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Dar tiempo al tiempo

Respuesta rápida
«Dar tiempo al tiempo» significa Aconseja no precipitarse y dejar que las cosas maduren solas, porque hay asuntos que solo se resuelven cuando les llega su momento.
  • Origen y documentación: No se sabe quién la dijo primero. De las obras que hemos podido mirar, la más antigua es el Quijote: en la primera parte, la de 1605, sale dos veces en la forma contraria, «sin dar tiempo al tiempo»…
  • Variantes recogidas: Hay que dar tiempo al tiempo · Al tiempo, tiempo
  • En otros idiomas: «give it time» (EN)

Aconseja no precipitarse y dejar que las cosas maduren solas, porque hay asuntos que solo se resuelven cuando les llega su momento.

Origen desconocido

No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.

No es un consejo de pereza, aunque lo parezca. Dar tiempo al tiempo recomienda no precipitarse y dejar que las cosas maduren solas, porque hay asuntos que no se resuelven antes por mucho que uno insista en resolverlos. Lo que propone no es cruzarse de brazos, sino dejar de empujar lo que no se empuja.

Qué significa exactamente

El refrán se aplica a un tipo concreto de situación: aquella cuyo desenlace no depende de la voluntad del interesado. Un duelo, una convalecencia, un pleito, una relación que necesita reposo, una herida que tiene que cerrar. En todos esos casos la intervención adicional no acelera nada y con frecuencia estorba, que es justamente lo que la sentencia intenta hacer ver.

Conviene separarlo de lo que no significa. No es una recomendación de inacción general ni un aval para dejar las cosas sin hacer, y usarlo así es un abuso frecuente. Tampoco equivale a dejar pasar el tiempo, expresión de sentido pasivo, porque aquí el tiempo aparece como el agente que trabaja: se le da margen para que actúe, igual que se le deja espacio a un albañil para que termine.

La construcción es en apariencia redundante y esa redundancia es su hallazgo. La misma palabra funciona dos veces con papeles distintos: primero como cantidad que se concede y después como sujeto que la recibe. Ese doblez fija la frase en la memoria y la hace insustituible, porque cualquier reformulación razonable, del tipo de tener paciencia, pierde toda la fuerza.

Queda por marcar la frontera con la procrastinación, que es donde más se abusa de la frase. Aplazar una tarea que depende de uno no es dar tiempo al tiempo: es no hacerla. Y la diferencia se comprueba con una pregunta: si yo actuara ahora, ¿cambiaría algo el plazo?

Hay un segundo sentido en castellano que la frase recoge de propina. Tiempo significa a la vez duración y estado de la atmósfera, y en la vida del campo esas dos cosas eran casi la misma: no se sembraba, ni se segaba, ni se hacía la matanza hasta que el tiempo lo permitiera. Así que en el campo la frase podía sonar a las dos cosas a la vez.

De dónde viene

Nadie sabe quién la dijo primero. Es de esas frases que aparecen ya hechas, en boca de cualquiera, sin que quede escrito de dónde salieron. Lo que sí se puede fechar es desde cuándo se ve escrita, y ahí hay testigos de primera.

El más antiguo es el Quijote. En la primera parte, la de 1605, sale dos veces, y las dos en la forma contraria, sin dar tiempo al tiempo, que quiere decir atropelladamente, sin dejar respirar. En 1611 la usa Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, y en un sitio bien raro: explicando qué significa el ciervo que se para a mirar a los perros que lo persiguen. Significa, dice, el hombre que en medio de sus trabajos toma aire para poder seguir, «haziendo tiempo al tiempo»; con hacer en lugar de dar, pero es la misma frase. En 1613 vuelve Cervantes, en La gitanilla, y de paso la explica: el corregidor dice que antes de la boda tienen que correr las amonestaciones, «donde se dará tiempo al tiempo, que suele dar dulce salida á muchas amargas dificultades». Eso es todavía hoy, palabra por palabra, lo que la frase quiere decir.

Y en 1615, en la segunda parte del Quijote, llega el pasaje que todo el mundo cita y casi nadie cuenta bien. No va de la ínsula que Sancho espera. Es el capítulo 71: Sancho tiene que darse tres mil trescientos azotes para desencantar a Dulcinea —«tres mil azotes y trecientos», dice el libro—, y el muy socarrón deja de dárselos en las espaldas y se los da a los árboles, suspirando como si se le arrancara el alma. Don Quijote se lo cree, se asusta y le pide que lo deje: «Por tu vida, amigo, que se quede en este punto este negocio, que me parece muy áspera esta medicina, y será bien dar tiempo al tiempo; que no se ganó Zamora en un hora».

En los diccionarios entra pronto, pero por la puerta de atrás. La Academia ya la imprime en 1729, aunque no para explicarla. Cuando necesita un ejemplo de buen castellano, lo toma de una comedia de Calderón de la Barca —el autor de teatro, 1600-1681— que se llama, justamente, Dar tiempo al tiempo; y en 1739, en otro tomo, vuelve a citar la misma comedia. Para entonces la frase estaba tan hecha que servía para titular una obra de teatro, y los académicos la daban por conocida sin más. Y hay un detalle que pica: ese tomo de 1739 es justo el de la letra T, su entrada tiempo es larguísima y recoge un montón de dichos con esa palabra, y a este no le hace sitio. La tenían delante y pasaron de largo.

El primero que le dedica una entrada propia, de los diccionarios que hemos podido abrir, es el de la Academia de 1831, que la despacha con una frialdad que da gusto: «Esperar la oportunidad ó coyuntura para hacer alguna cosa». Y le apunta un segundo sentido que hoy se ha perdido: tener manga ancha con alguien por las circunstancias en que está. En 1900, Ramón Caballero añade a quién se le dice, «…al que se impacienta por alguna cosa de que no es llegada la hora», y el diccionario de refranes de José María Sbarbi, publicado en 1922, la anota con cuatro parientes más, entre ellas dejar tiempo al tiempo, «tener paciencia para esperar las consecuencias de una cosa sin pretender forzarla».

Hasta qué punto está probado

Que la frase corría a principios del siglo XVII está a la vista: ahí está escrita, en Cervantes y en Covarrubias, y Calderón la usó de título. De dónde salió, eso no lo sabemos: ninguna de las obras que hemos podido mirar lo explica. Tampoco los tres libros modernos que suelen contar el porqué de los dichos. Dos no traen entrada para esta, y el tercero, el de Buitrago, se queda en el significado, «la necesidad de tener paciencia y de esperar», más una coletilla que todavía se oye, y si no, al tiempo.

Se cuenta a veces que viene del ritmo del campo: del barbecho que pide su año, de la viña que tarda en dar fruto, de la matanza que espera al frío. Encaja bien y podría ser, pero es una suposición, no un dato, y aquí las suposiciones no se dan por buenas.

Y hay algo más que suele contarse al revés. Esta frase no aparece en los refraneros antiguos más conocidos, al menos en los ejemplares que tenemos: ni en los refranes que juntó Hernán Núñez, que manejamos en la reimpresión de Madrid de 1804, ni en los Refranes que dizen las viejas tras el fuego, ni en la edición del Vocabulario de Correas que preparó Miguel Mir en 1906. Y lo de Correas no es solo cuenta nuestra: en 1926 Francisco Rodríguez Marín publicó una colección hecha a propósito con lo que a Correas le faltaba, y el título lo dice entero, Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas. Ahí dentro la trae dos veces, una con remate: «Dar tiempo al tiempo es buen advertimiento».

Cómo se usa hoy

Está entre los refranes más vivos del idioma y su registro es neutro, apto para cualquier conversación y para cualquier edad. Su ámbito principal es el consuelo: se dice a quien acaba de sufrir una pérdida, a quien está en plena convalecencia, a quien ha roto una relación, a quien lleva meses esperando una resolución judicial o administrativa.

Tiene también un empleo educativo y otro laboral. Se le dice a un adolescente que quiere resultados inmediatos, a alguien que ha empezado un trabajo nuevo y aún no se maneja, a un padre preocupado porque su hijo tarda en adaptarse a algo. En todos esos casos la frase funciona como permiso: autoriza a no tener ya la solución.

La medicina lo ha adoptado sin necesidad de traducirlo: es lo que se le dice a quien sale de una operación, a quien lleva semanas con una lesión que no acaba de irse o a quien se impacienta con una rehabilitación. Ahí el refrán es literalmente cierto, porque el tejido tarda lo que tarda y ni el mejor tratamiento acorta ese plazo por debajo de cierto punto.

Ha envejecido especialmente bien, y el motivo es que encaja con el vocabulario contemporáneo de la salud mental. Donde el refranero dice dar tiempo al tiempo, hoy se habla de procesos, de duelo, de fases y de respetar los ritmos de cada uno. La sentencia se ha instalado en ese discurso sin ningún esfuerzo, y por eso la usan con igual naturalidad un abuelo y un terapeuta.

Se cita entero, se recorta en un dale tiempo y se emplea también en primera persona, como decisión propia, cuando alguien anuncia que va a dejar de insistir en algo.

Queda una advertencia honesta sobre su uso torcido. La misma frase que consuela sirve para dar largas, y no es cosa de ahora: en 1879 Galdós retrata a un hombre que va entreteniendo a los suyos por carta mientras espera a que le suelde un hueso roto, y lo resume así: «Así les engañaba, dando tiempo al tiempo». En política, en administración y en cualquier organización, pedir tiempo al tiempo es un modo elegante de aplazar lo que a uno no le conviene resolver, y ahí la paciencia deja de ser una virtud para convertirse en una táctica que beneficia a quien ya está cómodo. El refrán no distingue entre las dos cosas: lo tiene que hacer el que escucha.

Expresiones parecidas

El más cercano en razonamiento es no por mucho madrugar amanece más temprano, que dice exactamente lo mismo con un ejemplo imbatible: por mucho que uno se esfuerce, hay procesos que llevan su marcha. La diferencia es de tono, porque aquel se dirige al que corre y este al que sufre esperando.

A su tiempo maduran las uvas conserva la referencia agrícola explícita y suena hoy más rural. Vísteme despacio, que tengo prisa añade un elemento que aquí no está, el de que la precipitación además estropea el trabajo. Y no debe confundirse con el tiempo lo cura todo, que se le parece mucho y no dice lo mismo: aquel promete un resultado, la desaparición del dolor, mientras que este solo pide un plazo y no garantiza nada.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1605
Don Quijote de la Mancha (primera parte, cap. XXXIV)
Obra de Miguel de Cervantes.

«sin dar tiempo al tiempo para que Anselmo le tuviese de volver»

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Tener paciencia y no forzar los plazos.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Tranquilo, dale tiempo al tiempo, que esto se acomoda.»

Chile

Esperar sin apurar lo que tiene su propio ritmo.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Hay que darle tiempo al tiempo, po, esto no se arregla de un día para otro.»

Colombia

Dejar que las cosas maduren sin apurarlas.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«No se afane, mijo, hay que darle tiempo al tiempo.»

España

Tener paciencia y no forzar los plazos

Consejo de calma; se dice a quien se impacienta con un duelo, un pleito o una convalecencia

«No la agobies con preguntas, hay que dar tiempo al tiempo.»

México

No precipitarse y dejar que las cosas se resuelvan solas cuando les toque.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«No te desesperes, hay que darle tiempo al tiempo.»

Perú

Tener paciencia con lo que no depende de uno.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Cálmate, hay que darle tiempo al tiempo.»

Uruguay

Mismo sentido que el general

Venezuela

No apresurar lo que necesita su momento.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Tranquila, mija, dale tiempo al tiempo.»

Ejemplos de uso

  • «La niña ya hablará cuando le toque, así que hay que dar tiempo al tiempo.»
  • «El equipo nuevo aún se está haciendo, demos tiempo al tiempo antes de juzgar a nadie.»
  • «El barrio tardará en acostumbrarse a la calle peatonal: hay que dar tiempo al tiempo.»

Así suena en una conversación

Cómo se dice en otros idiomas

EN

give it time

Literalmente: dale tiempo

Preguntas frecuentes

¿Qué significa dar tiempo al tiempo?

Que conviene no precipitarse y dejar que las cosas maduren solas, porque hay asuntos que solo se resuelven cuando les llega su momento. No es una invitación a no hacer nada.

¿De dónde viene dar tiempo al tiempo?

No se sabe. De las obras que hemos podido mirar, la más antigua es el Quijote: en 1605 sale dos veces en la forma contraria, «sin dar tiempo al tiempo», y en 1615 es don Quijote quien se la dice a Sancho para que deje de azotarse. Calderón le puso ese título a una comedia que la Academia ya citaba en 1729. Lo del ritmo del campo encaja bien, pero es una suposición, no un dato.

¿Cuándo se dice dar tiempo al tiempo?

A quien se impacienta con algo que no depende de él: un duelo, una convalecencia, un pleito o una relación que necesita reposo. También se usa al empezar un trabajo nuevo.

¿Es lo mismo que el tiempo lo cura todo?

No. Dar tiempo al tiempo pide un plazo y no promete nada. El tiempo lo cura todo afirma un resultado concreto, que el dolor acabará atenuándose.

Fuentes y referencias

  1. Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha (1605), primera parte, cap. XXXIV, «sin dar tiempo al tiempo para que Anselmo le tuviese de volver»
  2. Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha (1605), primera parte, cap. XXXVIII, «sin dar tiempo al tiempo de sus muertes»
  3. Covarrubias Orozco, Sebastián de, Tesoro de la lengua castellana o española (1611), s. v. ciervo, «haziendo tiempo al tiempo» (en el ejemplar de 1611, bub_gb_qitRIkmyMt8C, el escaneo imprime ahí «batiendo»; la lectura queda fijada con la reimpresión de 1873, tesorodelalengua00covauoft, donde el mismo pasaje del ciervo se lee limpio)
  4. Cervantes Saavedra, Miguel de, Novelas ejemplares (1613), La gitanilla, «donde se dará tiempo al tiempo, que suele dar dulce salida á muchas amargas dificultades»
  5. Cervantes Saavedra, Miguel de, Don Quijote de la Mancha (1615), segunda parte, cap. LXXI, «será bien dar tiempo al tiempo; que no se ganó Zamora en un hora»
  6. Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana [Autoridades], tomo segundo, que contiene la letra C (1729), s. v. caños de Carmona, cita de autoridad «Dar tiempo al tiempo, Jorn.3.», tomada de una comedia de Calderón; el tomo sexto, que contiene las letras S.T.V.X.Y.Z (1739), cita la misma comedia s. v. ver (ahí el escaneo imprime claro «CALD.Com.», que es lo que fija el autor), y su entrada tiempo, que es la de la letra T, no da entrada a la locución
  7. Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1831), s. v. tiempo, «DAR TIEMPO AL TIEMPO f. Esperar la oportunidad ó coyuntura para hacer alguna cosa.»
  8. Caballero y Rubio, Ramón, Diccionario de modismos (frases y metáforas) (1900), s. v. dar tiempo al tiempo, «Dícese, metafórica y familiarmente, al que se impacienta por alguna cosa de que no es llegada la hora.»
  9. Sbarbi y Osuna, José María, Diccionario de refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases proverbiales de la lengua española (1922), tomo II, s. v. tiempo, «Dejar tiempo al tiempo. Tener paciencia para esperar las consecuencias de una cosa sin pretender forzarla.»
  10. Rodríguez Marín, Francisco, Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas (1926), letra D, «Dar tiempo al tiempo es buen advertimiento.»
  11. Pérez Galdós, Benito, Un faccioso más y algunos frailes menos, Episodios Nacionales II,10 (1879), «Así les engañaba, dando tiempo al tiempo, hasta que llegara el de la soldadura del hueso…»
  12. Buitrago, Alberto, Diccionario de dichos y frases hechas, s. v. tiempo al tiempo [dar] (y si no, al tiempo), «Señalamos con este dicho la necesidad de tener paciencia y de esperar.»

Qué sostiene esta ficha

  • Certeza declarada: el origen no está documentado.
  • Fuentes citadas: 12 obras.
  • Testimonio escrito citado: Don Quijote de la Mancha (primera parte, cap. XXXIV), 1605.
  • Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.

Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.

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