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Pedir peras al olmo

Respuesta rápida
«Pedir peras al olmo» significa Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.
  • Origen histórico: El refrán está fijado en la lengua clásica y recogido en las grandes colecciones castellanas, entre ellas la de Correas y el Diccionario de Autoridades. El olmo es árbol de madera y sombra, nunca frutal, y…
  • Variantes frecuentes: No pidas peras al olmo
  • En otros idiomas: «you can't get blood from a stone» (EN)

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Pedir peras al olmo es esperar de alguien o de algo aquello que por su propia naturaleza no puede dar. No se trata de que la petición sea excesiva, sino de que está mal dirigida: el olmo no da peras por mucho que se le insista, y ahí está toda la enseñanza. Es un refrán viejo, fijado en la lengua clásica y todavía de uso diario.

Qué significa exactamente

El refrán señala un error de destinatario. Quien pide peras al olmo no yerra en la cantidad de lo que pide, sino en el sitio donde lo pide, y por eso la expresión sirve para desengañar a quien insiste con alguien que nunca le va a dar lo que busca: puntualidad al impuntual, delicadeza al que no la tiene, dinero al que no lo tiene.

Esa precisión la separa de su vecina más confundida. Pedir la luna critica el tamaño de la petición, que sería desmedida viniera de quien viniera. Pedir peras al olmo critica la elección del interlocutor: lo pedido puede ser modestísimo y aun así imposible, porque ese árbol no lo produce. La diferencia se ve bien en el ejemplo típico: pedirle a alguien que llegue a la hora no es pedir la luna, es pedir peras al olmo.

La culpa no es del olmo

El refrán reparte responsabilidades con una precisión que suele pasarse por alto: el reproche recae sobre quien pide, no sobre quien no da. El olmo no hace nada malo, se limita a ser olmo. Por eso la expresión vale tanto para consolar como para reprender, y por eso se aplica con tanta frecuencia a instituciones y empresas: pedirle agilidad a una administración con veinte firmas de por medio es pedir peras al olmo, y ahí no se acusa a nadie de mala fe, sino de tener la naturaleza que tiene.

Ese matiz la hace útil en el trato profesional, donde permite señalar un imposible sin señalar a una persona. Y explica el uso resignado en primera persona: quien admite que está pidiendo peras al olmo reconoce que el error de cálculo era suyo.

Tono y construcciones

Se usa casi siempre en dos moldes. El atributivo, eso es pedir peras al olmo, que dictamina sobre una situación. Y el imperativo negativo, no le pidas peras al olmo, que es un consejo. Circula también en forma sentenciosa, del tipo el olmo no da peras, más rara y más literaria.

El tono no es de enfado sino de resignación algo irónica, y con frecuencia el hablante se lo aplica a sí mismo: llevo tres años pidiéndole peras al olmo. Ese uso reflexivo, que reconoce la propia terquedad, es uno de los más frecuentes y el que mejor explica su supervivencia.

De dónde viene

Un refrán de la lengua clásica

La expresión está fijada en el castellano clásico y recogida en las grandes colecciones de refranes, entre ellas el Vocabulario de refranes y frases proverbiales de Gonzalo Correas, de 1627, que la anota entre los refranes sobre lo imposible, y el Diccionario de Autoridades, ya en el siglo XVIII. Está también en el Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes, que es donde hoy se consulta con sus equivalencias.

Ahora bien, un repertorio fecha al recopilador, no al refrán. Que Correas la anotara en 1627 prueba que en esa fecha circulaba y era conocida, no que naciera entonces; los refranes entran en las colecciones cuando ya son viejos, porque el recopilador recoge lo que oye. Por eso el catálogo sitúa su formación en el siglo XVI, y esa datación es una estimación razonable, no un dato con documento.

Por qué el olmo

La explicación no necesita anécdota: es botánica. El olmo es árbol de sombra y de madera, nunca frutal. Da fruto, en rigor, pero es la sámara, un disco seco y alado que el viento se lleva en primavera y que no se come. Un peral y un olmo son, para el caso, dos negocios distintos.

Se añade una circunstancia que explica la popularidad del ejemplo: el olmo era el árbol de las plazas de pueblo de media España, el que daba sombra al concejo y a la fiesta, así que todo el mundo tenía uno delante. Y la agronomía tradicional lo casaba con la vid, usándolo como soporte vivo de las cepas, lo que añade un punto de guasa al refrán: el olmo llegó a dar uvas, aunque prestadas, pero peras jamás.

El árbol que ya no está

Hay una circunstancia que afecta a cómo se recibe hoy el refrán. La grafiosis, enfermedad causada por un hongo que se extendió por Europa durante el siglo XX y golpeó con especial dureza a partir de los años ochenta, arrasó buena parte de las olmedas españolas. El árbol que estaba en todas las plazas dejó de estar, y muchos hablantes que usan el refrán a diario no sabrían reconocer un olmo si lo tuvieran delante.

No es un problema para la expresión, cuya lógica se entiende sin botánica, pero sí un buen ejemplo de algo que ocurre a menudo en el refranero: la frase sobrevive al mundo que la produjo. Se siguen pidiendo peras al olmo en un país donde quedan pocos olmos.

Una advertencia sobre el parecido evangélico

El razonamiento del refrán es el mismo que emplean los evangelios cuando dicen que no se recogen uvas de los espinos ni higos de los abrojos, y algunos textos divulgativos dan por hecho que de ahí procede. No hay nada que lo demuestre. Que dos formulaciones compartan la lógica del árbol y su fruto no establece que una descienda de la otra: es un argumento tan disponible que cualquier cultura agrícola lo produce por su cuenta. La coincidencia es real, la filiación no está documentada, y conviene no confundir una cosa con la otra.

Cómo se usa hoy

Se mantiene en plena forma y su registro es cómodo: coloquial sin ser vulgar, admisible en prensa, en una reunión de trabajo y en una conversación con desconocidos. No ha envejecido pese a que el mundo agrícola del que sale quede lejos, entre otras cosas porque no exige saber nada de olmos: basta con entender que un árbol da lo que da.

Se emplea para cerrar una discusión con suavidad, para consolar a quien se frustra con alguien y para justificar la propia renuncia. Con quién sí y con quién no: dicho de una persona presente puede molestar, porque implica que carece de la capacidad en cuestión, así que suele decirse de terceros o del sistema, la administración, la empresa.

El catálogo lo registra en España, pero es un refrán del fondo clásico común y se descifra sin dificultad en América, donde aparece en repertorios panhispánicos. La pera y el olmo no cambian de valor a un lado y otro del Atlántico, así que no hay riesgo de malentendido.

Expresiones parecidas

La familia de lo imposible es numerosa en español y cada miembro tiene su matiz. Pedir la luna, ya dicho, mide la desmesura de lo pedido. Predicar en el desierto traslada el fracaso al que habla y a la ausencia de oyentes dispuestos. Machacar en hierro frío y arar en el mar insisten en el esfuerzo inútil y sostenido, no en la naturaleza de quien debería responder.

Más cerca están las que hablan de naturalezas que no cambian: aunque la mona se vista de seda, mona se queda apunta al disfraz y no a la petición, y el clásico genio y figura hasta la sepultura resume la misma idea sin metáfora vegetal. Y conviene apartar dos que se citan a menudo en la misma lista sin venir a cuento: buscarle tres pies al gato, que reprocha complicar lo sencillo, y no todo el monte es orégano, que advierte de que las cosas no son tan fáciles como parecen. Ninguna de las dos habla de imposibles.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1627
Vocabulario de refranes y frases proverbiales
Obra de Gonzalo Correas.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Chile

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Colombia

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

España

Exigir un imposible

Suele decirse con resignación, no con enfado

«Pedirle puntualidad es pedir peras al olmo.»

México

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Perú

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Uruguay

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Venezuela

Esperar de alguien o de algo lo que por su propia naturaleza no puede dar, con la necedad implícita de insistir en un imposible.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

you can't get blood from a stone

Literalmente: no puedes sacar sangre de una piedra

FR

demander la lune

Literalmente: pedir la luna

Preguntas frecuentes

¿Qué significa pedir peras al olmo?

Significa esperar de alguien algo que por su naturaleza no puede dar. Se usa para señalar que insistir es inútil, no porque se pida mucho, sino porque se pide a quien no puede darlo.

¿De dónde viene pedir peras al olmo?

Es un refrán clásico castellano, recogido por Correas en 1627 y por el Diccionario de Autoridades. Se apoya en un hecho botánico: el olmo es árbol de sombra y madera, no frutal.

¿Es lo mismo pedir peras al olmo que pedir la luna?

No. Pedir la luna critica que la petición sea desmedida; pedir peras al olmo critica que se dirija a quien no puede satisfacerla, aunque lo pedido sea poca cosa.

¿Da fruto el olmo?

Sí, pero no comestible: da sámaras, unos discos secos y alados que se lleva el viento en primavera. Como árbol frutal no sirve, y de ahí la fuerza del refrán.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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