Ser el chivo expiatorio
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
El chivo expiatorio es aquel al que se le carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables salgan indemnes. Suele ser el más prescindible del grupo, no el más culpable. El nombre viene de un rito descrito en el Levítico: un macho cabrío cargado simbólicamente con los pecados del pueblo y soltado en el desierto.
Qué significa exactamente
La expresión describe una operación con tres piezas, y si falta una no es un chivo expiatorio, es otra cosa.
La primera pieza: hay una culpa que en realidad es colectiva, o al menos compartida. Un plan que salió mal, una decisión que tomaron varios, un desastre con muchos padres.
La segunda: se designa a uno solo. Y aquí está lo que da a la expresión su carga moral, porque el designado casi nunca se elige por su grado de responsabilidad, sino por su falta de poder. El becario, el último en llegar, el que no tiene padrino, el entrenador. Es una elección de conveniencia disfrazada de justicia.
La tercera: la operación funciona. El grupo se queda tranquilo, el asunto se da por cerrado y nadie más responde. Ese es el punto en el que el chivo expiatorio se distingue de la simple víctima de una injusticia: su sacrificio tiene una función y cumple con ella.
Por eso la locución lleva siempre incorporado el reproche. Nadie dice «hicimos bien en buscar un chivo expiatorio». Quien la usa está denunciando la maniobra, y conviene notar algo que se pasa por alto: el reproche no cae sobre el chivo, que es la víctima, sino sobre los que lo eligieron.
Frente a «pagar los platos rotos» o «pagar el pato», que describen a quien sufre las consecuencias de algo por mala suerte o por estar en medio, el chivo expiatorio implica designación deliberada. A uno le tocan los platos rotos; a chivo expiatorio te nombran.
Con «cabeza de turco» la distancia es mínima y en la práctica se usan como sinónimos. Si hay que afinar: cabeza de turco pone el foco en quien recibe los golpes, y chivo expiatorio, en la operación de descarga que hace el grupo. Pero nadie corregirá a nadie por intercambiarlas.
Tampoco equivale a «víctima propiciatoria», aunque los diccionarios las emparejen. Lo propiciatorio se ofrece para obtener un favor; el chivo expiatorio se expulsa para quitarse un problema de encima. La primera mira hacia arriba y la segunda, hacia dentro del grupo.
De dónde viene
Del capítulo 16 del Levítico, que describe el ritual del Yom Kipur, el día de la expiación: la única jornada del año en que el sumo sacerdote entraba en el recinto más reservado del santuario.
El rito incluía dos machos cabríos idénticos. Se echaban suertes sobre ellos: uno quedaba destinado al Señor y se sacrificaba; el otro quedaba destinado a Azazel. Sobre este segundo, el sumo sacerdote imponía ambas manos y confesaba en voz alta las iniquidades del pueblo, transfiriéndoselas. Después, un hombre designado para la tarea se lo llevaba y lo soltaba en el desierto, en tierra inhabitada.
Detengámonos en la mecánica, porque explica el sentido moderno mejor que cualquier paráfrasis. Al segundo macho cabrío no se le castiga. No es culpable de nada, no se le acusa de nada y en el texto ni siquiera se le mata: se le expulsa. Su única función es llevarse fuera algo que pertenecía a otros. La comunidad se queda limpia y el animal se marcha con la carga a cuestas. Eso, trasladado a una oficina o a un gobierno, es exactamente lo que la expresión nombra.
Sobre Azazel no hay acuerdo, y quien diga lo contrario va más allá de lo que se sabe. Se ha propuesto que sea el nombre de un lugar, el de un demonio del desierto o un nombre común con el sentido de «el que se va». Las tres lecturas tienen defensores y ninguna se ha impuesto. Es uno de esos puntos en los que los especialistas llevan siglos sin ponerse de acuerdo.
La tradición judía posterior desarrolló el rito con detalles que el Levítico no da. El tratado de la Mishná dedicado al día de la expiación describe cómo el animal era conducido por un camino preparado hasta un despeñadero, donde se le despeñaba en lugar de soltarlo suelto por el desierto, y cómo se ataba una cinta de color escarlata que, según el relato, se volvía blanca cuando el perdón quedaba concedido. Son añadidos de siglos posteriores, no del texto bíblico, pero muestran hasta qué punto la ceremonia se pensaba como una descarga real y verificable.
El viaje de la palabra
La expresión española no nace en la calle, sino en la traducción, y eso se nota en su forma.
La Vulgata latina resolvió el pasaje con caper emissarius, macho cabrío enviado, entendiendo la palabra hebrea como referida al animal que se despacha fuera. De ahí sale directamente el francés bouc émissaire, que es la fórmula que ha triunfado en esa lengua. El español eligió otro camino para el adjetivo: en vez de quedarse con la idea del envío, se quedó con la de la expiación, y de ahí chivo expiatorio.
El inglés hizo algo distinto y hoy famosísimo. Al traducir el Pentateuco en el siglo XVI, William Tyndale acuñó scapegoat, literalmente «la cabra que escapa». La palabra se quedó y acabó siendo la más internacional de las tres.
Un detalle léxico español: chivo, en rigor, es la cría de la cabra, y en la península se usa menos que cabrito. Que la expresión escogiera chivo confirma su carácter culto y traducido; no salió del corral, salió del libro.
El sentido social que hoy le damos, el de mecanismo de descarga colectiva, se consolidó en el siglo XX, cuando la antropología y la psicología social adoptaron el término. En los años ochenta, el pensador René Girard lo convirtió en el centro de toda una teoría sobre el origen de la violencia en las sociedades humanas, y a partir de ahí la expresión se instaló definitivamente en el lenguaje de los ensayos, la prensa y la política.
Cómo se usa hoy
Es de uso general y homogéneo en todo el mundo hispanohablante, con registro neutro. Funciona igual en un titular, en un acta y en una conversación. No arrastra ninguna connotación religiosa: casi nadie piensa en el Levítico al decirla.
Sus terrenos naturales son la política, la empresa y el deporte. En política, el cargo intermedio que dimite para tapar una decisión de arriba. En la empresa, el empleado al que se despide tras un fiasco que venía de la dirección. En el deporte, el entrenador destituido después de una mala racha que tiene más que ver con la plantilla que con el banquillo. Las fórmulas más frecuentes son «ser el chivo expiatorio», «buscar un chivo expiatorio» y «convertir a alguien en chivo expiatorio».
Un uso que conviene mirar con lupa: cuando alguien se declara a sí mismo chivo expiatorio. A veces es cierto, y otras es una maniobra retórica para no responder de lo que sí hizo. La expresión concede automáticamente la inocencia, y por eso resulta cómoda para quien no la tiene.
Y una nota ortográfica que hace falta más de lo que parece: es expiatorio, con equis y con pi, del verbo expiar, que significa purgar una culpa. Se ve escrito «espiatorio» por contagio de espiar, que es vigilar. Son verbos distintos y aquí solo cabe el primero.
Hay un uso más grave, y no debería diluirse entre los demás. La misma mecánica que despide a un becario ha servido históricamente para señalar a minorías enteras como causantes de una epidemia, de una derrota o de una crisis. Cuando la expresión se aplica a ese plano deja de ser una metáfora de oficina y nombra algo con consecuencias muy reales. Merece la pena conservarle ese peso y no gastarla del todo en anécdotas menores.
Expresiones parecidas
La hermana gemela es «cabeza de turco», con la que se reparte el terreno casi al cincuenta por ciento en España y que en América suena algo menos frecuente.
«Pagar los platos rotos», «pagar el pato» y «cargar con el muerto» apuntan al mismo resultado por caminos distintos: en las dos primeras hay mala suerte o descuido; en la tercera, una atribución que puede ser deliberada y que ya se acerca bastante.
Y hay una expresión que funciona como la otra mitad de la maniobra: «lavarse las manos». El que se lava las manos necesita a alguien sobre quien dejarlas caer, y ese alguien es el chivo expiatorio. Las dos vienen del mismo libro, curiosamente, y describen las dos caras de un solo movimiento: uno se descarga y el otro carga.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
Chile
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
Colombia
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
España
Víctima propiciatoria de culpas ajenas
Siempre implica injusticia
«Despidieron al becario: el chivo expiatorio perfecto.»
México
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
Perú
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
Venezuela
Persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo de cualquier consecuencia.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
scapegoat
Literalmente: cabra que escapa
FR
bouc émissaire
Literalmente: macho cabrío enviado
Preguntas frecuentes
¿Qué es un «chivo expiatorio»?
La persona a la que se carga la culpa de un fracaso colectivo para que los verdaderos responsables queden a salvo. Casi nunca se elige por su grado de responsabilidad, sino por su falta de poder. La locución lleva siempre incorporado el reproche, y ese reproche cae sobre quienes lo designaron, no sobre él.
¿De dónde viene «chivo expiatorio»?
Del capítulo 16 del Levítico, que describe el rito del Yom Kipur: el sumo sacerdote imponía las manos sobre un macho cabrío, le transfería las culpas del pueblo y lo enviaba al desierto. La Vulgata lo llamó caper emissarius, macho cabrío enviado, y de ahí salen el español chivo expiatorio y el francés bouc émissaire.
¿Es lo mismo «chivo expiatorio» que «cabeza de turco»?
En la práctica se usan como sinónimos y nadie corregirá a quien las intercambie. Si hay que afinar, cabeza de turco pone el foco en quien recibe los golpes y chivo expiatorio en la operación de descarga que hace el grupo. Frente a «pagar los platos rotos», las dos implican designación deliberada.
¿Se escribe «chivo expiatorio» o «espiatorio»?
Expiatorio, con equis. Viene del verbo expiar, que significa purgar una culpa. La forma con ese es un error por contagio de espiar, que significa vigilar: son dos verbos distintos y aquí solo cabe el primero.
Fuentes consultadas
- Biblia, Levítico 16
- DLE (RAE-ASALE)
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Lavarse las manos
Desentenderse de un asunto y de sus consecuencias, declarándose ajeno a una decisión en la que en realidad se ha…
Ser un judas
Persona traidora que vende o delata a quien confía en ella, normalmente a cambio de un beneficio propio.
Haz el bien y no mires a quién
Recomienda ayudar a quien lo necesita sin calcular quién es, qué merece ni qué se podrá obtener después a cambio.
Ser más papista que el papa
Defender una causa con más rigor y celo que quienes la encabezan, hasta resultar incómodo incluso para los propios…
Predicar en el desierto
Advertir o aconsejar sin que nadie escuche, de modo que el esfuerzo de convencer se pierde por completo.
Quien a hierro mata, a hierro muere
Quien recurre a la violencia acaba siendo víctima de esa misma violencia; el daño causado vuelve sobre quien lo provocó.