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Venirse abajo

Respuesta rápida
«Venirse abajo» significa Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.
  • Origen histórico: Parte de la imagen del edificio que se derrumba, aplicada al ánimo. Es una metáfora tan común que aparece en muchas lenguas sin necesidad de préstamo, y en español convive con hundirse, desmoronarse y caerse…
  • Variantes frecuentes: Vino abajo · Hundirse
  • En otros idiomas: «to fall apart» (EN)

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

Cuando alguien se viene abajo pierde el ánimo de golpe y se queda sin fuerzas para seguir. La misma fórmula vale para las cosas: un plan, un negocio o un edificio que se desmorona. La imagen procede del derrumbe de una construcción y es tan transparente que no hace falta buscarle un origen histórico, aunque tampoco esté fechada.

Qué significa exactamente

La expresión tiene dos vidas que conviven sin estorbarse.

En sentido literal, algo que se viene abajo se cae: un muro, un techo, un andamio. Ese uso sigue vivo y es el que aparece en las crónicas de sucesos. En sentido figurado, que es el más frecuente, se aplica al ánimo: quien se viene abajo se derrumba anímicamente, deja de poder con la situación y a menudo rompe a llorar.

Lo específico de la expresión, frente a otras que hablan de tristeza, es la brusquedad y la totalidad. No describe una melancolía sostenida ni un bajón de tarde. Describe el instante en que la resistencia cede. De ahí que se use tanto con la estructura del aguante previo: aguantó toda la reunión y se vino abajo al salir; estuvo entera en el hospital y se vino abajo en el coche. Ese contraste entre la contención y el desplome es casi parte del significado.

La tercera aplicación es la de los proyectos. Un negocio, una candidatura, una acusación o una coartada se vienen abajo cuando dejan de sostenerse. Aquí la metáfora arquitectónica se ve mejor que en ninguna parte: lo que se viene abajo es una construcción, y lo que falla es su base.

Admite sujeto colectivo y abstracto sin forzar nada: se viene abajo una defensa, una teoría, un mercado o el ambiente de una fiesta. En todos los casos lo que cede es la estructura que sostenía algo, y esa es la constante del significado.

Frente a hundirse, que es más profundo y más duradero, venirse abajo es puntual. Frente a estar de bajón, que es coloquial y leve, es grave. Y frente a derrumbarse, que dice casi lo mismo, tiene la ventaja de sonar menos literario.

De dónde viene

La imagen de partida es la de un edificio que se desploma. El español la ha aplicado al ánimo por la misma vía por la que aplica al carácter tantas metáforas de construcción: alguien puede ser sólido, tener buenos cimientos, resquebrajarse, agrietarse o desmoronarse. La persona se concibe como una estructura que se mantiene en pie mientras aguanta el peso.

Esa correspondencia se apoya en el esquema vertical del ánimo que ordena buena parte del vocabulario emocional: arriba lo bueno y la fuerza, abajo lo malo y la debilidad. Estar por los suelos, caer en la tristeza, levantar el ánimo, hundirse en la miseria. No es un rasgo del español, es un patrón que se repite en muchísimas lenguas y que probablemente arranca de algo tan físico como la postura del cuerpo: el abatido se encoge y el animado se yergue.

Con ese material, la locución no necesita explicación adicional. El verbo venir con adverbio de lugar es un molde antiguo del castellano, y el sentido resulta de la suma de las piezas. Es lo que se llama un origen transparente, y decirlo así es más honesto que inventarle una historia.

Por qué esta viaja y su hermana no

Un detalle que apoya la antigüedad de esta fórmula frente a la de venirse arriba: venirse abajo se usa en todo el ámbito hispánico, mientras que la de arriba es peninsular y reciente. Cuando una expresión está repartida por América y por España suele ser porque ya existía antes de que las variedades se separasen o porque se difundió muy pronto. No es una prueba, pero es un indicio razonable de que esta es la vieja de la pareja y que la otra se formó después por oposición.

Hasta qué punto está probado

La ficha marca el origen como probable, y conviene entender qué significa aquí esa reserva, porque no afecta a la explicación sino a su datación.

Que la imagen viene del derrumbe de una construcción no lo discute nadie ni podría discutirse: es el sentido literal de la expresión, que sigue en uso, y el figurado se deriva de él a la vista. La reserva está en otro sitio.

La época que consta en la ficha, el siglo XIX, es una estimación y no una datación. No figura una primera documentación con obra, autor ni año, de modo que no se puede afirmar cuándo empezó a decirse de una persona que se viene abajo. Y aquí hay que ser especialmente cuidadoso, porque la trampa es sutil: el uso literal, el del edificio, es sin duda mucho más antiguo, pero eso no fecha el figurado. Documentar la caída de un muro no documenta el desánimo de nadie. Son dos usos distintos de la misma fórmula y solo el segundo es el que interesa a esta ficha.

Del mismo modo, la universalidad de la metáfora vertical no sirve como fecha. Que el esquema sea antiquísimo y esté en todas las lenguas explica por qué la expresión resultaba natural, no cuándo se dijo por primera vez en castellano con este valor.

Cómo se usa hoy

Está plenamente viva y su registro es amplio: cabe en la conversación más informal y también en un texto serio, porque no tiene marca coloquial fuerte. Se lee en prensa, se oye en un juzgado y se dice en casa.

Tiene un uso delicado que conviene medir: aplicada a una persona, describe un momento de debilidad y por tanto puede sonar a juicio si se dice en según qué contextos. Decir de alguien que se vino abajo en una entrevista de trabajo no es neutro. En cambio, dicho con afecto, es una de las formas más comprensivas de contar que alguien lo pasó mal, precisamente porque presupone que antes había aguantado.

Aplicada a cosas es completamente neutra y muy frecuente en el lenguaje económico, jurídico y deportivo: se vino abajo la acusación, se vino abajo el mercado, se vino abajo el equipo en la segunda parte.

A diferencia de venirse arriba, esta se entiende y se emplea en casi todo el ámbito hispanohablante, con la misma doble lectura literal y anímica. Es una de las pocas de este grupo que no necesita traducción al cruzar el Atlántico. En algunos países conviven con ella desplomarse y caerse a pedazos, que cubren el mismo terreno.

Expresiones parecidas

Venirse arriba es su contraria y forma con ella un sistema completo: la misma persona sube y baja con las mismas palabras cambiando el adverbio. Hundirse describe un estado más profundo y más largo, casi clínico. Estar de bajón es la versión coloquial y leve, propia del habla joven, y no implica derrumbe. Desmoronarse es prácticamente sinónima y suena algo más escrita.

En el terreno de los proyectos, irse al traste y irse a pique dicen lo mismo con otras imágenes, la del recipiente roto y la del barco que se hunde, y ninguna de las dos se aplica bien a las personas. Tirar la toalla se distingue con nitidez: quien tira la toalla decide abandonar, quien se viene abajo no decide nada, le ocurre. Esa diferencia entre la voluntad y el desplome es la que hay que tener presente al elegir una u otra.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

Chile

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

Colombia

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

España

Derrumbarse anímicamente

Vale igual para personas y para proyectos

«Aguantó toda la reunión y se vino abajo al salir a la calle.»

México

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

Perú

Perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas para seguir. Se dice de una persona que se derrumba y también de un plan o un negocio que se desmorona.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to fall apart

Literalmente: desmontarse

Preguntas frecuentes

¿Qué significa venirse abajo?

Significa perder el ánimo de golpe y quedarse sin fuerzas. Vale para una persona que se derrumba y para un plan, un negocio o un edificio que se desmorona.

¿De dónde viene la expresión venirse abajo?

De la imagen del edificio que se derrumba, aplicada al ánimo. La metáfora es transparente y aparece en muchas lenguas, pero la locución no tiene una fecha documentada.

¿Es lo mismo venirse abajo que tirar la toalla?

No. Quien tira la toalla decide abandonar; quien se viene abajo no decide nada, se derrumba. Una es una elección y la otra, un desplome.

¿Se usa venirse abajo en América?

Sí, se entiende y se emplea en casi todo el ámbito hispanohablante, con el mismo doble sentido literal y anímico, a diferencia de venirse arriba, que suena mucho más español.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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