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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Ser del año de la pera

Respuesta rápida
«Ser del año de la pera» significa Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.
  • Origen histórico: Compiten varias explicaciones sin que ninguna se imponga. Se ha propuesto que la pera alude al bandolero catalán apodado Perot lo Lladre, activo en el siglo XVI, cuyo nombre habría degenerado; también se…
  • Variantes frecuentes: Del año de la polca · Del año catapum
  • En otros idiomas: «from the year dot» (EN)

Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Del año de la pera es todo lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, tanto que ya nadie sabría decir de cuándo data. Se dice del móvil que aún se abre por la mitad, del abrigo que lleva veinte años en el armario y de la costumbre que solo mantienen los abuelos. El año de la pera no existe: es una fecha inventada para no dar ninguna.

Qué significa exactamente

La fórmula sitúa algo en un pasado impreciso y ridículo. No informa de la antigüedad real, la exagera, y por eso funciona igual con un objeto de cuarenta años que con uno de siete que ha quedado desfasado. La clave no es la edad, es el desfase: algo es del año de la pera cuando pertenece a un mundo que ya se acabó.

Se aplica sobre todo a objetos, ropa, tecnología, canciones y costumbres. Con personas se usa poco y con cuidado, porque decir que alguien es del año de la pera roza la ofensa; lo habitual es aplicarlo a lo que la persona lleva o hace, no a ella. El tono es burlón pero afectuoso, sin acritud, y la burla suele ir acompañada de cierta ternura hacia el trasto en cuestión.

La construcción

Funciona como atributo de ser con preposición: es del año de la pera. También como modificador de un sustantivo, sin verbo, y en esa posición es donde más se oye: un abrigo del año de la pera, unas ideas del año de la pera. El bloque no se toca por dentro.

Es invariable. No hay años de las peras, no se cambia el artículo y no admite precisión de ningún tipo, porque quien la usa está renunciando expresamente a dar una fecha. La fórmula existe para no informar, y ese es justamente su cometido: sustituir un dato que nadie tiene por una broma que todos entienden.

Una familia de fechas falsas

La expresión no está sola. El español tiene un repertorio de dataciones inventadas que funcionan igual: del año de la polca, del año catapum, del año de la nana, del año de Maricastaña o en tiempos de Maricastaña. Todas comparten estructura, todas nombran un año que no se puede consultar y todas valen lo mismo, así que son intercambiables en la práctica.

De ese grupo, solo una tiene referente comprobable: la polca fue el baile de moda en la Europa de mediados del siglo XIX, de modo que del año de la polca apunta a un momento real de furor pasado. Las demás son puro sonido, y esa comparación es la que mejor ilumina el caso de la pera.

De dónde viene

Compiten varias explicaciones y ninguna se impone. Conviene exponerlas todas y decir qué se sostiene de cada una.

La hipótesis del bandolero

La primera propone que la pera no es una fruta sino un nombre propio deformado: el del bandolero catalán apodado Perot lo Lladre, activo en el siglo XVI, de modo que l any d en Perot habría pasado al castellano como año de la pera. Es la versión que más circula. Tiene en contra que exige un préstamo del catalán al castellano y una degradación fonética que nadie ha documentado con textos intermedios; el salto se afirma, no se muestra.

La hipótesis de la perilla

La segunda apunta a la barba en punta llamada perilla, que llevaron ciertos políticos y militares del siglo XIX, y hace de la fórmula una alusión a esa moda pasada. Encaja mejor con la datación decimonónica del catálogo, pero tampoco tiene apoyo textual: no hay constancia de que se dijera del año de la perilla ni de que la locución naciera de ahí.

La hipótesis de que no hay nada detrás

La tercera es la que más convence, y por un argumento de conjunto: la expresión pertenece a esa serie de fechas falsas en la que el sustantivo se elige por el sonido y no por el sentido. Nadie busca al personaje del año catapum, porque es evidente que no lo hay. Si la pera se comporta exactamente igual que catapum, la nana o la polca en cuanto a construcción, uso y tono, lo económico es pensar que también se eligió por lo mismo: una palabra corta, sonora y sin peso, que sirve justamente porque no significa nada.

Hasta qué punto está probado

La certeza catalogada es disputado, y con razón: hay varias explicaciones en competencia y ninguna con documentación. No existe primera documentación en la ficha, y la época que se le asigna, el siglo XIX, es una estimación coherente con la datación de las fórmulas hermanas, no una fecha con respaldo.

Merece la pena señalar el mecanismo que produce estas etimologías. Cuando una expresión contiene un nombre común usado de manera absurda, la gente busca detrás un nombre propio, porque un personaje explica lo que la lógica no explica. Es el mismo impulso que ha generado biografías completas para Maricastaña. A veces se acierta, pero el acierto hay que probarlo con textos, y aquí no los hay ni para el bandolero ni para la perilla.

Cómo se usa hoy

Está viva, es coloquial y no ofende a nadie. Se oye en la conversación diaria, en la familia y en la prensa ligera, y ha rejuvenecido gracias a la tecnología: nunca hubo tantos objetos que envejecieran tan deprisa, y la fórmula se aplica hoy a un teléfono de hace seis años con la misma naturalidad con que antes se aplicaba a un baúl.

Suele ir en atributo con ser, aunque también se usa como complemento sin verbo: un traje del año de la pera. Admite ironía cariñosa y admite queja. Lo que no admite es contexto formal escrito, donde se pediría una fecha de verdad.

Tiene un uso característico en la conversación entre generaciones. Los mayores la aplican a sus propias cosas, medio en broma, adelantándose a la burla de los jóvenes; los jóvenes la aplican a los objetos de sus padres. Ese ir y venir la mantiene fresca, porque el desfase se renueva cada pocos años y siempre hay algo nuevo que ya ha quedado viejo.

Cabe también en la autocrítica, referida a las propias ideas o costumbres, y ahí suena simpática. Lo que no admite es el tono agrio: para despreciar de verdad, el español dispone de fórmulas menos amables, y esta arrastra siempre un punto de guasa.

Fuera de España se entiende poco, y no porque las palabras sean difíciles, sino porque cada país tiene sus propias fechas inventadas: en México se dice del año del caldo, y en el Río de la Plata y la zona andina se oye del tiempo de Ñaupa, del quechua ñawpa, antiguo. Quien escriba para varios mercados hará bien en cambiar de fórmula, porque estas no viajan: son justamente el tipo de expresión que cada comunidad fabrica por su cuenta.

Expresiones parecidas

Dentro de la misma serie, del año catapum es la más claramente disparatada y la que mejor descubre el mecanismo. Del año de la polca es equivalente y algo más culta de aire. En tiempos de Maricastaña se aplica mejor a costumbres y épocas que a objetos.

Fuera de la serie, más viejo que Matusalén mide la edad de personas o de cosas apoyándose en el patriarca bíblico, y no lleva la carga de desfase que sí tiene la pera: Matusalén es antiguo, no anticuado. Oler a naftalina añade el detalle del armario cerrado y se dice sobre todo de ideas y estéticas. Ser una antigualla es más despectiva. Y estar de capa caída no pertenece a esta familia por mucho que se cite junto a ella: habla de decadencia presente, no de antigüedad.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Colombia

Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.

España

Muy antiguo o anticuado

Se aplica más a objetos y modas que a personas

«Sigue con un móvil del año de la pera.»

México

Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.

Perú

Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.

Venezuela

Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

from the year dot

Literalmente: del año punto

Preguntas frecuentes

¿Qué significa del año de la pera?

Significa antiquísimo o pasado de moda, tan viejo que ya no se sabe de cuándo es. Se aplica sobre todo a objetos, ropa, tecnología y costumbres.

¿De dónde viene del año de la pera?

No hay acuerdo. Se ha propuesto el bandolero Perot lo Lladre y también la perilla de ciertos políticos del XIX, pero ninguna versión está documentada.

¿Se dice del año de la pera o del año de la polca?

Las dos existen en España con idéntico sentido, junto a del año catapum y en tiempos de Maricastaña. Son fórmulas intercambiables para señalar algo muy antiguo.

¿Cómo se dice en América?

Cada país tiene su fecha inventada: en México, del año del caldo; en el Río de la Plata y la zona andina, del tiempo de Ñaupa. La fórmula española se entiende mal fuera.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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