Ser de la misma calaña
- Origen histórico: Calaña significó primero muestra, modelo o patrón con el que se fabricaba una pieza, y la lexicografía clásica lo recoge también como nombre de un tipo de abanico ordinario. De ese vocabulario de taller…
- Variantes frecuentes: Ser de mala calaña · Gente de esa calaña
- En otros idiomas: «of the same ilk» (EN)
Pertenecer a la misma clase de gente, casi siempre con intención despectiva, por compartir defectos, malas artes o mala fama.
Ser de la misma calaña significa pertenecer a la misma clase de gente, y hoy casi siempre a una clase mala: se dice de quienes comparten defectos, métodos turbios o mala fama. La palabra calaña no nació insultando. Era vocabulario de taller, el patrón o modelo con el que se hacía una pieza.
Qué significa exactamente
La locución compara y condena a la vez. Compara porque mete a dos o más personas en el mismo saco; condena porque el saco viene con la etiqueta puesta. Cuando alguien dice que dos son de la misma calaña, no está informando de un parecido: está emitiendo un juicio y esperando que el oyente lo comparta.
El desprecio no lo aporta el misma, lo aporta el sustantivo. De la misma clase es neutro. De la misma condición es neutro. De la misma calaña no lo es en absoluto, porque la palabra ya viene cargada de fábrica en el uso actual.
Se comprueba con una prueba sencilla. Intente decir que dos investigadoras excelentes son de la misma calaña. La frase chirría, y no por incorrección gramatical sino porque el oyente entiende lo contrario de lo que se quiso decir. Los diccionarios registran precisamente eso: que el término se emplea con valor despectivo, hasta el punto de que el sentido neutro original apenas asoma ya.
La familia de fórmulas es amplia y todas empujan en la misma dirección. Gente de esa calaña, de la peor calaña, de baja calaña, de mala calaña. Esta última es técnicamente redundante, porque calaña ya implica lo malo, y aun así se usa muchísimo: la lengua refuerza lo que da por sabido.
Un matiz importante: la calaña mide condición moral, no posición social. Ahí se separa de dos vecinas con las que se confunde. De medio pelo mide categoría y dinero; alguien puede ser de medio pelo y perfectamente decente. De tres al cuarto mide calidad o valía; un actor de tres al cuarto es malo, no necesariamente indeseable. La calaña habla de lo que uno es por dentro.
Tampoco exige que los comparados se conozcan. En eso se distingue de tal para cual, que sugiere una pareja hecha el uno para el otro, y de Dios los cría y ellos se juntan, que explica por qué andan juntos. De la misma calaña pueden ser dos personas que jamás se han visto y que están en dos continentes distintos.
De dónde viene
De un taller, aunque hoy no lo parezca.
La lexicografía recoge para calaña un sentido antiguo que se ha perdido casi del todo: muestra, modelo, patrón. Es decir, la pieza de referencia con la que se comprobaba o se fabricaba el resto. Lo que salía de la misma calaña salía igual, con las mismas medidas y los mismos defectos.
Los repertorios clásicos añaden un uso concreto que ayuda a situar la palabra en el mundo real: calaña fue también el nombre de un tipo de abanico ordinario, de varillas bastas, el de andar por casa frente al abanico de lujo. Sea cual sea la relación exacta entre ambos usos, los dos apuntan al mismo terreno: objetos hechos en serie, con un patrón común, y sin pretensiones.
En cuanto a la etimología, la propuesta que más se repite en la lexicografía histórica —y que sostiene Corominas en su diccionario etimológico— relaciona calaña con cala, la muestra que se saca de una pieza o de un fruto para comprobar cómo está por dentro, palabra derivada a su vez de calar, penetrar. El recorrido tendría entonces tres tramos: de la cata a la muestra, de la muestra al modelo y del modelo a la índole de las personas.
Ese último salto es el que interesa. Aplicar a la gente el vocabulario de la fabricación es una operación antiquísima y muy productiva en castellano: cortados por el mismo patrón, de otra pasta, de buena madera, hecho a molde. Todas dicen lo mismo desde ángulos distintos, y todas nacen del trabajo manual.
El desprecio llegó después. La palabra fue neutra durante un tiempo y se fue ensuciando por compañía, de tanto aparecer en frases negativas. Es un proceso corriente que los lingüistas llaman peyoración, y que ha afectado a bastantes términos del castellano que empezaron siendo descriptivos y acabaron siendo ofensivos. Nadie decide ese cambio; sencillamente ocurre a fuerza de contextos.
Hasta qué punto está probado
Aquí conviene separar tres capas, porque tienen niveles de seguridad muy distintos.
La primera es firme. Que calaña significó muestra, modelo o patrón, y que hoy significa índole o condición, está registrado en la lexicografía y no lo discute nadie. Tampoco se discute el valor despectivo de la locución en el uso contemporáneo.
La segunda es probable. La derivación desde cala y calar es la explicación más aceptada, pero conviene llamarla por su nombre: es una reconstrucción etimológica, hecha con criterios formales y semánticos, no un documento que alguien pueda enseñar. Las reconstrucciones bien hechas suelen acertar, y esta encaja sin forzar nada. Aun así, no es lo mismo que una fecha y una obra.
La tercera no se puede fechar en absoluto: cuándo se volvió despectiva. Los procesos de peyoración no dejan acta notarial. Se puede rastrear su avance en los textos, pero no señalar el año en que la palabra cambió de bando, entre otras cosas porque no hubo tal año sino un deslizamiento largo.
Lo que sí puede decirse con seguridad es lo que no hay: ninguna anécdota, ningún personaje, ningún episodio pintoresco detrás de la expresión. Si alguien cuenta que la calaña era el sello de un gremio concreto o el nombre de un delincuente famoso, se lo está inventando. Es una historia de palabras, y las historias de palabras rara vez tienen protagonista.
Cómo se usa hoy
Con salud excelente y en un registro que se mueve entre lo coloquial y lo culto. La palabra suena algo libresca en boca joven, pero se entiende sin esfuerzo en cualquier parte, y eso la hace muy rentable: permite despreciar a alguien sin decir una sola palabrota.
Ahí está su utilidad práctica. Calaña es un insulto de guante blanco. Cabe en un artículo de opinión, en una declaración institucional o en una intervención parlamentaria, sitios donde no cabría el equivalente vulgar. El que la usa queda como una persona educada y ha dicho exactamente lo que quería decir.
Los contextos habituales son la crónica de sucesos, el comentario político y la discusión de barra. Suele aparecer con verbo copulativo —son de la misma calaña— o como complemento de un sustantivo: individuos de esa calaña, negocios de esa calaña.
En América hispana se usa igual y con la misma carga en Argentina, Colombia, México, Perú y Venezuela. No hay divergencia de sentido, solo diferencias de frecuencia: en la prensa española aparece algo más, quizá por la fuerza que allí tiene el género de la columna de opinión.
Un aviso de tono. En un texto que aspire a la neutralidad, colar un calaña es tomar partido de forma inequívoca, aunque lo parezca menos que un adjetivo abiertamente insultante. Un juez no la escribiría en una sentencia. Un periodista que la use en una noticia informativa está opinando, lo sepa o no.
Se escribe con eñe. El plural calañas existe pero apenas circula, porque la locución trabaja siempre en singular.
Expresiones parecidas
La hermana neutra es cortados por el mismo patrón, que dice lo mismo sin condenar y que, curiosamente, procede del mismo campo semántico: el del taller y el modelo. Se puede estar cortado por el mismo patrón para bien; de la misma calaña, prácticamente nunca.
De la misma laya es el sinónimo más exacto y el menos usado. Laya significa calidad o especie, y comparte con calaña ese aire de palabra antigua que se resiste a desaparecer. De la misma cuerda se emplea sobre todo en política y añade la idea de afinidad organizada, casi de facción.
Para la afinidad entre malos están tal para cual, que empareja, y Dios los cría y ellos se juntan, que explica la reunión. Ninguna de las dos exige que los comparados sean gente de cuidado, aunque casi siempre lo insinúan.
En el eje de la calidad y no de la moral quedan de medio pelo, de tres al cuarto y de pacotilla. Las tres nacieron midiendo cosas —el pelo de un tejido, el precio de un producto, la mercancía menor de los marineros— y acabaron midiendo personas, exactamente igual que calaña. Es una constante del castellano: el vocabulario del comercio y del oficio termina en la descripción del carácter.
Como contrario funcional se usa harina de otro costal, que separa lo que la calaña junta. Y en inglés, la equivalencia más ajustada es of the same ilk, con el mismo tono despectivo, junto al proverbial birds of a feather flock together, que se parece más a Dios los cría y ellos se juntan.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Compartir la misma condición o los mismos defectos, con intención despectiva.
Mismo sentido; registro algo más formal, propio de discusión seria o de prensa.
«Vos sabés que son todos de la misma calaña, no esperes nada distinto.»
Chile
Ser de la misma condición, dicho de gente con malas mañas.
Mismo sentido; se percibe algo libresco frente a alternativas más coloquiales.
«Son todos de la misma calaña, no te confíes de ninguno.»
Colombia
Pertenecer a la misma clase de gente, con carga negativa.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ese man es de la misma calaña del jefe anterior.»
España
De la misma condición, en sentido negativo
Hoy es casi imposible usarlo en sentido positivo
«Los dos son de la misma calaña.»
México
Ser de la misma clase de gente, siempre en sentido despectivo.
Mismo sentido; suena un punto más culto o escrito que en España, donde es plenamente coloquial.
«Los dos son de la misma calaña, no le hagas caso a ninguno.»
Perú
Ser de la misma clase de gente, en sentido peyorativo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Esos dos son de la misma calaña, no te fíes.»
Venezuela
Compartir condición y defectos con alguien de mala fama.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Ese es de la misma calaña que el otro, no esperes nada bueno.»
Ejemplos de uso
- «Mi abuela decía que el casero y el administrador eran de la misma calaña y no se hablaba con ninguno.»
- «La acusación sostuvo en el juicio que los dos socios eran gente de la misma calaña.»
- «No me metas en el mismo saco, que yo no soy de la misma calaña que ese.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
of the same ilk
Literalmente: de la misma laya
Preguntas frecuentes
¿Qué significa ser de la misma calaña?
Pertenecer a la misma clase de gente, casi siempre con intención despectiva: se dice de quienes comparten defectos, malas artes o mala fama. Equivale a estar cortados por el mismo patrón, pero en negativo.
¿De dónde viene la palabra calaña?
Calaña significó muestra, modelo o patrón de taller. La explicación más aceptada, sostenida por Corominas, la deriva de cala, la muestra que se saca de una pieza para probarla. Es una reconstrucción etimológica, no un dato fechado.
¿Se puede usar calaña en sentido positivo?
En teoría sí, porque la palabra significa índole o condición. En la práctica no: el uso la ha vuelto despectiva y decir que alguien es de buena calaña suena forzado o irónico.
¿Se escribe calaña o calana?
Con eñe: calaña. La forma sin eñe solo aparece en direcciones de internet y en teclados que no la tienen; en español escrito es una falta de ortografía.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
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