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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Importar un pimiento

Respuesta rápida
«Importar un pimiento» significa Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.
  • Origen histórico: No consta origen documentado. Pertenece a una serie abierta de fórmulas construidas sobre alimentos baratos y abundantes, junto a un comino, un bledo, un rábano o un pepino, todas con el mismo valor de cosa…
  • Variantes frecuentes: No importar un pimiento · Me importa un pimiento
  • En otros idiomas: «not to give a damn» (EN)

Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.

Origen desconocido

No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.

Me importa un pimiento significa que el asunto no interesa lo más mínimo a quien habla. Es la manera educada de mandar algo al terreno de lo irrelevante, y pertenece a una serie abierta de fórmulas construidas con alimentos baratos: un comino, un bledo, un rábano, un pepino. Todas dicen lo mismo y ninguna vale más que otra.

Qué significa exactamente

Expresa indiferencia absoluta, y conviene subrayar el absoluta: no es que importe poco, es que no importa nada. La estructura lleva siempre un dativo que identifica al indiferente, y ahí está su matiz principal. Quien la usa no informa de que algo carezca de valor objetivo; informa de su propia postura ante ello. Por eso resulta tan útil para plantarse: me importa un pimiento lo que opinen los vecinos.

Hay una variante con el verbo valer, no vale un pimiento, que sí juzga la cosa en sí y prescinde del hablante. La diferencia se aprecia bien en pareja: un informe puede no valer un pimiento aunque a su autor le importe mucho.

Una negación que se escondió en el pimiento

La construcción tiene una particularidad que explica toda la serie. Me importa un pimiento es una frase afirmativa que significa una negación, y eso no es casualidad: nació como refuerzo de una negativa, del tipo no me importa un pimiento, donde el pimiento funcionaba como medida mínima, lo más pequeño que se podía dejar de dar. Con el uso, el elemento mínimo absorbió el valor negativo y la partícula no se volvió prescindible. Es el mismo camino que han recorrido otras lenguas con sus propias palabras de refuerzo, y explica por qué en español conviven las dos formas, con negación y sin ella, sin cambio de sentido.

De ahí también su carácter de serie abierta. Lo que la lengua necesita en esa casilla es un objeto cualquiera de valor ínfimo, y por eso puede rellenarse con casi todo: un comino, un bledo, un rábano, un pepino, un higo, un pito, un ardite. Los hablantes lo saben sin haberlo estudiado, y de vez en cuando inventan uno nuevo para hacer gracia.

Un eufemismo con la misma gramática que el taco

Hay un detalle que explica por qué estas fórmulas funcionan tan bien. La versión educada y la grosera comparten estructura palabra por palabra: cambia el sustantivo y no cambia nada más. El hablante no necesita reformular la frase para bajar de tono, solo sustituir una pieza, y de ahí la estabilidad de toda la serie.

El pimiento ocupa en esa escala un lugar cómodo, ni infantil ni áspero. Sirve para el enfado moderado y para la declaración tranquila de desinterés, y no delata al hablante en ninguna dirección. Por eso es de las variantes que más se oyen en la calle y en los medios.

De dónde viene

No consta origen documentado. Nadie ha establecido cuándo ni por qué el pimiento entró en la serie, y ninguna fuente ofrece un episodio, un texto ni un oficio de partida. Lo que hay es la pertenencia a un patrón bien conocido y una circunstancia cronológica que sí puede decirse.

El pimiento no pudo estar desde el principio

El pimiento es planta americana. Llegó a Europa después de 1492 y tardó en generalizarse; en España acabó siendo cultivo abundante y barato, base del pimentón y de la cocina popular, pero eso ocurre bastante después de que la lengua ya tuviera fórmulas de indiferencia con otros ingredientes. El comino y el bledo son del Viejo Mundo y estaban disponibles desde siempre; el pimiento es un recién llegado que se incorporó a una serie que ya funcionaba.

Este dato ayuda a ordenar la familia, pero conviene manejarlo con cuidado, porque fechar la planta no fecha la locución. Que el pimiento no existiera aquí antes del siglo XVI solo pone un límite por debajo: la expresión no puede ser anterior a la hortaliza. Cuándo se dijo por primera vez es otra pregunta, y esa sigue sin respuesta.

Hasta qué punto está probado

La certeza catalogada es desconocido. No hay primera documentación en la ficha y la datación en el siglo XIX es una estimación, coherente con un producto que se hace común en la cocina española a lo largo de ese siglo, pero estimación al fin.

Tampoco se puede decir cuál de las variantes de la serie es la más antigua ni establecer una genealogía entre ellas. Es tentador imaginar una cadena en la que unas nacen de otras; lo que se observa, en realidad, es una casilla vacía que cada época rellena con lo que tiene a mano. Cualquier explicación que atribuya al pimiento una historia propia, con su anécdota y su fecha, debe mirarse con desconfianza: no la hay.

Cómo se usa hoy

Está plenamente viva en España y es de las variantes más frecuentes de la serie junto al comino. Funciona como eufemismo cortés: ocupa el lugar de otras fórmulas idénticas en estructura y mucho más groseras, y por eso se puede decir en cualquier sitio, en la radio, en clase o en una reunión.

Se usa sobre todo en primera persona y en presente, y admite énfasis: me importa un pimiento, un pimiento y medio, tres pimientos. Ese juego con el número, imposible en las fórmulas de verdad ofensivas, muestra hasta qué punto el hablante percibe la imagen como inocente. También aparece en respuesta seca, sin verbo, como comentario a lo que otro acaba de decir.

Un apunte sobre la forma. Aunque la fórmula sea invariable en singular, admite juegos de cantidad con intención humorística, tres pimientos, un pimiento y medio, que las variantes malsonantes no toleran. Ese margen de broma es un buen termómetro: cuanto más inofensiva es la palabra, más se deja manipular.

Y otro sobre la respuesta seca. Preguntado por lo que ha sacado de una gestión, el hablante puede contestar con el sustantivo solo, un pimiento, con el valor de nada en absoluto. Ahí la palabra ya no mide indiferencia sino resultado nulo, y ese doble empleo es común a casi toda la serie.

Fuera de España se entiende, pero no es lo natural. En México la construcción habitual de este campo no se hace con importar sino con valer, me vale, y el relleno preferido tampoco es el pimiento, que allí nombra una hortaliza menos cotidiana que el chile. En el Río de la Plata se prefieren otras soluciones. Para quien escriba para varios mercados, el comino viaja mejor que el pimiento.

Expresiones parecidas

Dentro de la serie, importar un comino es la más extendida y la de mayor recorrido histórico; importar un bledo suena algo más tajante y hasta literaria; importar un pepino es la más suave y casi infantil; importar un rábano y un pito completan el grupo con un punto más de sorna. La elección entre ellas dice más del hablante que del asunto.

Fuera de la serie hortelana, el español dispone de otras vías para la misma idea. Traérsela al pairo y traérsela floja son bastante más bruscas, la segunda claramente vulgar. Pasar de algo, muy usada desde los años setenta, añade el matiz de desentenderse activamente, no solo de no interesarse. Dar igual es la formulación neutra y sin imagen, y ni fu ni fa se queda a medio camino, porque expresa tibieza y no indiferencia total. Todas las malsonantes de este campo comparten estructura con las nuestras, lo que confirma que aquí lo que cambia es el decoro, no la gramática.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Colombia

Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.

España

Ser indiferente

Eufemismo cortés frente a versiones más groseras

«Me importa un pimiento lo que opinen los vecinos.»

México

Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.

Perú

Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.

Venezuela

Expresa que algo resulta absolutamente indiferente a quien habla, sin el menor interés ni valor para él.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

not to give a damn

Literalmente: no dar un maldito

Preguntas frecuentes

¿Qué significa me importa un pimiento?

Significa que algo resulta totalmente indiferente a quien habla. Es una manera cortés de decir que no le interesa lo más mínimo.

¿De dónde viene importar un pimiento?

No hay origen documentado. Forma parte de una serie de fórmulas hechas con alimentos baratos, como un comino, un bledo o un rábano, todas con el mismo valor.

¿Se dice un pimiento o un pepino?

Ambas y varias más. Son intercambiables: un comino, un bledo, un rábano, un pepino y un pimiento significan exactamente lo mismo.

¿Se dice me importa un pimiento o no me importa un pimiento?

Las dos son correctas y significan lo mismo. La fórmula nació reforzando una negación y acabó absorbiéndola, de modo que la partícula no se volvió prescindible.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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