La suerte de la fea, la bonita la desea
- Origen histórico: No se sabe cuándo se formó. Vive de la rima entre «fea» y «desea», que es lo que fija estos refranes en la memoria. La comparación descansa sobre un juicio de valor sobre el aspecto femenino que hoy se…
- En otros idiomas: «Fortune favours the unlikely» (EN)
A quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba. Se dice con envidia risueña, aunque el planteamiento resulte hoy incómodo.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
A quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba: eso dice este refrán, que se emplea con envidia risueña cuando alguien consigue sin buscarlo lo que otros persiguen. El planteamiento resulta hoy incómodo, y buena parte de quienes lo repiten lo hacen ya con distancia irónica.
Qué significa exactamente
Leído al pie de la letra, el refrán afirma que la mujer poco agraciada tiene una suerte que la guapa envidia, y el terreno original era casi siempre el amoroso: la que no destacaba por su aspecto acababa mejor casada, mejor tratada o simplemente más contenta.
El uso real hace tiempo que se ha desprendido de esa lectura. Hoy se dice de cualquiera que recibe un golpe de fortuna que no había buscado y que otros, mejor colocados en apariencia, llevaban tiempo persiguiendo. Se aplica a hombres, a equipos, a empresas y a pueblos enteros. La fea del refrán se ha convertido en una casilla, no en una descripción.
Dentro de esa idea general conviven dos matices que conviene separar. Uno es compensatorio y casi consolador: existe un reparto y a cada cual le llega lo suyo por donde no lo esperaba. El otro es irónico y va dirigido hacia arriba: se burla de quien daba por descontado que lo bueno le correspondía a él. Cuál de los dos pesa más lo decide el tono, y a veces están los dos a la vez.
La emoción que lo acompaña tiene nombre y no es exactamente la envidia. Es esa mezcla de sorpresa y fastidio divertido que produce ver ganar a quien nadie apostaba. Por eso rara vez se dice con verdadera acritud; quien lo suelta suele estar reconociendo, a regañadientes, que la vida no reparte como estaba previsto.
Conviene distinguirlo de sus vecinos. Unos nacen con estrella y otros estrellados habla de destino puro y no compara a nadie con nadie. El que nace para tamal, del cielo le caen las hojas afirma que el destino provee lo necesario para lo que uno está llamado a ser, que es casi lo contrario: allí la suerte confirma la condición, aquí la desmiente. Y Dios da pan a quien no tiene dientes, que es el pariente más cercano en significado, añade un reproche que este refrán no tiene: allí el afortunado no sabe aprovechar lo que recibe.
De dónde viene
No se sabe. Ni autor, ni fecha, ni primera aparición documentada. Y conviene decirlo así, sin adornos, porque en internet abundan las páginas que le atribuyen un origen concreto sin aportar nada que lo sostenga.
Lo que sí puede describirse es su mecánica, que explica bastante sobre cómo se ha conservado. El refrán vive de la rima entre fea y desea, una consonancia limpia que cierra la frase y la deja lista para repetir. En un refranero que se transmitió durante siglos de boca en boca, sin libros de por medio, la rima no era un adorno: era el sistema de almacenamiento. Lo que rima se recuerda y lo que se recuerda se transmite.
Esa rima tiene además una consecuencia que suele pasarse por alto. No es que alguien pensara primero una idea sobre la belleza y la suerte y luego buscara palabras; es más probable que la pareja fea-desea estuviera disponible y arrastrara consigo el contenido. Con guapa o con hermosa, el refrán no existiría, porque no habría con qué cerrarlo. La forma condicionó el fondo, como ocurre a menudo en el refranero.
La estructura también es de manual: dos miembros, contraste entre ellos y cruce de los términos, que es uno de los moldes más antiguos y más productivos del proverbio castellano. Eso indica un molde tradicional, no una fecha.
Sobre la geografía se puede decir algo más. La expresión está viva en México, en Centroamérica, en Colombia, en Perú y en Venezuela, y es mucho menos corriente en España. Ese reparto sugiere una difusión americana, pero no prueba un nacimiento americano: el refranero castellano cruzó el Atlántico entero con la colonización, y hay refranes que murieron en la península y siguieron vivos al otro lado. La distribución actual dice dónde se usa, no dónde se creó.
Hasta qué punto está probado
La ficha marca el origen como desconocido, y esa etiqueta no significa que nadie haya mirado. Significa que se ha mirado y no hay nada fechado que enseñar.
Lo que puede afirmarse con seguridad es el significado, que está perfectamente atestiguado por el uso, y la distribución geográfica, que se comprueba oyendo hablar. Lo que no puede afirmarse es cuándo se formó, en qué país, ni si tuvo una forma anterior distinta de la actual.
Los refranes rimados son, además, especialmente difíciles de datar. Circulan oralmente durante generaciones antes de que a alguien se le ocurra escribirlos, de modo que la primera aparición en un libro nunca marca el nacimiento sino, como mucho, la fecha en que un compilador se cruzó con él. Con este ocurre lo de siempre: los repertorios modernos lo recogen como refrán vivo, sin datarlo.
Hay una confusión que merece aviso. Este refrán ha dado título a canciones y a programas, y de ahí surge periódicamente la idea de que nació allí. Casi nunca funciona en esa dirección. Un refrán se elige como título justamente porque ya es conocido por todo el mundo; el título lo populariza de nuevo, no lo crea. Si alguien sostiene lo contrario, tendrá que enseñar un testimonio anterior a la frase, y ese es precisamente el testimonio que aquí no existe.
Sobre la antigüedad se puede especular con prudencia y nada más. El refranero castellano está lleno de proverbios sobre mujeres, aspecto y matrimonio de todas las épocas, así que un origen más viejo de lo que parece sería perfectamente verosímil. Verosímil, insistimos, no probado.
Cómo se usa hoy
Es coloquial y se dice casi siempre de un tercero. Rara vez lo aplica alguien a sí mismo, y cuando lo hace es en broma y con cierta autoironía sobre el propio aspecto.
Está vivo en México, Colombia, Perú, Venezuela y buena parte de Centroamérica —Guatemala, Honduras, El Salvador—, con el mismo sentido en todos los casos y sin variaciones apreciables de significado entre países. Lo que cambia es la frecuencia, no el contenido. En España se conoce menos y, donde se conoce, suena traído de fuera.
El punto delicado es otro y hay que decirlo con claridad. El refrán ordena a las mujeres por su aspecto y da por supuesto que la fortuna que se disputa es la matrimonial. Eso se percibe hoy como machista, y lo es. La consecuencia práctica: dicho de una situación abstracta pasa como broma; dicho a la cara de una mujer concreta, o sobre ella delante de otros, resulta ofensivo, porque para aplicarlo hay que clasificarla primero. Esa diferencia entre el uso genérico y el uso personal es la que decide si la frase suena a chiste o a desprecio.
De ahí viene también un cambio de forma que se observa cada vez más: mucha gente dice solo la primera mitad, la suerte de la fea, y deja caer el resto. Funciona como cita reconocible, aligera el contenido incómodo y permite usarlo con distancia. En titulares de prensa se ve constantemente aplicado a asuntos sin ninguna relación con las personas.
No cabe en la escritura formal, salvo entrecomillado y con intención evidente.
Expresiones parecidas
El más próximo por significado es Dios da pan a quien no tiene dientes, con la misma idea de que la fortuna se equivoca de destinatario. La diferencia es el reproche: en el refrán del pan, el afortunado no puede aprovechar lo que le ha caído; en el de la fea, lo aprovecha perfectamente y por eso la envidia es mayor.
Del lado del destino están unos nacen con estrella y otros estrellados, que reparte suerte sin razones, y el mexicano el que nace para tamal, del cielo le caen las hojas, que asegura que a cada cual le llega lo que su destino requiere. Este último invierte el planteamiento: la suerte confirma lo que uno es, no lo contradice.
También ronda más vale caer en gracia que ser gracioso, que cambia el aspecto físico por la simpatía y dice algo parecido sobre lo poco que el mérito manda en el resultado. Y en el terreno de la resignación queda ni modo, que es lo que se dice después, cuando ya no hay nada que discutir.
En inglés no hay equivalente fijo. Se parafrasea con la idea de que la suerte favorece a quien menos se espera, pero ningún proverbio inglés establecido reproduce el contraste entre la fea y la bonita, en parte porque le falta lo único que sostiene al castellano: la rima.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
A la menos favorecida le toca la mejor suerte.
Mismo sentido; también aquí se percibe ya como machista y se dice medio en chiste.
«Le salió todo redondo sin mover un dedo: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Chile
Al que parece menos afortunado le va mejor de lo previsto.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Se sacó el premio y ni compraba nunca: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Colombia
Al que menos se espera le sale todo bien.
Mismo sentido y misma forma; se usa con envidia risueña.
«Se ganó el viaje sin buscarlo: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
El Salvador
A quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba. Se dice con envidia risueña, aunque el planteamiento resulte hoy incómodo.
España
A quien parece menos favorecida le va mejor de lo que nadie esperaba.
La forma fijada es «la suerte de la fea, la guapa la desea», con guapa en vez de bonita; hoy se dice casi siempre en broma y con distancia.
«Le ha salido novio, casa y trabajo en el mismo mes: la suerte de la fea, la guapa la desea.»
Guatemala
A quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba. Se dice con envidia risueña, aunque el planteamiento resulte hoy incómodo.
Honduras
A quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba. Se dice con envidia risueña, aunque el planteamiento resulte hoy incómodo.
México
Al que menos se espera le va mejor
Hoy suena machista y se usa cada vez más en broma
«Le tocó el mejor puesto sin buscarlo: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Perú
Al que menos se espera le va mejor.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ni postuló y la escogieron: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Venezuela
A la que parece menos agraciada le va mejor que a nadie.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Mira cómo le fue a ella y a las otras nada: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Ejemplos de uso
- «A mi prima, a la que nadie invitaba a nada, le salió el mejor marido: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
- «La sucursal más pequeña se quedó con el contrato grande; la suerte de la fea, la bonita la desea.»
- «El equipo colista ganó la copa y los favoritos se fueron con las manos vacías: la suerte de la fea, la bonita la desea.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
Fortune favours the unlikely
Literalmente: la fortuna favorece a los inesperados
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la suerte de la fea, la bonita la desea?
Que a quien parece menos favorecido le va mejor de lo que nadie esperaba. Se dice con envidia risueña de alguien que consigue sin buscarlo lo que otros llevaban tiempo persiguiendo.
¿De dónde viene este refrán?
No se sabe. No hay autor, fecha ni primera documentación conocida. Vive de la rima entre fea y desea, que es lo que fija estos refranes en la memoria y permite transmitirlos de boca en boca.
¿Es machista este refrán?
Lo es en su planteamiento: clasifica a las mujeres por su aspecto y da por supuesto que la suerte en disputa es la matrimonial. Hoy se usa sobre todo con distancia irónica, y aplicado a una mujer concreta resulta ofensivo.
¿Se usa en España?
Bastante menos. Está vivo en México, Centroamérica, Colombia, Perú y Venezuela. En España se conoce, pero suena traído de fuera y se recurre a otros refranes con la misma idea.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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