Donde las dan, las toman
- Origen histórico: El refrán, recogido en los repertorios del Siglo de Oro con la coletilla y callar es bueno, se apoya en un las de referente vago, típico de las fórmulas antiguas: las bofetadas, los golpes. Esa imprecisión…
- Variantes frecuentes: Donde las dan las toman, y callar es bueno · Como las dan, las toman
- En otros idiomas: «What goes around comes around» (EN)
Quien hace daño acaba recibiéndolo, de modo que el agravio vuelve tarde o temprano contra el que lo repartió.
Quien reparte golpes acaba recibiéndolos. Ese es el aviso, y se pronuncia casi siempre cuando el golpe de vuelta ya ha llegado: el agravio circula, vuelve sobre quien lo repartió y el refrán se limita a certificarlo con una satisfacción que no disimula.
Qué significa exactamente
No es un principio moral, es un veredicto. Nadie dice donde las dan, las toman para prevenir a otro de que se porte bien; se dice cuando alguien que se pasó de la raya ha recibido lo suyo, y se dice mirando. Por eso suele estar en boca de un tercero, de un espectador que asiste al desenlace, y no del ofendido, que rara vez tiene ganas de resumir la escena con un refrán.
La gramática merece un párrafo, porque en ella está la mitad del sentido. Ese las no se refiere a nada que se haya dicho antes: es un femenino plural de referente vago, un recurso muy antiguo del castellano que reaparece en pasarlas canutas, vérselas y deseárselas, no tenerlas todas consigo o arreglárselas. Se sobreentiende que son bofetadas o golpes, porque dar significa aquí golpear, como en dar una paliza o le dieron de lo lindo. Y esa imprecisión, lejos de ser un defecto, es lo que le da alcance: las que se dan y se toman pueden ser guantazos, insultos, denuncias, despidos o zancadillas de oficina.
También el donde merece una lectura. No señala un lugar físico, sino una condición general: allí donde ocurre una cosa, ocurre la otra. Es el mismo donde de donde comen dos, comen tres o donde hubo fuego, cenizas quedan, un adverbio que el refranero emplea para enunciar reglas sin tener que decir siempre ni nunca. Y de paso sugiere algo más: que la devolución llega en el mismo terreno en que se dio el golpe, en la oficina lo que empezó en la oficina y en el pueblo lo que empezó en el pueblo.
La versión completa que traen los repertorios añade y callar es bueno, y ese remate cambia bastante las cosas. No se limita a constatar la devolución: aconseja al que la recibe que se aguante y no proteste, porque empezó él. El refrán entero es, por tanto, una lección de prudencia además de un veredicto. Al truncarse en el uso moderno perdió justo la parte que exigía algo del oyente.
Sus parientes dicen cosas distintas. El que la hace, la paga afirma la justicia como regla general y tiene aire de sentencia. Quien a hierro mata, a hierro muere es mucho más grave, habla de violencia y de muerte y arrastra resonancia evangélica. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos es un aviso en primera persona sobre el futuro, casi una amenaza cortés. Este otro llega después de los hechos y no amenaza a nadie: comenta.
De dónde viene
Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, de 1627, ya con la coletilla, lo que significa que en el Siglo de Oro circulaba entero y bien asentado. No hay ningún episodio detrás. La motivación es transparente y responde a la lógica más elemental de la reciprocidad, la misma que ordena media docena de refranes castellanos.
El mundo que lo sostiene sí puede describirse con alguna precisión. Es una sociedad de agravios, donde la ofensa no se dejaba pasar porque la honra era un bien público que se defendía a la vista de todos. Las pendencias de pueblo, los palos a la salida de la taberna, las cuchilladas de las que están llenos los papeles judiciales de la época y los desafíos entre vecinos formaban parte del paisaje ordinario. La justicia existía, pero era lenta, cara y a menudo inalcanzable para el que no tenía valedor.
La ofensa, además, estaba codificada. Había gestos cuyo significado entendía todo el mundo y que obligaban a responder: el mentís, es decir, llamar mentiroso a alguien a la cara, la bofetada, el tirón de barbas, el sombrero que no se quitaba a tiempo. Quien encajaba cualquiera de esas cosas sin reaccionar quedaba señalado, y eso valía tanto para un caballero como para un vecino cualquiera a su escala. El golpe no era un accidente: era un mensaje con respuesta prevista.
En ese marco, el refrán no propone la venganza: la describe. Cuando no hay un tercero que interrumpa la cadena, el golpe circula y acaba volviendo. Y hay algo más, un desplazamiento que conviene notar. La ley del talión antigua era divina y solemne; el refrán castellano la deja en calderilla, sin dios, sin juez y sin ceremonia. Solo la circulación natural de las tortas, que a la larga se reparten sorprendentemente bien.
Hasta qué punto está probado
Documentada está la fórmula desde el siglo XVII, con su segunda parte incluida. Lo que no puede probarse es la antigüedad real del dicho ni el contenido primitivo de ese las, y de ahí que la certeza aquí sea probable.
Conviene precisar también qué significa que un refrán aparezca recogido en 1627. Significa que en esa fecha circulaba y que le pareció digno de anotarse a un hombre dedicado a copiar lo que oía; no significa que naciera entonces. Los repertorios del Siglo de Oro son una fotografía de la lengua hablada de su tiempo, y casi todo lo que retratan es bastante más viejo que la fotografía.
Hay además una dificultad de fondo que conviene explicar. Cuando un refrán se construye sobre un pronombre vago, la pregunta por el origen pierde buena parte de su sentido, porque nunca hubo una palabra concreta que rastrear. No podemos saber si el hablante del siglo XVI pensaba en bofetadas, en pedradas o en nada en particular. Cualquier explicación que ate el refrán a un oficio, a un juego de naipes o a un tribunal determinado está inventando un referente que el propio refrán se cuidó de no decir.
Cómo se usa hoy
Es coloquial y goza de excelente salud. Se dice del jefe autoritario al que ha llegado un jefe peor, del que criticaba a todos y ahora recibe críticas, del equipo que hacía perder tiempo y termina perdiéndolo, del político que aplaudía una medida y acaba sufriéndola. El tono va desde la satisfacción tranquila hasta la crueldad abierta, según quién hable y cuánto haya sufrido antes.
El deporte y la política son sus terrenos favoritos en la lengua de los medios. El equipo que protestaba todos los arbitrajes y acaba perjudicado por uno, el partido que aprobó una norma y la sufre desde la oposición, el tertuliano que exigía dimisiones y termina dimitiendo: en todos esos casos el refrán aparece casi de oficio, porque resume en cinco palabras lo que si no requiere un artículo entero. Es de los refranes más periodísticos del castellano.
Conviene calcular la distancia. Dicho a la cara del que acaba de llevarse el golpe suena a regodeo y a menudo enciende otra ronda; lo habitual es soltarlo entre espectadores, en voz media, cuando el interesado no está delante. Es un refrán de comentario, no de confrontación.
Se ha producido además un deslizamiento interesante en las últimas décadas. Muchos hablantes lo asocian hoy a la idea de karma, importada del vocabulario oriental a través del inglés, y lo usan como si anunciara una justicia cósmica que ordena el universo. El refrán castellano nunca dijo tanto. Se limitaba a observar que la gente devuelve los golpes, que es una afirmación bastante más modesta y bastante mejor fundada.
Se entiende sin problemas en todo el ámbito hispanohablante, aunque en América compite con formulaciones propias y con el calco del inglés que dice que lo que va, vuelve. El sentido es el mismo, con la diferencia de que el refrán español no promete nada: constata.
Expresiones parecidas
El que la hace, la paga es el más próximo, pero suena a norma y se usa también en boca de padres y maestros, donde este otro no encaja. Quien a hierro mata, a hierro muere sube el registro y el drama. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos se dice antes, no después, y funciona como advertencia entre iguales. Quien siembra vientos recoge tempestades pertenece al mismo esquema con imaginería bíblica y consecuencias mayores que la causa.
Puestos todos en fila, llama la atención cuántas fórmulas describe el refranero para la devolución del golpe y qué pocas dedica a recomendar que se perdone. La sabiduría popular castellana, en este capítulo, es más contable que evangélica: apunta lo que se debe y espera el momento del cobro.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
El agravio se vuelve tarde o temprano contra quien lo hizo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Mirá cómo terminó el que se hacía el vivo: donde las dan, las toman.»
Chile
Quien perjudica acaba perjudicado.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Le salió el tiro por la culata, po; donde las dan, las toman.»
Colombia
Al que reparte daño le llega el suyo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ahora le hicieron lo mismo que él hacía; donde las dan, las toman.»
Ecuador
Quien hace daño acaba recibiéndolo, de modo que el agravio vuelve tarde o temprano contra el que lo repartió.
España
El daño se devuelve
Se dice con satisfacción al ver caer a quien se pasó
«Le han hecho lo mismo que él hacía: donde las dan, las toman.»
México
El que hace daño termina recibiéndolo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ahora resulta que a él también lo corrieron; donde las dan, las toman.»
Perú
El daño hecho se paga con el mismo daño.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Después de todo lo que hizo, ahora le toca a él; donde las dan, las toman.»
Uruguay
Quien hace daño acaba recibiéndolo, de modo que el agravio vuelve tarde o temprano contra el que lo repartió.
Venezuela
El que golpea acaba recibiendo el golpe.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ahí lo tienes llorando ahora: donde las dan, las toman.»
Ejemplos de uso
- «Se pasó la infancia chinchando a su hermana y ahora ella no le perdona una: donde las dan, las toman.»
- «Aquel encargado que humillaba a los nuevos acabó a las órdenes de uno de ellos: donde las dan, las toman.»
- «El defensa que repartía codazos salió del campo con el labio partido: donde las dan las toman, y callar es bueno.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
What goes around comes around
Literalmente: lo que va, vuelve
Preguntas frecuentes
¿Qué significa donde las dan, las toman?
Que quien hace daño acaba recibiéndolo: el agravio vuelve tarde o temprano contra el que lo repartió. Se dice cuando el golpe de vuelta ya ha llegado.
¿Qué son las del refrán donde las dan, las toman?
Es un las de referente vago, típico de fórmulas antiguas como pasarlas canutas o arreglárselas. Se sobreentienden los golpes o las bofetadas, porque dar significa aquí golpear.
¿Cuál es la segunda parte de donde las dan, las toman?
Los repertorios clásicos añaden y callar es bueno: quien recibe la devolución hará mejor en aguantarse, porque empezó él. La versión corta ha perdido esa parte.
¿De dónde viene donde las dan, las toman?
Del refranero castellano; Correas lo recoge ya completo en 1627. No hay episodio ni oficio detrás: su motivación es la reciprocidad, y el origen se da como probable, no como documentado.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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