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Después de la tormenta viene la calma

Respuesta rápida
«Después de la tormenta viene la calma» significa Los momentos malos pasan y a la crisis le sigue el sosiego. Se emplea para consolar en caliente, cuando lo peor ya ha ocurrido y solo queda esperar.
  • Origen histórico: La forma más antigua en castellano usa el par tempestad-bonanza, dos términos de navegación: bonanza es literalmente el estado del mar en calma. El refrán describe un hecho real del Atlántico y el…
  • Variantes frecuentes: Tras la tempestad viene la calma · Después de la tempestad viene la bonanza
  • En otros idiomas: «After the storm comes the calm» (EN)

Los momentos malos pasan y a la crisis le sigue el sosiego. Se emplea para consolar en caliente, cuando lo peor ya ha ocurrido y solo queda esperar.

El refrán promete que lo malo pasa: a la crisis le sigue el sosiego, y de momento no hay más que aguantar hasta que amaine. Se dice en caliente, cuando lo peor ya ha ocurrido y no queda nada por hacer salvo esperar. Su forma antigua, con tempestad y bonanza, delata de dónde salió.

Qué significa exactamente

Conviene empezar por lo que hace, más que por lo que dice, porque este refrán es sobre todo un instrumento. Nadie que lo pronuncia está informando a nadie: todo el mundo sabe que los malos momentos terminan. Lo que hace la fórmula es acompañar. Es una manera de decirle a alguien que se está con él sin tener que prometer nada, y por eso funciona incluso cuando resulta obvia.

Su uso correcto exige dos condiciones y falla si falta cualquiera de ellas. La primera es que lo peor haya ocurrido ya. Dicho antes de la tormenta, no consuela: alarma. La segunda es que no quede nada por hacer. Si el que escucha todavía puede actuar, el refrán deja de ser un consuelo y se convierte en una invitación a cruzarse de brazos, que es exactamente lo contrario de lo que necesita.

Tiene además un uso puramente descriptivo, sin intención de consolar a nadie: se dice de la calma extraña que sigue a una bronca. La oficina en silencio al día siguiente de la reunión tensa, la casa tranquila después de la discusión. Aquí el refrán no promete nada, constata.

Merece la pena distinguirlo con precisión de sus tres vecinos más próximos, porque se usan como si fueran intercambiables y no lo son. No hay mal que cien años dure habla de la duración: todo se acaba. Al mal tiempo, buena cara habla de la actitud: cómo comportarse mientras dura. No hay mal que por bien no venga habla del resultado: lo malo trae algo bueno. El nuestro habla de la secuencia, y solo de eso: después viene lo otro. No promete que la calma sea buena, ni que compense nada; promete únicamente que llegará.

Ese es también su límite. Es un refrán modesto, que no arregla nada y no pretende hacerlo, y ahí está su honestidad: se limita a describir cómo funcionan las cosas.

De dónde viene

La pista está en la versión antigua, que sigue circulando y que es la que revela el terreno: tras la tempestad viene la bonanza.

Bonanza no es una palabra cualquiera. En su sentido primero y propio designa el estado del mar en calma y el tiempo favorable para navegar, y así la recoge el diccionario académico. Es vocabulario de navegación, no de moral. Y su presencia en la forma antigua del refrán es el argumento principal para situar el origen en la mar.

El fenómeno que describe es real y cualquiera que haya navegado lo conoce. El paso de un frente trae viento y mar gruesa, y detrás viene el desplome: el viento cae, la mar se aplana y el barco recupera el gobierno. No es una metáfora inventada, es una observación meteorológica que se repite en el Atlántico y en el Mediterráneo con la regularidad suficiente para convertirse en sabiduría práctica antes de convertirse en consuelo.

De ahí el salto a la vida es inmediato, y es el salto que dan casi todos los refranes de este tipo: se observa un hecho de la naturaleza y se aplica a lo humano sin más trámite. Lo que hace bueno a este en concreto es que la observación es exacta.

La sustitución moderna de tempestad por tormenta y de bonanza por calma es una simple actualización léxica, y tiene una explicación que se puede seguir. Bonanza perdió su transparencia para el hablante de tierra adentro, entre otras cosas porque desarrolló el sentido derivado que hoy domina, el de prosperidad y buena racha: se habla de bonanza económica y ya casi nadie piensa en el mar. Cuando una palabra clave de un refrán deja de entenderse, el refrán se repara solo, sustituyéndola por otra que sí se entienda. Este es un caso de manual.

Hay que añadir un dato que complica cualquier atribución nacional. El refrán tiene equivalentes casi literales en italiano, en inglés y en otras lenguas europeas, lo que sugiere que pertenece a un fondo proverbial compartido y antiguo, más que a una invención castellana. Preguntar quién lo dijo primero, en estos casos, no lleva a ninguna parte.

Hasta qué punto está probado

Firme está el valor marinero de la palabra bonanza, que cualquiera puede comprobar en el diccionario. Firme está también que la forma antigua del refrán la usaba. Y firme está el hecho meteorológico que hay detrás.

Lo que no se puede afirmar es que el refrán lo acuñaran marinos. Una cosa es que use vocabulario de navegación y otra que naciera a bordo. La tormenta y la calma que la sigue son visibles desde tierra, y un labrador tiene tantos motivos como un piloto para observar que el viento cae después del chubasco. Lo único que apunta al mar es la elección de la palabra, y eso indica el registro del que se tomó el léxico, no necesariamente el oficio del que la dijo primero.

Tampoco hay una fecha. La época figura como desconocida porque lo es: el refrán está recogido por la tradición paremiológica y se documenta en repertorios, pero fijar su nacimiento en un siglo concreto exigiría un rastreo que nadie ha hecho público.

Y está el problema de las lenguas hermanas, que ya se ha apuntado. Cuando una fórmula aparece con la misma forma en varios idiomas europeos, lo más probable es que proceda de un fondo común y que cada lengua la haya vestido con su vocabulario. Esa hipótesis es más razonable que la de un préstamo en una dirección determinada, aunque tampoco se puede demostrar.

Por todo ello la ficha lo declara probable. La lectura marinera es la mejor disponible y se apoya en un dato léxico sólido; no es una certeza, y sería un error contarla como si alguien hubiera encontrado al marino que la dijo.

Cómo se usa hoy

Es uno de los refranes más vivos del español actual y se emplea sin diferencias apreciables en España y en toda América. Eso lo distingue de la mayoría de la paremiología clásica, buena parte de la cual ha quedado reducida a la primera mitad o directamente ha desaparecido del habla. Este se dice entero y lo entiende todo el mundo.

El registro es neutro, lo que le abre la puerta de la prensa, del discurso público y de la conversación por igual. Aparece con mucha frecuencia en la crónica deportiva, en la información económica y en la política, casi siempre para describir el momento posterior a una crisis.

Circulan tres formas y ninguna es incorrecta. Después de la tormenta viene la calma es la más usada hoy. Tras la tempestad viene la calma suena algo más culta. Después de la tempestad viene la bonanza conserva el vocabulario antiguo y tiene ya un aire literario que la hace especialmente adecuada para un texto escrito. En América se oye también con el verbo llegar en lugar de venir, sin que cambie nada.

El terreno delicado es el del momento oportuno. Como todas las fórmulas de consuelo, tiene su tiempo, y dicha demasiado pronto puede irritar a quien la recibe: suena a que el que habla quiere zanjar la conversación. Dicha cuando el otro ya ha terminado de contar lo que le pasa, funciona.

Conviene además no abusar de ella por escrito. Es un refrán tan conocido que en un texto puede leerse como relleno, y ahí la solución suele ser la contraria de la habitual: usar la forma con bonanza, que por menos manida vuelve a llamar la atención.

Expresiones parecidas

La familia del consuelo es de las más pobladas del castellano y cada miembro hace un trabajo distinto. No hay mal que cien años dure insiste en la duración limitada de lo malo, y suele ir acompañada de su coletilla sobre el cuerpo que lo resista. Dios aprieta pero no ahoga añade un componente providencial que la nuestra no tiene. La esperanza es lo último que se pierde apunta al ánimo, no a los hechos.

En el Río de la Plata hay una fórmula equivalente que merece mención propia por su economía: siempre que llovió, paró. Dice exactamente lo mismo con menos palabras y con la misma imagen meteorológica, y es un buen ejemplo de cómo cada variedad del español ha resuelto por su cuenta el mismo problema.

Para la actitud durante el mal trago, el recurso clásico es al mal tiempo, buena cara, que curiosamente también echa mano del tiempo atmosférico. Y para el resultado, no hay mal que por bien no venga, que promete bastante más que el nuestro y por eso resulta menos creíble.

Del lado opuesto, cuando lo que se quiere decir es que la cosa va a peor, el castellano dispone de llover sobre mojado y de la más expresiva éramos pocos y parió la abuela. Ambas usan también el registro de lo cotidiano para hablar de la acumulación de desgracias.

En inglés, el equivalente literal existe y se usa, y hay además una fórmula muy próxima en función, this too shall pass, esto también pasará, de tradición sapiencial antigua. La conocida every cloud has a silver lining pertenece a otra familia, la de encontrarle el lado bueno a lo malo, y no debe usarse como traducción de esta.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

La crisis pasa y detrás llega la tranquilidad.

Mismo sentido; alterna con «después de la tempestad viene la calma».

«Ya va a pasar; después de la tormenta viene la calma.»

Chile

Al conflicto agudo le sigue el sosiego.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Después de la tormenta viene la calma; esta semana estuvo terrible, pero ya pasó.»

Colombia

Lo peor pasa y luego vuelve la quietud.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Tranquilo, hermano, que después de la tormenta viene la calma.»

España

Todo conflicto agudo acaba dando paso a la tranquilidad

Consuelo de andar por casa; si se abusa suena a tópico

«Ha sido una reunión durísima, pero después de la tormenta viene la calma.»

México

A los momentos malos les sigue el sosiego.

Mismo sentido; convive con la forma «después de la tempestad viene la calma».

«Aguanta tantito, que después de la tormenta viene la calma.»

Perú

Tras el mal momento llega la calma.

Mismo sentido; también se oye con «tempestad».

«Después de la tormenta viene la calma, ya vas a ver.»

Uruguay

Los momentos malos pasan y a la crisis le sigue el sosiego. Se emplea para consolar en caliente, cuando lo peor ya ha ocurrido y solo queda esperar.

Venezuela

Todo alboroto termina apaciguándose.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Después de la tormenta viene la calma, pana; deja que se enfríe la cosa.»

Ejemplos de uso

  • «Los críos se han pasado la tarde a gritos y ahora duermen los dos del tirón: después de la tormenta viene la calma.»
  • «Tres semanas de discusiones y hoy nadie levanta la voz en la oficina; después de la tormenta viene la calma.»
  • «La asamblea del club terminó a voces, pero tras la tempestad viene la calma y ya se saludan otra vez.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

After the storm comes the calm

Literalmente: tras la tormenta viene la calma

IT

Dopo la tempesta viene la calma

Literalmente: tras la tempestad viene la calma

Preguntas frecuentes

¿Qué significa después de la tormenta viene la calma?

Que los momentos malos pasan y a la crisis le sigue el sosiego. Se usa para consolar cuando lo peor ya ha ocurrido y no queda nada por hacer salvo esperar, y también para describir la calma extraña que sigue a una bronca.

¿De dónde viene el refrán después de la tormenta viene la calma?

Probablemente del vocabulario marinero. Su forma antigua es tras la tempestad viene la bonanza, y bonanza significa literalmente mar en calma y tiempo favorable. La sustitución moderna es solo una actualización de palabras.

¿Se dice tormenta o tempestad?

Las dos formas son correctas y ambas circulan. Después de la tormenta viene la calma es hoy la más usada; tras la tempestad viene la bonanza conserva el vocabulario antiguo y suena más literaria.

¿Es lo mismo que no hay mal que cien años dure?

No exactamente. Ese refrán habla de la duración: todo lo malo se acaba. El de la tormenta habla de la secuencia: después del mal momento llega la calma. Tampoco es igual que al mal tiempo buena cara, que se refiere a la actitud.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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