A regañadientes
- Origen y documentación: Regañar significó primero gruñir mostrando los dientes, como hace el perro que amenaza: así lo explica Covarrubias en 1611, al definir de paso la ciruela regañada, y así seguía definiéndolo la Academia tres…
- Variantes recogidas: De mala gana
- En otros idiomas: «grudgingly» (EN)
Con disgusto o repugnancia.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
Se hace algo a regañadientes cuando se hace sin ganas y protestando por lo bajo. Lo importante es que se hace: quien acepta a regañadientes acaba cumpliendo, pero se ocupa de que a nadie le quede duda del fastidio que le supone. La locución describe esa doble jugada, la de obedecer y quejarse a la vez.
Qué significa exactamente
La expresión exige las dos partes. Si uno se niega, no está actuando a regañadientes, está negándose. Y si accede de buen grado tampoco vale. Hace falta la combinación de conformidad y protesta, ese punto medio tan reconocible en el que alguien firma, cede el turno o presta el coche mientras deja caer que no le parece bien.
Frente a de mala gana, que es su sinónimo más próximo, esta añade el ruido. De mala gana se puede hacer algo en silencio y con cara larga; a regañadientes implica que la queja se ha oído. El propio verbo del que sale la locución lo dice todo: no describe un estado de ánimo, describe un sonido.
Se usa para asuntos de todos los tamaños, desde bajar la basura hasta ratificar un tratado, y en todos ellos el efecto es el mismo: informa de que hubo resistencia previa. En la crónica política sirve para dejar claro que un apoyo fue arrancado y no ofrecido, información valiosa que el verbo aceptar por sí solo no daría.
Se emplea sobre todo desde fuera, para describir la actitud de otro. Quien cede rara vez se retrata a sí mismo gruñendo, y cuando lo hace es para dejar constancia de que no estaba de acuerdo: acepté a regañadientes viene a ser una manera de reservarse el derecho a decir después que ya lo avisó.
De dónde viene
Regañar significó primero gruñir mostrando los dientes, que es lo que hace el perro cuando amenaza. Covarrubias lo explica así en su Tesoro de la lengua castellana de 1611, y lo hace de pasada: al definir la ciruela regañada, la que se abre sola, dice que queda como el perro que al regañar abre la boca. Trescientos años después la Academia seguía definiendo el verbo igual, «formar el perro cierto sonido en demostración de saña, sin ladrar y mostrando los dientes», y en 1863 el Dictionnaire de Littré ponía nuestro regañar al lado del provenzal reganhar y del catalán regunyar, con el sentido propio de rebuznar como un asno y enseñar los dientes como un perro. Corominas, en su diccionario etimológico, lleva la palabra a un verbo latino que nombraba ese ruido del animal.
Con eso, la locución se lee sola: ir a regañadientes es ir enseñando los dientes, gruñendo. La imagen es la del animal que obedece pero avisa, y de ahí la mezcla de sumisión y amenaza que conserva la expresión en su uso actual.
Para la imagen sola, los dientes, se puede ir mucho más atrás. Hacia 1260 Berceo cuenta en los Milagros de Nuestra Señora cómo se presenta el diablo a por un alma: «Vinie de mala guisa, loS dientes regannados, En çeio muy turbio, los oios remellados». Los dientes regañados son los dientes al aire, y es justo el gesto que guarda dentro la locución. La nota de la edición de Cejador del Libro de buen amor que manejamos lo dice con todas las letras al glosar un verso del Arcipreste: «Regañar la boca, enseñar los dientes, aquí como muerta». Más de siete siglos y la imagen sigue entera; lo que cambió fue el verbo.
El sentido moderno de regañar, el de reñir o reprender a alguien, es más tardío. Esto explica una perplejidad frecuente: quien piensa en la regañina de una madre no encuentra los dientes por ninguna parte, porque está aplicando a la locución un significado que se desarrolló después de que ella se formara. Las locuciones fijas conservan valores antiguos que la palabra suelta ya ha perdido, y esta es un ejemplo de manual.
La forma también es antigua. Regañadientes es un compuesto de verbo más sustantivo, del tipo de sacacorchos o cascanueces, lexicalizado dentro de una locución adverbial que siempre lleva la preposición delante. No existe suelto: nadie usa la palabra fuera de esta construcción, igual que ocurre en a matacaballo o a rajatabla.
El fondo animal de la imagen no es un adorno. El castellano recurre al perro con frecuencia para hablar de la amenaza y de la sumisión mal llevada: enseñar los dientes, ladrar, gruñir, el perro ladrador que poco muerde. Quien va a regañadientes se coloca, sin decirlo, en ese papel.
Qué documenta cada cosa
Conviene separar las dos cosas. Del verbo y del gesto tenemos lo ya citado, con Berceo como lo más viejo. De la locución entera, con sus tres palabras juntas, lo más antiguo que hemos podido consultar es Cervantes: en los entremeses impresos en 1615, un marido harto de su mujer se queja de que, si lo cuida, «cúrame á regañadientes, habiendo de ser suave la mano y la condicion del médico». Ahí la fórmula ya está hecha y nadie necesita que se la expliquen, que suele ser señal de que venía rodando de antes. Que Covarrubias registre el verbo cuatro años antes dice que el gruñido seguía vivo; no fija el nacimiento de la fórmula. En los repertorios de dichos tarda en entrar: tiene entrada propia en el Diccionario de modismos de Caballero y Rubio, de 1900, y en el de Sbarbi, de 1922, pero eso fecha a los recopiladores, no al dicho.
Después de Cervantes el rastro se pierde un buen rato y reaparece de golpe en Galdós, que la gasta en los Episodios Nacionales una y otra vez: el hermano se amoscó «y no hubo más remedio que obedecer, aunque a regañadientes»; los capitanes del Empecinado «obedecen a regañadientes las órdenes del general»; los pueblos catalanes, «de grado o a regañadientes», le dieron cuanto se le antojó pedir. El hueco entre 1615 y 1873 no significa que la expresión se durmiera: significa que entre medias no la hemos encontrado en las ediciones que manejamos.
Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)
Se repite que la expresión retrata a quien aguanta una regañina con los dientes apretados, leyendo regañar como lo leemos hoy, el echar una bronca. Va al revés. En los diccionarios que hemos podido consultar, desde el Tesoro de Covarrubias de 1611 hasta los de la Academia, regañar es lo que hace el perro que gruñe sin ladrar y muestra los dientes. Los dientes de la locución son los del que obedece protestando, y no se aprietan: se enseñan. El sentido de reprender con palabras llega después, y es el que crea la confusión.
Cómo se usa hoy
Registro neutro y plenamente vigente, tanto en la conversación como en la prensa. No hay en ella nada coloquial que impida usarla en un texto formal, y de hecho abunda en la información política y económica: aceptó a regañadientes, aprobó a regañadientes, cedió a regañadientes.
Funciona siempre como complemento de un verbo de acción, casi siempre uno que expresa concesión: aceptar, acceder, admitir, pagar, reconocer, ir. Va detrás del verbo y no admite gradación, porque ya es un absoluto: no se hace algo muy a regañadientes.
Sobre la escritura hay una duda que aparece a menudo. Se escribe todo junto tras la preposición, a regañadientes, porque el compuesto está lexicalizado y así figura en el diccionario. Ni a regaña dientes ni a regaña-dientes son formas válidas.
Un apunte crítico para quien escriba noticias. La locución atribuye un estado de ánimo, y eso no siempre se puede saber: decir que un ministro votó a regañadientes es afirmar algo sobre su interior, no sobre los hechos. Cuando hay declaraciones o votos discrepantes que lo respalden, es una síntesis excelente; cuando no, es una conjetura disfrazada de dato. Resulta útil distinguir los dos casos antes de teclearla.
Las fuentes la registran en España. En América se entiende sin dificultad y se emplea con normalidad en la lengua escrita, aunque en la conversación diaria de algunos países se prefieran giros como de mala gana o a la fuerza.
Expresiones parecidas
De mala gana es la alternativa neutra y silenciosa, ya comentada. A la fuerza y por narices suben la coacción y quitan margen de decisión: quien hace algo por narices no ha tenido opción, mientras que quien lo hace a regañadientes sí la tuvo y eligió ceder.
Con la boca pequeña se refiere a lo que se dice sin convicción, no a lo que se hace, y por eso no son intercambiables: se puede apoyar algo con la boca pequeña y no mover un dedo después.
Enseñar los dientes comparte la imagen animal, con la diferencia de que allí el gruñido es una amenaza que no va acompañada de obediencia. Y no dar el brazo a torcer ocupa el extremo contrario del gesto: el que no cede jamás no llega nunca a hacer nada a regañadientes.
Queda una vecina que se usa poco y viene al pelo: a rastras, dicho de quien acude a un sitio arrastrado por otros. Comparte con la nuestra la resistencia vencida, con la diferencia de que allí falta el gruñido, que es lo único que a regañadientes no admite que se le quite.
Y conviene no confundirla con de mal humor, que describe un estado previo e independiente. Se puede aceptar algo a regañadientes estando de excelente humor, porque lo que la locución mide no es el ánimo general, sino la resistencia a esa petición concreta.
⏳ Cronología y Registro Histórico
«Si me cura, como ella dice, cúrame á regañadientes, habiendo de ser suave la mano y la condicion del médico.»
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
De mala gana y con protesta
Implica que finalmente se accede, no que se niegue
«Aceptó el cambio de turno a regañadientes.»
Ejemplos de uso
- «Acabó fregando los platos a regañadientes, resoplando en cada uno para que en la cocina nos enteráramos bien.»
- «Aceptó a regañadientes cubrir el turno de Nochevieja y desde entonces no ha dejado de recordárselo al encargado.»
- «El grupo apoyó la propuesta a regañadientes y avisó de que no volvería a hacerlo en la siguiente votación.»
Así suena en una conversación
Después de dar una orden
—¿Lo ha hecho?
—A regañadientes, pero lo ha hecho.
En casa
—Ha ido a casa de su tía.
—A regañadientes, supongo.
—Como siempre.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
grudgingly
Literalmente: a disgusto
FR
à contrecoeur
Literalmente: contra el corazón
Preguntas frecuentes
¿Qué significa a regañadientes?
Significa hacer algo sin ganas y protestando. Lo característico es que la persona acaba cumpliendo, pero deja claro el fastidio que le supone.
¿De dónde viene a regañadientes?
De regañar en su sentido antiguo: gruñir mostrando los dientes, como hace el perro que amenaza. Así lo define Covarrubias en 1611, al explicar de paso la ciruela regañada, y así seguía definiéndolo la Academia tres siglos después. La locución entera, con sus tres palabras juntas, la usa ya Cervantes en los entremeses de 1615 («cúrame á regañadientes»), que es lo más antiguo que hemos podido consultar; el sentido de reñir o reprender es más tardío.
¿Se escribe a regañadientes o a regaña dientes?
Se escribe todo junto tras la preposición: a regañadientes. Es un compuesto ya lexicalizado y así figura en el diccionario; las formas separadas no son válidas.
¿Es lo mismo a regañadientes que de mala gana?
Son muy próximas. De mala gana puede hacerse en silencio; a regañadientes implica que además hubo protesta audible, porque la imagen de origen es la del gruñido.
Fuentes y referencias
- Corominas, Joan, y José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico
- Covarrubias Orozco, Sebastián de, Tesoro de la lengua castellana o española (1611)
- Miguel de Cervantes Saavedra, Los entremeses (1615), s. v. A regañadientes, «Si me cura, como ella dice, cúrame á regañadientes, habiendo de ser suave la mano y la condicion del médico.»
- Gonzalo de Berceo, Milagros de Nuestra Señora (1260), s. v. dientes regannados (es la imagen de los dientes al aire, no la locución entera), «Vinie de mala guisa, loS dientes regannados, En çeio muy turbio, los oios remellados Por ferlo todo piezas, espaldas e costados: Mesiello, diçie elli, graves son mis pecados!»
- Juan Ruiz, Libro de buen amor (1330), nota de la edición de Julio Cejador (Clásicos Castellanos) a un verso del Arcipreste —es glosa del editor, no texto medieval—, «_Regañar la boca_, enseñar los dientes, aquí como muerta.»
- Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana, o española (reimpresión de 1873), s. v. regañada —define el verbo de paso, al explicar la ciruela regañada; se copia el escaneo con sus erratas—, «regañada ciruela , la que ella abiena a ft.mejanca del peíro que quando regaña abre los ridios; de la boca.»
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1914), s. v. regañar, «Formar el perro cierto sonido en demostración de saña, sin ladrar y mostrando los dientes.»
- Littré, Dictionnaire de la langue française, tome 4 (1863), en la etimología de un verbo francés vecino, que alinea «provenç. reganhar; cat. regunyar; espagn. regañar» —en francés, y no es la entrada de este dicho—, «Le sens propre est braire comme un âne, et montrer les dents comme un chien : de sorte que ce verbe paraît avoir une certaine analogie avec rechigner; le fait est que Oudin dans son Dictionnaire le donne sous la forme ricagner; il en a aussi avec l'anc.»
- Pérez Galdós, Benito, Episodios nacionales, I,3: El 19 de marzo y el 2 de mayo (1873), s. v. A regañadientes, «pero amoscose su hermano, y no hubo más remedio que obedecer, aunque a regañadientes.»
- Pérez Galdós, Benito, Episodios nacionales, I,9: Juan Martín el Empecinado (1874), s. v. A regañadientes, «--Ahora cada cual tira por su lado --indicó el Cid Ruy-Díaz--, y los grandes capitanes de esta partida obedecen a regañadientes las órdenes del general.»
- Pérez Galdós, Benito, Episodios nacionales, II,8: Un voluntario realista (1878), s. v. A regañadientes, «Calaf, Vilamajor, Montfalcó, Rabasa le vieron dentro de sus muros, y de grado o a regañadientes diéronle cuanto se le antojó pedir.»
- Caballero y Rubio, Diccionario de modismos (frases y metáforas) (1900), s. v. A regañadientes —entrada registrada; del escaneo solo se conserva el lema, «A regañadientes.»
- Sbarbi y Osuna, Diccionario de refranes, adagios, proverbios modismos, locuciones y frases proverbiales (1922), s. v. REGAÑADIENTES —entrada registrada; del escaneo solo se conserva el lema, «REGAÑADIENTES.»
- Miguel de Cervantes, El juez de los divorcios, en Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615), palabras del Vejete, «Si me cura, como ella dice, cúrame á regañadientes, habiendo de ser suave la mano y la condicion del médico.»
- DLE: regañadientes
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: el origen no está documentado.
- Fuentes citadas: 15 obras.
- Testimonio escrito citado: Los entremeses, 1615.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
No dar el brazo a torcer
No ceder, rendirse ni desistir de una opinión o propósito.
A la fuerza ahorcan
Se dice cuando alguien acaba haciendo algo que no quería porque no le quedaba otro remedio: la obligación…
Arrastrar los pies
Caminar arrastrando los pies; figuradamente, actuar con desgana o retrasar algo.
Armado hasta los dientes
Ir muy bien provisto de armas.
Hacer oídos sordos
Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera…
Entrar por un oído y salir por otro
Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.