Saltarse algo a la torera
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Saltarse algo a la torera significa incumplirlo con descaro, sin el menor intento de disimulo, como si esa norma sencillamente no existiera. Lo que la expresión añade a un simple incumplir es la actitud: no hay despiste ni error, hay desfachatez. Y suele decirse en tono de reproche.
Qué significa exactamente
Lo primero que hay que observar es qué admite como complemento, porque ahí está la mitad del significado. A la torera solo se saltan normas: una ley, un reglamento, un protocolo, un acuerdo firmado, un turno de cola, un horario de cierre. La expresión no acepta personas ni objetos. Se saltó el semáforo a la torera funciona perfectamente, porque un semáforo no es una lámpara, es una orden. Se saltó a su jefe a la torera, en cambio, no se dice.
Lo segundo es el componente de intención. El verbo saltarse por sí solo es neutro y admite el descuido: uno puede saltarse una página sin querer. Al añadirle a la torera, el descuido queda descartado. Quien se salta algo a la torera sabía que estaba ahí y ha pasado por encima a propósito. Esa es la razón de que la locución sea siempre acusatoria, incluso cuando quien la usa lo hace con admiración.
El tercer rasgo es la exhibición. No basta con incumplir: hay que hacerlo a la vista de todos y sin tomarse la molestia de justificarse. Un incumplimiento oculto no se salta nada a la torera, se hace por la puerta de atrás. Aquí lo que se describe es una desobediencia con público.
Formalmente, a la torera es una locución adverbial de modo, de la misma serie que a la francesa, a la ligera o a la chita callando. El molde es transparente: se sobreentiende un sustantivo femenino elidido, al modo o a la manera del torero. El castellano fabrica adverbios así por decenas y el hablante los procesa sin pensar.
La locución vive casi pegada al verbo saltarse. Existe pasarse algo a la torera, bastante menos frecuente, y alguna extensión suelta como tomarse algo a la torera, que no ha llegado a asentarse. Ese grado de fijación es un indicio de que la imagen original era un salto y no otra cosa.
Frente a sus vecinas, la diferencia es de estilo. Hacer caso omiso es neutro y hasta administrativo. Pasarse algo por el forro es más crudo y pone el acento en la indiferencia, no en la infracción. Incumplir es el término técnico, sin color. Solo la fórmula taurina añade el garbo, que es exactamente lo que la hace útil.
De dónde viene
El ámbito no admite discusión: torera es el femenino de torero y la locución se construye sobre la manera de hacer las cosas del que torea. Lo que está en disputa es qué gesto concreto de la lidia generó la imagen, y las explicaciones no coinciden.
La versión más repetida apunta a la barrera. En una plaza, el ruedo está separado del callejón por una valla de madera de metro y medio largo, la barrera o las tablas, con burladeros para refugiarse. Cuando el toro aprieta y no da tiempo a llegar al burladero, el torero salta la barrera: manos en el borde superior, impulso, piernas por encima y caída al otro lado. Es un salto que se hace bajo presión, en décimas de segundo y sin margen para dudar. De ahí saldría el sentido figurado: pasar por encima del obstáculo de un impulso, sin frenarse ante él. La imagen encaja bien porque una norma es, en la metáfora, precisamente eso, una valla puesta para detener a alguien.
La segunda explicación lleva la frase a las suertes antiguas de salto. La tauromaquia de los siglos XVIII y XIX incluía lances construidos enteramente sobre saltar al animal: el salto de la garrocha, en el que el diestro se ayudaba de una pértiga para pasar por encima del toro, y el salto al trascuerno, aún más temerario. Quienes defienden esta lectura subrayan que la expresión dice saltarse y que esos eran los saltos que daban fama.
Hay una tercera posibilidad, más sobria, que no exige elegir salto ninguno. A la torera podría no aludir a ningún lance concreto, sino al modo general del torero: el aplomo, el desplante, la costumbre de resolver situaciones muy serias con una elegancia deliberadamente desdeñosa. En ese caso la locución se habría formado igual que a la francesa, sin necesidad de una escena concreta detrás.
De las tres, la de la barrera es la que mejor se sostiene, y por una razón sencilla: es el único salto que ha visto todo el mundo. El salto de la garrocha era ya una rareza cuando la expresión empezó a circular, mientras que el salto a las tablas se veía en cualquier corrida y en cualquier capea de pueblo. Además, es el único de los dos que implica un obstáculo, que es lo que la metáfora necesita: en la garrocha se salta al toro, no una valla.
Hasta qué punto está probado
Hay que distinguir dos niveles, porque se confunden constantemente y el resultado es que se afirma más de lo que se sabe.
El primer nivel es el ámbito, y ahí no hay ningún problema. La locución es taurina de manera evidente, porque la palabra que la sostiene lo es. No hace falta ninguna investigación para establecerlo.
El segundo nivel es el gesto, y ahí no hay pruebas. Los diccionarios registran la locución y dan su significado, pero ninguno documenta de qué lance salió. Tampoco se ha citado un texto antiguo que ligue la expresión a un salto determinado. Lo que existe son tres reconstrucciones razonables y ningún dato que permita descartar dos de ellas.
El único argumento sólido a favor de la barrera es cronológico, y conviene presentarlo por lo que es. La expresión parece del siglo XX; para entonces, el salto de la garrocha había quedado reducido a exhibición ocasional mientras que el salto a las tablas era el pan de cada tarde. Un hablante que acuñara la frase en esa época tenía muchas más papeletas de estar pensando en la barrera. Es un argumento de probabilidad, no una demostración.
Conviene añadir una cautela general. Las listas de expresiones taurinas que circulan por internet están llenas de frases que no lo son: capear el temporal es marinera y echar el resto viene de los juegos de naipes, por citar dos que aparecen sistemáticamente. Esta sí lo es. Pero acertar con el ámbito no significa acertar con el detalle, y el detalle aquí sigue abierto.
Cómo se usa hoy
Se usa en España y en buena parte de América, y es una de las expresiones de origen taurino que mejor han viajado. Funciona sin problema para hablantes que no han visto una corrida en su vida, porque la imagen del salto se entiende aunque no se sepa qué se salta.
El registro es coloquial pero perfectamente admisible en prensa y en discurso político, donde resulta frecuentísima. Aparece a diario en informaciones sobre contratos públicos, licencias urbanísticas, protocolos sanitarios y reglamentos parlamentarios. Es, de hecho, una de las fórmulas favoritas del periodismo de denuncia, con el desgaste que eso conlleva.
El tono es de reproche y conviene no perderlo de vista. Decir que un cargo público se saltó a la torera un procedimiento es acusarlo de haberlo hecho a sabiendas, no de haberse equivocado. La diferencia entre negligencia y desfachatez no es menor, ni en el lenguaje ni en un juzgado, y la expresión se coloca sin ambigüedad del lado de la segunda.
Hay, con todo, un uso admirativo minoritario. Aplicada a alguien que se salta una convención absurda o una burocracia asfixiante, la frase puede sonar a elogio. El garbo que aporta lo taurino juega a favor: saltarse algo a la torera tiene siempre un punto de estilo que otras fórmulas de desobediencia no dan.
Sobre la forma, el verbo va en pronominal. Se dice se saltaron el reglamento a la torera, no saltaron el reglamento a la torera. El pronombre es el que aporta el valor de apropiación y de transgresión deliberada, y sin él la frase suena a error de traducción. En cuanto a la colocación, la locución puede ir antes o después del complemento sin cambiar nada: se saltaron a la torera el reglamento o se saltaron el reglamento a la torera valen igual.
Expresiones parecidas
Dentro del mismo campo, el pariente más ilustrativo es tomar las tablas, que describe justo la maniobra contraria en su sentido literal: refugiarse junto a la barrera cuando la cosa se pone fea. Uno salta las tablas para salvarse y el otro se salta la norma para infringirla, y sin embargo la escena es la misma. Hacer un quiebro aporta la idea de esquivar con habilidad, y hacer un desplante, la de plantarse con chulería ante el peligro, que es el ingrediente de actitud que también lleva dentro nuestra locución.
Fuera del ruedo, hacer caso omiso es la versión neutra y sirve cuando no se quiere acusar. Pasarse algo por el forro y su variante más gruesa, pasarse algo por el arco del triunfo, comparten la desfachatez pero se centran en el desprecio a la norma más que en el acto de infringirla; además pertenecen a un registro bastante más bajo y no encajan en un texto formal.
Para el fenómeno visto desde arriba, hecha la ley, hecha la trampa describe el sistema entero en lugar de señalar a un individuo, y la ley del embudo apunta a la aplicación desigual de las normas más que a su incumplimiento. Son quejas distintas: una dice que la norma no se cumple, la otra que se cumple solo para algunos.
En inglés la equivalencia más ajustada es to flout the rules, donde el verbo flout lleva incorporada la idea de burla pública, que es exactamente el matiz que aquí aporta lo taurino. La coincidencia de sentido es notable, aunque las imágenes de partida no tengan nada que ver.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Argentina
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Chile
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Colombia
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
España
Desobedecer una regla con descaro
Siempre implica desfachatez, no descuido
«Se saltaron a la torera el reglamento de contratación.»
México
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Perú
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Venezuela
Incumplir una norma o una obligación con desparpajo y sin la menor intención de disimular, como si sencillamente no existiera.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to flout the rules
Literalmente: burlar las reglas
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «saltarse algo a la torera»?
Incumplir una norma con descaro y sin el menor intento de disimulo, como si esa norma no existiera. Lo que añade la expresión a un simple incumplir es la actitud: no hay despiste ni error, hay desfachatez, y por eso siempre se dice en tono de reproche.
¿De dónde viene «saltarse algo a la torera»?
Del mundo del toro, eso no se discute: torera es el femenino de torero. Lo que está disputado es qué salto. La explicación más repetida remite al modo en que el torero salta la barrera cuando el toro le persigue; otros la ligan al antiguo salto de la garrocha.
¿Qué se puede saltar a la torera?
Solo normas: una ley, un reglamento, un protocolo, un acuerdo, un turno de cola, un horario. No admite personas ni objetos. Se saltó el semáforo a la torera funciona porque un semáforo es una orden; se saltó a su jefe a la torera, en cambio, no se dice.
¿Se dice «saltarse a la torera» o «saltar a la torera»?
Con pronombre: saltarse. Se saltaron a la torera el reglamento. La forma sin pronombre, saltaron a la torera el reglamento, no está asentada y suena mal a cualquier hablante. El pronombre es aquí el que aporta el valor de transgresión deliberada.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Buitrago, Diccionario de dichos y frases hechas
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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