el cariño y que la cosa no tiene mayor importancia. Buena parte de su tono indulgente viene de ese uso doméstico, repetido durante generaciones.
Expresiones parecidas
La más próxima en el escenario animal es jugar al gato y al ratón, que describe algo distinto: una persecución con roles desiguales, donde uno domina y el otro escapa. No hay simetría, y esa es toda la diferencia.
Para la incompatibilidad sin conflicto está ser como el agua y el aceite, que dice que dos personas no se mezclan sin afirmar que se peleen. Y para el grado máximo, llevarse a matar o estar a matar, donde ya no queda ni el humor ni la convivencia.
Los episodios concretos tienen sus propias fórmulas: tirarse los trastos a la cabeza, sacarse los ojos o andar a la greña describen momentos, no estados. La nuestra describe una situación estable que puede durar décadas.
En el extremo contrario, estar a partir un piñón, ser uña y carne y llevarse de maravilla componen el catálogo de la buena convivencia, y conviene tenerlos a mano porque la expresión se usa muy a menudo por contraste.
Y del mismo animal, aunque de otra familia por completo, está un día de perros: allí el perro no es un personaje que se pelea con nadie, sino un simple intensificador de lo malo. Compartir palabra no significa compartir mecanismo.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
Chile
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
Colombia
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
España
Discutir sin tregua
Suele decirse de hermanos, socios o vecinos
«Comparten piso desde enero y se llevan como el perro y el gato.»
México
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
Perú
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
Venezuela
Vivir dos personas en pelea permanente, incapaces de convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to fight like cats and dogs
Literalmente: pelear como gatos y perros
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «llevarse como el perro y el gato»?
Que dos personas viven en pelea permanente y no consiguen convivir sin roce, aunque el trato diario las obligue a estar juntas.
¿De dónde viene «llevarse como el perro y el gato»?
No se le conoce un origen histórico concreto. La imagen procede de la observación doméstica de dos animales con un lenguaje corporal incompatible, y la comparación existe con la misma forma en casi todas las lenguas europeas.
¿Cuándo se dice «llevarse como el perro y el gato»?
De dos personas que discuten sin tregua: hermanos, socios, vecinos o compañeros de piso. «Comparten piso desde enero y se llevan como el perro y el gato».
¿Se dice «llevarse como el perro y el gato» o «llevarse a matar»?
Las dos son válidas y apuntan a lo mismo. «Como el perro y el gato» insiste en la incompatibilidad del día a día; «llevarse a matar» sube el tono hasta la enemistad abierta.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Refranero Multilingüe (Centro Virtual Cervantes)
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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