Donde Cristo dio las tres voces
En un sitio remotísimo y mal comunicado, tan lejos que ir hasta allí supone un viaje desproporcionado.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
El sitio donde Cristo dio las tres voces está siempre lejísimos y mal comunicado, tan a desmano que ir hasta allí supone un viaje desproporcionado. La fórmula es humorística y algo quejumbrosa, y convive en el habla española con una familia entera de variantes irreverentes que cambian el final y dejan intacto el principio.
Qué significa exactamente
Es una locución de lugar, y su contenido es puramente hiperbólico: no señala ningún punto del mapa, señala una molestia. Lo que dice de verdad es que llegar hasta allí cuesta un esfuerzo que no compensa.
De ahí se deriva su rasgo más característico, que es la relatividad. La distancia no se mide en kilómetros, sino en incomodidad. Un barrio del extrarradio de la propia ciudad puede estar perfectamente donde Cristo dio las tres voces si hay que hacer dos transbordos y andar un cuarto de hora, mientras que un pueblo a doscientos kilómetros por autopista no lo está. Quien usa la frase no informa de una posición geográfica: se está quejando del trayecto.
Aparece casi siempre con verbos de ubicación o de movimiento. Se vive, se trabaja, se muda uno o se va a donde Cristo dio las tres voces. En cambio no funciona bien con verbos de origen: nadie dice que viene de donde Cristo dio las tres voces, porque la expresión mira siempre hacia el destino, hacia el sitio al que hay que ir a regañadientes.
El tono es humorístico y nunca neutro. Contiene una protesta implícita, y por eso se dice a menudo cuando alguien anuncia una boda, una reunión o una mudanza en un lugar apartado. Lo que se está diciendo, con una sonrisa, es que la elección ha sido inconsiderada.
Lo más interesante de la expresión es su estructura, porque explica su comportamiento. La parte fija es el arranque, donde Cristo, y lo que viene detrás funciona como una casilla que cada hablante rellena. De ahí que convivan donde Cristo dio las tres voces, donde Cristo perdió el gorro, donde Cristo perdió el mechero, donde Cristo perdió las sandalias y cuantas se quieran inventar. Circula además una forma ampliada, donde Cristo dio las tres voces y no le oyó nadie, que resulta especialmente reveladora: el remate explica el chiste entero, porque un sitio donde alguien grita tres veces sin que nadie lo oiga es, por definición, un sitio vacío.
De dónde viene
Sobre las tres voces circulan dos explicaciones, y conviene exponer las dos antes de valorarlas, porque ninguna se ha impuesto.
La primera las identifica con las tentaciones de Jesús en el desierto. El atractivo es evidente: las tentaciones son tres y ocurren en un lugar deshabitado, que es exactamente lo que la expresión necesita. El desierto encaja con la idea de sitio remoto y el número encaja con el número. La lectura es cómoda y por eso se repite mucho.
La segunda remite a las invocaciones desde la cruz. Los evangelios describen a Jesús clamando en voz alta en el momento de la muerte, y algún relato recoge más de un grito, de modo que sumando las versiones se puede llegar a tres exclamaciones. Aquí lo que encaja es el verbo: dar voces es gritar, y en la escena hay gritos de verdad.
Conviene añadir un dato de contexto que ayuda a entender por qué una frase así pudo formarse sin ningún propósito exegético. En el español peninsular, el nombre de Cristo funciona desde hace mucho como intensificador puro, sin contenido religioso: se dice que no había ni Cristo, que estaba todo cristo, que alguien está hecho un cristo. Es material de construcción, no una referencia. Si la palabra ya servía para eso, no hace falta suponer que quien acuñó la frase estuviera pensando en ningún pasaje concreto.
Y hay un tercer elemento que suele pasarse por alto: el número tres. En la tradición oral castellana, el tres es el número por defecto de la exageración y del cuento. Tres deseos, tres hijos, tres intentos, a la tercera va la vencida. Que una fórmula popular diga tres no prueba que esté contando nada; es lo que dicen las fórmulas populares cuando quieren decir «unas cuantas».
Hasta qué punto está probado
Ninguna de las dos explicaciones aguanta bien el examen, y por eso esta ficha marca el origen como disputado.
La de las tentaciones tiene un problema serio: en el relato evangélico no hay voces. Hay un diálogo con el tentador, con sus réplicas y sus citas de la Escritura, pero nadie grita. Para que la identificación funcionara habría que aceptar que voces significa aquí intervenciones, lo cual es forzar el castellano: dar voces ha significado siempre gritar, no hablar.
La de la cruz tropieza con la aritmética devocional. La tradición cristiana no fijó tres palabras desde la cruz, fijó siete, y las siete palabras son un motivo consolidadísimo en la predicación, en la música y en la iconografía. Si la expresión procediera de ahí, lo esperable sería que dijera siete. Que diga tres justo cuando la tradición dice siete es un mal indicio.
El argumento más fuerte, sin embargo, no es textual sino de comportamiento. La proliferación de variantes cómicas indica que estamos ante un molde y no ante la transmisión de un motivo fijo. Una expresión que remitiera de verdad a un episodio concreto tendería a conservarse estable, porque cambiarla estropearía la referencia. Esta, en cambio, se reinventa cada poco: nadie que diga donde Cristo perdió el mechero cree estar aludiendo a nada, y el mechero, por lo demás, delata que la fórmula sigue produciéndose en pleno siglo XX.
La lectura más económica, y aquí se propone solo como cautela y no como conclusión documentada, es que no haya episodio ninguno detrás. Un sitio donde alguien pegó tres gritos sin que nadie lo oyera es un sitio donde no hay nadie, y la variante ampliada lo dice con todas las letras. Sobre esa idea, y con Cristo funcionando como el intensificador que ya era, la frase se explica sin necesidad de acudir al desierto ni al Gólgota.
Lo honesto es reconocer que no consta una primera documentación ni un autor, y que la datación en el siglo XIX es prudente pero no cerrada. Quien cuente cualquiera de las dos versiones clásicas hará bien en presentarlas como lo que son: intentos posteriores de encontrarle sentido a una frase que probablemente nunca lo tuvo en ese plano.
Cómo se usa hoy
Es exclusivamente española y sigue muy viva, sobre todo en el habla oral. Fuera de España resulta opaca, aunque el molde tiene equivalentes propios en América.
El registro es coloquial y desenfadado. Cabe en conversación, en radio y en prensa ligera, y desentona en cualquier texto formal. Se usa muchísimo en asuntos de vivienda, de transporte y de trabajo: el piso que sale bien de precio pero está donde Cristo dio las tres voces, la oficina que se traslada a un polígono, el hospital de referencia al que hay que ir en coche.
Sobre la carga religiosa hay que hacer una distinción práctica. La forma base es bastante inofensiva y no suele molestar a nadie. Las variantes con objetos cotidianos, y sobre todo las que mencionan prendas o mecheros, tienen un punto de chanza a costa de una figura sagrada que a algunos creyentes les resulta incómodo. No es un problema de corrección lingüística, sino de a quién se le dice.
En la práctica, la expresión se abrevia con frecuencia. Basta con decir que alguien vive donde Cristo, dejando la frase a medias, y el interlocutor completa el resto. Esa elipsis es la mejor prueba de hasta qué punto la fórmula está asentada: solo se puede cortar por la mitad lo que todo el mundo sabe terminar.
Expresiones parecidas
El sinónimo más limpio y el más apto para cualquier compañía es en el quinto pino, que dice lo mismo sin mencionar a nadie. En el quinto infierno sube el tono, y existe además una variante malsonante muy usada que conviene reservar para la confianza.
En el culo del mundo y en el fin del mundo son más gráficas y algo más dramáticas; sirven para lugares realmente aislados, no para un barrio con mala línea de autobús. En la Conchinchina apela a la lejanía exótica y hoy suena entre anticuada y humorística, que es precisamente su gracia.
El molde ha dado versiones propias en América, construidas con los mismos ingredientes y distinto reparto de papeles. En el Cono Sur se dice que algo está donde el diablo perdió el poncho, con la misma estructura de personaje sobrenatural, objeto perdido y lugar imposible. Que dos variedades del idioma lleguen por separado a la misma broma dice bastante sobre lo natural que resulta el procedimiento.
El inglés dispone de in the middle of nowhere, literalmente en mitad de ninguna parte, y de the back of beyond. Ninguna tiene personaje ni anécdota, y ahí se ve la diferencia de estilo: donde el inglés nombra el vacío, el castellano prefiere poner a alguien dentro de él pegando gritos que nadie oye.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Lugar lejanísimo
Humorístico; existen decenas de variantes irreverentes
«Se han mudado a donde Cristo dio las tres voces.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
in the middle of nowhere
Literalmente: en mitad de ninguna parte
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «donde Cristo dio las tres voces»?
En un sitio remotísimo y mal comunicado, tan a desmano que ir hasta allí supone un viaje desproporcionado. No señala ningún punto del mapa: mide incomodidad. Un barrio del extrarradio puede estar donde Cristo dio las tres voces si hay que hacer dos transbordos y andar un cuarto de hora.
¿De dónde viene «donde Cristo dio las tres voces»?
No está claro. Circulan dos explicaciones para las tres voces: las tentaciones de Jesús en el desierto y las invocaciones desde la cruz. Ninguna cuadra bien con los textos, y la proliferación de variantes cómicas sugiere que la frase es un molde y no la transmisión de un motivo fijo.
¿Es verdad que las tres voces son los gritos de Jesús en la cruz?
No está probado, y los datos juegan en contra: la tradición cristiana no fijó tres palabras desde la cruz, sino siete, motivo consolidadísimo en la predicación, en la música y en la iconografía. Que la frase diga tres justo donde la tradición dice siete es un mal indicio.
¿Qué variantes tiene «donde Cristo dio las tres voces»?
La parte fija es el arranque, donde Cristo, y el final lo rellena cada hablante: donde Cristo perdió el gorro, el mechero o las sandalias. Existe la forma ampliada donde Cristo dio las tres voces y no le oyó nadie. Como sinónimo neutro, en España se dice en el quinto pino.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Buitrago, Diccionario de dichos y frases hechas
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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