El entierro de la sardina
- Origen histórico: Es un rito de fin de fiesta que escenifica la muerte del carnaval y el paso a la cuaresma, y la sardina es el emblema perfecto porque era el pescado barato de los días de abstinencia: se entierra lo que se va…
- Variantes frecuentes: Enterrar la sardina
Desfile burlesco que cierra el carnaval enterrando o quemando una sardina, casi siempre el Miércoles de Ceniza. En Murcia, la más conocida de España, se celebra después de Semana Santa y con otro carácter.
La historia que circula por internet es falsa. Aquí se explica por qué.
El entierro de la sardina cierra el carnaval con un funeral de mentira: un cortejo de luto burlesco lleva a enterrar o a quemar una sardina, con plañideras que lloran a gritos y viudas con barba. Se hace el miércoles de ceniza, la víspera misma de la cuaresma, aunque alguna de las celebraciones más famosas se ha soltado de esa fecha.
Qué es exactamente
El esquema es siempre el mismo y funciona por contraste: se monta un entierro completo, con todos sus elementos, y se le quita la solemnidad. Hay una sardina, que puede ser un pez de verdad, una figura de cartón o un armatoste de varios metros; hay un féretro y unos portadores; hay un cura de pega que suelta un responso en latín macarrónico; hay viudas —casi siempre hombres vestidos de negro y con velo— que gritan y se desmayan por turnos; y hay un cortejo que recorre las calles hasta el lugar donde la sardina se entierra o, más frecuentemente hoy, arde.
La fecha canónica es el miércoles de ceniza, y esa colocación es la clave de todo. Ese día empieza la cuaresma: cuarenta días de ayuno y abstinencia en los que la carne desaparece de la mesa. El carnaval acaba de terminar y el entierro es su despedida oficial, celebrada justo en la bisagra. Se entierra la fiesta, y se entierra por adelantado la comida triste que viene detrás.
La sardina no es un pescado elegido al azar. Era el alimento de los días de abstinencia: barata, salada en barril, transportable tierra adentro sin refrigeración, disponible en Castilla igual que en la costa. Quien decía sardina decía vigilia. Enterrarla es un chiste de doble filo, porque se le da sepultura a lo único que va a haber para comer.
La geografía importa y no es uniforme. Madrid mantiene el modelo clásico, en la tarde del miércoles de ceniza. Santa Cruz de Tenerife lo ha convertido en uno de los actos centrales de su carnaval, multitudinario y con miles de viudas. Y Murcia es el caso desviado: allí el entierro no cierra el carnaval, sino que se celebra en primavera, después de la Semana Santa, como fiesta propia y de gran tamaño. Además de estas tres, hay entierros modestos en pueblos de casi toda España.
Existe también el dicho, que ha sobrevivido a la práctica en muchos sitios: cuando algo termina entre lamentos exagerados y teatro, se dice que aquello ha sido el entierro de la sardina.
De dónde viene
El rito pertenece a una familia europea bien conocida: los funerales paródicos del carnaval. En media Europa el carnaval se personifica en un muñeco —un rey Momo, un pelele, un monigote con nombre local— que al final de la fiesta es juzgado, ejecutado, quemado o enterrado. La lógica es la misma en todas partes: la fiesta de inversión necesita un final ritual que la cierre y devuelva el mundo a su sitio. Lo español es la elección de la sardina como cuerpo del difunto, y esa elección tiene sentido inmediato dentro del calendario litúrgico.
La celebración madrileña está documentada en el siglo XVIII. Goya pintó además un lienzo conocido con el título de El entierro de la sardina, hoy en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que muestra una comparsa carnavalesca con estandarte y máscaras; los historiadores del arte discuten qué escena exacta representa y qué decía originalmente el estandarte, de modo que el cuadro sirve como testimonio de la fiesta más que como fotografía de este entierro concreto.
El origen del rito, entendido como el momento y el lugar donde alguien decidió por primera vez enterrar una sardina, no está documentado. Y probablemente no lo esté nunca, porque no fue una invención sino una deriva: la costumbre se explica sola dentro de la lógica del carnaval, sin necesidad de que detrás haya ninguna anécdota real.
Hasta qué punto está probado
Conviene distinguir tres capas, porque tienen distinta solidez.
Lo sólido: la fiesta existe en Madrid en el siglo XVIII, con testimonios escritos y con la iconografía de la época; los funerales de carnaval son un fenómeno europeo estudiado por la etnografía, entre otros por Julio Caro Baroja; y la sardina era efectivamente el pescado de los días de abstinencia.
Lo razonable pero no demostrado: que la sardina se eligiera precisamente por ser el alimento de la vigilia. Es la lectura más aceptada y encaja perfectamente, pero es una interpretación del símbolo, no un dato que ninguna fuente afirme.
Lo desconocido: cuándo empezó a hacerse y si la versión madrileña es el origen de las demás o una más entre varias. Tampoco se sabe por qué en unos sitios se entierra y en otros se quema. Que la fiesta esté documentada en una fecha no dice nada sobre su comienzo, que es justo el error que comete la explicación popular.
Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)
La versión que circula por todas partes hace intervenir a Carlos III. Según ella, el rey mandó repartir sardinas al pueblo con motivo de una fiesta, el calor las echó a perder antes de repartirlas y hubo que enterrarlas a toda prisa; de aquel apaño saldría la costumbre y el nombre. En algunas variantes el sitio es la ribera del Manzanares y en otras el rey ni siquiera se nombra.
No se sostiene, y por varios motivos a la vez. El primero es documental: no aparece en ninguna fuente de la época. Es un relato que se pone a circular mucho después, con la estructura típica de la etimología popular, que consiste en inventar un suceso concreto para explicar algo que en realidad es simbólico.
El segundo es de fondo, y pesa más. El rito no consiste en deshacerse de un pescado estropeado: consiste en un funeral. Hay féretro, hay responso, hay viudas, hay cortejo y hay una fecha litúrgica exacta. Una partida de sardinas podridas explicaría, como mucho, por qué se entierra un pescado; no explica el luto de guasa, ni el cura fingido, ni por qué todo eso ocurre precisamente el miércoles de ceniza y no otro día.
El tercero es comparativo. Los funerales burlescos del carnaval se practican en países que nada tienen que ver con Carlos III ni con Madrid, y el propio rito madrileño es anterior o al menos contemporáneo de su reinado. Una costumbre extendida por media Europa no puede tener por causa una anécdota local.
Circula también una explicación menor según la cual la sardina no sería el pescado sino un despiece del cerdo llamado así. Tiene el mismo problema que la anterior: nadie la ha documentado, y tampoco hace falta, porque el pescado de vigilia explica el símbolo sin necesidad de rebuscar.
Cómo se vive hoy
La distancia entre las tres celebraciones grandes es hoy mayor que su parecido.
Madrid conserva el formato tradicional: un cortejo modesto y vecinal en la tarde del miércoles de ceniza, organizado por una cofradía, con recorrido corto y quema final. Es la versión más cercana a lo que la fiesta era, y también la más pequeña.
Santa Cruz de Tenerife lo ha llevado al otro extremo. Allí el entierro es un desfile masivo, con una sardina gigante de cartón piedra, miles de viudas que hacen del luto una fiesta paródica de estética desbordada, fuegos artificiales al terminar y retransmisión. Es un espectáculo urbano de primer orden y uno de los reclamos turísticos del carnaval tinerfeño.
Murcia es el caso más instructivo, porque muestra hasta dónde puede alejarse una costumbre de su razón de ser. El entierro murciano se celebra en primavera, después de la Semana Santa, con desfiles de carrozas desde las que se arrojan juguetes al público. Ha crecido hasta convertirse en la fiesta grande de la ciudad, con declaración de interés turístico internacional. De la bisagra del calendario litúrgico, que era lo que daba sentido al rito, no queda nada: se ha desprendido de la cuaresma y funciona como celebración autónoma.
En los pueblos sobrevive lo pequeño: cuatro vecinos disfrazados, una sardina de papel y una hoguera. Y en el habla sobrevive el dicho, que hoy se oye más que la propia fiesta, aplicado a cualquier despedida con más lloro que sentimiento.
Costumbres parecidas
La pareja natural es el jueves lardero, que abre por el otro extremo: allí se empieza a comer, aquí se termina. Entre uno y otro cabe el carnaval entero, y los dos existen únicamente porque existe la cuaresma que viene detrás.
Con el antruejo la relación es de contenido y continente: antruejo es el nombre castellano antiguo del carnaval, y el entierro es su acto final. En las mascaradas de Zamora y León que aún se llaman así, el cierre suele tener también forma de juicio o de muerte de un personaje.
Y el miércoles de ceniza es la fecha misma, vista desde el lado de la Iglesia. Ahí está el contraste que lo explica todo: la mañana de la ceniza es penitencia y la tarde del mismo día es funeral de mentira. La costumbre popular se coló en el hueco que dejaba el calendario, sin discutirlo.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
España
El acto final del carnaval
Célebre en Madrid, Murcia y Tenerife; se usa también para cualquier despedida teatral
«Mañana es el entierro de la sardina y se acabó la fiesta hasta el año que viene.»
Panamá
El acto que cierra los carnavales, de madrugada ya del Miércoles de Ceniza, cuando se lleva una sardina a enterrar al mar o al río.
Remata cuatro días de culecos y comparsas y funciona como despedida oficial de la fiesta; el llanto fingido por la sardina es parte del juego.
«Después de los culecos aguantamos hasta el entierro de la sardina, ya casi amaneciendo.»
Puerto Rico
El acto burlesco que remata el carnaval de Ponce, con una sardina llevada en procesión y quemada la última noche.
No va atado al Miércoles de Ceniza como en España, sino al cierre del carnaval ponceño, y lo protagonizan los vejigantes; pesa más la comparsa que el duelo fingido.
«Nos quedamos en Ponce hasta el entierro de la sardina, que es cuando de verdad se acaba el carnaval.»
Venezuela
Desfile del Miércoles de Ceniza en que se lleva a enterrar una sardina, célebre en el pueblo costero de Naiguatá.
Allí lo que da fama al rito son «las viudas»: hombres vestidos de mujer que lloran a gritos detrás de la sardina. Es una fiesta local con nombre propio, no una costumbre de todo el país.
«El miércoles nos fuimos temprano a Naiguatá para ver el entierro de la sardina con todas sus viudas.»
Ejemplos de uso
- «Mi cuñado se disfrazó de viuda llorona para el entierro de la sardina y no se quitó el velo en toda la noche.»
- «El ayuntamiento nos pidió el presupuesto de la carroza del entierro de la sardina antes del viernes.»
- «Media ciudad salió de luto riguroso a enterrar la sardina, con banda de música y llantos de mentira.»
Preguntas frecuentes
¿Qué es el entierro de la sardina?
Un desfile burlesco que cierra el carnaval: un cortejo de luto fingido lleva una sardina a enterrar o a quemar, con plañideras, viudas y responso de guasa. Se hace el miércoles de ceniza.
¿Es verdad que viene de las sardinas podridas de Carlos III?
No lo respalda ninguna fuente de la época. Es una explicación popular tardía: el rito no consiste en tirar pescado estropeado, sino en un funeral paródico con paralelos en media Europa.
¿Por qué una sardina y no otro pescado?
Porque era el alimento de los días de abstinencia: barata, salada y disponible tierra adentro. Enterrarla es enterrar por anticipado la comida de la cuaresma que empieza al día siguiente. Es la lectura más aceptada, no un dato documentado.
¿Dónde se celebra hoy?
Los más conocidos son el de Madrid, en el miércoles de ceniza, el de Santa Cruz de Tenerife, integrado en su carnaval, y el de Murcia, que se ha desplazado a la primavera y se celebra después de la Semana Santa.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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