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Dichosymás

Ir de la Ceca a la Meca

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho, dando vueltas y perdiendo el tiempo en gestiones que no resuelven nada.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho: eso es ir de la Ceca a la Meca. Se dice de quien pasa la mañana en ventanillas que lo mandan a otra ventanilla, o de quien recorre media ciudad detrás de algo que no aparece. Hay desplazamiento, hay esfuerzo y no hay resultado.

Qué significa exactamente

La expresión necesita dos ingredientes a la vez, y si falta uno deja de funcionar. El primero es el movimiento repetido: no se va a un sitio, se va a varios, uno detrás de otro. El segundo es la inutilidad: al final de todo ese trajín, la cosa sigue como estaba. Quien camina mucho y consigue lo que buscaba no ha ido de la Ceca a la Meca; ha tenido un día ajetreado, que es otra cosa.

De ahí sale el tono, que es casi siempre de queja. La fórmula aparece en primera persona cuando uno cuenta su desgracia, me he pasado la mañana de la Ceca a la Meca, o en tercera cuando se reprocha a alguien que haga perder el tiempo, me tuvieron de la Ceca a la Meca toda la tarde. Rara vez es neutra. El hablante que la emplea está protestando.

Conviene separarla de expresiones vecinas con las que se confunde. Ir de un lado para otro describe el mismo movimiento pero sin juicio, y puede ser perfectamente productivo. Andar a la deriva supone que no hay destino, y aquí destinos hay de sobra; el problema es que ninguno sirve. No parar subraya la actividad y suele tener valor positivo, incluso admirativo. La Ceca y la Meca añaden algo que las otras no tienen: la distancia. Son dos puntos lejanos entre sí, y el dicho da a entender que quien va de uno a otro está recorriendo un trayecto absurdo por su longitud.

Las dos formas que conviven tampoco son idénticas. De la Ceca a la Meca, con artículos, dibuja un viaje de ida entre dos lugares concretos. De Ceca en Meca, sin ellos y con la preposición en, reproduce el molde iterativo de de casa en casa o de puerta en puerta, y sugiere una serie sin final previsto. La segunda es la forma antigua y hoy suena más literaria; la primera se ha impuesto en el habla corriente.

Un matiz que a veces se pierde: la locución no acusa a quien anda, sino a la situación. El que va de la Ceca a la Meca no es un desorganizado. Es alguien a quien el mundo, la burocracia o un tercero han metido en un circuito del que no consigue salir. Esa inocencia del sujeto es la que permite usarla para quejarse sin quedar mal.

De dónde viene

La mitad de la expresión está clara. La Meca es la ciudad de Arabia hacia la que se dirige la peregrinación musulmana, uno de los pilares del islam, y el castellano la convirtió pronto en nombre común para cualquier destino que congrega multitudes: hoy se dice que Nashville es la meca de la música country sin pensar en religión ninguna. Como punto lejano al que se viaja con esfuerzo, funciona por sí sola.

El problema está en la otra mitad. Ceca admite dos lecturas, y los repertorios llevan generaciones sin ponerse de acuerdo sobre cuál es la buena.

La primera identifica la Ceca con la mezquita mayor de Córdoba. El argumento es que las fuentes andalusíes la designan con un nombre que se transcribe como Zeca, y que para los musulmanes de al-Ándalus, a quienes el viaje a Arabia les resultaba largo, caro y muchas veces impracticable, Córdoba habría funcionado como destino devocional de sustitución. Bajo esa lectura el dicho empareja dos peregrinaciones, la próxima y la remota, y vendría a significar recorrer los santuarios de punta a punta.

La segunda explicación es más prosaica. Ceca es una palabra castellana de pleno derecho, tomada del árabe sikka, cuño o troquel, y designa la casa donde se labra la moneda. El diccionario académico la recoge con ese valor y el término aparece en la documentación de las cecas peninsulares sin connotación religiosa alguna. Aquí el dicho no emparejaría dos santuarios, sino dos lugares cualesquiera separados por medio mundo, uno civil y otro sagrado.

Existe una tercera posibilidad que no es propiamente etimológica y que suele descartarse demasiado deprisa: que el emparejamiento se hiciera por el sonido. El castellano fabrica locuciones así con enorme facilidad, y la lista es larga, a troche y moche, sin ton ni son, a tontas y a locas, ni chicha ni limoná. En todas ellas hay al menos un elemento que no significa nada por su cuenta y que está ahí porque rima con el otro. Ceca y Meca riman, son bisílabas, comparten cuatro de sus cinco letras y forman un par redondo. Cualquiera de los dos orígenes propuestos pudo aportar la palabra, y la rima encargarse del resto.

Hasta qué punto está probado

Ninguna de las dos explicaciones está documentada. Son hipótesis en competencia, y conviene decirlo sin rodeos porque por Internet circulan las dos presentadas como hechos cerrados.

La versión cordobesa tiene a su favor la simetría: dos lugares de peregrinación en una misma fórmula es una construcción elegante y con sentido interno. Tiene en contra que la identificación depende de cómo se lea e interprete un nombre árabe, y que la idea de Córdoba como sustituto de La Meca se repite mucho más de lo que se demuestra. Que una mezquita fuera importante no la convierte en meta de peregrinación con estatuto propio, y el salto de ese supuesto a la locución castellana no lo respalda ningún texto conocido.

La versión de la casa de la moneda cuenta con una ventaja seria: la palabra existe. No hay que suponerla ni reconstruirla, está en castellano con documentación propia y con una etimología árabe transparente. Su punto débil es semántico. Nadie peregrina a una ceca, y no se ve por qué la casa de la moneda habría de ser el extremo natural de un recorrido inútil. La explicación resuelve la etimología y deja el sentido a medias.

Mi impresión, que ofrezco como lo que es, apunta a que la tercera vía cubre justo lo que las otras dos dejan cojo. El par funciona sobre todo por sonoridad, y la lengua no necesitaba que los dos términos tuvieran el mismo peso conceptual para fijarlo. Pero es una impresión, no un hallazgo. Mientras no aparezca una atestiguación temprana que muestre cómo se usaba el sintagma antes de quedar fijado, la etiqueta honesta de este dicho sigue siendo la de origen disputado.

Cómo se usa hoy

Sigue viva y se entiende sin explicación en España, donde es de uso corriente, y se conoce también en México, Colombia y Argentina, aunque allí compite con fórmulas locales del tipo de aquí para allá o de arriba abajo, que suenan más neutras y cotidianas. Nadie percibe ya en ella carga religiosa alguna, ni musulmana ni de ningún otro tipo: para el hablante actual, Ceca y Meca son poco más que dos nombres que suenan bien juntos.

El registro es coloquial, pero no vulgar: cabe en una conversación de oficina y en un artículo de periódico sin desentonar. Se combina sobre todo con los verbos ir y andar, y con llevar o traer a alguien. Esta última construcción es la más expresiva de todas, porque introduce un culpable: quien dice que lo traen de la Ceca a la Meca está señalando con el dedo a quien lo manda de un sitio a otro.

Su hábitat natural es la administración. Ventanillas, requisitos, certificados que hay que pedir en un sitio para entregarlos en otro que a su vez te devuelve al primero: la locución describe ese circuito con una precisión que pocas alternativas alcanzan. También funciona bien para compras imposibles, para mudanzas y para el trajín de acompañar a alguien a media docena de sitios en una mañana.

Hay una duda ortográfica que merece aviso, porque el error es muy común: se escribe Ceca con c, no con s. La confusión viene del adjetivo seca, con el que no guarda ninguna relación, y la refuerza el hecho de que en gran parte de América ambas se pronuncian igual. En cuanto a las mayúsculas, lo habitual es escribir los dos nombres con inicial mayúscula por tratarse de lugares, aunque también se ven en minúscula por lo lexicalizada que está la fórmula.

Expresiones parecidas

La más cercana es ir de Herodes a Pilatos, que comparte la estructura de dos nombres propios unidos por un trayecto pero no significa lo mismo. Allí lo que se subraya no es la inutilidad del recorrido, sino que cada parada resulta peor que la anterior: se sale de una autoridad hostil para caer en otra. Si te mandan de mostrador en mostrador y en todos te tratan igual de mal, eso es Herodes y Pilatos; si sencillamente pierdes la mañana, es la Ceca y la Meca.

Marear la perdiz se sitúa al otro lado del mostrador: designa al que hace dar vueltas a los demás, a propósito y para no resolver. Es el verbo del funcionario, no el del ciudadano. Dar largas apunta a lo mismo, aunque por la vía del aplazamiento en lugar del paseo.

En el terreno puramente descriptivo quedan dar más vueltas que un tiovivo y no parar quieto, las dos centradas en la cantidad de movimiento y ninguna con la carga de fracaso que aporta nuestra locución. Y para el desplazamiento sin destino está andar a la deriva, que es lo contrario exacto: allí no hay adónde ir, y aquí lo que sobran son destinos.

El inglés resuelve la misma idea con from pillar to post, de pilar a poste, imagen sacada del juego de pelota o de la picota según a quién se pregunte, de modo que también aquella lengua discute su propio origen. Coincide con la nuestra en lo esencial: dos puntos, un vaivén y ningún provecho.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho, dando vueltas y perdiendo el tiempo en gestiones que no resuelven nada.

Colombia

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho, dando vueltas y perdiendo el tiempo en gestiones que no resuelven nada.

España

Deambular sin resultado

Queja

«Me tuvieron toda la mañana de la Ceca a la Meca.»

México

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho, dando vueltas y perdiendo el tiempo en gestiones que no resuelven nada.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

from pillar to post

Literalmente: de pilar a poste

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «ir de la Ceca a la Meca»?

Andar de un sitio para otro sin rumbo ni provecho. Necesita dos ingredientes: desplazamiento repetido e inutilidad. Quien camina mucho y consigue lo que buscaba no ha ido de la Ceca a la Meca, ha tenido un día ajetreado. Casi siempre se dice en tono de queja.

¿De dónde viene «ir de la Ceca a la Meca»?

El origen está disputado. La Meca es la ciudad de la peregrinación musulmana y no ofrece dudas; la Ceca se explica o bien como la mezquita mayor de Córdoba, o bien como la casa de la moneda, del árabe sikka, cuño. Ninguna de las dos lecturas está documentada.

¿Se escribe «Ceca» o «seca»?

Con c: Ceca. No tiene relación con el adjetivo seca. El error es frecuente porque en gran parte de América la pronunciación de ambas es idéntica. Los dos nombres suelen escribirse con inicial mayúscula por tratarse de lugares.

¿Es lo mismo «ir de la Ceca a la Meca» que «ir de Herodes a Pilatos»?

No. Comparten estructura, pero en la de Herodes cada parada es peor que la anterior: se sale de una autoridad hostil para caer en otra. En la de la Ceca lo que se subraya es la inutilidad del trayecto, no que empeore.

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Corominas, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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