Meter la pata
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
La torpeza que se comete sin querer, delante de quien no convenía y con daño para la situación tiene nombre propio en castellano: meter la pata. Suele consistir en decir algo inoportuno más que en hacer algo mal, y quien la mete se da cuenta en el mismo instante, cuando ya no hay manera de recogerlo.
Qué significa exactamente
Tres elementos componen la expresión y ninguno sobra. El primero es la falta de intención: quien mete la pata no quería fastidiar a nadie. Si hay malicia, el idioma dispone de otras fórmulas y ninguna es esta. El segundo es la inoportunidad, que no es lo mismo que el error: se puede meter la pata diciendo algo rigurosamente cierto, y de hecho es lo que ocurre casi siempre. El tercero es la consecuencia social, porque la torpeza deja un estropicio a la vista.
De ahí viene la diferencia con equivocarse, que es un verbo neutro y sirve para un cálculo mal hecho a solas. Meter la pata pide testigos. Una suma mal resuelta en un cuaderno no es una metedura de pata; preguntarle a alguien por su mujer cuando lleva dos meses divorciado, sí. La expresión pertenece al terreno de las relaciones, no al de la exactitud.
El repertorio de metidas de pata clásicas confirma esa orientación verbal: preguntar por una enfermedad que la familia no había contado, felicitar por un embarazo inexistente, elogiar a alguien delante de quien no lo soporta, sacar a colación al muerto en la conversación equivocada. En todos los casos, lo que falla es el cálculo de lo que el otro sabe o de lo que el otro puede oír sin daño.
Hay además un tono característico de indulgencia. Es la más benévola de todas las expresiones del error: no acusa, describe. Por eso funciona tan bien en primera persona y por eso se ha convertido en la manera educada de reconocer un fallo propio. Quien admite que metió la pata está pidiendo disculpas y a la vez recordando que no lo hizo aposta, y las dos cosas caben en cuatro palabras.
La lengua ha desarrollado intensificadores muy expresivos. Se mete la pata hasta el fondo y también hasta el corvejón, con una palabra del vocabulario de las caballerías que casi nadie usa ya para otra cosa. Y del verbo sale un sustantivo de uso constante, la metedura de pata en España y la metida de pata en América, que permite hablar del episodio como de una unidad cerrada y contable.
Conviene no cruzarla con vecinas que se le parecen. Irse de la lengua supone revelar algo que se debía callar, y el énfasis está en el secreto roto. Hacer el ridículo perjudica sobre todo al que lo hace. Hacer una chapuza juzga la calidad de un trabajo. Meter la pata se queda en el punto exacto donde una torpeza involuntaria hace daño a otro sin que nadie lo pretendiera.
De dónde viene
No hay un origen documentado, y aquí se dice sin adornos: nadie sabe cuándo ni dónde nació esta expresión.
Sí se puede describir el material con el que está hecha, que es bastante revelador. La pieza clave es pata, que en castellano designa la extremidad de un animal y que, aplicada a una persona, siempre lleva carga despectiva o burlona. La misma raíz alimenta a patoso, a patán, a metepatas. Cuando el idioma quiere hablar de la torpeza humana, cambia el pie por la pata y con ese solo gesto rebaja al sujeto a la condición de bicho que no mide dónde pisa.
La segunda pieza es el verbo, y encaja en un esquema muy productivo. El castellano construye con meter una serie entera de intromisiones: meter baza, meter la nariz, meter cizaña, meter la cuchara en el español americano. Todas comparten la idea de introducir algo donde no se ha pedido. Meter la pata es la variante en la que lo que se introduce es el propio cuerpo, y por eso resulta más aparatosa que las demás.
De la unión de ambas piezas sale una imagen que se explica sola: pisar donde no se debía, hundir la pata en el sitio equivocado. No hace falta ninguna anécdota para entenderla, y el hecho de que otras lenguas hayan levantado la misma figura por su cuenta refuerza esa lectura. El inglés dice to put one's foot in it, y también, con más gracia, meter el pie en la propia boca. El pie es un símbolo internacional de la torpeza social.
Queda por explicar una variante que despista, meter la gamba. La palabra gamba significa pierna en italiano, y lo más razonable es que se trate de una sustitución jocosa de sabor italianizante, del mismo tipo que producen tantas fórmulas de humor. No está documentada como tal y se ofrece solo como conjetura razonable.
Hasta qué punto está probado
De origen, nada. Y merece la pena explicar por qué esa laguna es normal y no una negligencia de nadie.
La fraseología coloquial es la parte del idioma que peor rastro deja. Estas expresiones viven en la conversación, en el registro bajo, en ámbitos que durante siglos casi nadie se molestó en poner por escrito. Cuando por fin aparecen en un diccionario, llegan ya hechas y con su significado actual, de modo que el papel registra el resultado y nunca el proceso. Con meter la pata ocurre exactamente eso.
Circula, eso sí, una explicación que conviene mirar de frente: la que remite a las caballerías que meten la pata en un hoyo del camino y se despeñan o se lesionan. La escena es verosímil y la palabra corvejón del intensificador parece darle la razón. Pero no hay ningún texto que la respalde, y el argumento del corvejón se vuelve del revés con facilidad: lo más probable es que ese refuerzo se añadiera después, por juego, una vez que la expresión ya existía y alguien decidió llevar la metáfora animal hasta el final.
El único indicio de verdad sólido es la elección de la palabra. Que el castellano dijera pata y no pie no es casual, y apunta a la animalización burlona del torpe, no a un suceso concreto. Es poco, pero es firme, y es todo lo que puede afirmarse sin inventar.
Por tanto, la respuesta honesta a la pregunta de dónde viene meter la pata es que no se sabe. Cualquier historia con protagonista, oficio y siglo que aparezca por ahí sobre esta expresión conviene tomarla como lo que es: relleno.
Cómo se usa hoy
Es una de las expresiones más vivas y más generales del español. Se usa en España y en toda América con el mismo sentido, el mismo registro coloquial y la misma indulgencia. No es vulgar: cabe en una reunión de trabajo, en la prensa y en boca de un político que quiere reconocer un error sin llamarlo por su nombre.
La diferencia de país más visible está en el sustantivo. En España se dice metedura de pata; en América, de México al Cono Sur, la forma general es metida de pata, y allí metedura suena forastera. Es el mismo fenómeno que separa a otras parejas de derivados a uno y otro lado del Atlántico, y ninguna de las dos formas es más correcta que la otra.
Conviene saber además que la expresión compite en América con verbos locales muy asentados. En México lo corriente es regarla, y la frase la regué cumple exactamente esta función. En Argentina se oye mandarse una macana, en Colombia embarrarla. Ninguno desplaza a meter la pata, que se entiende y se usa en todas partes, pero en la conversación espontánea suelen llevar ventaja las formas propias.
El empleo más frecuente es el confesional. Metí la pata es una de las maneras más eficaces de disculparse en castellano, porque admite la culpa y desactiva la sospecha de mala fe en el mismo movimiento. Ese es también su riesgo político: llamar metedura de pata a algo que fue una decisión deliberada es una forma barata de rebajarlo a descuido, y conviene tener el oído puesto cuando alguien la usa así.
No sirve para errores técnicos ni para fallos de ejecución. Un puente mal calculado no es una metedura de pata, es un error de cálculo. Hace falta el componente humano, la conversación, la presencia de otros. Sin público, la pata no se mete en ninguna parte.
Expresiones parecidas
Su contrario natural es dar en el clavo, que celebra el acierto exacto donde esta lamenta el desacierto inoportuno. Y en el terreno del fallo repetido está no dar una a derechas, que describe una racha entera y no un episodio suelto.
Meterse en un charco se le acerca mucho y no es idéntica: ahí uno se complica solo, normalmente por opinar de lo que no debía, y el daño recae sobre quien habla. Irse de la lengua añade el secreto revelado. Hacer el ridículo traslada el perjuicio a la propia imagen. Hacer una chapuza se ocupa de la calidad del trabajo, no de la oportunidad de las palabras.
En el escalón vulgar, la lengua dispone de fórmulas más contundentes para la misma idea, que no conviene usar en según qué compañía y que además cambian el matiz: acusan más y disculpan menos. Meter la pata es precisamente la versión que deja al torpe sin culpa moral.
Fuera del castellano, el inglés ofrece dos piezas de la misma familia corporal, y la coincidencia es lo bastante llamativa como para no atribuirla a préstamo. Cuando dos idiomas eligen el pie para hablar del desliz social, lo más probable es que estén viendo la misma escena.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Chile
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Colombia
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
España
Cometer una indiscreción o un error
Suele referirse a lo dicho, no solo a lo hecho
«Metí la pata preguntando por su exmujer.»
México
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Perú
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Uruguay
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Venezuela
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de quien no convenía.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to put one's foot in it
Literalmente: meter el pie dentro
Preguntas frecuentes
¿Qué significa meter la pata?
Cometer una torpeza o decir algo inoportuno que estropea una situación, normalmente sin mala intención y delante de la persona a la que menos convenía decírselo.
¿De dónde viene meter la pata?
No se sabe. No hay origen documentado: la expresión juega con pata como pie torpe de animal y con la idea de pisar donde no se debe, pero las historias sobre caballerías y trampas son reconstrucciones posteriores sin apoyo textual.
¿Se dice metedura de pata o metida de pata?
Las dos son correctas y significan lo mismo. Metedura de pata es la forma habitual en España y metida de pata la general en América, donde metedura suena forastera.
¿Es lo mismo meter la pata que equivocarse?
No exactamente. Equivocarse es neutro y sirve para un cálculo mal hecho; meter la pata añade torpeza, público y consecuencia social, y casi siempre se refiere a algo que se dijo y no debía decirse.
Fuentes consultadas
- DLE, Diccionario de la lengua española (RAE-ASALE)
- Buitrago, Diccionario de dichos y frases hechas
Por qué puedes fiarte de esta ficha
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