Ser un vía crucis
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
Cuando alguien dice que renovar un permiso fue un vía crucis, está diciendo que tuvo que pasar por una sucesión larguísima de etapas antes de llegar a alguna parte. No es solo que costara: es que hubo estaciones, una detrás de otra, y en cada una alguien le mandó a la siguiente. Esa es la clave de la expresión.
Qué significa exactamente
Lo distintivo del vía crucis no es el dolor, es la estructura. La expresión describe un recorrido dividido en tramos, cada uno con su propia espera y su propia dificultad, que hay que ir completando en orden. Por eso ha encontrado su hábitat natural en la burocracia: la ventanilla que te manda a otra ventanilla, el informe que exige un certificado que exige un sello, la cadena de pasos que ninguna persona diseñó entera y que nadie puede saltarse.
De ahí que funcione bien en contextos donde el sufrimiento es más bien administrativo. Un divorcio puede ser un vía crucis por los trámites, aunque el dolor emocional se describa mejor con otra palabra. Una enfermedad rara puede ser un vía crucis por el peregrinaje de especialistas, y aquí las dos cosas coinciden. Cuando el padecimiento es continuo y sin escalones, la expresión encaja peor: nadie llama vía crucis a un dolor de espalda de tres años, aunque lo llame calvario sin problema.
Ese es justamente el reparto que ha hecho el idioma con las tres metáforas de la Pasión. Cargar con la cruz es la carga permanente que no se suelta. Ser un calvario es el padecimiento prolongado que tiene final. Ser un vía crucis es el recorrido por etapas, y por eso admite la pregunta que las otras dos no admiten: ¿por cuántas estaciones has pasado ya?
Otra pista de su comportamiento está en los verbos que admite. Se dice pasar un vía crucis, ser un vía crucis y, con menos frecuencia, empezar un vía crucis, que es una construcción imposible con calvario. Se puede estar en la estación tercera de un vía crucis; no se puede estar en la estación tercera de una cruz. La expresión conserva de su origen litúrgico esa capacidad de fraccionarse, y quien la usa bien la aprovecha.
El registro también las separa. La cruz y el calvario son graves. El vía crucis se ha vuelto notablemente más liviano y admite la queja de oficina sin resultar desmedido, quizá porque el papeleo es una desgracia que todo el mundo comparte.
De dónde viene
El origen está documentado y es literalmente lo que parece: via crucis es latín y significa camino de la cruz.
Designa una devoción católica que consiste en recorrer catorce estaciones, cada una de las cuales conmemora un momento del trayecto de Jesús desde la condena hasta el sepulcro. El fiel se detiene ante cada estación, medita el episodio correspondiente y reza. La práctica puede hacerse dentro de un templo, donde las estaciones suelen ser catorce cuadros o relieves colgados en los muros de la nave, o al aire libre, en un recorrido de cruces por el campo. Quien haya entrado en cualquier iglesia católica ha visto las estaciones aunque no supiera qué eran.
La forma que hoy conocemos se debe sobre todo a los franciscanos. La orden ejercía la custodia de los Santos Lugares en Jerusalén, lo que la ponía en contacto directo con los itinerarios que los peregrinos recorrían allí, y fue la principal responsable de trasplantar esa devoción a Europa y difundirla desde la baja Edad Media. La idea era sustituir la peregrinación real, que casi nadie podía permitirse, por una peregrinación simbólica al alcance de cualquier parroquia. También fue el franciscanismo el que acabó fijando el número de estaciones en las catorce actuales, después de siglos de listas variables.
Ese detalle del número explica bastante del sentido figurado. Catorce paradas son muchas paradas. Un vía crucis completo lleva su tiempo, obliga a pararse una y otra vez, y avanza despacio por definición. Cuando la expresión saltó del culto al habla común, lo que se llevó consigo no fue la teología, sino la sensación de recorrido interminable a base de detenciones. La metáfora es de una precisión notable: quien inventó el uso figurado había hecho un vía crucis de verdad y sabía exactamente cómo se siente.
Hay además un rasgo formal que ayudó al salto. La expresión llegó al español sin traducirse, en latín crudo, y eso la marcó como fórmula fija desde el principio. Las locuciones latinas que sobreviven en una lengua romance suelen conservar un aire de cosa aparte, algo entre lo solemne y lo técnico, y esa distancia facilita que se despeguen de su contexto original y se apliquen a otra cosa. Con álter ego, statu quo o currículum ha ocurrido algo parecido: entran por una puerta especializada y acaban en la conversación de cualquiera.
El sentido devocional y el figurado conviven hoy sin problema, y el diccionario académico recoge los dos. En Semana Santa, los medios españoles hablan del vía crucis de tal hermandad en su sentido literal, y en la página siguiente hablan del vía crucis de los afectados por una estafa. Nadie se confunde.
Cómo se usa hoy
Se usa con normalidad en España y en buena parte de América, con el mismo valor figurado. Es una expresión de registro neutro, más alta que el coloquial puro, y encaja sin esfuerzo en prensa, en informes y en escritos formales. Precisamente por eso es una de las favoritas del periodismo cuando hay que describir un proceso administrativo que se eterniza.
Hay un asunto ortográfico que conviene resolver porque genera dudas constantes. El diccionario académico admite dos escrituras: vía crucis, en dos palabras y con tilde en la primera, y viacrucis, en una sola palabra y sin ninguna tilde, que es la forma que la norma actual recomienda como preferente por tratarse ya de un sustantivo plenamente castellanizado. Lo que no es correcto es la mezcla, ese víacrucis con tilde y todo junto que se ve con frecuencia. Y es masculino: se dice un vía crucis, no una.
Sobre el tono, la expresión ha perdido casi toda su carga religiosa en el uso corriente. La emplea gente sin ninguna práctica ni creencia, del mismo modo que se dice que algo es un calvario. No resulta ofensiva para creyentes en contextos normales, aunque el uso jocoso aplicado a molestias mínimas puede sonar frívolo en ambientes muy devotos, sobre todo durante la Semana Santa, cuando la palabra recupera de golpe su sentido literal en la conversación pública.
El plural es otro punto que despista. Como sustantivo invariable terminado en ese, no cambia de forma: los vía crucis, los viacrucis. Escribir viacrucises no está admitido, y aunque se oye alguna vez, chirría a cualquier oído entrenado.
Un consejo de precisión, porque se abusa de ella: la expresión pierde fuerza cuando se aplica a algo que solo tuvo un obstáculo. Si el trámite se resolvió con dos llamadas, no fue un vía crucis, fue un fastidio. Reservarla para lo que de verdad tuvo estaciones sucesivas es lo que la mantiene expresiva.
Expresiones parecidas
Dentro del mismo grupo de origen están ser un calvario, que carga en la duración y el padecimiento, y cargar con la cruz, que carga en el peso permanente. La diferencia práctica es sencilla: si lo que describes tiene pasos numerados, es un vía crucis; si es un sufrimiento continuo, es un calvario; si es una carga de por vida, es una cruz.
Fuera de ese núcleo, ir de Herodes a Pilatos es un pariente cercanísimo y muy poco usado hoy, aunque describe con exactitud quirúrgica el fenómeno de ser enviado de un responsable a otro sin que ninguno resuelva; procede también del relato de la Pasión, donde a Jesús se le pasa de una autoridad a otra. Dar más vueltas que una peonza apunta al movimiento inútil sin la idea de etapas. Y el peregrinaje o el periplo médico o administrativo son las alternativas neutras, útiles cuando se quiere evitar la resonancia religiosa.
Conviene tener en cuenta que ninguna de estas alternativas es del todo intercambiable. Si en un texto se sustituye vía crucis por calvario, se pierde la idea de etapas y el lector deja de imaginar ventanillas para imaginar dolor. Y si se sustituye por peregrinaje, desaparece la connotación de padecimiento y queda solo el desplazamiento. En este grupo de expresiones, elegir mal no produce un error, produce un texto que dice algo distinto de lo que se quería decir.
En inglés no hay equivalente idiomático directo: the stations of the cross se mantiene en su sentido devocional y no ha desarrollado el uso figurado que sí tiene en español. Para la idea de trámite interminable, el inglés tira de red tape, la cinta roja con que se ataban los expedientes oficiales, que es una metáfora de origen completamente distinto y bastante menos dramática.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
Chile
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
Colombia
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
España
Recorrido penoso por etapas
Subraya la sucesión de pasos, no solo el dolor
«Renovar el permiso fue un vía crucis de ventanilla en ventanilla.»
México
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
Perú
Trámite o experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte.
Cómo se dice en otros idiomas
LA
via crucis
Literalmente: camino de la cruz
EN
the stations of the cross
Literalmente: las estaciones de la cruz
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «ser un vía crucis»?
Un trámite o una experiencia larguísima y penosa que obliga a pasar por muchas etapas antes de llegar a alguna parte. Lo distintivo no es el dolor, sino la estructura: hay estaciones sucesivas y en cada una alguien te manda a la siguiente. De ahí que encaje tan bien con la burocracia.
¿De dónde viene «vía crucis»?
Vía crucis es latín, camino de la cruz, y designa la devoción que recorre catorce estaciones que conmemoran el trayecto de Jesús desde la condena hasta el sepulcro. Su forma actual se debe sobre todo a los franciscanos, custodios de los Santos Lugares, que la difundieron por Europa desde la baja Edad Media.
¿Se escribe «vía crucis» o «viacrucis»?
El diccionario académico admite las dos: vía crucis en dos palabras y con tilde en la primera, y viacrucis en una sola y sin tilde, que es la forma preferente. Lo incorrecto es mezclarlas. Es masculino, un vía crucis, y el plural no cambia: los viacrucis.
¿Qué diferencia hay entre un vía crucis, un calvario y una cruz?
Si lo que se describe tiene pasos sucesivos identificables, es un vía crucis. Si es un sufrimiento continuo que llega a acabar, es un calvario. Si es una carga permanente y sin final previsto, es una cruz. Las tres proceden del mismo relato y el idioma se las ha repartido con bastante lógica.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Ritual romano, devoción del vía crucis
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Ser un calvario
Sucesión larga de padecimientos y humillaciones que alguien atraviesa sin poder librarse de ella hasta el final.
Cargar con la cruz
Soportar con resignación una carga penosa y duradera, sea una enfermedad, una responsabilidad o una persona difícil.
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