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Dichosymás

El perro del hortelano

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

El perro del hortelano ni come ni deja comer: así se llama a quien no aprovecha algo y tampoco consiente que otro lo aproveche. Es un reproche duro, porque señala una mezquindad que no reporta beneficio a nadie. La escena viene de la huerta, el refrán se documenta desde el siglo XV y Lope de Vega lo convirtió en título de comedia.

Qué significa exactamente

La mezquindad que describe es muy concreta y por eso el refrán no tiene sustituto: estorbar sin ganar nada. Ese es el núcleo. No es avaricia, porque el avaro sí disfruta de lo suyo, aunque sea contándolo. No es envidia simple, porque el envidioso quiere lo que tiene el otro. Aquí el sujeto no quiere la cosa y aun así impide que la tenga nadie.

El motor de esa conducta suele ser una mezcla de envidia anticipada y afán de control. Quien la practica prefiere que el recurso se pierda antes que ver a otro disfrutarlo, y a menudo ni siquiera es consciente de que actúa así.

Los casos típicos se reconocen enseguida. La plaza de garaje que ni se usa ni se alquila. El jefe que no delega una tarea que tampoco piensa hacer. El propietario del piso vacío que no lo pone en el mercado. La persona que no quiere a su ex pero no soporta verlo acompañado. Ese último es el que Lope llevó al teatro: una dama que no puede casarse con su secretario por diferencia de clase y que tampoco tolera que él corteje a otra.

Hay un rasgo psicológico que el refrán capta con precisión y que explica su vigencia: quien actúa así casi nunca reconoce que actúa así. Siempre hay una razón declarada —el trámite pendiente, la reforma que hay que hacer antes, la desconfianza en el candidato— que oculta el motivo real. El refrán sirve justamente para atravesar esa capa de justificaciones y nombrar lo que hay debajo, y de ahí viene su capacidad de ofender.

Se usa como atributo —ser el perro del hortelano—, como descripción de conducta —está haciendo el perro del hortelano— o soltando el refrán completo, que es la forma más contundente porque incluye la explicación.

Conviene separarlo de estar verdes las uvas, con el que se confunde. Allí, quien no alcanza lo que desea lo desprecia para consolarse; el daño es interno y no afecta a terceros. Aquí, en cambio, el que puede no quiere, pero impide. Y la fuerza del insulto es notablemente mayor: llamar a alguien perro del hortelano es acusarlo de mala fe gratuita, que es de las acusaciones más difíciles de responder.

De dónde viene

El recorrido está documentado y es de los más completos que se pueden reconstruir en el refranero castellano.

La forma larga —el perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer— está recogida por Correas en 1627, y variantes suyas circulan en castellano desde el siglo XV. El refrán ya era viejo cuando alguien se molestó en anotarlo.

La escena de partida es la del mastín que guarda la huerta. No le interesan las coles lo más mínimo, pero muerde a quien se acerca a ellas. Merece la pena señalar una ironía que el refrán pasa por alto: el perro está haciendo exactamente su trabajo. La moraleja convierte en vicio moral lo que en el animal es oficio y obediencia. Es un caso claro de refrán que necesita ser injusto con el animal para funcionar con las personas.

El motivo, además, es anterior al castellano y viene de fuera. Remonta a una fábula atribuida a Esopo en la que un perro se echa en el pesebre lleno de heno: no puede comerlo, porque el heno no es comida de perro, y sin embargo gruñe al buey que se acerca. De ahí procede el inglés a dog in the manger, que ha conservado el pesebre original.

El castellano hizo una adaptación al paisaje que tenía delante: cambió el pesebre por la huerta, el heno por las berzas y el buey por el vecino que quiere coger unas coles. La lección es idéntica; los actores, locales. Ese tipo de traducción cultural es lo habitual cuando un motivo grecolatino se instala en una lengua romance.

La sustitución del heno por las berzas no es un detalle menor. Las coles eran el alimento básico de la huerta castellana, lo que había en el puchero cuando no había otra cosa, y su presencia sitúa el refrán en un mundo de escasez donde impedir que alguien coma no es una travesura, es un daño real. La versión española es bastante más dura que la fábula griega precisamente por eso.

El último paso lo dio Lope de Vega, que tituló así una comedia hacia 1618. Con ella, la expresión pasó del refranero al canon literario y se aseguró siglos de vida: la obra se ha seguido representando sin interrupción y Pilar Miró la llevó al cine en 1996, con lo que la fórmula recibió otro empujón. Pocos refranes tienen la suerte de contar con un dramaturgo de ese calibre haciéndoles publicidad.

Cómo se usa hoy

Está vivo en España y en toda América, con el mismo sentido y sin variantes de significado dignas de mención.

En Perú tiene, además, una carga política propia. El entonces presidente Alan García popularizó en 2007 la fórmula del síndrome del perro del hortelano para criticar la oposición a la explotación de recursos naturales en territorios amazónicos, y el debate que siguió fue duro y con consecuencias graves. Desde entonces, allí la expresión no es solo un refrán: es una referencia reconocible a aquella polémica, y usarla sin saberlo puede activar una discusión que uno no pretendía abrir.

El registro es coloquial, pero el prestigio de Lope le permite aparecer en prensa, en ensayo y en discurso público sin desentonar. Es de los refranes que pueden citarse en un texto serio.

Se dice entero o abreviado. La forma corta exige que el interlocutor conozca el refrán; si no lo conoce, hay que rematar con el ni come ni deja comer, que lo explica todo. Esa autonomía de la segunda mitad es señal de un refrán bien construido.

Con quién sí y con quién no: en tercera persona es de uso corriente. Dicho a la cara es una acusación en toda regla y suele terminar en discusión, porque no hay manera elegante de defenderse de ella sin dar explicaciones que confirman el diagnóstico.

Los ámbitos donde más aparece son la vecindad, las herencias, la empresa y la política de gestión de recursos. En todos ellos hay bienes que alguien controla sin usar.

Las herencias merecen mención aparte, porque son su terreno natural. Una casa de pueblo que nadie quiere y que ningún heredero consiente vender es el caso de manual, y hay miles repartidos por España. El refrán describe la situación con una exactitud que ningún término jurídico alcanza, y por eso lo usan hasta los notarios en conversación privada.

Expresiones parecidas

La más próxima por la actitud, aunque no por el mecanismo, es ser un aguafiestas: estropear el disfrute ajeno. La diferencia es que el aguafiestas no controla nada, solo fastidia; el perro del hortelano tiene la llave y no la suelta.

Para la envidia que se disfraza de desprecio está estar verdes las uvas, otra fábula esópica instalada en el castellano. Y para el aprovechamiento a costa de otros, ser un buitre, que es su opuesto en el motivo: el buitre sí come, y come de lo que otros dejaron.

En el terreno del reparto injusto, quien parte y reparte se lleva la mejor parte describe un vicio distinto y bastante más comprensible, porque ahí al menos hay beneficio. Y envidia cochina nombra el sentimiento sin describir la conducta, que es la diferencia clave: nuestro refrán no juzga lo que se siente, juzga lo que se hace con la llave.

También merece un sitio poner puertas al campo, que comparte la idea de impedir sin provecho pero apunta a la inutilidad del intento, no a su mezquindad. El perro del hortelano, por desgracia para el vecino, suele conseguir lo que se propone.

El inglés conserva la fábula original en a dog in the manger, con el pesebre intacto, y dispone de sour grapes para el otro caso esópico. Que las dos fábulas de Esopo hayan acabado convertidas en frase hecha en las dos lenguas dice bastante de la eficacia de aquel repertorio: veinticinco siglos después, seguimos discutiendo con las mismas imágenes.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

Chile

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

Colombia

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

España

Impedir por envidia lo que uno no quiere

Reproche directo, bastante duro

«No usa la plaza de garaje ni la alquila: el perro del hortelano.»

México

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

Perú

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

Venezuela

Quien no disfruta de algo pero tampoco consiente que otro lo disfrute; describe una mezquindad concreta, la del que estorba sin sacar provecho.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

a dog in the manger

Literalmente: un perro en el pesebre

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «el perro del hortelano»?

Se llama así a quien no aprovecha algo y tampoco deja que otro lo aproveche. El refrán completo lo explica: «que ni come las berzas ni las deja comer». Es un reproche duro, porque señala una mezquindad que no beneficia a nadie.

¿De dónde viene «el perro del hortelano»?

De la escena del mastín que guarda la huerta: no le interesan las coles, pero muerde a quien se acerca. Correas lo recoge en su Vocabulario de 1627 y ya circulaba en castellano desde el siglo XV. El motivo remonta a una fábula atribuida a Esopo.

¿Cuándo se dice «el perro del hortelano»?

Cuando alguien impide por envidia o egoísmo algo que él mismo no quiere: no usa la plaza de garaje ni la alquila. Es un reproche directo y bastante duro, y se emplea tanto en España como en Hispanoamérica.

¿Qué tiene que ver Lope de Vega con «el perro del hortelano»?

Lope de Vega tituló así una comedia hacia 1618, sobre una condesa que ni corresponde a su secretario ni consiente que otra lo haga. La obra no inventó el refrán, que ya estaba en la lengua desde el siglo XV, pero lo fijó en el uso culto.

Fuentes consultadas

  1. Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
  2. Lope de Vega, El perro del hortelano
  3. Refranero Multilingüe (Centro Virtual Cervantes)

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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