Un día de perros
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
Frío, lluvia y viento, y ninguna gana de salir de casa: eso es un día de perros. La locución se aplica sobre todo al mal tiempo, aunque sirve igual para una jornada que sale torcida desde primera hora. El perro que aparece ahí no es ningún perro concreto: es un intensificador de todo lo malo.
Qué significa exactamente
Conviven dos sentidos y se reparten el trabajo con bastante limpieza. El meteorológico, dominante en España, describe un temporal: lluvia, viento, frío, cielo cerrado. El anímico describe una jornada desastrosa por lo que haya sido, con o sin nubes de por medio.
Curiosamente, el verbo elegido casi siempre desambigua. Hacer un día de perros es meteorológico; tener un día de perros es personal. La lengua ha repartido los sentidos entre dos construcciones y el hablante no necesita pensarlo.
La locución pertenece a una familia amplia y muy reconocible: vida de perros, humor de perros, trabajo de perros, tratar a alguien como a un perro, morir como un perro. En todas ellas, la referencia canina significa lo mismo, y es que la cosa se da en las peores condiciones imaginables. El perro funciona como marca de degradación, no como sujeto.
Gramaticalmente es rígida. Va con la preposición de y en plural, sin excepción: no existe un día de perro. Y funciona como sintagma nominal atributivo, nunca como interjección ni como exclamación independiente.
El mecanismo que la sostiene es el mismo que produce en castellano toda una serie de complementos con valor de superlativo negativo. Se dice de miedo, de espanto, de pena, de risa, y el sustantivo que sigue a la preposición aporta la escala. Con de perros la escala es la de la vida a la intemperie, y por eso el resultado siempre es negativo: no existe nada bueno que pueda ser de perros.
Conviene no confundirlo con los usos americanos del adjetivo perro aplicado a personas o a tareas, que en varios países tienen valores propios y no siempre negativos. La locución que nos ocupa es fija y no participa de esos desarrollos: aquí el sustantivo va en plural, detrás de preposición, y no califica a nadie.
Frente a otras opciones, un día de aúpa es prácticamente equivalente en España, más familiar y con menos carga negativa. La versión malsonante con otro sustantivo cubre la misma zona con más contundencia y menos elegancia. Y un día redondo es su contrario, aunque el sarcasmo permite usarlo para lo mismo.
De dónde viene
La explicación más aceptada no busca ningún suceso, sino un patrón léxico, y me parece lo más sensato que se ha dicho al respecto.
El castellano usa perro como intensificador despectivo desde muy antiguo, y esa serie es fácil de comprobar. La razón está en la posición real del animal antes del siglo XX: el perro no era un miembro de la familia, era un útil de trabajo o un carroñero tolerado. Dormía fuera, comía sobras y no tenía nombre en muchos casos. Morir como un perro significaba morir sin asistencia, sin compañía y sin sepultura decente, y esa frase describía una realidad frecuente.
Dentro de esa escala, adjudicarle al perro el mal tiempo es coherente hasta la evidencia: el día de perros es el día que solo un perro pasaría a la intemperie, porque nadie más estaba obligado a hacerlo. La locución no exige ninguna anécdota; se deduce del lugar que el animal ocupaba.
La documentación sitúa la expresión a partir del siglo XIX. Y hay paralelos inmediatos en las lenguas vecinas: el francés dice un temps de chien y el italiano un tempo da cani, con la misma estructura y el mismo significado.
Hasta qué punto está probado
Conviene separar lo que se puede afirmar de lo que se supone.
Lo seguro es la existencia de la serie. Que perro funciona como intensificador despectivo en castellano, y que lo hace desde antiguo, se comprueba en los diccionarios y en la literatura sin ningún esfuerzo. Ese es terreno firme.
Lo que no está probado es que un día de perros naciera de ahí y no como calco del francés. La coincidencia con un temps de chien es exacta, y el siglo XIX es precisamente el momento de mayor influencia del francés sobre el castellano periodístico y culto. Sería raro que nadie hubiera considerado esa posibilidad, y de hecho la datación tardía juega a su favor: si la expresión fuera un desarrollo interno del molde con perro, cabría esperar testimonios más antiguos.
Resolverlo exigiría comparar las primeras dataciones en las dos lenguas y buscar el eslabón intermedio. Hasta donde alcanzo, esa comparación no se ha hecho, y por eso la ficha declara el origen probable y no documentado.
Hay un punto que sí puede afirmarse con tranquilidad, y es que la cuestión importa menos de lo que parece. Aunque fuera calco, encontró terreno abonado: el castellano ya tenía el molde funcionando con otros sustantivos, y por eso la expresión no suena a préstamo ni lo ha parecido nunca. Las lenguas toman prestado sin problema aquello para lo que ya estaban preparadas.
Lo que no hay, y conviene celebrarlo, es anécdota. Nadie ha propuesto un suceso concreto, un personaje ni una fecha memorable, y eso es señal de que la expresión resulta lo bastante transparente como para no haber generado leyenda.
Cómo se usa hoy
En España está viva y es frecuentísima, sobre todo en el sentido meteorológico. Es material de conversación de ascensor, de portería y de cola del supermercado, uno de esos comentarios que se hacen para no callarse.
En México, Argentina, Colombia, Chile y Perú se entiende sin dificultad, aunque predomina la lectura anímica sobre la climática. En zonas donde no hay temporales del tipo atlántico, la imagen del mal tiempo pierde fuerza y la expresión se especializa en el día que sale mal.
El registro es coloquial y no tiene la menor vulgaridad. Se puede decir en cualquier contexto, incluso profesional, y aparece en prensa y en radio con normalidad, sobre todo en la información meteorológica, donde funciona como resumen expresivo del parte.
Las variantes vivas son varias y todas del mismo molde: un tiempo de perros, una noche de perros, un humor de perros, una vida de perros. La última es la de sentido más grave, porque describe una existencia entera y no una jornada.
Funciona muy bien como apertura de conversación y como excusa. Un día de perros justifica llegar tarde, cancelar un plan o quedarse en casa sin dar más explicaciones, y el interlocutor lo acepta sin discutir. Pocas locuciones tienen ese poder de zanjar un asunto con tanta economía.
El único punto de fricción, y es menor, viene de quien tiene perro y protesta en broma por el trato que la lengua da a su animal. Es una queja simpática y nadie se ofende de verdad, aunque dice algo sobre cuánto ha cambiado la posición del perro desde que la expresión se acuñó.
Expresiones parecidas
Dentro de la misma familia léxica están tratar a alguien como a un perro, que aplica el intensificador a personas y ahí sí duele; una vida de perros, que describe una existencia miserable; y estar de un humor de perros, que es la versión anímica pura.
Para el mal tiempo sin juicio de valor, el castellano tiene un repertorio amplio: caer chuzos de punta, llover a cántaros, diluviar, caer el diluvio universal. Ninguna de ellas opina sobre el día; todas describen la precipitación.
En España, un día de aúpa cubre la misma función con un tono más familiar y algo más suave. Y aguarse la fiesta nombra la consecuencia y no la causa: el mal tiempo estropea el plan, que es la razón por la que hablamos de él.
Del mismo animal pero de otra familia, llevarse como el perro y el gato convierte al perro en personaje con carácter propio, mientras que aquí es solo una etiqueta de calidad ínfima.
El francés comparte la fórmula exacta con un temps de chien. El inglés, en cambio, no dispone de equivalente con perro para el mal tiempo y resuelve con adjetivos —filthy weather, a foul day—, aunque sí mete perros en otra expresión meteorológica de significado distinto, raining cats and dogs, que describe la intensidad del aguacero y no lo desagradable de la jornada. Confundirlas es un error de traducción bastante común.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
Chile
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
Colombia
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
España
Día de temporal o de contratiempos
Muy frecuente referido al clima
«Salimos sin paraguas y nos cayó un día de perros.»
México
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
Perú
Jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento; por extensión, cualquier día que sale torcido de principio a fin.
Cómo se dice en otros idiomas
FR
un temps de chien
Literalmente: un tiempo de perro
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «un día de perros»?
Una jornada pésima, sobre todo por el mal tiempo: frío, lluvia y viento. Por extensión se aplica a cualquier día que sale torcido de principio a fin.
¿De dónde viene «un día de perros»?
La explicación más aceptada es que «de perros» funciona como intensificador despectivo, vivo en castellano desde antiguo: vida de perros, humor de perros, trabajo de perros. El perro dormía a la intemperie, y adjudicarle el mal tiempo encaja en esa escala. No hay documento que fije el paso.
¿Cómo se usa «un día de perros»?
Casi siempre referido al clima: «hace un día de perros», «salimos sin paraguas y nos cayó un día de perros». También vale para una jornada llena de contratiempos. Se usa en España y en buena parte de Hispanoamérica.
¿Se dice «un día de perros» o «un tiempo de perros»?
Las dos formas son correctas y conviven, junto con «un humor de perros» para el mal carácter. Todas responden al mismo molde, en el que «de perros» significa pésimo.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Buitrago, Diccionario de dichos y frases hechas
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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