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Por los Reyes, lo conocen los bueyes

Respuesta rápida
«Por los Reyes, lo conocen los bueyes» significa Para el 6 de enero el día ha crecido lo bastante como para que hasta los bueyes lo noten. Es la forma campesina de decir que el invierno ha doblado ya la esquina.
  • Origen histórico: El refrán mide el solsticio con el único reloj del labrador: la jornada de la yunta. Entre el 21 de diciembre y el 6 de enero el día se alarga apenas unos minutos, pero casi todos por la tarde, y esa claridad…
  • Variantes frecuentes: Por los Reyes, lo notan los bueyes · Por Navidad, cada día un paso de gallo; por los Reyes, bobo el que no lo viere · Por los Reyes, lo conoce el asno y lo conocen los bueyes

Para el 6 de enero el día ha crecido lo bastante como para que hasta los bueyes lo noten. Es la forma campesina de decir que el invierno ha doblado ya la esquina.

Para el 6 de enero el día ha crecido lo justo para que se note, y el refrán lo certifica con el testigo menos sofisticado que había en el campo: si hasta los bueyes se dan cuenta, es que la cosa es evidente. Es la manera campesina de anunciar que el invierno ha doblado ya la esquina, aunque falte lo más frío.

Qué significa exactamente

La frase admite dos lecturas y las dos funcionan. La primera es de hipérbole: el buey pasa por ser el animal menos despierto del corral, de modo que si él lo aprecia, no hay discusión posible. La segunda es más interesante y es la que sostiene la ficha: el buey lo nota porque le afecta. La yunta araba de sol a sol, y cada minuto de claridad que se ganaba era un minuto más de surco. El animal era, literalmente, el reloj del labrador.

Conviene añadir una tercera explicación, menos noble y probablemente decisiva: el buey está ahí porque rima con Reyes. El refranero elige a sus protagonistas por el oído tanto como por la lógica, y este es un caso de manual. La variante «por los Reyes, lo conoce el asno y lo conocen los bueyes» amplía el reparto sin cambiar la idea, y «por los Reyes, lo notan los bueyes» solo retoca el verbo.

Hay una variante larga que merece rescatarse entera por la unidad de medida que usa: «por Navidad, cada día un paso de gallo; por los Reyes, bobo el que no lo viere». El paso de gallo es una medida popular para lo mínimo perceptible, el equivalente campesino de decir un pelín. Primero el día crece un paso de gallo al día, imperceptible; para Reyes, quien no lo vea es que no quiere mirar.

De dónde viene

De la observación agrícola combinada con la fecha más marcada del calendario de invierno. Reyes cerraba el ciclo festivo y lo sabía todo el mundo, así que servía de mojón perfecto para colgar de él una observación que, por sí sola, no tenía dónde agarrarse.

La observación es correcta, y explicarla revela por qué el refrán insiste tanto en la percepción. Entre el solsticio del 21 de diciembre y el 6 de enero el día crece muy poco, cuestión de unos minutos. Pero ese crecimiento no se reparte a partes iguales: casi todo va por la tarde. El amanecer, de hecho, sigue retrasándose hasta primeros de enero, de modo que las mañanas todavía parecen ir a peor mientras las tardes ya han empezado a alargarse. Como el labrador terminaba la jornada al oscurecer, la ganancia le llegaba justo por donde la notaba: al final del surco.

No hay texto que fije el origen del refrán. No se le conoce autor ni primera documentación fechada, y la ficha deja la época en desconocido, que es lo honesto. Está recogido en los repertorios de refranes, y eso acredita que circula, no cuándo empezó a hacerlo.

Hasta qué punto está probado

Certeza probable, y aquí conviene separar dos planos que suelen confundirse. El fenómeno astronómico es un hecho medible y no admite duda: el día crece desde el solsticio, y lo hace sobre todo por la tarde. La historia del refrán, en cambio, está en blanco: ni fecha, ni autor, ni primer testimonio.

Y hay un tercer plano, el más divertido, que no está probado en absoluto: si los bueyes lo notan o no. Nadie lo ha medido, ni falta que hace. Lo que el refrán describe es la percepción del que ara, atribuida al animal que tiene delante durante diez horas al día. Es un recurso poético, no una observación zoológica, y leerlo al pie de la letra sería tomarle el pelo al refranero o dejar que él nos lo tome a nosotros.

Cómo se usa hoy

Sobrevive bien porque el fenómeno que describe lo sigue notando todo el mundo, tenga o no bueyes. Se dice en enero, en la calle o en la sobremesa, cuando alguien repara en que a las seis y media todavía hay claridad. El registro es neutro y el tono, de satisfacción moderada: es de los pocos refranes de invierno que traen buenas noticias.

Que el buey haya desaparecido de la vida cotidiana no lo ha perjudicado. Los refranes suelen sobrevivir a sus referentes sin despeinarse, y aquí el animal funciona como figura reconocible aunque el hablante no haya visto arar en su vida. Sí es cierto que se oye más en el mundo rural y en boca de hablantes mayores, y que un urbanita joven puede no tenerlo en su repertorio activo aunque lo entienda a la primera.

Es refrán peninsular. La fecha de Reyes se celebra en buena parte del mundo hispanohablante y la referencia se reconoce sin problema, pero la fórmula no forma parte del uso corriente fuera de España. Conviene recordar además que todo el calendario de luz del refranero español está calculado para el hemisferio norte: en el sur, el 6 de enero es pleno verano y el refrán no significaría nada.

Expresiones parecidas

«Por San Sebastián, una hora más» es el siguiente peldaño de la misma escalera: dos semanas después, la ganancia ya se cuenta en horas, aunque la cuenta sea generosa. «Por Santa Lucía mengua la noche y crece el día» abre la serie el 13 de diciembre, antes incluso del solsticio, con un famoso desajuste que se explica por el calendario que se usaba antes de la reforma gregoriana. «Hasta San Antón, Pascuas son» comparte el ciclo navideño y habla de fiestas en lugar de luz. Y «cuando crece el día, crece el frío» es el contrapeso imprescindible de todos ellos: avisa de que la luz vuelve mucho antes que el buen tiempo, no vaya a ser que alguien se confíe con la claridad de las seis y media.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

España

Después de Reyes se nota que el día crece

Se dice al ver que a las seis todavía hay claridad

«Mira qué luz a las seis y media: por los Reyes, lo conocen los bueyes.»

Preguntas frecuentes

¿Qué significa por los Reyes, lo conocen los bueyes?

Que para el 6 de enero el día ha crecido lo suficiente como para que el alargamiento se note ya sin esfuerzo. El buey funciona como testigo: si hasta él lo aprecia, es evidente.

¿Cuánto crece el día entre Navidad y Reyes?

Muy poco, cuestión de minutos, y casi todo por la tarde. El amanecer sigue retrasándose hasta primeros de enero, así que la ganancia se percibe al final del día y no por la mañana.

¿De dónde viene este refrán?

De la observación agrícola atada a la fecha de Reyes, que era un mojón del calendario conocido por todos. No se le conoce autor ni primera documentación fechada, y su época es desconocida.

¿Qué es un paso de gallo?

Una unidad popular para lo mínimo perceptible, la que usa la variante larga: «por Navidad, cada día un paso de gallo». Sirve para decir que el día crece un poquito cada jornada.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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