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Dichosymás

Saber por dónde van los tiros

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Explicación popular desmentida

La historia que circula por internet es falsa. Aquí se explica por qué.

Quien sabe por dónde van los tiros ha entendido la intención real de alguien o el rumbo que lleva un asunto, aunque nadie lo haya dicho en voz alta. Es una expresión de perspicacia, no de información: no se sabe porque se lo hayan contado, se sabe porque se ha deducido.

Qué significa exactamente

La frase admite dos objetos y conviene distinguirlos, porque el matiz cambia. Uno es la intención de una persona: sé lo que este pretende, aunque esté hablando de otra cosa. El otro es la deriva de un asunto: veo hacia dónde va esto, aunque nadie lo haya anunciado. En ambos casos hay un propósito oculto y alguien que lo ha descifrado.

Lo esencial es que aquello que se ha entendido no se ha dicho. Si el jefe anuncia en la reunión que va a haber despidos, nadie dice que ya sabe por dónde van los tiros: lo sabe porque se lo han contado. La expresión solo funciona cuando la conclusión se ha sacado de indicios laterales, una pregunta rara, un punto del orden del día, un silencio en el sitio equivocado.

De ahí procede el pequeño componente de vanidad que suele acompañarla. Quien la usa está diciendo, además de lo que dice, que a él no lo engañan. Es una expresión con la que uno se acredita.

La forma negativa es igual de frecuente y describe lo contrario: no saber por dónde van los tiros es estar perdido, no entender qué se está discutiendo ni qué se persigue. Y hay una variante que en la conversación se usa quizá más que la fórmula plena: por ahí van los tiros, que funciona como respuesta afirmativa. Alguien aventura una suposición y el otro se la confirma. Ese uso dialogado es muy característico y no tiene equivalente exacto en las expresiones vecinas.

Comparada con sus parientes, ocupa un hueco preciso. Estar al tanto supone tener información, que es justo lo que aquí no hay. Olerse algo se queda en la sospecha, sin llegar a la certeza. Calar a alguien describe haber entendido cómo es una persona, en general y para siempre, mientras que los tiros apuntan a un asunto concreto y a un momento concreto. Y ver venir a alguien añade la idea de anticiparse a una maniobra que aún no se ha producido.

De dónde viene

Los tiros de la frase son disparos, y la imagen viene del mundo de las armas de fuego: la caza y, muy cerca de ella, el combate.

La escena es fácil de reconstruir porque cualquiera la entiende sin explicaciones. En una cacería con varios puestos, cada escopeta necesita saber en qué dirección están disparando los demás. Se lo juega todo en ello: su propia seguridad, en primer lugar, y también sus posibilidades, porque de la dirección de los disparos ajenos se deduce por dónde va a salir la pieza. Oír un tiro y calcular en un instante de dónde viene y hacia dónde va es una destreza que se aprende en el campo y que no admite error.

En el terreno militar la habilidad es la misma y las consecuencias, mayores. Localizar el origen del fuego enemigo es lo primero que hace quien se ve bajo ataque, y hacerlo bien es la diferencia entre cubrirse en el sitio correcto o en el equivocado. Caza y guerra comparten desde hace siglos vocabulario, técnica y muchas expresiones, así que no hace falta elegir entre las dos con demasiada rigidez.

El salto al sentido figurado es corto y no requiere ningún episodio histórico. En la conversación, igual que en el monte, el peligro no se anuncia: hay que deducirlo de señales indirectas. La frase traslada esa deducción del espacio físico al terreno de las intenciones, y lo hace conservando el mismo verbo de movimiento, ese ir que solo tiene sentido con algo que recorre una trayectoria.

Ese detalle gramatical vale como prueba, y merece subrayarse porque en castellano tiro significa muchas cosas: el tiro de una chimenea, el tiro de caballos que arrastra un carro, el tiro de unos pantalones, la distancia de un tiro de piedra. Ninguno de esos tiros va por ningún sitio. Solo el proyectil describe una trayectoria y permite preguntar por dónde va. La sintaxis, aquí, desambigua sola.

Conviene añadir que la expresión parece relativamente reciente, cosa nada extraña: las armas de fuego portátiles y de uso corriente en la caza deportiva son lo que son, y el vocabulario que generan es proporcionalmente moderno.

Hasta qué punto está probado

La parte negativa es la más firme, y es la que da valor a esta ficha: la expresión no es taurina. Eso se puede sostener con argumentos que cualquiera puede comprobar, y se detalla en el apartado siguiente.

La parte positiva es sólida en lo esencial y difusa en el detalle. Que los tiros son disparos no admite discusión razonable, tanto por la sintaxis como por la familia de expresiones a la que la frase pertenece. Lo que no se puede afinar es si nació en el ámbito cinegético o en el militar, porque ambos comparten el mismo léxico y porque no hay una primera documentación que permita fecharla y localizarla. La ficha se decanta por la caza, que es el entorno donde más gente ha oído tiros ajenos y ha tenido que interpretarlos, pero es una preferencia argumentada, no un dato.

Tampoco hay ni falta ninguna anécdota fundacional. Se trata de una metáfora transparente, construida con vocabulario corriente, del tipo que el idioma fabrica a diario sin necesidad de que ocurra nada memorable. Buena parte del refranero funciona así, y no es un defecto: la exigencia de que toda frase hecha esconda una historia es precisamente lo que alimenta la etimología inventada.

De modo que la cautela es doble. Desconfíe el lector de quien le cuente que esto viene de los toros, y desconfíe también de quien le ofrezca una batalla, una fecha o un personaje concreto. Ninguna de las dos cosas se sostiene.

Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)

La frase aparece con cierta frecuencia en las recopilaciones de expresiones que el castellano debería a la tauromaquia. La asociación que la mete ahí es vaga: hay un tiro, hay una suerte de matar, hay una plaza, y el conjunto suena a fiesta nacional.

No se sostiene, y el motivo principal es de una simplicidad desarmante: en la lidia no se dispara. El toro se mata con estoque, a mano, entrando de frente. No hay proyectiles, no hay trayectorias de bala y no hay nada que pueda ir por un sitio o por otro. Las armas de fuego solo entran en una plaza en circunstancias excepcionales, cuando hay que rematar a una res por accidente, y eso no genera frases hechas.

Se podría objetar que la jerga taurina sí conoce el verbo, porque existe tirarse a matar, que designa el momento en que el diestro se arroja sobre el toro para entrar con la espada. La objeción merece una respuesta y no un desprecio. Tirarse significa ahí arrojarse, lanzar el propio cuerpo, y de ese uso no salen unos tiros que viajen en una dirección. La construcción de nuestra frase exige proyectiles, no cuerpos.

El argumento definitivo, sin embargo, es mirar la compañía. La expresión pertenece a una familia numerosa y perfectamente identificable: estar a tiro, ni a tiros, a tiro hecho, salir el tiro por la culata, pegarse un tiro. En todas ellas el tiro es el de un arma de fuego, y una de ellas lo dice con nombre y apellidos, porque la culata es la parte trasera de una escopeta o de un fusil y no existe en ningún otro objeto. Cuando una frase encaja limpiamente en una familia entera, no hay razón para sacarla de ahí y llevarla a otro sitio.

Merece la pena preguntarse por qué prosperan estas atribuciones. La respuesta tiene que ver con lo que la gente espera de una frase hecha: se busca una explicación pintoresca, y lo taurino la ofrece siempre. Pero un origen no se decide por lo bien que suena. Se decide por el vocabulario, por la sintaxis y por la compañía que la expresión mantiene, y esos tres criterios apuntan aquí en la misma dirección.

Cómo se usa hoy

Es de uso corriente en España y en toda América, con el mismo valor. No requiere ninguna adaptación al cruzar el Atlántico y se entiende en cualquier variedad del español.

El registro es coloquial, aunque encaja sin dificultad en la prensa y en el comentario político, que es donde más se prodiga. Se lee a diario en crónicas de negociación, de campaña electoral y de sala de juntas, todos ellos contextos donde lo importante rara vez se dice en voz alta.

El tono es de complicidad. Casi siempre se dice a un tercero, comentando la jugada de un ausente, y rara vez a la cara: soltarle a alguien que ya se sabe por dónde van sus tiros equivale a acusarlo de estar maniobrando en secreto, y eso tensa cualquier conversación.

Las construcciones habituales son tres. La plena, saber por dónde van los tiros, con la variante algo más tentativa ver por dónde van los tiros. La negativa, no sé por dónde van los tiros, que confiesa desorientación. Y la respuesta, por ahí van los tiros, que ratifica la suposición del interlocutor y funciona ella sola como frase completa.

Sobre la escritura hay dos puntos que conviene fijar. El plural es obligatorio: por dónde va el tiro no significa lo mismo y suena a error. Y dónde lleva tilde, porque encabeza una interrogativa indirecta, aunque no haya signos de interrogación a la vista. Es uno de los casos en que la tilde diacrítica se olvida con más frecuencia.

Un apunte de estilo. En un informe o en un texto formal la expresión desentona un poco por su carácter coloquial; ahí funcionan mejor fórmulas como cuál es la orientación real o hacia dónde apunta el planteamiento. En cualquier otro contexto, la frase gana por goleada en concisión.

Expresiones parecidas

La familia inmediata es la de los tiros, ya mencionada, y dentro de ella la más útil para comparar es salir el tiro por la culata, que describe la maniobra que se vuelve contra su autor. Entre las dos se cubre el ciclo completo: una anticipa la intención ajena y la otra narra el fracaso de la propia.

En el eje de la perspicacia están olerse la tostada, que es sospecha y no certeza; atar cabos, que subraya el proceso de reunir indicios; verlas venir, que añade anticipación; y calar a alguien, que es un juicio sobre la persona entera y no sobre un asunto.

Del mundo del toro hay un contraste iluminador. Entrar al trapo describe justo la conducta opuesta: picar en la provocación por no haber visto lo que se pretendía. Quien sabe por dónde van los tiros no entra al trapo. Y a toro pasado nombra la lucidez que llega tarde, cuando ya no sirve de nada, que es la contrafigura exacta de nuestra expresión. Ponerse de perfil, por su parte, es lo que hace el que ha entendido la situación y prefiere no mojarse.

El inglés resuelve la misma idea con una metáfora meteorológica, to see which way the wind is blowing, y con la más directa to see where this is going. Que una lengua eche mano del viento y otra de los disparos para decir lo mismo da una idea bastante buena de cómo cada idioma amuebla su cabeza con lo que tiene a mano.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Chile

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Colombia

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

España

Captar la intención de fondo

Se usa mucho en la fórmula por ahí van los tiros

«Con esa pregunta ya sé por dónde van los tiros.»

México

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Perú

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Uruguay

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Venezuela

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to see which way the wind is blowing

Literalmente: ver hacia dónde sopla el viento

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «saber por dónde van los tiros»?

Entender cuál es la verdadera intención de alguien o hacia dónde se encamina un asunto, aunque nadie lo haya dicho abiertamente. Es una expresión de perspicacia, no de información: no se sabe porque se lo hayan contado a uno, se sabe porque se ha deducido de las señales.

¿De dónde viene «saber por dónde van los tiros»?

Del mundo de las armas de fuego, no del de los toros. Los tiros son disparos, y saber de dónde vienen y hacia dónde van es una habilidad vital en la caza y en el combate. La imagen es transparente y no necesita ningún episodio histórico detrás.

¿Es «saber por dónde van los tiros» una expresión taurina?

No, aunque se cuele en esas listas. En la lidia no se dispara. Y basta mirar la familia a la que pertenece la frase para verlo: estar a tiro, ni a tiros, a tiro hecho y salir el tiro por la culata, donde culata es la de un arma de fuego.

¿Se dice «por dónde van los tiros» o «por ahí van los tiros»?

Conviven y hacen cosas distintas. La primera es la forma plena: ya sé por dónde van los tiros. La segunda funciona como respuesta y confirma la suposición de otro. En ambas, dónde lleva tilde por ser interrogativo indirecto, y el plural tiros es obligatorio.

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Buitrago, Diccionario de dichos y frases hechas

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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