Haz el bien y no mires a quién
- Origen histórico: Refrán castellano que ya corría en 1555, cuando Hernán Núñez lo recoge en su repertorio de refranes con el verbo antiguo, haz bien y no cates á quien; setenta años después lo anota y lo comenta Correas…
- Variantes frecuentes: Haz bien y no cates a quién · Haz el bien sin mirar a quién
- En otros idiomas: «fa del bene e non guardare a chi» (IT)
Recomienda ayudar a quien lo necesita sin calcular quién es, qué merece ni qué se podrá obtener después a cambio.
Ayuda a quien lo necesite y no te pares a calcular quién es: eso recomienda este refrán. Ni si lo merece, ni si es de los tuyos, ni si podrá devolvértelo algún día. El bien se hace por el bien, no por el destinatario. Es uno de los consejos morales más rotundos que conserva el castellano.
Qué significa exactamente
El refrán manda dos cosas, y la segunda es la interesante. La primera, hacer el bien, es una recomendación tan general que por sí sola no diría gran cosa. La segunda, no mirar a quién, es la que lleva toda la carga: prohíbe el cálculo previo. No dice que ayudes a todo el mundo, dice que no te detengas a examinar el expediente del que tienes delante antes de decidir si lo ayudas.
Ese a quién abarca más de lo que parece. Cubre el mérito, y por tanto desactiva la pregunta de si el necesitado se ha buscado su desgracia. Cubre la afinidad, y por tanto desactiva la pregunta de si es de los nuestros, de nuestro pueblo o de nuestra familia. Y cubre el interés, la más importante de las tres: desactiva la pregunta de si esto me va a servir de algo. El refrán condena de un plumazo la caridad selectiva, la caridad tribal y la caridad interesada.
Se dice en dos situaciones bastante distintas. Como consejo, dirigido a quien duda si echar una mano a alguien de dudosa reputación. Y como elogio, en tercera persona, para describir a quien ya lo hizo sin preguntar nada. Este segundo uso es hoy más frecuente que el primero, y tiene un punto de admiración algo melancólica, como si describiera una virtud en retirada.
La forma del refrán también dice algo. Va en imperativo y en segunda persona del singular, que es el modo característico de los refranes que aconsejan en lugar de constatar. Frente a los que describen el mundo, como el que dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver, este da una orden.
Hay que separarlo de una idea con la que se confunde a menudo: el refrán no predica la ingenuidad. No dice que no mires a quién le prestas dinero ni a quién le entregas las llaves de casa. Habla de hacer el bien, es decir, de socorrer a quien lo necesita, no de firmar contratos con desconocidos. Esa distinción se pierde con frecuencia en el uso irónico, donde se saca a relucir justamente después de que alguien ayudara a quien no debía.
De dónde viene
Es un refrán castellano de la tradición proverbial, y de los libros que hemos podido consultar el más antiguo que lo trae es el repertorio de refranes que Hernán Núñez publicó en 1555. Setenta años después lo recoge y lo comenta Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales. En los dos aparece con el verbo antiguo: haz bien y no cates a quién.
Y va sin artículo: en los libros viejos no es haz el bien, sino haz bien, con una segunda mitad que hoy se ha caído. Correas lo anota así: Haz bien y no cates á quién; haz mal y guárdate. Esa variante con catar es, además, una pequeña cápsula de historia de la lengua.
Catar significaba en castellano medieval mirar, observar, y procede del latín captare, tratar de coger. Con ese sentido de mirar aparece por todas partes en la lengua antigua y ha dejado descendencia por caminos que hoy parecen inconexos: acatar es literalmente mirar hacia algo con respeto, de ahí obedecerlo; un catalejo es un instrumento para mirar lejos; y el catar del vino es el mismo verbo, estrechado a un examen que se hace con el paladar. Cuando el sentido general de mirar se perdió, el refrán se actualizó y sustituyó cates por mires, que era lo que la gente entendía. Las dos conviven en los diccionarios de la Academia desde el de 1831, que da la entrada como haz bien, y no cates, ó no mires á quien; pero solo una se dice.
El refrán es de contenido cristiano y encaja perfectamente con la caridad evangélica, en particular con la parábola del buen samaritano, que es justamente el relato de alguien que socorre a un herido sin preguntar de qué pueblo es, cuando los que sí lo eran habían pasado de largo. La afinidad es evidente y probablemente no es casual: la predicación llevaba siglos machacando esa idea cuando el refrán se fijó.
Que Núñez lo apunte en 1555 significa que en esa fecha el refrán ya corría de boca en boca, no que naciera entonces. Los libros de refranes recogen lo que ya se decía, y con frecuencia lo que llevaba generaciones diciéndose: dan una fecha mínima, nunca una fecha de nacimiento. Que estaba vivo, y no solo guardado en los libros, lo prueba Quevedo: en Los Sueños lo cita para decir que debería ser justo al contrario, si hicieres bien, mira a quién.
Pero afinidad no es procedencia. El refrán no es una cita bíblica, no aparece en las Escrituras y no lo dijo nadie en particular. Pertenece a la tradición proverbial romance, con equivalentes en italiano, fa del bene e non guardare a chi, y en otras lenguas vecinas. Es un producto de la cultura popular cristianizada, que no es lo mismo que un texto sagrado. La distinción importa porque hay una costumbre muy extendida de atribuir a la Biblia cualquier refrán de contenido moral, y la mayoría de las veces es falso.
Cómo se usa hoy
Se emplea en España y en toda la América hispanohablante con el mismo valor. Es de esos refranes que viajaron completos y no han desarrollado sentidos divergentes a un lado y otro del Atlántico.
El registro es neutro y el tono, sentencioso. Aparece con naturalidad tanto en la conversación como en textos escritos, incluidos los de tema social o religioso, donde funciona como resumen de toda una actitud ante el prójimo. No suena anticuado, aunque sí ligeramente solemne: es una frase que la gente dice cuando quiere que se note que está diciendo algo importante.
Hay un uso irónico bastante extendido que conviene conocer. Se emplea a la contra, después de que ayudar a alguien haya salido mal, con el sentido de mira lo que pasa por no mirar a quién. Ese uso invierte el refrán y lo convierte en advertencia, pero solo funciona si el interlocutor conoce el original; es humor de segundo grado y depende por completo de que el refrán siga vivo.
Sobre la escritura, hay un punto que se falla constantemente. Ese quién lleva tilde, porque es interrogativo indirecto: no se mira a la persona, se plantea implícitamente la pregunta de quién es. Escribir haz el bien y no mires a quien, sin tilde, es un error frecuente incluso en carteles y publicaciones. La forma haz el bien sin mirar a quién, con sin en lugar de la conjunción, está también muy extendida y es perfectamente correcta como variante.
El refrán admite además un uso reflexivo poco frecuente pero eficaz: dicho de uno mismo, en primera persona, como explicación de por qué se ayudó a alguien que no lo merecía a ojos de los demás. Ahí funciona como defensa anticipada frente al reproche, y el hablante lo sabe. Pocas frases del refranero sirven a la vez de consejo, de elogio y de coartada.
Un apunte sobre el uso institucional: la frase ha sido lema y titular de innumerables campañas de ONG y de entidades benéficas, hasta el punto de haber perdido bastante filo por repetición. Quien la use haría bien en asumir que su lector la ha visto muchas veces.
Expresiones parecidas
El vecino más próximo es ser un buen samaritano, que nombra al personaje en lugar de dar el consejo, y que se aplica a quien socorre a un desconocido sin obligación de hacerlo. La diferencia práctica es que el samaritano describe un acto concreto y el refrán prescribe una norma general.
En la misma órbita, amar al prójimo como a ti mismo es el mandamiento del que todo esto deriva, con un alcance mayor y una procedencia que sí es bíblica y verificable. Hoy por ti, mañana por mí apunta a lo contrario de nuestro refrán: introduce la reciprocidad, es decir, exactamente el cálculo que haz el bien y no mires a quién prohíbe. Merece la pena tenerlas cerca precisamente porque se oponen.
Del lado escéptico, el castellano tiene cría cuervos y te sacarán los ojos, que es la refutación popular del ideal desinteresado y que se cita a menudo como réplica. Que una lengua conserve las dos sentencias, y las use según convenga, dice bastante sobre cómo funcionan de verdad los refranes: no son un sistema moral coherente, son un repertorio de argumentos disponibles.
En italiano existe el paralelo casi literal ya mencionado, y en las demás lenguas romances hay fórmulas equivalentes. El inglés carece de una versión igual de compacta y suele resolverlo con perífrasis del tipo hacer el bien sin esperar nada a cambio, lo que en este caso deja al castellano en ventaja expresiva.
⏳ Cronología y Registro Histórico
«Haz bien , y no cates á quien.»
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Colombia
Hacer el bien sin discriminar al destinatario.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Uno hace el bien y no mira a quién, así lo criaron a uno.»
España
Ayudar sin discriminar ni calcular
Consejo moral
«Le dio trabajo sin preguntar de dónde venía: haz el bien y no mires a quién.»
México
Ayudar a quien lo necesita sin calcular quién es ni qué se sacará.
Mismo sentido; muy vivo en boca de la gente mayor y en el habla de iglesia.
«Ayúdalo aunque no te caiga bien: haz el bien y no mires a quién.»
Perú
Prestar ayuda sin condiciones ni cálculo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Mi abuela repetía siempre eso de haz el bien y no mires a quién.»
Venezuela
Ayudar sin fijarse en quién recibe la ayuda.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Le dio posada al muchacho sin preguntarle nada: haz el bien y no mires a quién.»
Ejemplos de uso
- «Haz el bien y no mires a quién, me repetía mi abuela cada vez que llevaba comida al vecino.»
- «Repartieron los excedentes del comedor sin pedirle papeles a nadie, que haz el bien y no mires a quién.»
- «Le pagó la ronda al mismo con el que había discutido la semana anterior: haz el bien y no mires a quién.»
Así suena en una conversación
Ayudando a un desconocido
—¿Y si no lo merece?
—Haz el bien y no mires a quién.
En una asociación
—Preguntan de dónde viene cada uno.
—Aquí no: haz el bien y no mires a quién.
—Así debería ser siempre.
Cómo se dice en otros idiomas
IT
fa del bene e non guardare a chi
Literalmente: haz el bien y no mires a quién
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «haz el bien y no mires a quién»?
Recomienda ayudar a quien lo necesita sin calcular quién es, si lo merece, si es de los tuyos o qué se podrá obtener después a cambio. La carga está en la segunda mitad: lo que prohíbe es el examen previo del destinatario, no la prudencia en general.
¿De dónde viene «haz el bien y no mires a quién»?
Es un refrán castellano de la tradición proverbial. De los libros que hemos podido consultar, el más antiguo que lo trae es el repertorio de refranes de Hernán Núñez, de 1555, y allí va con el verbo antiguo: haz bien y no cates á quien. Setenta años después lo recoge y lo comenta Gonzalo Correas, y Quevedo lo cita en Los Sueños. Catar significaba mirar en castellano medieval; cuando ese sentido se perdió, el refrán cambió cates por mires.
¿Es «haz el bien y no mires a quién» un refrán bíblico?
No aparece en las Escrituras ni lo dijo nadie en particular. Su contenido es afín a la parábola del buen samaritano y a la caridad evangélica, pero pertenece a la tradición proverbial romance, con equivalentes en italiano y en otras lenguas vecinas.
¿«Quién» lleva tilde en «haz el bien y no mires a quién»?
Sí. Es un interrogativo indirecto y debe escribirse con tilde, aunque el error sea frecuente incluso en carteles y publicaciones. La variante «haz el bien sin mirar a quién» también es correcta y está muy extendida.
Fuentes consultadas
- Centro Virtual Cervantes (Instituto Cervantes), Refranero multilingüe
- Nunez de Toledo y Guzman, Refranes o proverbios en romance / en castellano, por el ord (1555), s. v. haz bien y no cates a quién, «Haz bien , y no cates á quien.»
- Correas, Gonzalo, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), y otras formul (1906), s. v. haz bien y no cates a quién, «Haz bien y no cates á quién; haz mal y guárdate.»
- Francisco de Quevedo y Villegas, Los Sueños (1627), s. v. haz bien y no cates a quién, «“Haz bien y no cates a quién[414]”, habiendo de ser al contrario: “Si hicieres bien, mira a quién”?»
- R. Academia española, Diccionario de la lengua castellana (1831), s. v. no mires a quién, «— HAZ BIEN, Y NO CATES, ó no mires Á quien, ref.»
- Correas, Gonzalo, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), y otras form (1906), s. v. Haz bien y no cates a quién, «Haz bien y no cates á quién; haz mal y guárdate.» [forma antigua del dicho, no la de hoy]
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: el origen está documentado en una obra que lo estudia.
- Fuentes citadas: 6 obras.
- Primera aparición escrita: Refranes o proverbios en romance / en castellano, por el orden alfabético, 1555.
- Estado editorial: redactada; pendiente de revisión humana.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Ser un buen samaritano
Persona que socorre a un desconocido en apuros sin esperar nada a cambio y sin que nada la obligue a hacerlo.
Amar al prójimo como a ti mismo
Precepto de tratar a los demás con el mismo cuidado con que uno se trata a sí mismo, sin excluir a nadie del cálculo.
Armarse la de Dios es Cristo
Estallar una discusión o un alboroto monumental, con gritos y desorden general y sin que nadie logre poner paz.
De Pascuas a Ramos
Muy de tarde en tarde, con intervalos larguísimos entre una vez y la siguiente.
Estar como unas pascuas
Estar visiblemente alegre y de buen humor, hasta el punto de que el contento se le nota a uno en la cara.
Con la iglesia hemos topado
Se dice al chocar con un poder, casi siempre el eclesiástico, contra el que resulta inútil o peligroso pelear.