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Dichosymás

Dar la puntilla

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

Rematar lo que ya estaba herido de muerte: en eso consiste dar la puntilla. No es el golpe que abre la crisis, es el que la cierra. Por eso se dice de la subida del alquiler que acaba con la librería que llevaba dos años perdiendo dinero, y no del primer mes malo. Cuando llega la puntilla, la suerte ya estaba echada.

Qué significa exactamente

El requisito imprescindible es el estado previo. Para que haya puntilla tiene que haber algo agonizante: un negocio que ya perdía dinero, un equipo ya descendido en la práctica, una relación deteriorada, una carrera profesional en declive. Si el golpe cae sobre algo sano, no es una puntilla, es un mazazo. La locución lleva incorporada una historia anterior, y quien la usa está resumiendo esa historia en tres palabras.

El segundo rasgo es que el golpe resulta pequeño en comparación con su efecto. La puntilla no es un gran acontecimiento: es un detalle, a menudo administrativo o menor, que basta porque el otro ya no puede aguantar más. Una multa, una lesión leve en el peor momento, la marcha de un empleado. Esa desproporción entre la causa y el desenlace es lo que da a la expresión su tono de fatalidad.

Conviene distinguirla de sus vecinas más próximas. Dar la estocada designa el golpe decisivo que resuelve el asunto, y puede caer sobre un rival entero y en pie; hay mérito en darla. El golpe de gracia, tomado del francés, incorporaba originalmente una idea de piedad, la de abreviar el sufrimiento de un moribundo, aunque en el uso español actual esa carga se ha perdido casi por completo y funciona casi como sinónimo. La puntilla no tiene piedad ni mérito: es un trámite.

Ahí está su matiz más característico y el que la hace insustituible. Quien da la estocada gana; quien da la puntilla se limita a cerrar. Por eso el sujeto de nuestra locución suele ser impersonal, una circunstancia, un precio, una fecha, y no una persona con nombre. Nadie se enorgullece de haber dado la puntilla a nada.

La variante nominal, ser la puntilla, es de uso muy frecuente y funciona como remate expresivo en una enumeración de desgracias: se estropeó el coche, perdí el tren y, para acabar, la lluvia fue la puntilla. En esa posición la expresión ha perdido ya toda su gravedad original y se emplea también en tono humorístico.

De dónde viene

El origen es taurino y el término técnico está perfectamente definido dentro del oficio, hasta el punto de que la locución figurada conserva sus rasgos sin alterar ninguno.

La puntilla, llamada también cachetero, es un cuchillo corto, ancho y de punta reforzada. No sirve para herir en profundidad: sirve para un golpe único y preciso en la nuca del animal ya derribado, entre las primeras vértebras, que secciona la médula y produce la muerte inmediata. Quien lo maneja es el puntillero, un subalterno, y su intervención llega cuando el toro está caído tras la estocada del matador.

Lo determinante para entender la locución es el lugar que ocupa esa operación dentro de la lidia, y merece la pena subrayarlo porque es la clave de todo. La puntilla no es una suerte. No se torea, no se cita, no se juega nada. No hay lucimiento posible ni se aplaude a quien la ejecuta, salvo cuando falla y hay que repetir, momento en que el público protesta. Es la parte funcional y desagradable del oficio, la que remata lo que otro había resuelto ya.

El sentido figurado conserva esa jerarquía completa. Primero el golpe decisivo, la estocada; después el trámite que confirma el desenlace, la puntilla. Es una traslación limpia, sin pérdidas ni añadidos, y ese ajuste tan exacto entre el tecnicismo y el uso corriente es el mejor argumento a favor del origen.

Vale la pena señalar que puntilla tiene en castellano otros valores sin relación con este, del encaje que remata una prenda al diminutivo de punta. La convivencia de significados nunca ha generado confusión, porque la locución arrastra consigo todo el aparato conceptual de la lidia: el estado previo, la subalternidad del gesto, la falta de gloria.

El toreo ha prestado al castellano común un vocabulario amplísimo, y nuestra expresión pertenece a la parte menos visible de ese préstamo. Muchos hablantes que la usan a diario, incluidos bastantes que no han visto una corrida en su vida, no sabrían decir qué es exactamente una puntilla. El sentido figurado se sostiene solo, sin necesidad de conocer la escena de la que salió.

Hasta qué punto está probado

La ficha declara el origen como probable, y conviene explicar por qué no se declara documentado, que es lo que a primera vista parecería.

Lo que sí está establecido es el término técnico. La puntilla como instrumento y el puntillero como oficio son realidades del toreo con documentación propia y con tratadística que las describe, de modo que en ese punto no hay nada que suponer. Tampoco hay hipótesis rivales: nadie ha propuesto seriamente que la locución venga de otro sitio, y el ajuste semántico es tan estrecho que resulta difícil imaginar una alternativa.

Lo que falta es la otra mitad de la prueba: el momento del salto. No disponemos de una primera documentación fechada que muestre el paso del uso técnico al figurado, ni de un texto temprano donde se vea la expresión aplicada por primera vez a algo que no fuera un toro. Sin ese eslabón, lo riguroso es decir que el origen es muy probable, no que está probado.

La distinción puede parecer excesiva, y sin embargo es la que separa este sitio de los cientos de páginas que dan por cerrado cualquier origen verosímil. Un origen verosímil y sin rivales sigue siendo un origen no documentado. La diferencia entre ambas cosas es pequeña aquí y enorme en otros casos, y aplicar el mismo criterio a todos es lo único que hace que la etiqueta signifique algo.

Cómo se usa hoy

Se emplea a diario en España, con una presencia particularmente alta en la prensa económica y deportiva, donde funciona casi como fórmula de titular. El cierre de comercios, las quiebras, los descensos de categoría y las eliminaciones son su terreno natural.

El registro es coloquial pero perfectamente admisible por escrito, y no resulta ofensivo pese a su origen. La violencia de la imagen se ha desactivado por completo con el uso, igual que ocurre con tantas otras expresiones de la lidia. Nadie visualiza un cuchillo al oírla.

En América se entiende sin dificultad en Argentina, Colombia, México, Perú y Venezuela, con la salvedad de que en varios de esos países resulta más frecuente el tiro de gracia, tomado del ámbito militar y con una imagen distinta, la del disparo que remata a un condenado o a un herido. El sentido es prácticamente el mismo; cambia el instrumento y cambia el mundo del que procede.

Hay una construcción que conviene manejar bien. Se da la puntilla a algo o a alguien, con la preposición marcando la víctima. Y como el sujeto suele ser una circunstancia, la frase típica no acusa a nadie: la pandemia dio la puntilla al sector, la sequía dio la puntilla a la cosecha. Cuando el sujeto sí es una persona, la locución adquiere un tono de crueldad innecesaria, porque se está diciendo que remató a alguien que ya estaba caído. Ese matiz es el que hay que medir antes de usarla contra un individuo.

En la conversación corriente, la variante con ser es la más frecuente de todas y ha derivado hacia el registro humorístico. Decir que algo fue la puntilla, aplicado a una molestia menor al final de un mal día, es hoy uso completamente normal y nadie lo percibe como exagerado.

Expresiones parecidas

Dentro del mismo mundo están dar la estocada, que ocupa el escalón anterior y sí implica mérito, estar para el arrastre, que describe el estado en el que queda la víctima antes de recibir la puntilla, y mandar al desolladero, que apunta a lo que viene después. Las cuatro juntas reconstruyen el orden completo de la faena, y el castellano las ha repartido con bastante precisión.

Fuera de la lidia, el golpe de gracia es la alternativa más próxima y hoy casi intercambiable. Rematar a secas es la versión neutra. Dar el último empujón vale para lo mismo con signo positivo, cuando lo que se acelera es algo bueno.

Merece un comentario aparte el último clavo en el ataúd, que se oye cada vez más y que es calco literal del inglés the final nail in the coffin. Significa exactamente lo mismo que nuestra puntilla y no aporta nada que el castellano no tuviera ya resuelto. No es un error, las lenguas toman prestado a todas horas, pero cuando existe una expresión propia igual de expresiva y mejor asentada, elegir el calco empobrece el texto sin ganar nada a cambio.

En inglés, la fórmula habitual es the coup de grâce, que aquella lengua tomó del francés sin traducirla, y que conserva mejor que el español la idea original de misericordia. Nuestra puntilla no tiene nada de misericordiosa: es limpieza de campo.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

Colombia

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

España

Dar el golpe definitivo a algo que agonizaba

Se usa mucho para negocios y proyectos que se hunden

«La subida del alquiler dio la puntilla a la librería.»

México

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

Perú

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

Venezuela

Rematar algo que ya estaba herido de muerte, o darle a alguien el último golpe cuando ya no podía caer más bajo.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to deliver the coup de grâce

Literalmente: dar el golpe de gracia

Preguntas frecuentes

¿Qué significa dar la puntilla?

Significa rematar algo que ya estaba herido de muerte, dándole el golpe final cuando ya no podía caer más bajo.

¿De dónde viene dar la puntilla?

La puntilla es el cuchillo corto con el que el puntillero remata al toro derribado, seccionándole la médula en la nuca.

¿Es lo mismo dar la puntilla que dar la estocada?

No. La estocada es el golpe decisivo que resuelve; la puntilla llega después, sobre algo que ya estaba vencido.

¿Cómo se usa «dar la puntilla»?

Sobre todo para negocios, proyectos y carreras que ya iban mal y reciben el golpe que los liquida. Suele llevar sujeto impersonal, una subida de precios o una lesión, más que un culpable con nombre. Nunca se usa para el golpe que abre una crisis, solo para el que la cierra.

Fuentes consultadas

  1. DLE (RAE-ASALE)
  2. Cossío, Los toros. Tratado técnico e histórico

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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