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Antes se coge al mentiroso que al cojo

Respuesta rápida
«Antes se coge al mentiroso que al cojo» significa Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.
  • Origen histórico: El refrán juega con dos sentidos de coger: alcanzar a alguien que huye y sorprenderlo en falta. Al cojo se le alcanza porque no corre; al mentiroso, antes todavía, porque necesita memoria y se le acaba. Está…
  • Variantes frecuentes: Se coge antes a un mentiroso que a un cojo · Más pronto se coge al mentiroso que al cojo
  • En otros idiomas: «A liar is sooner caught than a cripple» (EN)

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Al mentiroso se le pilla antes que al cojo porque acaba contradiciéndose solo. Eso dice el refrán: sostener un embuste exige una memoria que casi nadie tiene, y el relato falso se cae sin que haga falta perseguirlo. Se suelta en el momento exacto de cazar a alguien en una contradicción, con una mezcla de triunfo y de reproche.

Qué significa exactamente

La sentencia no condena la mentira por inmoral, sino por ineficaz. Es una diferencia de fondo y explica su tono, que no es el del púlpito sino el del que ha visto muchas. El argumento es práctico: quien inventa una versión tiene que recordarla entera, mantenerla igual ante distintos interlocutores y hacerla encajar con todo lo que se sabe de él. La verdad no exige ese trabajo, porque se sostiene sola. Al final el mentiroso tropieza con su propio archivo.

Todo el refrán descansa sobre un juego que pasa desapercibido de tan bien hecho. Coger significa aquí dos cosas a la vez: alcanzar al que huye, que es lo que le pasa al cojo, y sorprender a alguien en falta, que es lo que le pasa al mentiroso. La comparación solo funciona porque el castellano tiene los dos sentidos en el mismo verbo, y funciona además con una ironía añadida: se supone que el cojo es el caso extremo de facilidad para ser atrapado, y el refrán encuentra uno todavía más fácil.

El cojo no aparece por burla, sino como figura proverbial del que no puede correr, muy frecuente en el refranero antiguo. Aun así, hoy la comparación con una discapacidad chirría a bastantes oídos, y conviene saberlo antes de usarla delante de cualquiera. No es un problema de la lengua del siglo XVII, es un problema de la conversación de hoy.

Su pariente más citado, la mentira tiene las patas cortas, dice algo parecido con otra medida: allí la mentira no llega lejos, aquí se descubre pronto. Uno mide distancia, el otro tiempo. Y llama la atención que los dos le atribuyan a la mentira un problema de piernas.

De dónde viene

Correas lo recoge en su vocabulario de refranes, en el primer tercio del siglo XVII, con una redacción prácticamente igual a la de hoy. También circulan las variantes con pillar y con el orden cambiado, señal de que la fórmula se dijo mucho antes de fijarse por escrito, como pasa con casi todo el refranero.

Detrás hay una observación que la tradición culta llevaba siglos formulando. La retórica latina la había dejado en una frase que se estudiaba en las escuelas: conviene que el mentiroso tenga memoria, atribuida a Quintiliano. Los refraneros castellanos recogen también la versión romance, el mentiroso ha de tener buena memoria, que dice exactamente eso mismo sin comparación de por medio. Lo que aporta el refrán del cojo es la imagen, es decir, la parte popular del invento.

No hay episodio histórico ni personaje que rastrear. Es una constatación de tribunal, de mercado y de cocina, de esos lugares donde la gente lleva milenios pillándose las contradicciones unos a otros, puesta en fórmula memorable con una comparación exagerada. Ese mecanismo, el de comparar con un caso extremo para reforzar la afirmación, es de los más productivos del refranero.

Hasta qué punto está probado

Documentado está su uso: la fórmula figura en los repertorios clásicos y de ahí no se ha movido. Lo que no puede afirmarse es la relación exacta con la sentencia latina. Que el refrán castellano derive de ella es posible, pero también lo es que ambas formulen por separado una observación que cualquiera puede hacer sin haber leído a nadie. La comparación con el cojo no está en el latín, y eso más bien apunta a una creación popular independiente que coincidió con la sentencia culta.

Nadie sabe cuándo se dijo por primera vez ni quién lo dijo. Con los refranes de motivación transparente eso es la norma, no una laguna que haya que tapar con una historia.

Cómo se usa hoy

Coloquial y vivo, aunque menos frecuente que la mentira tiene las patas cortas, que le ha ido comiendo terreno. Se dice casi siempre en pasado y a toro pasado: cuando la contradicción ya ha salido a la luz y el que habla puede permitirse el tono de quien lo veía venir. Como advertencia previa apenas se usa.

Aparece en la conversación familiar, en la oficina y en el comentario político, que es su hábitat natural moderno: pocas actividades producen tantas versiones incompatibles del mismo asunto. El tono no llega a ser insultante, pero sí es de superioridad, y el que lo recibe lo nota.

Fuera de España tiene un problema práctico que conviene tener presente. En buena parte de América, y en el Cono Sur de manera muy marcada, el verbo coger tiene un sentido sexual dominante que convierte el refrán, dicho tal cual, en algo involuntariamente cómico. Allí la misma idea se expresa con agarrar o pillar, y de hecho es la mentira de las patas cortas la fórmula que circula sin fricciones por todo el ámbito hispanohablante.

Expresiones parecidas

La mentira tiene las patas cortas es la hermana más usada y ya se ha visto en qué se diferencian. Por el hilo se saca el ovillo se ocupa de la otra mitad del proceso, la del que investiga: no dice que el mentiroso se delate, sino que un detalle pequeño permite reconstruirlo todo. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo no es otro refrán, sino la misma fórmula con el verbo cambiado, y hoy suena más natural. Y el que tiene boca se equivoca juega en el bando contrario, porque sirve para disculpar precisamente el desliz que este refrán celebra haber cazado.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1627
Vocabulario de refranes y frases proverbiales
Obra de Gonzalo Correas.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Colombia

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

España

El mentiroso se delata solo

Se dice al cazar a alguien en una contradicción

«Ayer dijo que estaba en Madrid y hoy que no salió de casa: antes se coge al mentiroso que al cojo.»

México

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Perú

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Uruguay

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Venezuela

Al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, y eso lo delata más deprisa de lo que la cojera delata al que no puede correr.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

A liar is sooner caught than a cripple

Literalmente: a un mentiroso se le atrapa antes que a un tullido

Preguntas frecuentes

¿Qué significa antes se coge al mentiroso que al cojo?

Que al que miente se le pilla enseguida porque acaba contradiciéndose, incluso antes de lo que se alcanza a quien no puede correr. Sostener una mentira exige una memoria que casi nadie tiene.

¿De dónde viene antes se coge al mentiroso que al cojo?

Del refranero castellano clásico, que ya lo recoge en el siglo XVII. Juega con los dos sentidos de coger: alcanzar al que huye y sorprender a alguien en falta. No se le conoce un episodio de origen.

¿Cuándo se dice antes se coge al mentiroso que al cojo?

Justo al descubrir una contradicción en el relato de alguien, con tono de triunfo o de reproche. Se usa a toro pasado, casi nunca como advertencia previa.

¿Se usa este refrán en América?

Se entiende, pero el verbo coger tiene allí un sentido sexual dominante que lo vuelve cómico. En América circula más la mentira tiene las patas cortas, o la misma frase con agarrar o pillar.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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