Meter cizaña
- Origen histórico: Mateo 13:24-30 cuenta la parábola del hombre que sembró buena semilla y del enemigo que vino de noche a sembrar cizaña entre el trigo. La cizaña es una planta real, Lolium temulentum, cuyas plántulas son casi…
- Variantes frecuentes: Sembrar cizaña · Ser un cizañero
- En otros idiomas: «to sow discord» (EN)
Enemistar a personas que se llevaban bien mediante insinuaciones, chismes o medias verdades sembradas con intención.
Quien mete cizaña enemista a personas que se llevaban bien, y lo hace por el método de las insinuaciones, los chismes y las medias verdades colocadas donde más daño hacen. Nunca se dice de uno mismo. Es una acusación, y de las que no admiten lectura amable: el cizañero sabe perfectamente lo que está haciendo.
Qué significa exactamente
La clave está en la intención. Contar algo que molesta no es meter cizaña; puede ser torpeza, indiscreción o mala suerte. Meter cizaña exige que el que habla busque el enfrentamiento y calcule el efecto de lo que dice. Por eso la expresión no describe una consecuencia, describe un propósito, y por eso resulta tan difícil de probar y tan fácil de sospechar.
El método también forma parte de la definición. El cizañero rara vez miente de frente. Trabaja con material verdadero mal colocado, con silencios elocuentes, con frases que empiezan por «no sé si debería contarte esto» y con la técnica de repetirle a cada parte lo que la otra dijo, aligerado de contexto. Ese carácter indirecto es lo que separa la cizaña de la bronca abierta: el que da un puñetazo en la mesa no mete cizaña, discute.
Entre «meter» y «sembrar» hay una diferencia de escala que los hablantes manejan sin pensarlo. Meter cizaña puede ser un acto puntual, una frase soltada en el momento oportuno. Sembrar cizaña sugiere un trabajo continuado, un plan a medio plazo, alguien que va dejando semillas por todas partes a la espera de que germinen. La segunda forma conserva mejor la imagen agrícola original y suena algo más literaria; la primera es la de uso corriente.
Existe también el sustantivo cizañero y, más raro, cizañoso. Con ellos la conducta pasa a ser carácter: no es que alguien haya metido cizaña una vez, es que se dedica a eso. En algunas zonas se oye el verbo malmeter, que significa exactamente lo mismo y tiene además la ventaja de la concisión, aunque hoy suena regional o algo antiguo.
Merece la pena separarla de vecinos que se confunden con ella. «Echar leña al fuego» presupone que el conflicto ya existía y que alguien lo aviva; la cizaña, en cambio, se mete donde no había nada. «Ir con el cuento» describe el acto de transportar la información, sin exigir mala fe. «Calentar la oreja» pone el foco en la víctima de la manipulación, no en el conflicto que se busca provocar.
Merece la pena fijarse en el verbo. Se mete cizaña igual que se mete ruido, se mete miedo o se mete prisa: en todos esos casos el hablante introduce algo indeseable en un espacio ajeno que estaba en calma. Ese uso de meter es muy castellano y siempre lleva connotación negativa, cosa que no ocurre con poner ni con dar. Nadie mete alegría. La elección del verbo ya está diciendo que lo introducido no debería estar ahí.
De dónde viene
De la parábola del trigo y la cizaña, en el capítulo 13 de Mateo, y en este caso el origen es doble: viene de ahí la imagen, y viene de ahí también la palabra.
El relato es breve. Un hombre siembra buena semilla en su campo. Mientras todos duermen llega su enemigo, siembra cizaña en medio del trigo y se marcha. Cuando el trigo crece y espiga, aparece también la cizaña, y los jornaleros preguntan al amo si quiere que la arranquen. Él dice que no: al arrancarla se llevarían por delante el trigo. Que crezcan juntos hasta la siega, y entonces se separarán.
Toda la fuerza de esa historia descansa en un dato botánico que hoy casi nadie tiene presente. La cizaña no es una mala hierba cualquiera. Se identifica con el Lolium temulentum, una gramínea cuyas plántulas resultan prácticamente indistinguibles de las del trigo hasta que la planta espiga. Es decir: durante buena parte del ciclo no hay manera de saber qué estás cultivando. A eso se añade que su grano se tiene tradicionalmente por tóxico, con efectos de mareo y aturdimiento que le valieron el nombre latino de temulentum, embriagador. Un campo con cizaña no solo produce menos: produce harina que puede sentar mal.
Con esos dos rasgos la metáfora se explica sola. La cizaña se parece al trigo, se cuela sin que nadie la vea, se descubre tarde y contamina el resultado. Es exactamente el comportamiento del chisme malintencionado, que también entra disfrazado de conversación normal y solo se distingue cuando ya ha dado fruto.
La palabra llegó al castellano desde el griego zizánion, que es el término empleado en el texto evangélico, por vía del latín cristiano. No es una voz patrimonial heredada del latín hablado: entra con la Biblia y con la predicación, lo que explica que su uso figurado esté documentado prácticamente desde el principio y que en español el sentido de discordia acabara pesando más que el de planta. Hoy, de hecho, la mayoría de los hispanohablantes usa la palabra a diario sin haber visto nunca una cizaña.
Hay un desplazamiento de sentido que conviene apuntar, porque es el mismo que se repite en otras expresiones de origen bíblico. En la parábola, la cizaña son personas: el propio texto lo explica poco después, al identificar la buena semilla con unos y la mala con otros. En español, la cizaña ha dejado de ser la gente y ha pasado a ser la cosa que se siembra, la discordia misma. Es un cambio de referente limpio y, si se piensa, bastante lógico: el hablante conservó el gesto de sembrar y descartó la teología.
Se pierde por el camino la moraleja del pasaje, que era una recomendación de paciencia: no arranquéis ahora, esperad a la siega. Nada de eso sobrevive en el uso moderno. De una parábola sobre no precipitarse a juzgar nos hemos quedado con el retrato del enemigo que trabaja de noche.
Ese detalle nocturno, por cierto, es el que más se ha conservado en el imaginario. El texto dice que el enemigo actúa mientras los hombres duermen, y esa nota de clandestinidad encaja perfectamente con el chisme, que también circula por canales privados y a horas en que nadie puede contrastarlo. Sembrar de noche un campo ajeno era además una forma de sabotaje agrícola perfectamente concebible en el mundo antiguo, no una exageración literaria: el daño era caro de reparar y difícil de atribuir a nadie.
Cómo se usa hoy
Está viva en todo el ámbito hispanohablante y con el mismo sentido, sin variaciones locales dignas de mención. El registro es coloquial, aunque no vulgar, y se puede emplear en un informe o en una reunión sin que desentone.
Sus tres escenarios naturales son la oficina, la familia y el vecindario, es decir, cualquier grupo cerrado donde la gente esté obligada a convivir y la información circule de boca en boca. En comunidades de propietarios y en grupos de mensajería es de aparición casi garantizada. En política se usa menos de lo que cabría esperar, quizá porque allí el conflicto se da por descontado y sembrar discordia no se percibe como una anomalía.
Hay una regla de uso que se cumple casi sin excepciones: nunca se emplea en primera persona ni en presente sobre uno mismo. Nadie dice «voy a meter cizaña» salvo en broma, porque la expresión lleva incorporada la condena moral. Se usa en tercera persona, a menudo como advertencia previa: no le cuentes nada, que va metiendo cizaña.
Sobre el uso conviene añadir un aviso. Acusar a alguien de meter cizaña es una acusación seria y difícil de rebatir, porque atribuye una intención que no se puede demostrar. Se emplea a veces para desacreditar a quien simplemente ha contado algo incómodo pero cierto, y ese uso defensivo es bastante común en organizaciones. Merece la pena distinguir al que enreda del que informa, aunque a la parte afectada le resulte igual de molesto.
Un apunte gráfico, por lo mucho que se falla: se escribe con eñe, cizaña, y con zeta inicial no, con ce. La grafía cizaña es la única correcta.
Expresiones parecidas
«Echar leña al fuego» y «azuzar» comparten la idea de empeorar una relación, pero ambas parten de un conflicto preexistente. La cizaña se siembra en terreno limpio, y ahí está su especialidad.
«Poner verde a alguien» o «poner a caldo» describen la crítica a espaldas del interesado, sin exigir que se busque enemistarlo con nadie. «Ir con el cuento» y «calentar la oreja» son fases del mismo proceso: transportar la información y predisponer al oyente. Un cizañero competente hace las dos cosas, pero se pueden hacer por separado y sin mala intención.
«Ser un lobo con piel de cordero» apunta a la misma familia de conductas encubiertas, aunque describe al personaje en general y no esta técnica concreta. Y en el terreno agrícola queda «separar el grano de la paja», que resuelve justo el problema que la parábola dejaba pendiente: distinguir lo bueno de lo malo cuando llega el momento.
⏳ Cronología y Registro Histórico
«Vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo»
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Allí se dice «meter púa»
Sembrar discordia entre quienes se llevaban bien.
Mismo sentido; en registro coloquial alterna con «meter púa» para el que azuza por detrás.
«Dejá de meter cizaña entre ellos, que recién se habían amigado.»
Chile
Indisponer a unos con otros a base de comentarios.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«No metas cizaña, que recién se habían amistado.»
Colombia
Provocar peleas con habladurías.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Esa vecina lo único que hace es meter cizaña en el edificio.»
España
Provocar discordia con habladurías
Siempre negativo
«No le cuentes nada, que va metiendo cizaña por toda la oficina.»
México
Enemistar a la gente con chismes e insinuaciones.
Mismo sentido, y muy vivo el derivado «cizañoso» para el que lo hace por costumbre.
«No seas cizañoso, deja de meter cizaña entre los primos.»
Ejemplos de uso
- «Mi tía metió cizaña entre los hermanos con lo de la herencia y aún no se hablan.»
- «Deja de meter cizaña, que ellos ya se habían arreglado antes de que aparecieras tú.»
- «El vestuario funcionaba hasta que alguien empezó a sembrar cizaña con los minutos de juego.»
Así suena en una conversación
En la oficina
—Va contando a cada uno lo que dice el otro.
—Mete cizaña y luego se hace la sorprendida.
En un grupo de amigos
—¿Y si se lo digo yo a él?
—No metas cizaña: habla tú directamente con ella.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to sow discord
Literalmente: sembrar discordia
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «meter cizaña»?
Enemistar a personas que se llevaban bien mediante insinuaciones, chismes y medias verdades colocadas donde más daño hacen. La clave es la intención: contar algo que molesta puede ser torpeza, pero meter cizaña exige buscar el enfrentamiento y calcular el efecto.
¿De dónde viene «meter cizaña»?
De la parábola del trigo y la cizaña, en Mateo 13:24-30: un hombre siembra buena semilla y su enemigo llega de noche a sembrar cizaña entre el trigo. Del griego zizánion, término empleado en ese texto, procede también la palabra castellana.
¿Qué es la cizaña?
Una planta real, el Lolium temulentum, cuyas plántulas son casi indistinguibles de las del trigo hasta que espiga y cuyo grano se tiene tradicionalmente por tóxico. Se cuela sin que nadie la vea y se descubre tarde, que es justo lo que la metáfora aprovecha.
¿Se dice «meter cizaña» o «sembrar cizaña»?
Las dos son correctas, con una diferencia de escala. Meter cizaña puede ser un acto puntual, una frase soltada en el momento oportuno; sembrar cizaña sugiere un trabajo continuado. La segunda conserva mejor la imagen agrícola; la primera es la de uso corriente.
Fuentes consultadas
- Biblia, Mateo 13
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española (DLE)
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1869), s. v. Meter cizaña, «Sembrar, meter cizaña.»
- Casiodoro de Reina; rev. Cipriano de Valera, La Santa Biblia. Nuevo Testamento (ed. 1909), Mateo 13,25, «Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembro cizana entre el trigo, y se fue»
- Sebastian de Covarrubias Horozco, Tesoro de la lengua Castellana, o Espanola (1611), s. v. enredar, «EN RE DAR, meter en la red, y por metafora poner cizana, entre vnos y otros, reboluiendolos»
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: el origen está documentado en una obra que lo estudia.
- Fuentes citadas: 5 obras.
- Primera aparición escrita: Biblia, Mateo 13:25.
- Estado editorial: redactada; pendiente de revisión humana.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Separar el grano de la paja
Distinguir lo valioso de lo accesorio dentro de un conjunto confuso, quedándose solo con lo que de verdad importa.
Ser un lobo con piel de cordero
Persona peligrosa o interesada que se presenta con apariencia inofensiva y bondadosa para ganarse la confianza ajena.
La oveja descarriada
Miembro de un grupo que se aparta del camino común y al que los demás intentan recuperar; a veces, el díscolo…
El hijo pródigo
El que regresa al lugar o al grupo que abandonó y es recibido con fiesta; en su origen designa al que derrochó…
Ser un buen samaritano
Persona que socorre a un desconocido en apuros sin esperar nada a cambio y sin que nada la obligue a hacerlo.
Echar margaritas a los cerdos
Ofrecer algo valioso a quien no sabe apreciarlo ni entenderlo, de modo que el esfuerzo y el regalo se malgastan.