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Dichosymás

Atar los perros con longaniza

Se dice del lugar o la época en que hay tal abundancia que se derrochan los bienes en usos absurdos; casi siempre se usa en negativo, para negar esa opulencia.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Donde atan los perros con longaniza sobra de todo hasta el punto de derrocharlo en tonterías. La frase describe una abundancia tan grande que se gasta lo caro en lo que no lo merece, y hoy se oye casi siempre en negativo, para bajarle los humos a alguien: aquí no atan los perros con longaniza.

Qué significa exactamente

La expresión no habla de riqueza a secas. Habla de riqueza mal empleada por exceso, y ese matiz es toda la gracia. La imagen exige que un producto caro y trabajoso —el embutido, que requiere cerdo, sal, tiempo y oficio— se use como si fuera cuerda. No es que sobre dinero: es que sobra tanto que se ha perdido el sentido del valor de las cosas.

De ahí que el uso preferente sea el negativo. Cuando alguien dice que aquí no atan los perros con longaniza está afirmando dos cosas a la vez: que el dinero cuesta ganarlo y que el interlocutor se está comportando como si no. Es un correctivo económico y a la vez un correctivo de actitud.

El uso positivo se conserva sobre todo con adverbio de lugar y referido a un sitio lejano: allá atan los perros con longaniza. Ahí la frase describe una fama, casi siempre exagerada, y con frecuencia se emplea para señalar precisamente que esa fama no se corresponde con la realidad.

Frente a expresiones vecinas, la diferencia está en la voluntad. Tirar la casa por la ventana describe un derroche puntual, decidido y normalmente festivo: se gasta de más porque hay boda. Aquí no hay decisión ni celebración; hay un estado de cosas en el que el despilfarro es la norma. Y nadar en la abundancia se queda en la riqueza sin llegar al absurdo.

La longaniza admite singular y plural, y las dos formas circulan sin que ninguna sea más correcta. En algunas zonas se dice con chorizos, lo que no cambia nada: lo que importa es que sea embutido, es decir, comida cara puesta a hacer de soga.

Y la elección del embutido no es casual. En la economía campesina, la matanza era el acontecimiento del año y el embutido, la despensa que tenía que durar hasta la siguiente. Nada resultaba más valioso ni más cuidadosamente administrado. Que precisamente eso se emplee como cuerda para un perro, que además se la comería en dos minutos, es el mayor desperdicio que la imaginación podía producir con los materiales de una casa rural. La hipérbole está bien calculada.

De dónde viene

Circulan dos explicaciones y conviene exponer las dos, porque ninguna ha ganado.

La primera es una anécdota localizada. Iribarren la recoge situada en Candelario, en la provincia de Salamanca, pueblo de larga tradición chacinera. En la fábrica de un choricero del lugar, el aprendiz encargado de vigilar el perro lo habría atado, a falta de cuerda a mano, con una ristra de longaniza. Una mujer forastera que estaba allí de paso lo vio, y al volver a su tierra lo contó como prueba de la riqueza de aquel pueblo. De la anécdota habría salido la frase. El nombre del fabricante cambia según quién cuente la historia, lo que ya dice algo sobre su solidez.

La segunda explicación es más sobria y no necesita ningún pueblo. La frase pertenece al repertorio internacional de la abundancia imposible, el mismo del país de Jauja y del país de Cucaña. En esos relatos la riqueza se pinta siempre con el mismo procedimiento: destinar lo valioso a funciones viles. Casas de tocino, calles empedradas de yemas, tejados de bizcocho, cerdos que corren asados con el cuchillo puesto. Un perro atado con embutido encaja ahí sin ningún esfuerzo.

Ese tópico es europeo y muy anterior a cualquier anécdota salmantina. Brueghel pintó el país de Cucaña en 1567, con sus comilones tumbados bajo un árbol del que cuelga la comida, y la iconografía era ya entonces perfectamente reconocible para el espectador.

Hasta qué punto está probado

Nada de esto está documentado, y por eso la ficha lo declara disputado.

La anécdota de Candelario se transmite por vía oral y se imprime ya en el siglo XX. No hay testimonio contemporáneo del suceso, ni un texto del XIX que lo narre como cosa reciente, ni por supuesto ningún documento del taller. Es un relato de tradición, y como tal se comporta: cambia de detalles y no se deja fechar.

Hay además un problema de encaje temporal. La expresión se sitúa en el siglo XIX, y la anécdota se cuenta como si fuera de entonces o poco anterior, pero sin fecha que la ancle. Cuando el suceso que explica un dicho no se puede fechar y el dicho tampoco, la relación entre ambos es una suposición sobre otra suposición.

El argumento que a mí me parece decisivo es otro. La frase encaja demasiado bien en una familia de imágenes que ya existía antes en varias lenguas. Cuando una expresión resulta ser una variación local de un tópico paneuropeo, la explicación por anécdota local se vuelve innecesaria: no hace falta que ocurriera nada en Salamanca para que a alguien se le ocurriera decir eso, porque la imagen estaba disponible desde hacía siglos.

A favor de Candelario juega que el pueblo es realmente chacinero, con una industria antigua y de fama merecida. Que un dicho sobre embutidos se acabara fijando allí no tiene nada de raro. Pero pueblos con fama de embutido hay bastantes, y ninguno más ha reclamado la frase.

Lo más probable, y esto ya es opinión y no dato, es un proceso intermedio: que la hipérbole existiera antes, circulando como fantasía de abundancia, y que Candelario se hiciera con la paternidad más tarde, con razón o sin ella. Los pueblos coleccionan dichos igual que coleccionan santos y batallas, y la adopción no exige documento. El asunto, me temo, es irresoluble.

Cómo se usa hoy

En España sigue viva, sobre todo en su forma negativa, y con un aire ligeramente generacional: la usan más los hablantes de mediana edad para arriba. Aparece en el terreno doméstico y en el laboral, siempre para frenar un gasto o una expectativa.

En México tiene un uso propio y muy asentado en la conversación sobre la emigración. Decir que alguien se fue creyendo que allá atan los perros con longaniza es un comentario sobre las expectativas del que se va, y lleva incorporada una advertencia sobre el desengaño que le espera. Ese uso le da a la frase una carga que en España no tiene.

En Argentina, Chile y Uruguay se entiende y se emplea con menor frecuencia, generalmente en el sentido descriptivo de lugar donde todo sobra.

El tono nunca es ofensivo. Su fuerza está en la imagen, que hace sonreír, y eso le permite desinflar una fantasía ajena sin que la cosa acabe en discusión. Es un correctivo con anestesia.

Hay un uso que va ganando terreno y que conviene registrar: el aplicado a las administraciones públicas y a las grandes empresas cuando anuncian gasto. Ahí la frase cambia de dirección y sube de tono, porque ya no corrige a un particular que sueña, sino que denuncia a quien administra dinero ajeno. La imagen rural sigue funcionando perfectamente en un contexto de presupuestos y contratos, y esa capacidad de adaptación es la razón de que la expresión no haya envejecido.

Sintácticamente pide adverbio de lugar —aquí, allá, allí, donde— y presente genérico. El pasado suena raro salvo cuando se cuenta la anécdota. No aparece en registros formales, aunque las columnas de opinión la usan con guiño, sobre todo en artículos sobre presupuestos públicos.

Expresiones parecidas

La pareja natural es esto es Jauja, que dice lo mismo con topónimo en lugar de con embutido. Comparten el tópico, comparten el uso preferente en negativo y comparten incluso la función social: las dos sirven para recordarle a alguien que la realidad es más áspera.

Para el enriquecimiento rápido está hacer el agosto, que describe una acción y un momento, no un lugar: se hace el agosto quien aprovecha una circunstancia favorable, normalmente a costa de otros. Y para el gasto extraordinario, tirar la casa por la ventana.

En el terreno de tener mucho sin la idea de despilfarro, el castellano ofrece nadar en la abundancia, estar forrado y vivir a cuerpo de rey. Este último es interesante porque describe bienestar y comodidad, no exceso: se puede vivir a cuerpo de rey con un presupuesto ajustado y buenos amigos.

Del lado de la abundancia regalada y con origen bíblico está el maná caído del cielo, que añade un componente providencial ausente por completo en nuestra frase. Aquí no hay milagro: hay cerdo.

Fuera del castellano, el inglés the land of milk and honey, el francés pays de Cocagne y el alemán Schlaraffenland nombran el mismo país imaginario. Ninguno ata perros con nada, lo que hace pensar que el detalle del embutido sí es una aportación peninsular al tópico común, aunque no sepamos de qué taller salió.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Se dice del lugar o la época en que hay tal abundancia que se derrochan los bienes en usos absurdos; casi siempre se usa en negativo, para negar esa opulencia.

Chile

Se dice del lugar o la época en que hay tal abundancia que se derrochan los bienes en usos absurdos; casi siempre se usa en negativo, para negar esa opulencia.

España

Sitio de riqueza desmedida

Suele ir en frase negativa: aquí no atan los perros con longaniza

«Baja el tren de vida, que aquí no atan los perros con longaniza.»

México

Lugar donde todo sobra

A veces con ironía sobre promesas de prosperidad

«Se fue al norte creyendo que allá atan los perros con longaniza.»

Uruguay

Se dice del lugar o la época en que hay tal abundancia que se derrochan los bienes en usos absurdos; casi siempre se usa en negativo, para negar esa opulencia.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

the land of milk and honey

Literalmente: la tierra de leche y miel

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «atar los perros con longaniza»?

Se dice del lugar o la época en que hay tanta abundancia que se derrochan los bienes en usos absurdos. Casi siempre se emplea en negativo, para negar esa opulencia: «aquí no atan los perros con longaniza».

¿De dónde viene «atar los perros con longaniza»?

No está aclarado. Iribarren recoge una anécdota situada en Candelario (Salamanca), pueblo chacinero, donde el aprendiz de un fabricante habría atado el perro con una ristra de longaniza. Otra explicación la ve como hipérbole del mismo cuño que Jauja. Ninguna está probada.

¿Es verdad que «atar los perros con longaniza» viene de Candelario?

No está demostrado. La anécdota del aprendiz de Candelario (Salamanca) que habría atado el perro con una ristra de longaniza la difundió Iribarren, pero no hay documentación que la respalde. Puede ser una explicación construida a posteriori para una simple hipérbole.

¿Cómo se usa «atar los perros con longaniza»?

Sobre todo en frase negativa, para pedir moderación: «baja el tren de vida, que aquí no atan los perros con longaniza». En México se oye también en afirmativo, con ironía sobre las promesas de prosperidad: «se fue al norte creyendo que allá atan los perros con longaniza».

Fuentes consultadas

  1. Iribarren, El porqué de los dichos
  2. DLE (RAE-ASALE)

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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