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Dichosymás

Ponerse el mundo por montera

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

Origen disputado

Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.

Ponerse el mundo por montera significa hacer lo que a uno le apetece sin atender al qué dirán, dejando las convenciones ajenas donde estaban. Casi siempre se dice con un punto de admiración, incluso cuando se dice como reproche. Y no está tan claro que la montera sea la del torero.

Qué significa exactamente

La expresión no describe simplemente a alguien que hace su gusto. Describe a alguien que hace su gusto contra algo. Para que la frase funcione tiene que haber un público con opinión formada: una familia que esperaba otra cosa, un entorno profesional escandalizado, un pueblo entero mirando por la ventana. Sin esa presión, la montera no tiene sentido.

De ahí que se aplique casi siempre a decisiones que cuestan caro socialmente. Dejar una carrera hecha para montar un taller, casarse con quien no tocaba, mudarse a un pueblo de cuarenta habitantes, salir del armario a los cincuenta, vestirse como a uno le da la gana en un ambiente que exige uniforme. En todos los casos hay una renuncia a la aprobación ajena, y la frase la reconoce.

Ese reconocimiento es el rasgo más característico. Aunque se use para criticar, deja siempre un poso de admiración: quien se pone el mundo por montera tiene valor, aunque se equivoque. Es una diferencia importante con importarle a uno un bledo, que describe indiferencia y no coraje. La indiferencia no cuesta nada; ponerse el mundo por montera, sí.

Conviene detenerse en la palabra mundo, porque no significa aquí el planeta. Es el mundo en su sentido social, el mismo que aparece en el qué dirá el mundo, en todo el mundo lo sabe o en la vieja fórmula religiosa de renunciar al mundo. El mundo son los demás y sus expectativas. La imagen consiste en reducir esa masa de opiniones a un accesorio, algo que uno se cala en la cabeza y se quita cuando quiere.

Las variantes matizan. Echarse el mundo por montera es prácticamente idéntica. Pasarse el mundo por montera se ha contagiado de pasarse algo por el forro y suena más despectiva, casi grosera; está muy extendida, aunque los hablantes cuidadosos prefieren las otras dos.

Y hay un límite de uso que conviene fijar: no sirve para infringir leyes. Quien se salta un reglamento no se pone el mundo por montera, se lo salta a la torera. La montera se enfrenta a costumbres, no a normas escritas.

De dónde viene

Aquí no hay una explicación, hay dos, y ninguna se puede descartar con lo que tenemos.

La lectura popular, la que se cuenta en todas partes, es taurina. La montera sería el gorro negro de astracán que remata el traje de luces, prenda emblemática del matador. Ponerse el mundo por montera equivaldría entonces a llevarlo puesto como quien lleva un sombrero, es decir, a tratarlo con la misma soberbia con la que el torero se planta ante el toro. La imagen es potente y explica bien el aire de desafío que la frase conserva.

Tiene, sin embargo, una pega cronológica seria. Montera no es en castellano una palabra taurina, sino una palabra común y muy anterior. Se formó sobre montero, el que iba al monte, y nombró durante siglos cualquier prenda de cabeza: la del cazador, la del labrador, la del artesano. Covarrubias la recoge en su Tesoro de 1611 con ese valor general, mucho antes de que existiera nada parecido a un traje de luces. La montera del torero, tal como hoy la conocemos, se fija bien entrado el siglo XIX, cuando la indumentaria de la lidia se convierte en el uniforme reconocible que ha llegado hasta nosotros.

La segunda lectura parte de ahí y es más económica. Si montera significaba gorro a secas, la frase dice sencillamente que uno se pone el mundo entero en la cabeza como quien se cala una prenda cualquiera: lo reduce a ropa, y con eso lo desprecia. No hace falta ninguna plaza, ningún toro y ningún matador.

Esta segunda lectura tiene un apoyo interesante. El castellano construye del mismo modo otra expresión de autonomía, hacer de su capa un sayo, donde también se manipula una prenda para decir que uno hace lo que le parece con lo suyo. Que dos frases hermanas se apoyen en el vestido no es casualidad: la ropa fue durante siglos el modo más inmediato de hablar de la posición social de cada cual.

Queda una posibilidad que concilia las dos y que probablemente es lo que ocurrió. La frase pudo nacer con la montera corriente y ser reinterpretada más tarde en clave taurina, cuando la montera del matador se volvió la más célebre de todas. Ese fenómeno tiene nombre y es frecuentísimo: los hablantes remotivan las expresiones antiguas con el material que tienen a mano. La imagen que hoy nos viene a la cabeza sería, en ese caso, verdadera para nosotros y falsa para el origen.

Hasta qué punto está probado

Merece la pena ordenar qué se sabe, porque se afirma mucho y se prueba poco.

Se sabe que montera designa un gorro de uso general en castellano desde antiguo, y ahí no hay margen de duda: está en los diccionarios clásicos con ese sentido. También se sabe que la montera del traje de luces es una fijación tardía, del siglo XIX, muy posterior a la época que suele atribuirse a la expresión.

Lo que no se sabe es cuándo aparece la frase por primera vez ni con qué montera en la cabeza. Esta ficha no consigna una primera documentación porque no hay una que citar sin inventarla, y sin ese dato la discusión no se puede cerrar.

El argumento cronológico favorece claramente la lectura del gorro común: si la frase es del XVIII, la montera del matador todavía no existía como prenda emblemática. Pero el argumento no es concluyente, porque la datación de la frase es ella misma una estimación, y porque el toreo a pie ya se profesionalizaba en ese siglo con su propia indumentaria, aunque no fuera aún la que reconocemos.

Hay una cosa que sí conviene descartar sin contemplaciones: las versiones que atribuyen la frase a un torero concreto, con su nombre y su tarde. No hay documentación de ninguna de ellas, y responden al patrón habitual de la anécdota fabricada para tapar un hueco.

Conclusión honesta: origen disputado. La lectura del gorro corriente es más económica y encaja mejor con la historia de la palabra; la taurina es la que todo el mundo cuenta. Quien la explique hará bien en presentar las dos.

Cómo se usa hoy

Se emplea en España y en varios países americanos, y se entiende en todos. No es de las expresiones que necesiten traducción entre variedades, aunque su frecuencia es mayor en la península.

El registro es coloquial y el tono, mayoritariamente favorable. Aparece en perfiles periodísticos, en entrevistas y en relatos de vida, casi siempre para presentar a alguien que tomó una decisión valiente. Es una de esas fórmulas que un titular usa para elogiar sin parecer que elogia.

Los verbos que admite son tres y no todos pesan igual. Ponerse es la forma plena y la más recomendable. Echarse funciona igual y suena algo más antigua. Pasarse ha ganado mucho terreno por contagio de otras expresiones, pero arrastra un matiz de desprecio que las otras dos no tienen; en un texto cuidado conviene evitarla.

Casi siempre aparece en pasado, contando una decisión ya tomada. En futuro suena a bravata, que a veces es justo lo que se busca: quien anuncia que va a ponerse el mundo por montera está avisando de que no piensa hacer caso a nadie.

Un aviso sobre el alcance. La expresión no sirve para justificar el atropello de otras personas. Ponerse el mundo por montera es desoír opiniones, no pasar por encima de derechos ajenos, y usarla para lo segundo suena a coartada. La frase defiende a quien decide sobre su propia vida, y ese es su terreno.

Sobre la escritura, todo en minúsculas y sin comillas. Por montera es invariable: no existe por monteras. Y el sustantivo va sin artículo, algo característico de este tipo de construcciones con por, como en tener a alguien por tonto o darse por vencido.

Expresiones parecidas

La pariente más próxima es hacer de su capa un sayo, construida también sobre una prenda y sobre la misma idea de autonomía. La diferencia práctica es de objeto: quien hace de su capa un sayo dispone de lo suyo como le parece, mientras que quien se pone el mundo por montera está desoyendo lo que opinan los demás. Una habla de propiedad; la otra, de reputación.

En el eje de la indiferencia están importarle a uno un bledo, un pimiento o un comino, además del castizo a mí plin y del más neutro traerle a uno sin cuidado. Todas describen el desinterés por la opinión ajena, pero ninguna implica que se haya hecho nada al respecto. La montera exige un acto.

Para la decisión tomada sin calcular consecuencias está tirar por la calle de en medio, y para el modo de vida entero, ir por libre o vivir a su aire, que describen una costumbre y no un momento concreto.

Dentro del campo taurino, la vecina más cercana en actitud es hacer un desplante, plantarse ante el peligro con chulería deliberada. Y conviene no confundirla con saltarse algo a la torera, que también suena a desafío pero se dirige contra normas escritas y siempre reprocha. Una expresión te retrata como valiente; la otra, como infractor.

En inglés lo más cercano es to throw caution to the wind, echar la prudencia al viento, aunque subraya el riesgo más que el desafío social. Para eso último, la lengua inglesa suele tirar de perífrasis del tipo not to care what people think, sin una imagen fija comparable a la nuestra.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

Colombia

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

España

Actuar sin importar la opinión ajena

Tiene un punto admirativo, incluso cuando se reprocha

«Se puso el mundo por montera y se fue a vivir al pueblo.»

México

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

Perú

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

Venezuela

Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le frenen.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to throw caution to the wind

Literalmente: echar la prudencia al viento

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «ponerse el mundo por montera»?

Hacer lo que a uno le apetece sin atender al qué dirán, aunque la decisión salga cara socialmente. No es simple capricho: la expresión supone que hay una presión ajena y que alguien ha pasado por encima de ella, y por eso conserva casi siempre un punto de admiración.

¿De dónde viene «ponerse el mundo por montera»?

Está en discusión. La lectura popular la hace taurina, con la montera del matador; la objeción es que montera designa en castellano un gorro corriente mucho antes de que existiera la prenda de torear, que se fija en el siglo XIX. Ningún texto antiguo permite decidir entre las dos.

¿Qué es una montera?

Un gorro. La palabra se formó sobre montero, el que iba al monte, y designó durante siglos cualquier prenda de cabeza de la gente del campo y de las ciudades. La montera del traje de luces es un caso particular y tardío, no el sentido original de la palabra.

¿Es lo mismo «ponerse el mundo por montera» que «saltarse algo a la torera»?

No. La montera se pone frente a la opinión ajena, a las convenciones y al qué dirán, y suele mirarse con simpatía. Saltarse algo a la torera es incumplir una norma con descaro, y siempre es un reproche. Una desafía costumbres; la otra, reglamentos.

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana (1611)

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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