Saltar al contenido
DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Importar un comino

Respuesta rápida
«Importar un comino» significa Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.
  • Origen histórico: El comino es la semilla diminuta y barata que la lengua tomó como unidad de lo insignificante, igual que el ardite o la blanca en el terreno del dinero. La fórmula está recogida en el Diccionario de…
  • Variantes frecuentes: No valer un comino · Me importa un comino
  • En otros idiomas: «not worth a fig» (EN)

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Importar un comino es no importar nada en absoluto. La lengua eligió para medir la insignificancia la semilla más pequeña de la despensa, una que se usa a pellizcos y que cuesta cuatro perras, y de ahí salió una de las fórmulas de indiferencia más antiguas y más extendidas del español, la única de su serie que se usa por igual a los dos lados del Atlántico.

Qué significa exactamente

La expresión declara desinterés total ante un asunto. Lleva siempre dativo, porque lo que se comunica es la postura de alguien: me importa un comino, le importa un comino lo que digan. No informa sobre el valor de la cosa, informa sobre la actitud del hablante ante ella, y de ahí su fuerza para zanjar una discusión.

Importar y valer no son lo mismo

La ficha recoge dos variantes que conviene separar. No valer un comino juzga el objeto: un contrato que no vale un comino es un mal contrato, lo diga quien lo diga. Importar un comino juzga la relación entre alguien y ese objeto. Se puede decir de un mismo documento que no vale un comino y que a su autor le importa muchísimo.

La lengua clásica tenía además una tercera construcción, hoy casi perdida salvo en registros conservadores: no dársele a uno un comino, con el verbo dar en su viejo uso impersonal. Sobrevive en giros como no se me da un comino, que suenan algo librescos pero siguen siendo comprensibles.

La especia de la que se habla

El comino es la semilla de una planta de la familia del perejil y en la cocina española se emplea en cantidades mínimas: una pizca en el adobo, unos granos en los garbanzos, un pellizco en la morcilla o en el mojo canario. Su sabor es tan intenso que pasarse arruina el guiso, de modo que hasta quien lo usa a diario compra poco y lo gasta despacio.

Esa manera de manejarlo refuerza la imagen. No es solo que el grano sea pequeño: es que se cuenta por granos. Cuando una cosa se mide en unidades tan diminutas, la lengua tiene servida la comparación de lo insignificante.

Por qué el comino y no una piedra

El mecanismo es el de los mínimos: para negar del todo, el español nombra la unidad más pequeña imaginable y la da por no entregada. El comino cumple tres condiciones a la vez. Es diminuto, hasta el punto de que hacen falta cientos para llenar una cuchara. Es barato, porque aunque sea especia nunca fue de las caras. Y es familiar: estaba en todas las cocinas, en los adobos, en los embutidos y en los guisos de legumbre. Lo insignificante, para funcionar en una frase hecha, tiene que ser algo que todo el mundo haya tenido en la mano.

De dónde viene

De ese uso clásico del comino como unidad de lo mínimo. La fórmula está registrada en el Diccionario de Autoridades, el primer diccionario académico, publicado entre 1726 y 1739, y figura desde antiguo en los repertorios de dichos, que la dan por vieja ya en su tiempo.

La familia monetaria

El comino no operaba solo. El castellano construyó la misma idea con las monedas de menos valor de cada época: no valer un ardite, con aquella moneda de vellón que apenas compraba nada; no valer una blanca, de la que aún queda el rastro en no tener blanca, que todo el mundo sigue diciendo sin saber que habla de una moneda medieval; no valer un ochavo, no valer un maravedí. Y con alimentos mínimos: un higo, un pito, un rábano.

Comparar las dos líneas es útil, porque muestra cómo funciona el recambio. Las monedas envejecen y arrastran a la expresión: nadie dice ya que algo no vale un ardite, porque el ardite dejó de existir. Los alimentos aguantan mejor, porque el comino sigue en el estante del supermercado. Esa es probablemente la razón de que la fórmula del comino haya sobrevivido a todas las de la serie monetaria.

Hasta qué punto está probado

La certeza catalogada es probable, y la etiqueta es precisa. Lo bien establecido es el mecanismo: el uso del comino como medida de lo ínfimo pertenece a la lengua clásica y está recogido por la lexicografía académica. Lo que no hay es un texto fundacional ni una primera documentación en la ficha, de modo que la datación en el siglo XVII es una estimación.

Aquí conviene una cautela que vale para todo este tipo de fichas. Que el Diccionario de Autoridades registre la fórmula en el siglo XVIII no significa que naciera entonces: un diccionario recoge lo que ya se dice, y sus autores incluían las expresiones que consideraban asentadas. La entrada fecha al lexicógrafo, no a la locución, y lo único que prueba es que en esa fecha la fórmula circulaba y se entendía.

Conviene también desconfiar de las precisiones que se leen por ahí sobre autores concretos que la habrían usado primero. Sin el pasaje delante, ese tipo de afirmación no aporta nada, y este diccionario prefiere decir que la expresión es vieja y está bien documentada como uso a fingir una partida de nacimiento.

Cómo se usa hoy

Es la más viva y la más viajera de su serie. Se emplea en España con total naturalidad y en toda América, cosa que no ocurre con las demás variantes: el pimiento y el bledo son más peninsulares, el pepino tiene su propio reparto, y el comino se entiende en cualquier país hispanohablante.

Su registro es coloquial pero limpio. No es malsonante, no ofende y cabe en la radio, en la prensa y en una conversación de trabajo, con la ventaja de sonar algo menos infantil que otras de la misma familia. Aparece sobre todo en primera persona, a menudo con un matiz de desafío: me importa un comino lo que se comente.

Aparece a menudo reforzada con marcas de totalidad, me importa un comino lo que digan, y admite el orden inverso para dar énfasis: un comino me importa a mí eso. Ese desplazamiento al principio de la frase, raro en las variantes más suaves, la acerca al tono desafiante.

Se oye por igual en boca de hablantes mayores y jóvenes, sin la marca generacional que sí tienen otras fórmulas de la serie, y no ha perdido terreno en la escritura: cabe en un artículo de opinión sin desentonar y sin sonar a taco disimulado.

En México y en buena parte de América la construcción preferida de este campo no se hace con importar sino con valer, y lo corriente es oír me vale un comino o simplemente me vale. La diferencia es de verbo, no de imagen, y el comino se mantiene como relleno habitual en las dos zonas.

Expresiones parecidas

Frente a las monedas antiguas ya comentadas, la serie hortelana sigue en activo y cada pieza tiene su tono: el bledo suena algo más literario, el pimiento es más doméstico y el pepino, más suave. El comino ocupa el centro, y esa neutralidad es lo que lo ha convertido en la variante por defecto.

Hay además fórmulas de indiferencia que no usan el molde del mínimo. Dar igual es la neutra. Traer sin cuidado es algo más culta y muy útil por escrito: eso me trae sin cuidado. Pasar de algo añade el matiz de desentenderse a propósito. Y no ir ni venir, en su forma completa, expresa una indiferencia razonada: eso ni me va ni me viene.

Conviene, por último, no confundir esta locución con buscarle el comino ni con otros giros donde la especia aparece con valor distinto. Aquí el comino no es sabor ni condimento: es tamaño.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Chile

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Colombia

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

España

Ser indiferente o no valer nada

La variante con valer se aplica a cosas; la de importar, a asuntos

«Sus amenazas me importan un comino.»

México

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Perú

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Uruguay

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Venezuela

Indica que algo no tiene la menor importancia ni valor para quien habla, usando como medida la semilla más pequeña de la despensa.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

not worth a fig

Literalmente: no vale un higo

Preguntas frecuentes

¿Qué significa importar un comino?

Significa que algo no tiene la menor importancia para quien habla. El comino, semilla minúscula y barata, funciona como medida de lo insignificante.

¿De dónde viene importar un comino?

Del uso clásico del comino como unidad de lo mínimo, igual que el ardite o la blanca en el terreno monetario. La fórmula está recogida en el Diccionario de Autoridades, aunque no hay un texto fundacional.

¿Es lo mismo no valer un comino que no importar un comino?

No. No valer un comino juzga la cosa en sí y dice que carece de valor; importar un comino expresa la indiferencia de una persona concreta hacia ella.

¿Se usa en América?

Sí, es de las más extendidas de la serie y se entiende en toda América. Allí es más frecuente la construcción con valer: me vale un comino.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

Expresiones emparentadas