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Dichosymás

Capear el temporal

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Explicación popular desmentida

La historia que circula por internet es falsa. Aquí se explica por qué.

Aguantar una mala racha esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola: eso es capear el temporal. No se resuelve nada, se resiste. Y aunque medio internet la incluya entre las expresiones taurinas, el verbo capear es aquí de marinos, no de toreros.

Qué significa exactamente

Lo primero que conviene fijar es lo que la expresión no dice. Quien capea un temporal no lo soluciona, no lo evita y no lo combate. Espera. La frase describe una estrategia de supervivencia, y por eso resulta tan útil para hablar de crisis que uno no ha provocado y que tampoco puede detener.

Eso condiciona qué clase de problema admite. Se capea un mal trimestre, una oleada de críticas, un escándalo, una temporada de lesiones, unos meses de tipos altos. No se capea una enfermedad crónica ni un defecto de carácter: la expresión exige que el problema sea externo, repentino y, sobre todo, pasajero. Sin la promesa implícita de que aquello va a acabar, la frase pierde el sentido.

Sería un error, con todo, leerla como pura pasividad. Capear no es cruzarse de brazos. En la maniobra de la que procede hay trabajo constante, y en el uso figurado también: se recortan gastos, se guarda silencio, se aplazan decisiones, se reduce la exposición. Es resistencia con técnica. Ahí está la diferencia con aguantar a secas, que no supone maniobra alguna.

Hay un detalle que explica buena parte de la confusión que rodea a esta frase, y conviene adelantarlo. El verbo capear tiene en castellano varios sentidos que conviven sin mezclarse. Uno es taurino y significa torear con el capote. Otro, coloquial, significa entretener a alguien con excusas para quitárselo de encima, y de ahí que se pueda capear a un acreedor o a un periodista. Y otro es náutico y es el que sostiene nuestra expresión. Que la palabra sea la misma no significa que el sentido lo sea.

En cuanto a las formas, la más frecuente es capear el temporal, pero la locución admite ampliaciones: capear la crisis, capear la situación, capear el chaparrón cuando el asunto es menor. Y tiene una variante durativa muy viva en España, ir capeando, que se usa como respuesta resignada a la pregunta de cómo va todo.

De dónde viene

El origen está en el vocabulario de la navegación a vela, y concretamente en una maniobra con nombre propio: ponerse a la capa.

La situación es esta. Un barco de vela sorprendido por un temporal muy duro tiene un problema de fondo: no puede seguir su rumbo, porque el viento y el mar lo destrozarían, y tampoco puede pararse, porque una nave detenida se pone de costado a las olas y vuelca. La solución consiste en reducir el velamen al mínimo imprescindible, orientar la proa al viento y a la mar, y quedarse ahí, cabeceando, sin intentar avanzar. El barco no va a ninguna parte. Solo aguanta. A esa posición se la llama estar a la capa, y a la acción de mantenerla, capear.

Capa designa aquí esa disposición reducida del aparejo, y el verbo se formó sobre ella, igual que se formaron decenas de términos del léxico marinero castellano. El sentido náutico está registrado en los diccionarios y en los vocabularios de marina, y no compite con nada: en la lengua del mar, capear el temporal significa exactamente lo que describe la maniobra.

Hay un argumento que refuerza esta lectura mucho más de lo que suele reconocerse: las lenguas vecinas hacen lo mismo. El inglés dice to weather the storm, el francés tiene tenir la cape y être à la cape, y el italiano stare alla cappa. Todas ellas nombran la misma maniobra y todas han desarrollado, o comparten, el mismo salto al sentido figurado. Cuando varias lenguas marineras coinciden en una imagen, lo que se está viendo es vocabulario técnico compartido entre gentes que navegaban las mismas aguas.

El marco histórico también acompaña. El castellano de los siglos XVI y XVII estaba empapado de lengua de mar, con la Carrera de Indias en funcionamiento y media administración pendiente de las flotas. De ahí salieron a la conversación corriente viento en popa, llegar a buen puerto, irse a pique, estar en dique seco, a toda vela o echar el ancla. Capear el temporal pertenece a esa misma cosecha, y su presencia hoy en la boca de gente que no ha subido a un barco es la prueba de lo bien que arraigó.

Queda el detalle decisivo, el que zanja la discusión sin necesidad de más: el complemento. Lo que se capea es un temporal, una palabra que pertenece al mar y al parte meteorológico. Los temporales no se dan en las plazas.

Hasta qué punto está probado

Conviene separar dos afirmaciones, porque tienen distinta solidez.

La negativa está firme. Que la expresión no es taurina se puede sostener con argumentos comprobables y convergentes: el sentido náutico de capear existe y está registrado, el complemento es meteorológico, y otras lenguas marineras sin ninguna tradición taurina construyen la misma frase. No hace falta más.

La positiva es firme en lo esencial y no está fechada en el detalle. Sabemos de qué maniobra procede la imagen; lo que nadie ha establecido es cuándo dio exactamente el salto al sentido figurado ni en qué texto aparece por primera vez con ese valor. Esta ficha no consigna una primera documentación porque no la hay, y no se va a inventar. La época que se le asigna es una estimación razonable a partir del momento de mayor peso del léxico náutico en el castellano corriente.

Vale la pena señalar por qué eso no debilita la explicación. Hay dos maneras de sostener un origen: encontrar el texto fundacional o mostrar que el vocabulario, el complemento y los paralelos en otras lenguas apuntan todos al mismo sitio. Aquí falta lo primero y sobra lo segundo. Es un caso de convergencia de indicios, que en lingüística histórica vale bastante más que una anécdota bien contada.

Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)

La frase aparece con enorme insistencia en las listas de expresiones que el castellano debe a la tauromaquia, esas recopilaciones que circulan por redes sociales y por suplementos dominicales. Se la coloca junto a ver los toros desde la barrera o coger el toro por los cuernos, que sí son taurinas, y el conjunto resulta convincente por acumulación.

El razonamiento que la sostiene es sencillo y por eso funciona tan bien: capear significa torear con el capote, el capote es cosa de toros, luego capear el temporal es una imagen de la plaza. Cada paso parece razonable y el resultado es falso.

Falla en el segundo paso, porque da por supuesto que capear tiene un solo sentido. No lo tiene. Es un verbo con varias acepciones bien separadas, y la náutica es tan antigua y tan técnica como la taurina. Elegir la más conocida y descartar las demás no es un método, es una corazonada.

El argumento que cierra la discusión, sin embargo, es el complemento. En la lidia se capea a un toro. Nunca a un temporal, porque en un ruedo no hay temporales, y si los hubiera se suspendería la corrida. Una frase hecha se clasifica por el conjunto, no por el verbo suelto: es el objeto el que dice de qué mundo procede la imagen.

Y hay un tercer argumento, más difícil de rebatir todavía. El inglés y el francés tienen la misma expresión, con la misma estructura y el mismo sentido figurado. Ninguna de las dos lenguas ha tenido nunca tauromaquia. Si la imagen fuera de la plaza, habría que explicar cómo llegó a Londres y a París, y no hay manera.

Queda un matiz que merece contarse, porque es lo que hace interesante el asunto en lugar de convertirlo en un simple no. Los dos sentidos de capear, el del capote y el de la maniobra, remiten en última instancia a la misma palabra, capa: la prenda en un caso, la disposición del velamen en el otro. Comparten una raíz muy atrás. Lo que no comparten es la historia: son dos desarrollos independientes, y de que dos palabras tengan un abuelo común no se sigue que una descienda de la otra.

La lección práctica es aprovechable más allá de este caso. Cuando alguien atribuya una frase hecha a un ámbito, conviene mirar el complemento antes que el verbo. El verbo puede ser ambiguo; el complemento casi nunca lo es.

Cómo se usa hoy

Se emplea en España y en toda América con el mismo valor, sin diferencias apreciables. Es de esas expresiones que no necesitan traducción interna entre variedades del español.

El registro es coloquial, pero ha entrado sin resistencia en la prensa económica y política, donde resulta casi inevitable. Los informes de resultados, las crónicas parlamentarias y los análisis de noche electoral la usan a diario. Ese uso masivo la ha desgastado bastante: en un texto que quiera tener voz propia conviene dosificarla.

Sobre el tono hay que hilar fino, porque no es tan neutra como parece. Decir que alguien capeó el temporal reconoce que sobrevivió, sí, pero insinúa a la vez que no arregló nada. Aplicada a un gobierno o a una dirección de empresa, la frase lleva casi siempre una segunda intención: aguantaron, ganaron tiempo, y el problema de fondo sigue ahí. Quien la usa como elogio suele estar elogiando menos de lo que cree.

La construcción durativa es especialmente frecuente en España. Vamos capeando, dicho como respuesta a un qué tal, significa que la cosa no va bien pero se sostiene, y tiene un punto de humor resignado que la forma completa no tiene.

En cuanto a la escritura, capear va con c y sin ninguna complicación: capeando, capeó, capearon. Se ve escrito de vez en cuando cabear, que no existe. Y el sustantivo es temporal, no temporada: capear la temporada significaría otra cosa muy distinta.

Expresiones parecidas

El grupo más cercano por sentido lo forman las fórmulas de resistencia. Aguantar el chaparrón es la versión menor y más breve, para reprimendas y malos ratos de un día. Aguantar mecha añade el silencio: se aguanta sin protestar. Salvar los muebles pone el acento en limitar los daños, y salir a flote, que también es náutica, en conseguirlo.

Por el lado marinero hay parientes de todo tipo. Llegar a buen puerto es el resultado que capear no promete; irse a pique es el fracaso; viento en popa, lo contrario del temporal. La familia entera demuestra hasta qué punto el castellano pensó durante siglos con vocabulario de barco.

Conviene no confundirla con dos expresiones que sí llevan capa y no llevan mar. Abrirse de capa es taurina de verdad y significa ofrecerse con generosidad, plantándose ante el toro con el capote desplegado. Estar de capa caída viene de la prenda de vestir y describe el decaimiento de quien ha perdido fuerza o prestigio. Tres expresiones con capa y tres orígenes distintos: un buen recordatorio de que la palabra suelta no basta para clasificar nada.

En inglés, además de to weather the storm, existe to ride it out y la muy gráfica to batten down the hatches, atrancar las escotillas, que es literalmente lo que se hace en un barco antes de que llegue lo peor. También ahí la lengua corriente se surtió en cubierta.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Chile

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Colombia

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

España

Sobrellevar una mala racha

Implica resistencia pasiva, no solución

«La empresa capeó el temporal recortando gastos.»

México

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Perú

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Uruguay

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Venezuela

Aguantar como se pueda una racha mala, esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la cosa amaine por sí sola.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to weather the storm

Literalmente: capear la tormenta

FR

tenir la cape

Literalmente: mantenerse a la capa

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «capear el temporal»?

Aguantar una mala racha esquivando los golpes y ganando tiempo hasta que la situación amaine por sí sola. Lo característico es que no se resuelve nada: se resiste. Por eso, aplicada a un gobierno o a una empresa, la frase suele llevar dentro el reproche de que solo se ha ganado tiempo.

¿Es «capear el temporal» una expresión taurina?

No, aunque aparezca en casi todas las listas. Capear tiene dos sentidos distintos en castellano: torear con el capote y, en la lengua marinera, aguantar a la capa. El de la frase es el segundo, y lo delata el complemento: en una plaza de toros no hay temporales que capear.

¿De dónde viene «capear el temporal»?

De la maniobra náutica de ponerse a la capa: reducir vela al mínimo, poner la proa al viento y resistir sin intentar avanzar hasta que el mal tiempo pase. El inglés dice weather the storm y el francés tenir la cape, dos lenguas sin toros que construyen la misma imagen.

¿Cómo se usa «capear el temporal»?

En pasado, contando cómo alguien sobrevivió a una crisis, y en forma durativa: ir capeando, vamos capeando. Pide un problema externo, repentino y pasajero; no funciona con lo crónico ni con lo que uno mismo ha provocado. La versión menor es capear el chaparrón.

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Corominas, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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