Hablar por los codos
- Origen histórico: La lectura más aceptada parte del gesto: el hablador incansable acompaña la charla dando codazos al interlocutor para retener su atención, de modo que parece hablar también con esa parte del cuerpo. Encaja…
- Variantes frecuentes: Hablar hasta por los codos · Ser un hablador por los codos
- En otros idiomas: «to talk the hind legs off a donkey» (EN)
Hablar sin parar, mucho más de lo que la ocasión pide, hasta agotar la paciencia de quien escucha.
Del que habla sin parar, mucho más de lo que la ocasión pide y hasta agotar la paciencia de quien escucha, se dice que habla por los codos. Es una descripción de cantidad, no un juicio moral: no acusa de mentir ni de indiscreto. El origen de la imagen se explica de una manera concreta que nadie ha podido documentar.
Qué significa exactamente
La expresión mide volumen de palabras y nada más. Ese es su rasgo definitorio y lo que la separa de casi todas sus vecinas, que casi siempre añaden algún reproche. Quien habla por los codos puede ser encantador, informado y absolutamente veraz; el problema es que no para.
Hay dos ingredientes en el retrato. El primero es la cantidad, evidentemente. El segundo, menos obvio, es la desproporción respecto a la situación: no habla por los codos quien da una conferencia de una hora, porque para eso lo han llamado, sino quien ocupa cuarenta minutos de una consulta médica de diez. La expresión juzga la relación entre el discurso y su marco.
De ahí viene el tercer elemento, que es el efecto sobre el oyente. La fórmula incorpora siempre, aunque no se diga, el cansancio del que escucha. Nadie describe como hablador por los codos a alguien a quien disfruta oyendo. En el momento en que se usa la expresión, ya se ha emitido un veredicto sobre el desgaste que produce.
Con todo, el tono suele ser benévolo. Se dice de una vecina, de un tío, de un niño, y muchas veces con afecto. La lengua reserva para la crítica dura otras fórmulas. Ser un bocazas añade indiscreción y es peyorativa. Dar la brasa, en España, señala la insistencia molesta sobre un tema. Ser un pesado juzga a la persona entera. Marear la perdiz apunta a hablar sin llegar a ninguna parte, es decir, mide la falta de contenido y no la abundancia. Ser un pico de oro está en el extremo opuesto y es un elogio: describe al que habla bien, no al que habla mucho.
La construcción admite un refuerzo muy extendido, hablar hasta por los codos, que intensifica la hipérbole. La forma fijada es la simple, pero la reforzada se oye a diario y no tiene nada de incorrecta.
De dónde viene
La explicación que dan los repertorios parte de un gesto, y hay que decir de entrada que es una explicación plausible y no probada.
Según esa lectura, el charlatán incansable no se conforma con hablar: acompaña la conversación con el cuerpo y, en particular, da codazos a su interlocutor para retener su atención cuando nota que se le escapa. Quien haya sufrido a un conversador de ese tipo reconoce el gesto sin necesidad de que se lo describan. De tanto emplear los codos en la tarea de hablar, parecería que también habla con ellos. Iribarren recoge esta interpretación y de él pasa a la mayoría de los repertorios posteriores.
La explicación tiene algo a su favor que no siempre se menciona: el castellano ha hecho del codo una pieza enormemente productiva para describir conductas. Hincar los codos es estudiar con ahínco, por la postura del que se apoya en la mesa. Empinar el codo es beber, por el movimiento del brazo al levantar el vaso. Codearse con alguien es tratarlo de igual a igual. Romperse los codos es esforzarse. En todos los casos el codo funciona como testigo corporal de una actividad que en realidad se hace con otra parte del cuerpo, y hablar por los codos encaja perfectamente en esa serie.
Hay una segunda posibilidad, menos difundida y bastante razonable, que no exige gesto ninguno: que la expresión sea simplemente una hipérbole absurda. Decir que alguien habla por los codos equivale a decir que le sobra tanta palabra que ya le sale por sitios que no son la boca. El castellano fabrica ese tipo de exageraciones con enorme facilidad, y no siempre hay detrás un razonamiento previo.
Sobre la fecha, los repertorios sitúan la locución en el siglo XVIII sin aportar una primera documentación fechada. Es una estimación, no un dato.
Hasta qué punto está probado
Muy poco, y lo honrado es reconocerlo antes de contar la historia del codazo.
Nadie ha localizado un texto que vincule la expresión con el gesto del charlatán. La explicación se transmite de repertorio en repertorio y su credibilidad procede de que resulta convincente cuando se oye, que es exactamente el mecanismo por el que se propagan las etimologías populares. Sonar bien no es lo mismo que estar documentado.
Hay además un problema lógico que conviene señalar. La explicación del codazo es del tipo que los estudiosos llaman reconstrucción hacia atrás: se parte de la expresión ya existente y se busca una escena que la justifique. Como los codos aparecen en la frase, se localiza una situación en la que los codos intervengan al hablar, y el resultado parece una explicación. Pero el mismo procedimiento habría producido una explicación distinta si la frase hubiera dicho rodillas.
Lo que sí está fuera de duda es la productividad del codo en el castellano, que se comprueba con las otras expresiones ya citadas. Eso hace verosímil que la nuestra pertenezca a esa familia, aunque no explica cómo se formó exactamente.
Por todo ello la certeza aquí es probable. La lectura del gesto es la más aceptada y no hay motivo para descartarla, pero quien la cuente debería añadir que se cuenta y no que se sabe. Este proyecto prefiere una explicación honesta a una anécdota redonda.
Cómo se usa hoy
La expresión goza de excelente salud en todo el ámbito hispanohablante y no presenta variaciones de sentido entre países. En España, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Venezuela y Uruguay se emplea igual y se entiende igual.
El registro es coloquial, familiar y sin ninguna aspereza. Se puede decir delante del interesado sin que se ofenda, y de hecho mucha gente la usa para describirse a sí misma con resignación. Aparece en la conversación mucho más que en la escritura, y cuando aparece por escrito suele ser en textos de tono ligero.
Es una fórmula fija que admite pocas variaciones. El plural codos es obligatorio: no existe hablar por el codo. Se conjuga con normalidad en cualquier tiempo. Y funciona bien tanto como predicado, habla por los codos, como en construcción atributiva, es un hablador por los codos, aunque esta última es menos frecuente.
Un apunte sobre el léxico americano que conviene tener presente para evitar equívocos. En México, y en otras zonas, hablador no significa lo que significa en España. Allí un hablador es un mentiroso o un fanfarrón, no alguien que habla mucho. De modo que traducir habla por los codos por es un hablador puede producir un malentendido considerable según con quién se hable. Para la cantidad, el español mexicano recurre antes a fórmulas como habla hasta por los codos, que sí es transparente, o a comparaciones con animales.
Esas comparaciones son, por cierto, la competencia directa de nuestra expresión en toda América: habla como una cotorra, como un loro, como una lora, según el país. Coexisten sin problema con la fórmula de los codos.
Expresiones parecidas
El castellano tiene un repertorio enorme para el exceso de palabra, y merece la pena ordenarlo porque las piezas no son intercambiables. Para la cantidad pura están ser una cotorra, no callarse ni debajo del agua y la clásica hablar más que un sacamuelas, que recuerda a los charlatanes de feria que vendían remedios mientras arrancaban dientes y que necesitaban hablar sin parar para reunir público.
Para la insistencia molesta, dar la brasa y dar la lata en España, y dar lata en varios países americanos. Aquí ya no se juzga la cantidad sino la persistencia sobre un mismo asunto.
Para el discurso vacío, marear la perdiz, que viene de la caza y describe al que da vueltas sin concretar, y irse por los cerros de Úbeda, que retrata al que se desvía del tema. Ninguna de las dos dice nada sobre el volumen: se puede marear la perdiz en tres frases.
Para la conversación larga y agradable existe una expresión que casi nadie relaciona con esta familia: pegar la hebra, que viene del hilado y describe el enlazar un tema con otro. A diferencia de nuestra locución, no lleva ninguna carga de fastidio.
En otras lenguas, las imágenes son igual de gráficas y ninguna coincide con la española. El inglés dice to talk the hind legs off a donkey, hablarle a un burro hasta que se le caen las patas traseras, y también to talk nineteen to the dozen. El francés recurre a être un moulin à paroles, ser un molino de palabras, con la imagen de la máquina que no para. Que cada lengua elija una hipérbole distinta para lo mismo confirma que el terreno es de invención libre, y eso debería hacernos prudentes con la explicación del codazo.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Ser incansablemente hablador.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Habla por los codos; si lo dejás arrancar, te cuenta toda la vida.»
Chile
Hablar sin descanso.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Habla por los codos, no la para nadie una vez que empieza.»
Colombia
No parar de hablar.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ese niño habla por los codos, no lo callan ni con un helado.»
España
Ser muy hablador
Sin carga moral: describe cantidad, no maldad
«Mi vecina habla por los codos, no la sueltas en media hora.»
México
Hablar sin parar, mucho más de lo que la ocasión pide.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables; describe cantidad, no mala intención.
«Mi vecina habla por los codos, me tuvo media hora parado en la puerta.»
Perú
Ser muy hablador.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Mi tía habla por los codos, se queda dos horas en el teléfono.»
Uruguay
Hablar sin parar, mucho más de lo que la ocasión pide, hasta agotar la paciencia de quien escucha.
Venezuela
Hablar más de la cuenta, sin parar.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ese muchacho habla por los codos, no deja meter ni una palabra.»
Ejemplos de uso
- «El pequeño ha salido a su padre y habla por los codos desde que se levanta de la cama.»
- «En las reuniones hay quien habla por los codos y luego no concreta ni una sola fecha.»
- «El del puesto de la fruta habla hasta por los codos y aun así despacha más rápido que nadie.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to talk the hind legs off a donkey
Literalmente: hablarle a un burro hasta tumbarlo
FR
être un moulin à paroles
Literalmente: ser un molino de palabras
Preguntas frecuentes
¿Qué significa hablar por los codos?
Hablar sin parar, mucho más de lo que la situación pide, hasta cansar a quien escucha. Describe cantidad de palabras y no lleva acusación de mentira ni de indiscreción, por lo que suele decirse con benevolencia.
¿De dónde viene hablar por los codos?
Se ha propuesto que aluda al gesto del charlatán que da codazos a su interlocutor para retener su atención. Es la explicación más aceptada, pero no está documentada: puede ser también una simple hipérbole.
¿Se dice hablar por los codos o hablar hasta por los codos?
Las dos se oyen y ninguna es incorrecta. Hablar por los codos es la forma fijada; añadir hasta es un refuerzo expresivo muy frecuente, sobre todo en México y en España.
¿Es lo mismo hablar por los codos que ser un bocazas?
No. Hablar por los codos mide la cantidad de palabras; ser un bocazas añade indiscreción, es decir, contar lo que no se debía. Se puede hablar muchísimo sin revelar nunca nada comprometido.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Dar la brasa
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Ser un pico de oro
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