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Poner una vela a Dios y otra al diablo

Respuesta rápida
«Poner una vela a Dios y otra al diablo» significa Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando.
  • Origen histórico: La imagen procede de la costumbre de encender velas votivas ante una imagen para obtener un favor. Ofrecerlas también al diablo es la ruptura escandalosa que da fuerza al refrán: cubrirse en ambos frentes por…
  • Variantes frecuentes: Encender una vela a Dios y otra al diablo · Nadar y guardar la ropa
  • En otros idiomas: «to run with the hare and hunt with the hounds» (EN)

Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando.

Hay quien reza a los dos lados por si acaso: poner una vela a Dios y otra al diablo es quedar bien con dos bandos enfrentados para asegurarse el favor del que acabe ganando. La imagen viene de las velas votivas que se encendían ante una imagen para pedir un favor; ofrecer una al diablo es la parte escandalosa.

Qué significa exactamente

No describe indecisión, describe cálculo. Quien pone las dos velas ha decidido no decidir, y lo ha decidido a conciencia. Ahí está la diferencia con el que duda: el que duda no sabe qué hacer, el de las velas sabe perfectamente lo que hace.

La expresión exige tres condiciones. La primera, dos partes incompatibles: si no hay conflicto, la frase no tiene sentido, porque quedar bien con todos no es ningún delito cuando nadie está peleado. La segunda, que el gesto sea visible para ambas partes; el sentido está en que las dos crean que cuentan con uno. Y la tercera, que haya un interés detrás. No se hace por educación, se hace por conveniencia.

La carga moral es negativa, pero con una brizna de reconocimiento que conviene no pasar por alto. Se dice con media sonrisa. En el terreno político sirve a la vez como acusación de deslealtad y como diagnóstico de habilidad, y a menudo el que la pronuncia está reprochando y admirando en la misma frase.

Conviene deshacer una lectura literal que aparece de vez en cuando. El refrán no propone ningún culto al diablo ni describe una práctica real. Es una hipérbole, y su fuerza está justamente en lo inaceptable de la propuesta: nadie encendería de verdad una vela al demonio, y por eso la imagen sirve para retratar a quien no tiene escrúpulos en cubrirse por los dos lados.

Frente a expresiones vecinas hay que afinar. Nadar y guardar la ropa es cubrirse para no arriesgar, y no necesita dos bandos. Estar entre dos aguas es no definirse, que es pasivo. Jugar a dos barajas es el sinónimo más ajustado, con el matiz de que el naipe subraya el engaño y la vela subraya la ofrenda.

Merece la pena señalar dónde está la frontera con la simple prudencia. Mantener buen trato con dos personas que están reñidas no es poner una vela a Dios y otra al diablo; lo es prometerle a cada una que se está de su parte. El refrán no castiga la neutralidad, castiga la doble promesa, y quien lo emplea contra alguien que sencillamente no quiere pelearse lo está usando mal.

De dónde viene

De una costumbre real y muy visible: encender una vela ante la imagen de un santo o de la Virgen para acompañar una petición.

Conviene medir bien el peso de ese gesto en la sociedad que lo generó. La vela costaba dinero, la cera más que el sebo, y encenderla era un acto público que ocurría en un templo, a la vista de los demás. Se encendía por una enfermedad, por un viaje peligroso, por un pleito, por una cosecha. No era simbólico en el sentido moderno: era una inversión modesta en un resultado incierto, con su gasto y su testigo.

Sobre esa base, el refrán construye un absurdo perfectamente calibrado. Repetir la misma ofrenda ante el enemigo del santo no es una exageración cualquiera: es la traición del gesto en su propio terreno. Quien lo hace no ha dejado de creer, ha decidido asegurar la apuesta en las dos ventanillas.

La expresión está recogida en los repertorios paremiológicos clásicos del castellano, entre ellos el de Gonzalo Correas, y figura en el Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes con sus correspondencias en otras lenguas. Es, por tanto, un refrán viejo y bien atestiguado, no una ocurrencia moderna.

El inglés tiene desde antiguo la fórmula to hold a candle to the devil, con la misma imagen y el mismo sentido. La coincidencia sugiere una idea europea compartida más que un préstamo de una lengua a otra: donde hay velas votivas y hay diablo, la ocurrencia está disponible para cualquiera.

Circula también una variante que sustituye a Dios por San Miguel, y tiene su lógica iconográfica. El arcángel aparece representado casi siempre con el demonio bajo los pies, de modo que las dos velas caben literalmente ante la misma imagen, una arriba y otra abajo. No consta que esa sea la forma original, pero como imagen es difícil de mejorar.

La cronología encaja con lo que sabemos de la costumbre. La ofrenda de velas es práctica medieval consolidada, y la fijación del refrán en los repertorios corresponde al Siglo de Oro, que es cuando el castellano recoge por escrito buena parte de un refranero que llevaba mucho tiempo circulando de boca en boca.

Cómo se usa hoy

Con excelente salud y en un registro coloquial que no impide su uso público. Aparece continuamente en el comentario político, en la crónica empresarial y en las discusiones de oficina, que es donde más aplicación práctica tiene.

Los sujetos habituales son quienes tienen que elegir y no eligen: el que apoya a los dos candidatos, el que da la razón a los dos socios enfrentados, el proveedor que negocia con dos empresas rivales, el familiar que se lleva bien con las dos partes de un divorcio. Ese último caso muestra los límites del reproche, porque a veces mantener las dos velas es lo sensato.

La fórmula se usa casi siempre entera, y admite el cambio de verbo: encender una vela a Dios y otra al diablo funciona igual. Se conjuga con normalidad y acepta perífrasis: anda poniendo una vela a Dios y otra al diablo.

El tono es crítico, y por eso casi nunca se dice de uno mismo. Es una descripción que se hace del otro, y quien la recibe rara vez la acepta de buen grado.

Funciona además muy bien en pasado y en boca de quien ya vio el desenlace. Cuando el conflicto se resuelve se comprueba quién había puesto las dos velas y quién no, y la frase alcanza entonces su tono más ácido: puso una vela a Dios y otra al diablo, y acabó sin ninguna de las dos. Ese remate se oye con frecuencia y funciona casi como refrán aparte.

En América hispana se emplea con el mismo sentido en México, Colombia, Perú, Venezuela y Argentina, sin cambios de matiz destacables. La costumbre de las velas votivas es común a todo el ámbito católico, y eso explica que el refrán haya viajado sin necesidad de traducirse ni de adaptarse: en cualquiera de esos países la imagen se entiende sin glosa.

Un aviso menor sobre el tono: en un contexto religioso puede sonar irreverente, aunque el refrán tenga siglos de circulación dentro de sociedades devotas. Fuera de ahí no ofende a nadie. Se escribe con Dios en mayúscula, por ser nombre propio, y diablo en minúscula.

Expresiones parecidas

Jugar a dos barajas es el sinónimo más exacto y probablemente el más usado hoy. Cambia el decorado, del templo al garito, y con él el matiz: la baraja subraya la trampa deliberada, mientras que la vela subraya el intento de congraciarse. El tahúr engaña; el de las velas se cubre.

Nadar y guardar la ropa pertenece a otra categoría, aunque se citen juntas. Describe a quien busca el beneficio sin asumir el riesgo, y no exige que haya dos bandos enfrentados. Se puede nadar y guardar la ropa en solitario; para poner las dos velas hacen falta dos altares.

Nadar entre dos aguas y estar entre dos aguas nombran la indefinición, que es un estado y no una maniobra. Quien nada entre dos aguas puede estar simplemente perdido; quien enciende las dos velas sabe exactamente lo que hace.

Un pariente inesperado es sin encomendarse a Dios ni al diablo, que usa exactamente la misma pareja con el signo invertido: ahí no se pide ayuda a ninguno de los dos, aquí se pide a los dos. Entre las dos expresiones queda dibujado todo el mapa de actitudes posibles ante lo que a uno le viene encima.

Del mismo mundo procede el diablo, harto de carne, se metió a fraile, que retrata la conversión sospechosa por conveniencia, y en registro llano funcionan guardarse las espaldas y tener un pie en cada sitio.

En inglés el equivalente proverbial más citado es to run with the hare and hunt with the hounds, correr con la liebre y cazar con los perros, que traslada la doble lealtad al terreno de la caza. Más coloquial y más directo es to have it both ways. Ninguno tiene el filo blasfemo de la versión española, que es lo que la hace memorable.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Cubrirse con los dos lados a la vez.

Mismo sentido; se oye más con «encender» que con «poner».

«Encendió una vela a Dios y otra al diablo hasta que se supo el resultado.»

Colombia

Congraciarse con los dos bandos para no perder con ninguno.

Mismo sentido; convive con «quedar bien con Dios y con el diablo».

«Él le pone una vela a Dios y otra al diablo, no se compromete con nadie.»

España

Jugar a dos barajas

Crítico, aunque admite cierta admiración por la astucia

«Apoya a los dos candidatos: pone una vela a Dios y otra al diablo.»

México

Quedar bien con dos bandos enfrentados por si acaso.

Mismo sentido, pero la forma corriente es «prenderle una veladora a Dios y otra al diablo»: allí la vela votiva es la veladora y el verbo habitual es prender.

«Ese diputado le prende una veladora a Dios y otra al diablo, según quién vaya ganando.»

Perú

Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando.

Venezuela

Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando.

Ejemplos de uso

  • «Firma con nosotros y a la vez negocia con la competencia: pone una vela a Dios y otra al diablo.»
  • «En las discusiones de casa siempre pone una vela a Dios y otra al diablo para no mojarse.»
  • «La cadena puso una vela a Dios y otra al diablo: criticó el escándalo en el informativo y lo alargó en la tertulia.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to run with the hare and hunt with the hounds

Literalmente: correr con la liebre y cazar con los perros

Preguntas frecuentes

¿Qué significa poner una vela a Dios y otra al diablo?

Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando. No describe indecisión, sino cálculo: quien lo hace sabe perfectamente lo que está haciendo.

¿De dónde viene poner una vela a Dios y otra al diablo?

De la costumbre de encender velas votivas ante una imagen para pedir un favor. El refrán lleva el gesto al absurdo ofreciendo la misma vela al enemigo del santo, y está recogido en los repertorios clásicos, entre ellos el de Correas.

¿Es lo mismo que nadar y guardar la ropa?

No exactamente. Nadar y guardar la ropa es buscar el beneficio sin arriesgar nada, y no necesita dos bandos. Poner una vela a Dios y otra al diablo exige dos partes enfrentadas y quedar bien con las dos.

¿Se usa poner una vela a Dios y otra al diablo en América?

Sí, con el mismo sentido en México, Colombia, Argentina, Perú y Venezuela. La costumbre de las velas votivas es común a todo el ámbito católico y el refrán viajó con ella, sin necesidad de adaptarse.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

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