Irse al quinto infierno
- Origen histórico: El ordinal quinto funciona en español como marca de lejanía extrema en toda una serie de expresiones equivalentes, del quinto pino al quinto carajo, sin que designe un lugar concreto. La combinación con el…
- Variantes frecuentes: Mandar al quinto infierno · En el quinto infierno · Vete al quinto pino
- En otros idiomas: «to go to the back of beyond» (EN)
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él y de sus exigencias.
El quinto infierno está lejísimos y no está en ninguna parte. Irse al quinto infierno es marcharse muy lejos, y mandar a alguien allí es quitárselo de encima de malos modos. El ordinal no señala ningún sitio concreto: funciona en castellano como marca de distancia extrema, igual que en el quinto pino.
Qué significa exactamente
La expresión tiene dos empleos distintos y conviene no mezclarlos, porque uno habla de geografía y el otro de paciencia.
El primero es locativo. Vivir en el quinto infierno, irse al quinto infierno, tener el trabajo en el quinto infierno. Aquí lo que se mide es la distancia, siempre desde donde está el hablante, y siempre con queja: el quinto infierno no es un sitio remoto y exótico, es un sitio incómodo de alcanzar. Nadie describe con esta fórmula un destino de vacaciones deseado. Se usa para el barrio con mal transporte, la oficina a dos horas, la casa del primo que hay que ir a ver.
El segundo es imprecativo. Mandar a alguien al quinto infierno equivale a mandarlo a paseo con algo más de brusquedad: es negarse a seguir tratando con él. Aquí no hay ningún lugar de por medio; lo que hay es una despedida airada. Y como en toda la familia de fórmulas de este tipo, lo que se está diciendo es que uno prefiere perder de vista al otro antes que discutir.
El registro de las dos es coloquial y algo malsonante, pero solo algo. Es de las opciones suaves dentro de su categoría: el castellano ofrece variantes bastante más gruesas con el mismo esquema, y el infierno queda como una alternativa que se puede decir delante de casi cualquiera sin ofender.
Un matiz que conviene tener claro: el quinto infierno no es un lugar del más allá. Aunque la palabra sea religiosa, la expresión no evoca el castigo eterno ni tiene contenido teológico. El infierno aporta aquí lo mismo que aportaría cualquier destino desagradable, y de hecho la serie completa de estas expresiones usa como quinto término palabras muy distintas entre sí, desde árboles hasta partes del cuerpo.
Frente a irse al quinto pino, la diferencia está solo en el tono. El pino es neutro y hasta amable; el infierno añade la idea de que el destino, además de lejano, es indeseable.
De dónde viene
Lo que hay que explicar aquí no es el infierno, sino el cinco.
El castellano ha fijado el ordinal quinto como marca de lejanía máxima en toda una serie de expresiones intercambiables: el quinto pino, el quinto carajo, el quinto infierno, el quinto demonio y algunas más, según la zona y el grado de grosería que se admita. La estructura es siempre la misma, cambia solo el sustantivo. Eso es un dato de la lengua, observable y comprobable, y basta por sí solo para explicar la fórmula: quien dice quinto infierno está aplicando un molde que ya existía.
Por qué el cinco y no otro número es la pregunta que nadie ha contestado bien. Hay quien ha propuesto relacionarlo con la numeración de mojones, hitos o leguas en los caminos, de modo que el quinto sería el último antes de perder de vista el pueblo. Es una conjetura razonable pero sin apoyo documental: no se conoce ningún sistema de señalización que justifique precisamente ese ordinal.
Otra explicación, muy repetida, se refiere en realidad a otra expresión de la serie. Cuenta que en Madrid hubo cinco pinos plantados en una avenida, y que el quinto quedaba tan alejado del centro que se convirtió en sinónimo de lejanía. La historia es agradable y circula desde hace mucho, pero nadie ha aportado la prueba documental de esos pinos ni del uso que se les atribuye. Aunque fuera cierta, explicaría el quinto pino y no el quinto infierno, así que no sirve para lo que aquí interesa.
El infierno, por su parte, no aporta ninguna estructura numérica. El imaginario cristiano popular imaginó a veces el infierno con niveles, y la literatura medieval organizó el más allá con esmero, pero ninguno de esos sistemas tiene un quinto piso al que se pueda apuntar. El sustantivo funciona aquí como intensificador desagradable, nada más.
La explicación más razonable, entonces, es la más sobria: la lengua tenía ya un molde para la lejanía y le fue metiendo palabras dentro. El infierno era una de las disponibles.
Hasta qué punto está probado
El molde es un hecho, no una hipótesis. Cualquiera puede comprobar que la serie existe y que sus miembros son intercambiables, porque siguen produciéndose formas nuevas con el mismo esquema. Eso está fuera de duda.
Lo que no está probado es el origen del ordinal. Ninguna de las explicaciones que circulan viene acompañada de un documento, y las dos más difundidas, la de los mojones y la de los pinos madrileños, son conjeturas repetidas. Conviene decirlo con claridad, porque se cuentan a menudo como si fueran hechos comprobados.
Tampoco hay una primera documentación conocida de la fórmula con infierno, ni un texto que permita fecharla. Se puede decir que pertenece al habla coloquial de los dos últimos siglos, y eso es todo lo que la prudencia permite.
Hay un argumento indirecto que refuerza la explicación sobria. Si el cinco viniera de algo concreto, esperaríamos que la expresión originaria fuera una y que las demás la imitaran; en cambio, las distintas variantes aparecen en zonas diferentes y con sustantivos muy dispares, lo que apunta a un patrón vivo y no a la copia de un modelo único. Es un indicio, no una prueba, y así conviene tomarlo.
Cómo se usa hoy
Es una expresión coloquial y viva, con dos zonas de uso bien definidas. En España se emplea sobre todo la forma locativa, y el quinto pino le hace bastante competencia; el infierno se reserva para cuando se quiere subir un punto la queja.
En México es donde la fórmula tiene más fuerza, con la variante hasta el quinto infierno, que allí es de uso corriente y perfectamente natural. También se oye con normalidad en Colombia, el Perú y Venezuela. En el Cono Sur, en cambio, no pertenece al repertorio: la Argentina y Chile tienen sus propias fórmulas para lo mismo, algunas bastante más gráficas.
El grado de grosería es bajo pero no nulo. Delante de un niño se puede decir sin escándalo; en un texto formal, no. Y como despedida airada tiene la ventaja de que se entiende perfectamente sin necesidad de recurrir a nada peor.
Se construye con verbos de movimiento y de envío: irse, marcharse, mandar, largarse. En forma locativa aparece con en para la situación y con al para el destino: vive en el quinto infierno, se fue al quinto infierno. Todo en minúscula, sin comillas.
Un apunte sobre a quién se aplica. Dicha de un lugar concreto y delante de quien vive allí, la expresión resulta despectiva, porque no dice solo que esté lejos, dice que es un mal sitio. Conviene medirla cuando el interlocutor es el vecino.
Expresiones parecidas
La serie del ordinal es la familia inmediata: el quinto pino, la más usada en España y la más neutra, y algunas variantes con sustantivos malsonantes que cubren el mismo terreno con otro nivel de registro.
Fuera de la serie, el castellano tiene una colección notable de fórmulas para la lejanía, casi todas con un nombre propio dentro. Donde Cristo dio las tres voces es la más conocida en España y comparte con la nuestra el aire religioso sin contenido religioso. Donde el diablo perdió el poncho es la equivalente en buena parte de América del Sur. Y en la Conchinchina, hoy algo anticuada, apela a un lugar real convertido en símbolo de confín.
Para la despedida airada, la escala es larga y bien graduada. Mandar a paseo es la más suave y sirve en cualquier contexto. Mandar a freír espárragos y a tomar viento son coloquiales y jocosas. Mandar al cuerno queda justo por debajo de las opciones gruesas. El quinto infierno se sitúa entre estas últimas, con la ventaja de que además señala una distancia.
Conviene no confundirla con como alma que lleva el diablo, que se le parece por el vocabulario y significa otra cosa: describe la velocidad de una huida, no el destino. Se puede salir como alma que lleva el diablo hacia la habitación de al lado.
En inglés la idea se resuelve con expresiones que apuntan al confín del mundo o al fin de la nada, sin ningún componente infernal. Es una diferencia menor pero significativa: allí donde el castellano manda al infierno, otras lenguas se conforman con mandar al final del camino.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Un sitio lejanísimo, o mandar a alguien a paseo.
Se entiende, pero la expresión propia para la lejanía es «en la loma del orto», bastante más vulgar que la española; para despachar a alguien, «andá a la mierda» o el suave «mandalo a freír churros».
«Se mudó a la loma del orto, tres colectivos para llegar.»
Chile
Lugar remotísimo, o despedida airada.
La fórmula local para lo lejano es «en la punta del cerro»; para mandar a alguien lejos, «ándate a la cresta», que es vulgar y no conviene en texto neutro.
«Vive en la punta del cerro, hay que salir con una hora de anticipación.»
Colombia
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él y de sus exigencias.
España
Sitio lejanísimo o despedida airada
Malsonante suave
«Se ha mudado al quinto infierno y ahora tarda dos horas en llegar.»
México
Estar o irse lejísimos; también, despachar a alguien de malos modos.
Para la distancia sí se dice «hasta el quinto infierno». Para mandar a alguien lejos lo corriente es «vete a la goma» o «mándalo a volar», y en registro vulgar «vete a la chingada». El «quinto pino» peninsular no se entiende allí.
«Se fue a vivir hasta el quinto infierno, a dos horas de la ciudad.»
Perú
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él y de sus exigencias.
Uruguay
Sitio lejísimos.
Igual que en la orilla argentina: la distancia se expresa con «en la loma del orto», y ni «quinto pino» ni «quinto infierno» son la forma esperable.
«Se fue a vivir a la loma del orto, lejísimos de Montevideo.»
Venezuela
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él y de sus exigencias.
Ejemplos de uso
- «Le dije que me dejara en paz y que se fuera al quinto infierno con sus prisas.»
- «Nos han cambiado la oficina al quinto infierno, en un polígono sin autobuses ni cafetería.»
- «Mi hija se ha ido al quinto infierno a estudiar y solo la vemos en Navidad.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to go to the back of beyond
Literalmente: irse al fin del mundo
Preguntas frecuentes
¿Qué significa irse al quinto infierno?
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él. En su uso locativo señala un sitio incómodo y remoto; en su uso imprecativo equivale a mandar a paseo con más brusquedad.
¿De dónde viene la expresión el quinto infierno?
El ordinal quinto funciona en castellano como marca de lejanía extrema en toda una serie de expresiones equivalentes, del quinto pino al quinto carajo, sin designar ningún lugar concreto. Por qué es el quinto y no otro número no está documentado.
¿Es verdad que el quinto pino eran cinco pinos de Madrid?
Se cuenta desde hace mucho, pero nadie ha aportado la prueba documental de esos pinos ni del uso que se les atribuye. Y aunque fuera cierta, explicaría el quinto pino, no el quinto infierno.
¿Se usa el quinto infierno en México?
Sí, y con mucha vitalidad, sobre todo en la forma hasta el quinto infierno. También se oye en Colombia, el Perú y Venezuela. En el Cono Sur no pertenece al repertorio corriente.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Donde Cristo dio las tres voces
En un sitio remotísimo y mal comunicado, tan lejos que ir hasta allí supone un viaje desproporcionado.
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