Huir como el diablo del agua bendita
- Origen y documentación: El agua bendita es un sacramental que la tradición católica considera eficaz contra el demonio, y la comparación traslada esa repulsión a cualquier aversión cotidiana. La escena está en Quevedo en 1627…
- Variantes recogidas: Escapar como el diablo del agua bendita · Le huye como el diablo a la cruz
- En otros idiomas: «to avoid like the plague» (EN)
Evitar algo o a alguien con una determinación absoluta, apartándose en cuanto se percibe su presencia.
Se huye de algo como el diablo del agua bendita cuando se evita con una determinación absoluta, apartándose en cuanto se percibe su presencia. No es rehuir por pereza ni por descuido: es salir corriendo. La comparación descansa en una creencia católica muy concreta, y la escena de donde viene la cuenta Quevedo en 1627.
Qué significa exactamente
Es una comparación de grado superlativo y ahí está todo su rendimiento. No dice que alguien evite una cosa, dice que la evita de manera instintiva, sin deliberar, como quien retira la mano del fuego. La reacción es anterior al razonamiento, y esa inmediatez es lo que la distingue de cualquier otra fórmula de rechazo.
El objeto de la huida puede ser casi cualquier cosa: una persona pesada, un lugar, una obligación, un tema de conversación, un trámite. Lo único que se exige es que sea identificable y que su sola aparición baste para poner en marcha la retirada. Se huye del gimnasio, del cuñado, de las reuniones de comunidad, de la palabra hipoteca.
Hay un matiz que casi nadie explicita y que conviene señalar. La comparación deja al que huye en el papel del diablo. No es un detalle neutro: la frase incorpora una sonrisa a costa del sujeto, un punto de burla que sugiere que su aversión tiene algo de poco confesable o al menos de exagerada. Por eso se usa con cariño entre conocidos y sonaría hostil en un contexto formal.
Es exageración pura y se presenta como tal: nadie pretende que se le tome al pie de la letra.
Tiene además una ventaja práctica: al nombrar los dos polos, el que huye y aquello de lo que huye, permite señalar la manía ajena sin describirla. Basta la frase y el oyente capta el grado, la velocidad y el punto de ridículo a la vez.
Frente a las alternativas, el reparto está bastante claro. Evitar como la peste apela al contagio y al peligro objetivo: se huye porque hace daño. No querer ni ver en pintura expresa una antipatía sostenida, pero sin movimiento; uno puede odiar a alguien en pintura y quedarse sentado. Salir por piernas describe la huida sin decir nada de la aversión que la causa. El agua bendita añade lo que las otras no tienen: la incompatibilidad esencial, la idea de que sujeto y objeto no pueden coexistir en la misma habitación.
De dónde viene
De la doctrina y la práctica católicas en torno al agua bendita.
El agua bendita es un sacramental: agua bendecida por un ministro mediante una oración, con sal en la fórmula tradicional. Está en las pilas de la entrada de los templos, donde el fiel se santigua al pasar; se emplea en las aspersiones de la misa, en la bendición de casas, campos y objetos, y en los ritos de difuntos. Su uso está reglado desde antiguo en los libros litúrgicos, entre ellos el ritual romano.
La tradición le atribuye eficacia contra el demonio y contra las tentaciones, y esa atribución no es un añadido popular: forma parte de las oraciones mismas de la bendición, que piden expresamente la protección frente al poder del maligno. En el rito de exorcismo ocupa un lugar propio. Y no era cosa de aldea: López de Gómara lo da por sabido en 1552, cuando escribe que «aprovechaba mucho el agua bendita contra las visiones y superstición de la idolatría».
Sobre esa base la literatura levantó una imagen repetida hasta el desgaste: el diablo que retrocede y desaparece en cuanto le rocían. Quevedo la pone en escena en Los Sueños, de 1627: un clérigo se las tiene con un alguacil endemoniado y «al echarle agua bendita comenzó a huir y a dar voces». El diablo huyendo del agua bendita ya está ahí, todavía no como frase hecha, sino como escena.
Circula con dos objetos intercambiables: junto a huir como el diablo del agua bendita está huir como el diablo de la cruz, otro elemento sagrado ante el cual la tradición hace retroceder al demonio. De las dos, la que aparece en los repertorios es la de la cruz: Sbarbi la recoge en su diccionario de 1922 y la explica, «Huir como el diablo de la cruz. Alejarse, separarse o tener miedo de alguna persona o cosa». Eso fecha a Sbarbi, no a la frase. La del agua bendita no asoma en ninguna de las obras que hemos podido consultar, ni en Hernán Núñez, de 1555, ni en la edición de Correas que manejamos, ni en la colección que Rodríguez Marín hizo en 1926 con lo que a Correas le faltaba. En América la de la cruz suele ser la más frecuente.
La comparación no es exclusiva del español: el italiano y el francés tienen la misma, construida también sobre el agua bendita. Apunta a un fondo europeo de tradición católica más que a una invención castellana.
Que el elemento elegido sea el agua tiene su lógica. Es el sacramental más a mano de todos: no exige al sacerdote en el momento de usarla, se lleva a casa, se guarda en una pila junto a la puerta y se emplea sin ceremonia ninguna. En el Quijote, de 1605, el ama entra en el aposento de los libros «con una escudilla de agua bendita y un hisopo» y le pide al licenciado que rocíe el cuarto por si hay dentro algún encantador: eso es la defensa doméstica y de bolsillo frente al mal. Una reliquia o una peregrinación no habrían servido de término de comparación: quedan fuera del alcance diario, y estas frases se construyen con lo que se tiene a mano.
Cómo se usa hoy
Registro coloquial y tono humorístico. Se emplea para comentar la manía de otro, casi siempre con simpatía, y encaja bien en la conversación y en la prensa ligera. En un informe serio quedaría fuera de sitio.
Está viva en España y se entiende sin esfuerzo en México, Colombia, Perú y Venezuela, aunque en América gana terreno la variante de la cruz, más breve y con el mismo efecto. No es una expresión que separe a los hispanohablantes: el imaginario católico que la sostiene es compartido, y funciona incluso entre quienes no han pisado una iglesia en su vida. Basta con saber cómo se comporta un diablo de estampa.
Suena tradicional, con un punto de sacristía, pero no ha caducado: ese aire antiguo forma parte de su gracia.
La construcción exige complemento: se huye de algo como el diablo del agua bendita. Sin él, la frase queda coja. Admite variantes de verbo, todas con el mismo valor: escapar, salir corriendo, apartarse. Y admite el ablativo suelto, tipo «huye de esa conversación como el diablo del agua bendita».
Se aplica casi siempre a terceros. En primera persona funciona solo como confesión irónica, cuando uno se ríe de su propia manía: es la única manera de que no suene raro. Y no ofende a los creyentes, porque no se burla del agua bendita ni de la doctrina, sino de la aversión del sujeto. La comparación es tradicional y, en rigor, hasta ortodoxa.
Se escribe en minúscula, incluida la palabra diablo, y sin comillas.
Un apunte: la frase es larga, y las expresiones largas pierden terreno frente a las de dos o tres palabras, que viajan mejor en pantalla. No está en peligro, pero es de las que se conservan mejor de lo que se producen.
Expresiones parecidas
Huir como el diablo de la cruz es la hermana gemela y se usa exactamente igual. Elegir una u otra es cuestión de oído y de país, no de matiz.
Evitar algo como la peste ocupa el mismo lugar funcional con otra lógica. La peste apela al contagio, al miedo físico y a la prudencia razonable; el agua bendita, a una incompatibilidad de naturaleza. Quien evita algo como la peste hace bien; quien huye como el diablo del agua bendita queda algo retratado.
No querer ni verlo en pintura expresa la antipatía sin la huida. Poner tierra de por medio subraya la distancia buscada, con un punto de estrategia. Salir por piernas y poner pies en polvorosa describen la fuga en sí, sin explicar de qué se huye.
Hay un pariente que conviene no confundir aunque comparta protagonista: como alma que lleva el diablo. Ahí el diablo no huye de nada, y la expresión mide la velocidad y el atolondramiento del que se marcha, no su aversión. El personaje es el mismo, el mecanismo es otro.
En el mismo repertorio religioso está poner una vela a Dios y otra al diablo, que describe justo la conducta contraria: la del que no huye de nadie y se asegura por los dos lados.
El inglés no dispone de una fórmula equivalente con agua bendita en uso corriente y resuelve con to avoid like the plague, evitar como la peste, que traslada la intensidad y pierde el pequeño juicio moral que la española carga sobre el que huye.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Escaparle a algo sistemáticamente.
Mismo sentido; conviven las dos imágenes, la del agua bendita y la de la cruz.
«Le escapa a los papeles como el diablo al agua bendita.»
Colombia
Rehuir algo en cuanto asoma.
Se entiende, pero la forma corriente sustituye el agua bendita por la cruz: «como el diablo a la cruz». También «sacarle el cuerpo».
«Le saca el cuerpo a las reuniones como el diablo a la cruz.»
España
Rehuir con toda decisión
Humorístico
«Huye de las reuniones como el diablo del agua bendita.»
México
Allí se dice «le huye como el diablo a la cruz»
Evitar algo o a alguien con determinación absoluta.
La comparación viva allí es «le huye como el diablo a la cruz», que es la forma que la gente dice y busca; con el mismo valor se usa «le saca la vuelta».
«Le huye al dentista como el diablo a la cruz.»
Venezuela
Apartarse de algo con toda decisión.
Mismo sentido; predomina la variante con la cruz.
«Le huye al trabajo como el diablo a la cruz.»
Ejemplos de uso
- «Mi hermano huye de las bodas familiares como el diablo del agua bendita desde que tuvo que dar un discurso.»
- «El comercial huía de los formularios como el diablo del agua bendita y luego nadie sabía qué se había vendido.»
- «En cuanto sale el tema de la política, el del rincón huye como el diablo del agua bendita.»
Así suena en una conversación
Al ver entrar a alguien
—Se ha ido por la otra puerta.
—Huye como el diablo del agua bendita.
Hablando de los papeles
—Le mencionas Hacienda y desaparece.
—Huye como el diablo del agua bendita.
—Pues le va a tocar.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to avoid like the plague
Literalmente: evitar como la peste
Preguntas frecuentes
¿Qué significa huir como el diablo del agua bendita?
Evitar algo o a alguien con una determinación absoluta, apartándose en cuanto se percibe su presencia. La huida es instintiva, sin pensarlo, y la frase deja al que huye en el papel del diablo.
¿De dónde viene huir como el diablo del agua bendita?
De la creencia católica en la eficacia del agua bendita contra el demonio, que está en las oraciones de la bendición y en los ritos de exorcismo. La escena del diablo que sale corriendo cuando le rocían la cuenta Quevedo en Los Sueños, de 1627. La frase hecha no la hemos encontrado en los refraneros que hemos podido consultar: el que recoge la variante de la cruz es Sbarbi, en su diccionario de 1922.
¿Se dice del agua bendita o de la cruz?
Las dos son correctas y significan lo mismo. La de la cruz es la que aparece en los diccionarios antiguos que hemos podido consultar, como el de Sbarbi de 1922. Hoy en España es algo más frecuente la del agua bendita; en América se oye más huir como el diablo de la cruz.
¿Es ofensiva para los creyentes?
No. La comparación no se burla del agua bendita ni de la doctrina, sino de la manía del que huye. Su tono es humorístico, no irreverente, y la imagen viene de la propia tradición católica: la escena del diablo que huye del agua bendita ya está en Quevedo.
Fuentes y referencias
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española (DLE)
- Francisco de Quevedo y Villegas, Los Sueños (1627), «Enojóse Calabrés, revolvió sus conjuros, quísole enmudecer, y no pudo, y al echarle agua bendita comenzó a huir y a dar voces, diciendo: --Clérigo, cata que no hace estos sentimientos el alguacil por la parte de bendita, sino por ser agua.» [es la escena del diablo que huye del agua bendita, no la frase hecha]
- Sbarbi y Osuna, Diccionario de refranes, adagios, proverbios modismos, locuciones y frases proverbiales (1922), s. v. huir como el diablo de la cruz, «Huir como el diablo de la cruz. Alejarse, separarse o tener miedo de alguna persona o cosa.» [es la variante con la cruz, no con el agua bendita]
- Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha (1605), «y, así como el ama los vio, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: — Tome vuestra merced, señor licenciado: rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.» [documenta el uso doméstico del agua bendita, no la frase]
- Francisco López de Gómara, La conquista de México (1552), «Aprovechaba mucho el agua bendita contra las visiones y superstición de la idolatría.» [documenta la creencia en que se apoya la comparación, no la frase]
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
- Fuentes citadas: 5 obras.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Como alma que lleva el diablo
A toda velocidad y de forma atropellada, como quien huye de algo terrible sin mirar atrás ni medir el camino.
Poner una vela a Dios y otra al diablo
Intentar quedar bien con dos bandos enfrentados a la vez para asegurarse el favor de quien acabe ganando.
Tener el diablo en el cuerpo
Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.
Irse al quinto infierno
Marcharse muy lejos, o mandar a alguien lejos de malos modos para librarse de él y de sus exigencias.
El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones
Las intenciones no valen nada si no se traducen en actos: querer el bien sin hacerlo puede acabar causando el mal.
De pe a pa
De principio a fin y con todo detalle: se dice de lo que se cuenta, se lee o se aprende sin saltarse nada ni dejar…