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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

El que la sigue, la consigue

Respuesta rápida
«El que la sigue, la consigue» significa La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.
  • Origen histórico: Se ha propuesto que la sigue alude originalmente a la caza, donde seguir el rastro de una pieza hasta agotarla era el modo antiguo de cobrarla; de ahí la variante el que la sigue la mata. La rima entre sigue…
  • Variantes frecuentes: Quien la sigue, la consigue · El que la sigue la mata
  • En otros idiomas: «If at first you don't succeed, try, try again» (EN)

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

Insistir acaba pagando: quien persevera en un empeño el tiempo suficiente termina lográndolo, aunque tarde más de lo que pensaba. El refrán se dice casi siempre a toro pasado, cuando ya se ha conseguido la cosa a la cuarta o la quinta intentona, y sirve de elogio a la constancia ajena o de consuelo a la propia.

Qué significa exactamente

Lo que afirma es que el obstáculo cede por desgaste. No dice que quien insiste tenga razón, ni que lo perseguido merezca la pena: dice que la resistencia se agota antes que la voluntad del que aprieta. Por eso funciona tan bien con exámenes, oposiciones, trámites y puestos de trabajo, donde hay una puerta que se abre siempre por el mismo procedimiento y basta con volver a llamar.

El refrán no distingue entre perseverancia y cabezonería, y esa indistinción es parte de su gracia. Al que acierta se le llama constante; al que no, pesado. Como la sentencia solo se pronuncia cuando la cosa ha salido bien, el refranero se garantiza no equivocarse nunca: los casos en que alguien insistió doce años y no consiguió nada no llegan a citarse.

Hay una rareza gramatical que casi nadie nota al decirlo. ¿Qué es la? El pronombre no tiene antecedente: no se ha nombrado antes ninguna cosa femenina a la que remita. El castellano tiene una pequeña familia de expresiones con ese femenino fantasma —no dar una, arreglárselas, tomarla con alguien, liarla—, en las que el pronombre no sustituye a nada concreto y funciona como un comodín. Lo que ese la represente aquí es justamente el nudo del problema del origen.

Hay además un desplazamiento de sentido que conviene marcar. En su uso más antiguo el refrán constata un hecho: el que insiste, obtiene. En el moderno se ha convertido sobre todo en consigna de ánimo, casi en eslogan, y como tal aparece en carteles de gimnasio, en discursos de entrega de premios y en la publicidad. Ese trasvase de la observación al lema le ha quitado la parte fría que tenía, porque el refrán original describe cómo funcionan las cosas y no promete nada a nadie. De ahí sale incluso el uso en primera persona, la sigo y la consigo, que ya es pura arenga.

De dónde viene

La explicación que más circula es cinegética. Seguirla sería seguir la pieza, y el refrán vendría del modo antiguo de cazar sin más recursos que las piernas y la paciencia: levantar una y otra vez al animal, no dejarlo descansar, agotarlo hasta poder cobrarlo. La variante el que la sigue, la mata es el principal apoyo de esta lectura, porque matar solo tiene sentido pleno si el complemento es una presa.

El cuadro que reconstruye esa hipótesis es reconocible: la caza de subsistencia, no la de escopeta y ojeo, sino la del que salía a por una liebre porque en casa hacía falta carne y un cartucho costaba dinero. En ese contexto la persistencia era literalmente la técnica: se seguía el rastro por el rastrojo, se volvía a levantar la pieza cuando se echaba, y el que aguantaba más tiempo comía.

Hay una segunda lectura, menos épica y quizá más honesta, que ni siquiera necesita caza: el la sería el comodín impersonal de la cosa pretendida, sin referente ninguno, como en tantas otras locuciones. Y hay una tercera, muy presente en el uso real, que entiende ese femenino como la mujer cortejada; volveremos sobre ella al hablar del uso, porque explica buena parte de cómo suena hoy el refrán.

Lo que sí es seguro es lo que sostiene la fórmula: la rima. Sigue y consigue encajan casi solos, y esa asonancia de rima interna, casi un juego fónico, es lo que ha fijado el refrán y lo que hace que se recuerde sin esfuerzo. Muchos refranes existen porque riman antes que porque enseñen algo.

Hasta qué punto está probado

El origen cinegético es una hipótesis razonable, no un hecho documentado. No hay texto antiguo que lo respalde, y conviene decirlo con claridad: la explicación se ha reconstruido a partir de la variante la mata, no al revés. Ese razonamiento tiene un punto débil que se suele pasar por alto: se da por supuesto que la versión más concreta y violenta es la original, cuando en el refranero ocurre a menudo lo contrario y son las variantes expresivas las que llegan después, precisamente por ser más gráficas.

Tampoco es un refrán antiguo. Los repertorios que lo traen son modernos, y la datación que se le atribuye lo sitúa en el siglo XIX, ya lejos de los grandes inventarios del Siglo de Oro. Un refrán tardío y transparente no necesita un episodio de origen: le basta con una idea evidente y una rima buena, y este tiene las dos. Así que la caza puede estar detrás, pero quien lo afirme como probado está adornando.

Cómo se usa hoy

Es coloquial y muy frecuente. Su hábitat preferido son los relatos de esfuerzo con final feliz: la plaza conseguida en la cuarta convocatoria, el carné de conducir al tercer intento, el ascenso pedido tantas veces que acabaron dándolo por cansancio. En el deporte se ha convertido casi en muletilla de retransmisión, y se aplica al delantero que falla tres ocasiones y mete la cuarta.

Tiene sitio propio en el trabajo comercial, donde describe con exactitud una técnica: la venta que se cierra a la sexta visita, el candidato que manda el currículum cada mes hasta que alguien se acuerda de su nombre. En España, además, el sistema de oposiciones convierte la constancia en método —años de temario, convocatorias que salen cada dos o tres— y el refrán describe literalmente el procedimiento: no hay atajo, hay convocatorias. Su empleo más generoso es ese, el de quien anima a otro a presentarse una vez más; dicho a tiempo, un refrán así sostiene a alguien un año entero.

También se usa en irónico, con la ceja levantada, cuando la insistencia ha sido excesiva o el logro no compensa lo invertido. Y se oye en tono de queja resignada por parte de quien recibe la insistencia: el vendedor que llama cada semana, el conocido que no acepta un no en la conversación.

Queda el uso amoroso, que es el que ha envejecido peor. Aplicado al cortejo, el refrán ha funcionado durante décadas como aval de la insistencia frente a una negativa, y ahí lo que dice resulta hoy problemático por una razón que se ve mejor cambiando el objeto: la moral del refrán está pensada para obstáculos sin voluntad —una pieza, una cosecha, un tribunal de oposición—, cosas que ceden o no ceden, pero que no deciden. Trasladada a una persona, convierte el no ajeno en una simple resistencia por vencer. No hace falta moralizar para constatarlo: es lo que la letra permite, y por eso circula ya la coletilla burlona de que lo único que se consigue así es una orden de alejamiento. Esa broma es la manera que tiene el idioma de marcar que un refrán se ha quedado a contrapelo de la sensibilidad actual sin renunciar a usarlo.

En América se entiende sin problema, aunque en varios países pesa más la fórmula del agua y la piedra o versiones distintas del elogio de la constancia. No es de los refranes españoles que producen extrañeza al otro lado.

Expresiones parecidas

El refranero tiene un catálogo entero para la constancia, y cada pieza mide una cosa distinta. El que algo quiere, algo le cuesta habla de precio: avisa de que hay que pagar, no de que haya que esperar. Poco a poco se anda lejos habla de ritmo: elogia el paso corto y sostenido frente al arreón. A la tercera va la vencida pone número al asunto y fija una expectativa concreta, lo que le da un aire de apuesta que el nuestro no tiene.

Cerca queda también quien hace un cesto, hace ciento, aunque desde otro ángulo: allí lo que se repite es una destreza ya aprendida, no un intento fallido. Y conviene recordar el contrapunto: no por mucho madrugar amanece más temprano dice exactamente lo contrario, que el empeño no acelera lo que no depende de uno. Los dos son refranes españoles de pleno derecho y los dos se usan a diario. El refranero no es un sistema coherente, sino un almacén de argumentos, y cada hablante coge el que le conviene.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

La constancia termina dando fruto aunque tarde.

Mismo sentido; se oye mucho en el fútbol y en la crónica deportiva.

«Se presentó cuatro veces al concurso y esta vez quedó: el que la sigue la consigue.»

Chile

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

Colombia

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

España

La insistencia da fruto

Se dice al lograr algo tras varios intentos fallidos

«Aprobó a la cuarta convocatoria: el que la sigue, la consigue.»

México

Quien insiste el tiempo suficiente acaba consiguiendo lo que busca.

Mismo sentido, aunque para la misma idea es más frecuente allí la fórmula «el que persevera, alcanza».

«Le insistió tres años a la escuela y al final le dieron la plaza: el que la sigue, la consigue.»

Perú

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

Uruguay

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

Venezuela

La constancia acaba dando resultado: quien insiste en un empeño el tiempo suficiente termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto.

Ejemplos de uso

  • «Lleva dos años detrás de la plaza de garaje del vecino y ya se la ha comprado: el que la sigue, la consigue.»
  • «Insistió en cada reunión hasta que le dieron el turno de mañana; quien la sigue, la consigue.»
  • «La asociación pidió el semáforo carta tras carta durante seis años y ahí está: el que la sigue, la consigue.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

If at first you don't succeed, try, try again

Literalmente: si no lo logras a la primera, inténtalo otra vez

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el que la sigue, la consigue?

Que la constancia acaba dando resultado: quien insiste lo suficiente en un empeño termina alcanzándolo, aunque tarde más de lo previsto. Se dice casi siempre cuando ya se ha logrado, tras varios intentos fallidos.

¿De dónde viene el que la sigue, la consigue?

No está documentado. Se ha propuesto un origen de caza, por la pieza que se cobra siguiéndola hasta agotarla, y en eso se apoya la variante el que la sigue la mata. Es una hipótesis razonable, no un hecho probado.

¿Se dice la consigue o la mata?

Circulan las dos. La consigue es la forma más extendida y neutra; la mata suena más brusca y conserva el aire de caza que se le supone al refrán, pero no consta que sea la versión original.

¿Qué es la la del refrán?

Un pronombre sin antecedente, como en no dar una o liarla. Se ha interpretado como la pieza de caza, como la cosa pretendida en general y, en el uso amoroso, como la persona cortejada.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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