Pololear
- Origen histórico: Pololo es voz de origen mapuche: designa a un insecto que revolotea con insistencia alrededor de la luz o de las personas. Rodolfo Lenz recogió la palabra en su estudio de las voces chilenas de origen…
- Variantes frecuentes: Pololo · Polola · Estar pololeando
- En otros idiomas: «to date» (EN)
Mantener una relación de noviazgo sin la formalidad del compromiso; el pololo o la polola son la pareja estable, sin más solemnidad que esa.
Pololear es mantener una relación de noviazgo sin la solemnidad del compromiso. El pololo y la polola son la pareja estable de alguien, y en Chile eso se dice así desde hace más de un siglo. Detrás de la palabra hay un insecto de nombre mapuche que da vueltas alrededor de la luz sin parar.
Qué significa exactamente
La palabra ocupa un escalón muy preciso dentro de la escala chilena de las relaciones, y lo que la define es tanto lo que dice como lo que evita decir. Pololear supone exclusividad, continuidad y reconocimiento público: hay pareja, la conocen los amigos y a menudo la familia. Lo que no supone es proyecto matrimonial. Ese es el punto exacto donde se separa de novio y novia.
En Chile llamar novio a alguien implica normalmente que hay boda a la vista, o al menos un compromiso formalizado. Por eso una pareja de quince años de convivencia puede seguir diciendo que pololea, sin que a nadie le parezca contradictorio, mientras que llamarse novios sonaría a que están preparando la ceremonia. La palabra desactiva la solemnidad, y en eso reside buena parte de su utilidad.
Por debajo del pololeo hay otros escalones. Andar con alguien o estar saliendo designan la fase previa, sin etiqueta ni exclusividad garantizada. Existe también el pinche, encuentro puntual sin continuidad, y el agarre, del mismo terreno. El paso de una de esas situaciones a pololear es una decisión consciente que suele verbalizarse, y de hecho existe la fórmula ritual de pedir pololeo.
El verbo admite varias construcciones. Se poloea con alguien —«polea con una compañera de la universidad»—, se está pololeando, se lleva tiempo pololeando. Y genera el sustantivo pololeo, que nombra tanto la relación como el periodo: «durante el pololeo vivían en ciudades distintas». La forma correcta del presente es pololea, sin diptongo raro, aunque en la escritura informal aparecen variantes.
Hay un segundo significado de pololo que conviene conocer para no perderse. En Chile, un pololo es también un trabajo ocasional, un encargo suelto que se hace fuera del empleo principal; de ahí pololito y la expresión hacer pololos. El contexto separa los dos sentidos con facilidad, porque uno pide persona y el otro no, pero para un hablante de fuera la coincidencia resulta desconcertante la primera vez.
La palabra tiene también un derivado nominal muy productivo para nombrar el fin de la relación: terminar el pololeo, cortar con el pololo. Y admite calificativos que ajustan la temperatura sin cambiar la categoría —pololeo formal, pololeo a distancia, pololeo de verano—, lo que muestra hasta qué punto el término se ha convertido en la unidad básica con la que se describen las relaciones en Chile. No es un eufemismo ni una etiqueta juvenil: es el nombre por defecto.
Y existe todavía un tercer uso, hoy más raro: el de pololo como pretendiente insistente, alguien que ronda sin haber conseguido nada. Ese valor es el más cercano a la imagen original de la palabra, y su retroceso explica por qué la metáfora ya no resulta evidente para los propios hablantes.
De dónde viene
El origen está establecido y es de los pocos casos en que puede decirse sin rodeos. Pololo es voz de origen mapuche que designa un insecto, un coleóptero que revolotea con insistencia alrededor de la luz y de las personas, zumbando y volviendo una y otra vez aunque se lo espante.
Rodolfo Lenz recogió la palabra en su estudio de las voces chilenas procedentes de lenguas indígenas americanas, obra que sigue siendo la referencia para este vocabulario y que documenta tanto el nombre del insecto como su uso figurado. Los diccionarios de chilenismos posteriores mantienen la explicación sin discutirla, y no hay ninguna hipótesis rival que merezca atención.
El salto semántico se entiende sin esfuerzo. El pretendiente que ronda a la persona cortejada hace exactamente lo mismo que el insecto: da vueltas, insiste, vuelve, no se aparta aunque le indiquen que se vaya. La comparación es tan visual que sobrevive incluso cuando el hablante ya no sabe qué es un pololo con alas. De ahí, el paso siguiente fue casi automático: si el pololo es el que ronda, pololear es lo que hace, y cuando la relación se formaliza el nombre se queda pegado a la pareja.
El uso amoroso está atestiguado desde el siglo XIX, lo que sitúa la expresión bastante atrás en el habla chilena, mucho antes de que la formalidad matrimonial dejara de ser la norma social. Eso explica su rendimiento actual: llevaba un siglo largo disponible cuando las relaciones sin proyecto de boda se volvieron mayoritarias, y encajó de manera natural.
El sentido laboral —el pololo como trabajo suelto— procede con toda probabilidad de la misma imagen, la de algo pequeño que anda dando vueltas al margen de lo principal, aunque ese tramo concreto no cuenta con la misma solidez documental que el amoroso y conviene presentarlo como lo que es, una inferencia razonable.
Cómo se usa hoy
Es la palabra normal en Chile, no una alternativa jergal. La usan adolescentes y jubilados, aparece en la prensa, en la televisión y en el lenguaje de la administración pública sin que suene fuera de sitio. Preguntar «¿tienes polola?» es tan corriente como preguntar la edad, y en muchos contextos resulta menos comprometedor que preguntar por la novia, porque no da por supuesto nada sobre el futuro de la relación.
Su neutralidad ha permitido usos que en otros países exigirían un término más formal. La expresión violencia en el pololeo es la denominación habitual en Chile para la violencia dentro de las relaciones de pareja jóvenes, y se emplea en campañas públicas, informes y textos legales. Que una palabra de origen popular acabe en un documento oficial dice bastante de su asentamiento.
Merece la pena señalar que el verbo es de los pocos chilenismos que la propia comunidad percibe como marca de identidad sin ninguna incomodidad. En otras zonas del continente hay palabras locales que los hablantes evitan al hablar con extranjeros por miedo a no ser entendidos o a sonar provincianos; con pololear no ocurre. El chileno la usa fuera de su país y la explica si hace falta, con la naturalidad de quien sabe que su lengua tiene una pieza que las demás no tienen.
El sustantivo funciona además como término de tratamiento: llamar pololo o polola a la pareja, directamente, es corriente en la conversación privada. Y las variantes afectivas —pololito, pololita— añaden ternura sin cambiar el sentido.
Fuera de Chile la palabra no se usa y a menudo no se entiende. En Argentina, Perú o España, un chileno que hable de su polola tendrá que aclararlo, y el equivalente que le ofrecerán —novia— no dirá exactamente lo mismo. Es una de esas piezas del léxico que no viajan, aunque el consumo de series y de música chilena la ha hecho reconocible para bastante gente del resto del continente sin que llegue a adoptarla.
Expresiones parecidas
El escalón inferior lo ocupan andar con alguien y estar saliendo, presentes en casi todo el ámbito hispanohablante, que describen la fase sin etiqueta. Frente a ellos, pololear marca el momento en que la relación se nombra y se acepta como tal, con toda la diferencia práctica que eso supone.
El escalón superior es ser novios en su acepción chilena, con compromiso, y después el matrimonio. En España y en México, en cambio, novio cubre justo el terreno que en Chile ocupa el pololo, sin implicar boda, lo que produce equívocos frecuentes en las conversaciones entre hablantes de distintos países. No es que una zona sea más formal que otra: es que la palabra se ha especializado de manera distinta.
En el terreno del cortejo, el paralelo español más próximo es tirar los galgos o tirar los tejos, que describen la acción de acercarse a alguien con intención, es decir, la fase que en el pololo original correspondía al insecto rondando la luz. En el Río de la Plata, estar hasta las manos describe otra cosa distinta pero cercana: el enamoramiento sin retorno, que puede darse dentro o fuera de una relación establecida.
Conviene además no emparentarlo con las expresiones que describen el estado emocional, porque pertenecen a otro plano. Estar enamorado, andar embobado o perder la cabeza hablan de lo que siente una persona; pololear habla del vínculo, que existe con independencia de la intensidad del sentimiento. Se puede pololear sin entusiasmo y se puede estar perdidamente enamorado sin pololear con nadie.
Y dentro del propio léxico juvenil chileno, pololear convive con vocabulario de ocio como carretear, con el que a veces aparece en la misma frase y con el que no debe confundirse: se puede carretear pololeando o sin pololear, y la gracia de muchas conversaciones adolescentes chilenas está justamente en esa combinatoria.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Chile
Tener novio o novia
Menos formal que «ser novios», que apunta a boda
«Llevan dos años pololeando.»
Ejemplos de uso
- «Mi hermana lleva pololeando con el mismo cabro desde el colegio y en casa ya es uno más.»
- «Se conocieron en la universidad y ahora pololean, aunque estudian en campus distintos.»
- «En la plaza siempre hay parejas pololeando en las bancas del fondo, cerca de la pileta.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to date
Literalmente: salir con alguien
ES
salir con alguien
Literalmente: salir con alguien
Preguntas frecuentes
¿Qué significa pololear?
Significa tener una relación de noviazgo sin el peso formal del compromiso. El pololo o la polola son la pareja estable de alguien. Supone exclusividad y continuidad, pero no proyecto de boda.
¿De dónde viene la palabra pololo?
Del mapudungun: es el nombre de un insecto que revolotea con insistencia alrededor de la luz y de las personas. El pretendiente que ronda heredó el apodo. Rodolfo Lenz documentó la voz y su uso figurado.
¿Es lo mismo pololo que novio?
En Chile no del todo. Pololo es la pareja estable sin compromiso formal; llamar novio a alguien sugiere que hay boda a la vista. En España o México, novio cubre justo lo que en Chile es el pololo.
¿Qué es hacer pololos en Chile?
Nada que ver con el amor: un pololo es también un trabajo ocasional, un encargo suelto al margen del empleo principal. De ahí «pololito» y la expresión «hacer pololos».
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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