De los cobardes no se ha escrito nada
- Origen histórico: No hay origen documentado. Circula por todo el mundo hispanohablante desde el siglo XX y se atribuye con frecuencia a militares, entrenadores o toreros concretos, pero ninguna de esas atribuciones resiste…
- Variantes frecuentes: De los cobardes nunca se ha escrito nada · De los cobardes no se escribió nada
- En otros idiomas: «fortune favours the bold» (EN)
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
Los libros solo cuentan lo que hicieron los que se atrevieron: con ese argumento empuja el refrán a quien está dudando. Se dice para animar a dar un paso —pedir algo, arriesgarse, lanzarse— y también, con guasa, un segundo antes de hacer una tontería considerable.
Qué significa exactamente
La frase razona por una elipsis eficaz. Si de los cobardes no se ha escrito nada, es porque la historia, la crónica y el recuerdo solo registran a los que se expusieron; el que se quedó quieto no dejó rastro. De ahí se sigue el mandato implícito, que nunca se enuncia: atrévete, o no existirás. El refrán no ordena nada de manera directa y por eso convence más que una orden.
Hay que fijarse en el verbo. No dice que los cobardes hagan mal, ni que sean despreciables; dice que no se escribió nada de ellos, que es un reproche distinto y más frío. La censura no es moral, es de memoria. Se les acusa de no haber dado material.
El refrán se usa en dos registros muy separados. Uno es el del ánimo sincero, el de quien empuja a otro a decidirse en algo que le importa. El otro es el del jaleo, el del vestuario y la barra: ahí la frase precede casi siempre a algo imprudente, y todos los presentes lo saben. Ese doble uso conviene tenerlo presente antes de repetirla, porque el mismo refrán sirve para dar valor a un amigo tímido y para empujarlo a hacer el ridículo.
Frente a más vale un cobarde vivo que un valiente muerto es el contrario exacto, palabra por palabra y bando por bando. Las dos frases conviven en la misma lengua, la misma época y a menudo la misma conversación, y no se anulan: cada una espera su ocasión.
De dónde viene
No hay origen documentado. Ni primera aparición fechada, ni autor, ni obra, y tampoco figura en los repertorios paremiológicos clásicos, lo que descarta que sea un refrán antiguo por mucho que lo parezca.
Se atribuye con frecuencia a militares, a entrenadores y a toreros concretos, y todas esas adjudicaciones fallan por lo mismo: son posteriores a la circulación de la frase. Ocurre siempre con las sentencias de arenga. Alguien conocido la dice en un momento sonado, la prensa la recoge y a partir de ahí se convierte en el autor de una frase que solo estaba citando. Aquí la sospecha es todavía más fundada, porque el refrán vive precisamente en los ambientes —el deporte, el ejército, la plaza— donde se generan esas atribuciones.
Sobre la antigüedad, la ficha lo sitúa en el siglo XX. Es una estimación razonable, basada en la ausencia de testimonios anteriores y en el tono de la frase, no una datación comprobada.
Hasta qué punto está probado
Nada, más allá del uso actual. El origen es desconocido en el sentido literal de la palabra: no hay ni una pista sólida, y quien ofrezca una fecha o un nombre está rellenando un hueco.
Conviene además desconfiar de las historias que rodean a este tipo de frases, porque son las más fáciles de fabricar. Basta con imaginar una batalla, un vestuario o una faena y colocar allí la sentencia; la anécdota se sostiene sola porque suena verosímil. Verosímil no es documentado, y este sitio distingue una cosa de otra.
Cómo se usa hoy
Está muy vivo, sobre todo en el deporte. Se oye en los vestuarios, en las retransmisiones, en las charlas antes de un partido y en la publicidad que imita ese lenguaje. Fuera del deporte se usa entre amigos para empujar a alguien a declararse, a pedir un aumento, a presentarse a algo o a hablar en público.
El registro es coloquial y el tono, enfático. Va casi siempre con exclamación y con una palmada en la espalda. No sirve para lo escrito serio, y en un contexto donde alguien está sopesando un riesgo real —dinero, salud, seguridad— resulta bastante irresponsable: la frase no evalúa nada, solo empuja.
Tiene también un uso irónico bastante extendido, aplicado a minucias: el que no se atreve a pedir el último trozo de tarta o a mandar un mensaje. Ahí la desproporción entre la solemnidad del refrán y la insignificancia del asunto es justamente el chiste.
En América se entiende sin problema y se emplea, con la variante de los cobardes nunca se ha escrito nada circulando por todas partes. No hay ninguna palabra que cambie de valor de un país a otro, así que viaja intacto.
Expresiones parecidas
Quien no se arriesga, no pasa la mar es el pariente clásico y el mejor argumentado: allí hay un objetivo concreto, cruzar, y un riesgo proporcionado. El que no arriesga, no gana lo dice en términos de apuesta. A lo hecho, pecho llega después, cuando el atrevimiento ya salió mal. Tener lo que hay que tener nombra en el sujeto la cualidad que el refrán echa en falta. Y enfrente, mirándolo con cara de pocos amigos, está más vale un cobarde vivo que un valiente muerto, que responde a la arenga con la única objeción que de verdad importa.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
Chile
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
Colombia
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
España
Animar a atreverse
Muy usada en el deporte y en el vestuario; también en tono de guasa antes de una tontería
«Pídele salir de una vez, que de los cobardes no se ha escrito nada.»
México
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
Perú
Empujón para que alguien se atreva: solo los que arriesgan dejan huella. Es la contraria exacta de más vale un cobarde vivo que un valiente muerto.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
fortune favours the bold
Literalmente: la fortuna favorece a los audaces
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «de los cobardes no se ha escrito nada»?
Que solo quienes se arriesgan dejan huella, porque la historia no recuerda al que se quedó quieto. Se dice para animar a alguien a atreverse.
¿De dónde viene «de los cobardes no se ha escrito nada»?
No se sabe. No hay primera documentación ni autor conocido y no figura en los refraneros clásicos. Circula por el mundo hispanohablante desde el siglo XX.
¿Quién dijo «de los cobardes no se ha escrito nada»?
Nadie a quien se pueda documentar. Se atribuye a militares, entrenadores y toreros, pero todas esas atribuciones son posteriores a la frase: repitieron un dicho que ya corría.
¿Cuándo se dice «de los cobardes no se ha escrito nada»?
Para empujar a alguien a decidirse: pedir algo, arriesgarse, lanzarse. Se usa mucho en el deporte y, en tono de guasa, justo antes de hacer una tontería.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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