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Echar los perros

Respuesta rápida
«Echar los perros» significa En España, reprender a alguien con dureza o lanzarle encima a quien lo persiga; en México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia.
  • Origen histórico: La imagen de partida es cinegética y señorial: soltar la jauría sobre una pieza o sobre un intruso. De ahí sale sin problema el sentido español de acosar y reñir. El sentido amoroso mexicano se ha explicado…
  • Variantes frecuentes: Echarle los perros a alguien · Soltarle los perros
  • En otros idiomas: «to set the dogs on someone» (EN)

En España, reprender a alguien con dureza o lanzarle encima a quien lo persiga; en México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia.

Echarle los perros a alguien significa dos cosas casi opuestas según dónde se diga. En España es reprenderlo con dureza, o lanzarle encima a quien lo persiga. En México y en parte del Caribe es cortejarlo con insistencia. La misma imagen de caza sirve para las dos cosas, y de ahí salen malentendidos que pueden ser bastante incómodos.

Qué significa exactamente

En el uso peninsular la locución tiene dos ramas próximas. La primera es la bronca: echarle los perros a alguien es reñirle con severidad, y muy especialmente desde una posición de autoridad. El jefe se los echa al empleado, el entrenador al jugador, el padre al hijo. La dirección importa, porque la expresión presupone que quien suelta la jauría está por encima del que la recibe. Un subordinado no le echa los perros a su superior: le contesta, le planta cara, le monta un número, pero no le echa los perros.

La segunda rama es la persecución. Aquí no hay bronca sino acoso organizado: la administración, la policía, los acreedores o un rival se ponen a perseguir a alguien de manera sistemática. En este empleo la frase suele aparecer en futuro o en condicional, como amenaza o como advertencia, y conserva bastante literalidad, porque la imagen de los perros de presa sigue muy visible.

El uso mexicano y caribeño va por otro lado por completo. Allí echarle los perros a alguien es cortejarlo, tirarle los tejos, mostrarle interés amoroso de manera visible y sostenida. El registro es informal y algo juvenil, y no tiene ninguna carga negativa: quien anda echándole los perros a la vecina no la está acosando, la está pretendiendo. Lo que se conserva de la imagen original es la insistencia, no la hostilidad.

El potencial de malentendido es real y merece un aviso. Un español que oiga en México que a su hija le están echando los perros entenderá una amenaza donde hay un galanteo. Y un mexicano que oiga en Madrid que el jefe le va a echar los perros a alguien puede tardar unos segundos de más en situarse. Ninguno de los dos sentidos es más correcto que el otro: son dos desarrollos del mismo material.

Las variantes son pocas y significativas. Soltarle los perros, en España, tira decididamente hacia la persecución y no hacia la bronca. Echarle los perros encima añade contundencia y se reserva para lo más grave.

De dónde viene

La imagen de partida es cinegética y señorial, y no ofrece dudas. Soltar la jauría sobre una pieza, sobre un intruso o sobre un furtivo era una práctica real y una demostración de poder: los perros los tenía quien podía mantenerlos, es decir, el señor, el guarda, el cazador con medios. Echarle los perros a alguien era literalmente eso, y la persona que lo hacía estaba por encima de la que lo sufría.

De ahí sale sin ningún esfuerzo el sentido peninsular. La bronca dura es un acoso verbal, y la persecución administrativa o policial es un acoso organizado: en los dos casos hay alguien que manda y algo que se lanza sobre otro. La jerarquía que la expresión conserva en España es exactamente la de la escena original, y ese es el mejor argumento a favor de esta explicación.

El sentido amoroso americano es más difícil de explicar. La lectura que suele proponerse es la de un desplazamiento humorístico: el cortejo insistente se describiría como una caza, con el pretendiente en el papel del cazador y el objeto de su interés en el de la pieza. Es una metáfora que el español practica en otros sitios, y en ese sentido no resulta extraña.

Pero conviene decir que no está documentada. No hay ningún texto que muestre el paso de un sentido al otro, ni fecha en que ocurriera, y tampoco hay pruebas de que el sentido amoroso derive del peninsular en lugar de haber surgido por su cuenta a partir de la misma imagen de la persecución sin descanso. Las dos posibilidades siguen abiertas.

Hasta qué punto está probado

La base cinegética se puede dar por segura. Explica el sentido español completo, incluida la jerarquía, y no requiere ningún paso intermedio que haya que suponer. Los diccionarios y los repertorios coinciden en ella.

Lo que queda en el terreno de la hipótesis es el sentido amoroso, y la ficha lo marca como probable por eso. La explicación del cortejo como caza es razonable, se repite en todas partes y encaja con el tono juvenil del uso mexicano. Nada de eso la convierte en un hecho probado.

Merece la pena insistir en una distinción que se pierde con facilidad. Que una explicación sea verosímil no la hace verdadera. En fraseología abundan los casos en que la etimología obvia resultó estar equivocada, y aquí concurre además una circunstancia que invita a la prudencia: la locución tiene dos sentidos muy alejados, y siempre que eso ocurre existe la posibilidad de que se trate de dos expresiones distintas que han acabado coincidiendo en la forma. No hay manera de descartarlo con los datos disponibles.

El Diccionario de americanismos registra la acepción amorosa como propia de México y de varios países del Caribe, lo que acredita el uso pero no su procedencia. Registrar que algo se dice no es lo mismo que documentar de dónde viene.

Cómo se usa hoy

En España está viva y se emplea sobre todo en el mundo del trabajo y en el deporte. Aparece con frecuencia en forma de advertencia entre iguales: como sigas llegando tarde, te van a echar los perros. Ese uso preventivo, en boca de un compañero, es probablemente el más frecuente de todos, y suaviza la expresión, porque quien avisa no es quien suelta la jauría.

En México es de uso corriente, informal y sin ninguna aspereza. Se dice en tercera persona y en tono de comentario: lleva un mes echándole los perros. También circula con el mismo valor en Venezuela, Panamá y partes de Colombia, según recogen los repertorios de americanismos.

En el Cono Sur no es de uso corriente en ninguno de los dos sentidos. Un argentino, un chileno o un uruguayo entienden la imagen de la jauría sin dificultad, pero para el cortejo recurren a otros verbos y para la bronca también. Un texto español que la emplee en esa zona necesita contexto, y uno mexicano, más todavía.

Una precaución de tono para el uso peninsular. Aplicada a una persecución real —de la policía, de la administración, de un acreedor— la expresión suena dura y toma partido, porque presenta al perseguido como una pieza acorralada. En un texto que aspire a la neutralidad conviene medirla.

Expresiones parecidas

Para la bronca, el español peninsular dispone de un arsenal considerable y muy graduado. Echar una bronca es el término general. Cantar las cuarenta, tomado del tute, implica decirle a alguien todo lo que se le tenía guardado. Leer la cartilla añade instrucción: se riñe y se explica cómo hay que hacerlo. Poner de vuelta y media y poner a caldo son las más duras y no exigen jerarquía, a diferencia de la nuestra.

Para la persecución están ir a por alguien, que es la fórmula neutra, y tenerla tomada con alguien, que añade la idea de ensañamiento continuado. Buscarle las cosquillas apunta a la provocación, no al acoso.

Para el cortejo, España tiene tirar los tejos como equivalente exacto del uso mexicano, y también entrarle a alguien, más directo y más juvenil. Pelar la pava designa otra cosa, la conversación entre novios, y hoy suena claramente anticuada.

Conviene no confundir la locución con tratar a alguien como a un perro, que no tiene relación: describe el desprecio y la humillación, con el perro en el papel de víctima y no de instrumento. En inglés, to set the dogs on someone traduce bien el sentido español de acoso y no sirve en absoluto para el mexicano, que en esa lengua correspondería a to hit on someone.

Queda por señalar una vecina que reparte el mismo material de otra manera: ser un perro o tratar a perros. El perro aparece en el fraseologismo español unas veces como instrumento del poderoso, como aquí, y otras como el ser más despreciado de la casa. Esa doble condición —arma temible y criatura maltratada— explica por qué el animal es, con diferencia, el más frecuente del refranero castellano y por qué sus expresiones apuntan en direcciones tan distintas.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Colombia

En España, reprender a alguien con dureza o lanzarle encima a quien lo persiga; en México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia.

España

Echar una bronca o perseguir a alguien

Implica autoridad o superioridad del que riñe

«Como llegues otra vez tarde, el jefe te echa los perros.»

México

Cortejar, tirar los tejos

Informal y algo juvenil; sin carga negativa

«Lleva un mes echándole los perros a la vecina.»

Panamá

En España, reprender a alguien con dureza o lanzarle encima a quien lo persiga; en México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia.

Venezuela

En España, reprender a alguien con dureza o lanzarle encima a quien lo persiga; en México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia.

Ejemplos de uso

  • «Como tu padre vea el boletín de notas, te echa los perros en cuanto entres por la puerta.»
  • «Me soltó los perros delante de todo el turno por un albarán mal puesto.»
  • «En la fiesta del barrio le anduvo echando los perros a la muchacha de la taquería toda la noche.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to set the dogs on someone

Literalmente: echar los perros a alguien

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «echar los perros»?

Depende del país. En España, reprender a alguien con dureza desde una posición de autoridad, o lanzarle encima a quien lo persiga. En México y parte del Caribe, cortejar a una persona con insistencia, sin ninguna carga negativa.

¿De dónde viene «echar los perros»?

De la caza: soltar la jauría sobre una pieza o sobre un intruso, algo que solo podía hacer quien tenía perros y poder. Eso explica bien el sentido español. El paso al sentido amoroso mexicano no está documentado.

¿Por qué significa cortejar en México?

La explicación que suele darse es un desplazamiento humorístico: el cortejo insistente descrito como una caza. Es razonable, pero no está probada. Tampoco puede descartarse que el sentido amoroso surgiera por su cuenta a partir de la misma imagen.

¿Se usa «echar los perros» en Argentina?

No es de uso corriente en el Cono Sur, ni en el sentido español ni en el mexicano. La imagen de la jauría se entiende, pero allí se recurre a otros verbos tanto para la bronca como para el cortejo.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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