Ser del año de la pera
- Origen y documentación: Compiten varias explicaciones y ninguna se impone. La más repetida dice que la pera es el bandolero catalán Perot Rocaguinarda, apodado «Perot lo Lladre», pero ese hombre no es del siglo XVI: nació en 1582…
- Variantes recogidas: Del año de la polca · Del año catapum
- En otros idiomas: «from the year dot» (EN)
Se dice de lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, hasta el punto de que ya nadie recuerda de cuándo data.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Del año de la pera es todo lo que resulta antiquísimo o está pasadísimo de moda, tanto que ya nadie sabría decir de cuándo data. Se dice del móvil que aún se abre por la mitad, del abrigo que lleva veinte años en el armario y de la costumbre que solo mantienen los abuelos. El año de la pera no existe: es una fecha inventada para no dar ninguna.
Qué significa exactamente
La fórmula sitúa algo en un pasado impreciso y ridículo. No informa de la antigüedad real, la exagera, y por eso funciona igual con un objeto de cuarenta años que con uno de siete que ha quedado desfasado. La clave no es la edad, es el desfase: algo es del año de la pera cuando pertenece a un mundo que ya se acabó.
Se aplica sobre todo a objetos, ropa, tecnología, canciones y costumbres. Con personas se usa poco y con cuidado, porque decir que alguien es del año de la pera roza la ofensa; lo habitual es aplicarlo a lo que la persona lleva o hace, no a ella. El tono es burlón pero afectuoso, sin acritud, y la burla suele ir acompañada de cierta ternura hacia el trasto en cuestión.
La construcción
Funciona como atributo de ser con preposición: es del año de la pera. También como modificador de un sustantivo, sin verbo, y en esa posición es donde más se oye: un abrigo del año de la pera, unas ideas del año de la pera. El bloque no se toca por dentro.
Es invariable. No hay años de las peras, no se cambia el artículo y no admite precisión de ningún tipo, porque quien la usa está renunciando expresamente a dar una fecha. La fórmula existe para no informar, y ese es justamente su cometido: sustituir un dato que nadie tiene por una broma que todos entienden.
Una familia de fechas falsas
La expresión no está sola. El español tiene un repertorio de dataciones inventadas que funcionan igual: del año de la polca, del año catapum, del año de la nana, del año de Maricastaña o en tiempos de Maricastaña. Todas comparten estructura, todas nombran un año que no se puede consultar y todas valen lo mismo, así que son intercambiables en la práctica.
De ese grupo, solo una tiene referente comprobable: la polca fue el baile que se difundió por Europa en la década de 1840, de modo que del año de la polca apunta a un momento real de furor pasado. Las demás son puro sonido, y esa comparación es la que mejor ilumina el caso de la pera.
De dónde viene
Compiten varias explicaciones y ninguna se impone. Conviene exponerlas todas y decir qué se sostiene de cada una.
La hipótesis del bandolero
La primera propone que la pera no es una fruta sino un nombre propio: el de un bandolero catalán cuyo apodo habría pasado al castellano. Es la versión que más circula y la que más corrección necesita, porque mezcla a dos hombres distintos y coloca la historia un siglo antes de donde ocurre.
El personaje al que se apunta suele ser Perot Rocaguinarda, conocido popularmente como Perot lo Lladre. Es real y está bien documentado, pero no es del siglo XVI. La Gran Enciclopèdia Catalana, en su entrada Perot Rocaguinarda, lo hace nacer en Oristà el 18 de diciembre de 1582, lo mete en el bandolerismo en 1602 con el asalto al palacio episcopal, lo da como el jefe más señalado de las cuadrillas catalanas entre 1607 y 1611 y cuenta que en 1611 se acoge al indulto y embarca en Mataró como capitán de los tercios castellanos rumbo a Nápoles, donde todavía constaba en 1635; su muerte se sitúa después de esa fecha. Su fama en vida fue tal que Cervantes lo llevó a la segunda parte del Quijote, publicada en 1615, con el nombre de Roque Guinart, en los capítulos LX y LXI; y la monografía de Lluís Soler i Terol Perot Roca Guinarda. Història d’aquest bandoler, impresa en Manresa en 1909, se presenta en su propio subtítulo como ilustración de esos dos capítulos y reúne la documentación del caso. Es, por tanto, un bandolero del siglo XVII, y situarlo en el XVI desplaza la historia entera una centuria.
La segunda costura es el apodo, y ahí está el enredo. El sobrenombre con que Rocaguinarda ha pasado a la memoria popular, y que lleva una calle de Barcelona, es lo Lladre, el ladrón. El de la Pera pertenece a otro bandolero, y la confusión puede seguirse paso a paso en el sitio donde esta etimología se hizo popular: el hilo Origen de la expresión del año de la pera de los foros del Centro Virtual Cervantes. Allí, el 11 de noviembre de 2004, Roger Pardina propone a Rocaguinarda y lo llama «más conocido como el La Pera»; días después explica el camino fonético; y el 16 de noviembre se rectifica en público: reconoce que el apodado «la Pera» no era Perot lo Lladre sino otro bandolero, Joan Serra, y da su propia versión por fantasía suya. Antes había admitido que no había hallado referencia de la etimología ni en el diccionario académico ni en ninguno de los que consultó.
El camino fonético que se alega es el de ese mismo hilo: Perot es derivado de Pere, y Pere se pronuncia con vocal neutra final, de modo que al oído castellano suena muy cerca de pera. Como juego de sonidos se sostiene, y no es ahí donde falla la hipótesis: falla en que el apodo es de otro. Algunas versiones añaden además una fórmula catalana intermedia, l’any d’en Perot, que habría pasado luego al castellano; queda recogida aquí porque circula, pero no se ha localizado en los repertorios fraseológicos consultados, así que no puede alegarse como prueba.
Queda el argumento de la calle barcelonesa dedicada a Perot lo Lladre, que se esgrime como prueba material. Prueba poco: la propia Gran Enciclopèdia Catalana se limita a decir que se ha supuesto que ese nombre pueda conservar el recuerdo de una estancia del bandolero en la ciudad, y en cualquier caso una calle atestigua la memoria del hombre, no el nacimiento de una frase castellana.
Y aquí opera la trampa de fondo. Que el bandolero existiera no fecha la locución. Un personaje real solo explica una expresión si hay textos que los unan, y ese eslabón es el que falta: lo reunido documenta al hombre —una entrada enciclopédica, una monografía de casi quinientas páginas, un personaje del Quijote, una calle— y ninguna de esas piezas recoge la frase. Mientras no aparezca el testimonio que las una, la hipótesis no sube de desconocida por muy documentado que esté el bandolero.
El bandolero que sí se apodaba la Pera
Hubo, en efecto, un bandolero catalán apodado la Pera, pero es otro hombre y otra época: Joan Serra, de Valls, ahorcado y descuartizado en su villa en 1815, con una carrera hecha en los caminos del Camp de Tarragona durante los años de la guerra contra Napoleón y los siguientes. Adrià Rodrigo i Marco le dedicó el estudio En Joan Serra, (a) La Pera, publicado en Quaderns de Vilaniu, número 16, del Institut d’Estudis Vallencs, en 1989, y Valls conmemoró el bicentenario de la ejecución en diciembre de 2015. La tradición hace venir el apodo de un robo de peras en la infancia que acabó en muerte.
Esta pista mejora a la anterior en dos cosas, y conviene decirlo en voz alta. El apodo es real, de modo que no hay que forzar ninguna fonética para llegar a la pera; y la fecha encaja con la datación decimonónica que se le supone a la locución, mientras que Rocaguinarda queda dos siglos largos antes. Lo que no mejora es lo esencial. Sigue faltando el texto que ponga la frase castellana en relación con él, la documentación que se le conoce es local y en catalán, y el único que ha relacionado a Serra con la expresión es el aficionado del foro citado, que lo hizo al rectificarse y sin aportar testimonio. Por eso esta hipótesis tampoco pasa de desconocida, aunque sea la más prometedora si alguien quiere ponerse a buscar.
La hipótesis de la perilla
Otra explicación apunta a la barba en punta llamada perilla, que llevaron ciertos políticos y militares del siglo XIX, y hace de la fórmula una alusión a esa moda pasada. Encaja con la datación decimonónica del catálogo, pero se queda en el aire: circula en artículos de divulgación en línea sin que pueda señalarse un repertorio fraseológico que la recoja, y le falta el eslabón que la haría verosímil, un testimonio de la variante del año de la perilla, que no ha aparecido en las obras consultadas.
La hipótesis de la polca
Otra, menos citada, hace de la pera una deformación de del año de la polca, fórmula hermana y de referente comprobable. Tiene a favor que las dos conviven con idéntico sentido, y en contra lo mismo que las anteriores: las formas intermedias que llevarían de una a otra siguen sin mostrarse, y la coexistencia de dos expresiones no prueba que una salga de la otra, porque el mismo molde pudo producirlas por separado.
La hipótesis de que no hay nada detrás
La última es la que más convence, y por un argumento de conjunto: la expresión pertenece a esa serie de fechas falsas en la que el sustantivo se elige por el sonido y no por el sentido. Nadie busca al personaje del año catapum, porque es evidente que no lo hay. Si la pera se comporta exactamente igual que catapum, la nana o la polca en cuanto a construcción, uso y tono, lo económico es pensar que también se eligió por lo mismo: una palabra corta, sonora y sin peso, que sirve justamente porque no significa nada.
Que exista un bandolero apodado la Pera no desarma este argumento, al menos por ahora. La serie explica la forma entera de la expresión; el bandolero solo explicaría el sustantivo, y únicamente si alguien enseñara un texto donde la frase se use por él. Con lo que hay sobre la mesa, la analogía pesa más que la coincidencia de un mote.
Hasta qué punto está probado
La certeza catalogada es disputado, y con razón: hay varias explicaciones en competencia y ninguna con documentación que ate el origen propuesto a la frase. Conviene decir con claridad de qué pie cojea la documentación. No hay primera documentación establecida, y la época que se le asigna, el siglo XIX, es una estimación coherente con la datación de las fórmulas hermanas, no una fecha con respaldo. Las obras que aquí se citan documentan a los dos bandoleros, no la locución: sirven para corregir la cronología y para deshacer la confusión de apodos, no para sostener la etimología. Para las versiones de la perilla y de la polca no se cita nada porque nada se ha encontrado, y es preferible decirlo que rellenar el hueco.
Importa señalar el mecanismo que produce estas etimologías. Cuando una expresión contiene un nombre común usado de manera absurda, la gente busca detrás un nombre propio, porque un personaje explica lo que la lógica no explica. Es el mismo impulso que ha generado biografías completas para Maricastaña. A veces se acierta, pero el acierto hay que probarlo con textos, y aquí, por ahora, no han aparecido ni para los bandoleros ni para la perilla.
Cómo se usa hoy
Está viva, es coloquial y no ofende a nadie. Se oye en la conversación diaria, en la familia y en la prensa ligera, y ha rejuvenecido gracias a la tecnología: nunca hubo tantos objetos que envejecieran tan deprisa, y la fórmula se aplica hoy a un teléfono de hace seis años con la misma naturalidad con que antes se aplicaba a un baúl.
Suele ir en atributo con ser, aunque también se usa como complemento sin verbo: un traje del año de la pera. Admite ironía cariñosa y admite queja. Lo que no admite es contexto formal escrito, donde se pediría una fecha de verdad.
Tiene un uso característico en la conversación entre generaciones. Los mayores la aplican a sus propias cosas, medio en broma, adelantándose a la burla de los jóvenes; los jóvenes la aplican a los objetos de sus padres. Ese ir y venir la mantiene fresca, porque el desfase se renueva cada pocos años y siempre hay algo nuevo que ya ha quedado viejo.
Cabe también en la autocrítica, referida a las propias ideas o costumbres, y ahí suena simpática. Lo que no admite es el tono agrio: para despreciar de verdad, el español dispone de fórmulas menos amables, y esta arrastra siempre un punto de guasa.
Fuera de España se entiende poco, y no porque las palabras sean difíciles, sino porque cada país tiene sus propias fechas inventadas: en México se dice del año del caldo, y en el Río de la Plata y la zona andina se oye del tiempo de Ñaupa, del quechua ñawpa, antiguo. Quien escriba para varios mercados hará bien en cambiar de fórmula, porque estas no viajan: son justamente el tipo de expresión que cada comunidad fabrica por su cuenta.
Expresiones parecidas
Dentro de la misma serie, del año catapum es la más claramente disparatada y la que mejor descubre el mecanismo. Del año de la polca es equivalente y algo más culta de aire. En tiempos de Maricastaña se aplica mejor a costumbres y épocas que a objetos.
Fuera de la serie, más viejo que Matusalén mide la edad de personas o de cosas apoyándose en el patriarca bíblico, y no lleva la carga de desfase que sí tiene la pera: Matusalén es antiguo, no anticuado. Oler a naftalina añade el detalle del armario cerrado y se dice sobre todo de ideas y estéticas. Ser una antigualla es más despectiva. Y estar de capa caída no pertenece a esta familia por mucho que se cite junto a ella: habla de decadencia presente, no de antigüedad.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Muy antiguo o anticuado
Se aplica más a objetos y modas que a personas
«Sigue con un móvil del año de la pera.»
Ejemplos de uso
- «Ese abrigo es del año de la pera, pero abriga más que todos los que he comprado después.»
- «El programa de facturación que usamos en la oficina es del año de la pera y se cuelga cada dos por tres.»
- «Sacó un móvil del año catapum y resulta que hacía mejores fotos de noche que el mío.»
Así suena en una conversación
Mirando un móvil viejo
—Todavía funciona.
—Pero es del año de la pera.
Vaciando un trastero
—¿Y esta radio?
—Del año de la pera, y suena mejor que las nuevas.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
from the year dot
Literalmente: del año punto
Preguntas frecuentes
¿Qué significa del año de la pera?
Significa antiquísimo o pasado de moda, tan viejo que ya no se sabe de cuándo es. Se aplica sobre todo a objetos, ropa, tecnología y costumbres.
¿De dónde viene del año de la pera?
No hay acuerdo. Se ha propuesto el bandolero Perot lo Lladre y también la perilla de ciertos políticos del XIX, pero ninguna versión está documentada.
¿Se dice del año de la pera o del año de la polca?
Las dos existen en España con idéntico sentido, junto a del año catapum y en tiempos de Maricastaña. Son fórmulas intercambiables para señalar algo muy antiguo.
¿Cómo se dice en América?
Cada país tiene su fecha inventada: en México, del año del caldo; en el Río de la Plata y la zona andina, del tiempo de Ñaupa. La fórmula española se entiende mal fuera.
Fuentes y referencias
- Buitrago, Alberto, Diccionario de dichos y frases hechas
- Doval, Gregorio, Del hecho al dicho
- Gran Enciclopèdia Catalana, entrada «Perot Rocaguinarda»
- Soler i Terol, Lluís, «Perot Roca Guinarda. Història d'aquest bandoler», Manresa, Impremta de Sant Josep, 1909
- Cervantes, «Don Quijote de la Mancha», segunda parte, 1615, caps. LX-LXI
- Rodrigo i Marco, Adrià, «En Joan Serra, (a) La Pera», Quaderns de Vilaniu, núm. 16, Institut d'Estudis Vallencs, 1989
- Foros del Centro Virtual Cervantes, hilo «Origen de la expresión del año de la pera», noviembre de 2004
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: hay más de una versión y no se puede elegir entre ellas.
- Fuentes citadas: 7 obras.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Más viejo que Matusalén
Se dice de una persona muy anciana o de un objeto, una idea o un chiste antiquísimos y ya gastados por el uso.
Estar de capa caída
Atravesar un mal momento, con la moral, la salud o el negocio en horas bajas y sin el brillo que antes se le suponía.
Ser la pera
Se dice de algo o alguien extraordinario, para bien o para mal, según el tono: puede ser un elogio entusiasta…
Estar de mala uva
Estar de muy mal humor, o tener mala intención al actuar; el sentido cambia según se use con estar o con tener.
Mandar a freír espárragos
Despedir a alguien con enfado y de malos modos, o rechazar una propuesta cortando la conversación…
Que te van a dar las uvas
Hacerse muy tarde o pasar más tiempo del esperado.