Navegar contra corriente
- Origen histórico: Remontar un río o navegar contra la corriente obliga a gastar mucha más fuerza para avanzar mucho menos, y basta soltar el remo un momento para retroceder. La imagen es tan clara que no requiere un origen…
- Variantes frecuentes: Ir a contracorriente · Remar contra corriente · Nadar contra corriente
- En otros idiomas: «to swim against the tide» (EN)
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Navegar contra corriente describe el esfuerzo de quien sostiene una postura o un trabajo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, a sabiendas de que eso multiplica la dificultad. Se dice tanto con admiración, como elogio de la independencia, como con reproche, cuando lo que se ve es tozudez.
Qué significa exactamente
El primer requisito es la conciencia. Quien navega contra corriente sabe que va contra corriente; no se ha despistado. Esa lucidez la separa de perder el rumbo o de ir a la deriva, donde el sujeto no controla nada, y la acerca a las expresiones de voluntad.
El segundo es el coste. La expresión afirma siempre que hacerlo sale caro: más trabajo para menos avance. No sirve para describir una opinión minoritaria que no le cuesta nada a quien la sostiene.
Lo verdaderamente interesante es que el juicio de valor no está en la frase, sino en quien la dice. La misma conducta se describe con las mismas palabras para elogiar la integridad de alguien y para reprocharle que no se entere de por dónde van las cosas. El tono, el contexto y sobre todo el resultado deciden en qué sentido se ha entendido. Una librería que abre en un barrio sin librerías navega contra corriente; si prospera, era valentía, y si cierra, era empeño absurdo. La expresión aguanta las dos lecturas sin cambiar una letra.
Las variantes son tres y no dicen exactamente lo mismo, aunque se usen como intercambiables. La diferencia está en los medios de que dispone el sujeto. Navegar contra corriente supone un barco. Remar contra corriente deja solo los remos y el cuerpo, y es la más común en América. Nadar contra corriente no deja nada: es el cuerpo desnudo contra el agua, la versión más desprotegida de las tres, y por eso la más dramática. Y está la forma adverbial ir a contracorriente, la más frecuente en España y la más neutra, que sirve para cualquier ámbito.
Conviene distinguirla de llevar la contraria, que describe contradecir por sistema y sin causa propia. Quien lleva la contraria depende del otro para saber qué opinar; quien navega contra corriente tiene su propia posición y resulta que no coincide con la mayoritaria. La diferencia es enorme y se confunde a menudo.
De dónde viene
Del agua, y de una experiencia que cualquiera que haya manejado un remo entiende de inmediato: remontar una corriente exige mucha más fuerza para avanzar mucho menos, y basta soltar el remo un instante para retroceder todo lo ganado. Esa asimetría entre el esfuerzo y el resultado es todo el contenido de la expresión.
En la navegación fluvial europea el problema no era menor: bajar el río era barato y rápido, y subirlo, un trabajo. La solución tradicional fue la sirga, es decir, arrastrar la embarcación desde la orilla mediante un cabo tirado por hombres o por animales de tiro, para lo cual se mantenían despejados los llamados caminos de sirga a lo largo de las riberas navegables. El término está documentado en la legislación española y sigue apareciendo en la normativa de aguas. Es la prueba material de hasta qué punto ir contra corriente era un asunto serio.
En el mar ocurre lo equivalente con las corrientes y las mareas. Un buque de vela con corriente en contra podía reducir su avance real a cero, de modo que la navegación se organizaba en función de la marea y no de las ganas del capitán. Esperar la marea era el proceder normal, y el que salía a contracorriente lo hacía sabiendo lo que le esperaba.
La imagen es tan evidente que aparece por su cuenta en muchas lenguas europeas, y esa coincidencia es en sí misma un dato. El inglés dice swim against the tide, el francés aller à contre-courant, el italiano y el portugués tienen sus versiones. Cuando la misma metáfora surge en tantos sitios, lo razonable es pensar que la produce la experiencia compartida y no un préstamo.
Cuándo se lexicalizó en español, no consta. Los diccionarios registran el giro sin fecharlo.
Hasta qué punto está probado
El origen náutico y fluvial no admite discusión, porque está en el enunciado. Corriente es lo que es, y navegar es lo que es. No hay ninguna capa oculta que descifrar.
Lo que se desconoce es la cronología y la vía de entrada. La ubicación en el siglo XIX que recoge esta ficha es una estimación razonable para la fijación del giro figurado en español, no un dato de corpus, y quien busque precisión tendrá que ir a los archivos, no a un diccionario de dichos.
Merece la pena señalar un añadido moderno que a veces se toma por origen. En el uso actual, sobre todo en discursos motivacionales, la expresión se ilustra con el salmón que remonta el río para desovar. Es una imagen eficaz y biológicamente cierta, pero es reciente como refuerzo divulgativo y no tiene nada que ver con la formación de la frase, que se apoya en la experiencia humana de remar y no en la etología de los peces.
Y una advertencia general. Cualquier explicación que atribuya esta expresión a un episodio concreto, a un autor concreto o a una embarcación concreta debe mirarse con desconfianza. Las metáforas transparentes no necesitan padre conocido, y cuando alguien les inventa uno suele ser para vender la anécdota.
Cómo se usa hoy
Se usa en todo el ámbito hispanohablante, con un reparto claro de preferencias. En España domina ir a contracorriente. En Argentina y Uruguay, remar contra la corriente, tan asentada que el verbo remar ha adquirido por su cuenta el sentido de esforzarse contra las dificultades: hay que remarla se entiende sin más. En México y en varios países del Caribe, nadar contra la corriente.
El registro es neutro y encaja en cualquier texto. Sus terrenos favoritos son el comercio, el arte, la política y las decisiones vitales que no siguen el guion esperado.
Conviene decir que como elogio está bastante gastada. El discurso empresarial y el de la autoayuda la han usado tanto para adornar cualquier decisión que la expresión ha perdido filo, y hoy casi funciona mejor en boca de quien reprocha que en boca de quien admira.
Hay una duda ortográfica legítima que merece respuesta. La locución adverbial se escribe en una palabra tras la preposición, a contracorriente, porque contracorriente es un sustantivo formado con prefijo. En cambio, cuando contra funciona como preposición delante del nombre, se escribe separado: navegar contra corriente, o navegar contra la corriente. Las dos grafías son correctas en sus contextos respectivos, y confundirlas es de los errores más habituales.
Se escribe en minúsculas y admite complemento con de para especificar la corriente concreta, aunque en el uso figurado suele ir sin él.
Una última observación sobre el sujeto. La expresión funciona mucho mejor con personas y con proyectos que con ideas abstractas: una empresa navega contra corriente, un dato no. Cuando se aplica a una tendencia o a una cifra, la metáfora se queda sin remero y la frase pierde toda su fuerza.
Expresiones parecidas
Su contrario exacto es seguir la corriente, que en español ha acabado significando dar la razón a alguien para evitar la discusión, con un matiz de condescendencia que la corriente literal no tiene. Y dejarse llevar describe la versión pasiva, ni a favor ni en contra, simplemente sin oponer resistencia.
Dentro del mismo mundo náutico está navegar de bolina, que es la técnica real para avanzar con el viento en contra: no se va de frente, se ciñe todo lo posible y se zigzaguea. La comparación es instructiva, porque describe la alternativa inteligente a la terquedad, y en sentido figurado sirve para quien consigue avanzar contra el ambiente sin estrellarse contra él.
Para la perseverancia frente a todos los obstáculos, contra viento y marea es la más rotunda del idioma, y suma los dos elementos que un marino podía tener en contra. Remar en la misma dirección, muy usada en el lenguaje de gestión, es la fórmula contraria y apela al esfuerzo colectivo alineado.
En el terreno de la voz que nadie escucha, predicar en el desierto añade la soledad y la inutilidad, cosa que navegar contra corriente no implica: se puede ir contra corriente y llegar.
El inglés dispone de to swim against the tide y de to go against the grain, esta última tomada de la carpintería y del sentido de la veta de la madera, que es una imagen distinta para la misma resistencia.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Ir en contra de la tendencia
Muy común la variante remar contra la corriente
«Abrir una librería hoy es remar contra la corriente.»
Chile
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Colombia
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
España
Actuar en sentido contrario al general
Puede ser elogio de independencia o crítica de tozudez
«Lleva veinte años navegando contra corriente en su gremio.»
México
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Perú
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Uruguay
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Venezuela
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad.
Ejemplos de uso
- «En casa todos son de ciencias y ella navega contra corriente estudiando filología sin pedirle permiso a nadie.»
- «Defender el turno partido en esa oficina es ir a contracorriente, pero lleva diez años haciéndolo.»
- «El equipo del barrio nada contra corriente: sin patrocinador, sin campo propio y aun así llenan la grada.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to swim against the tide
Literalmente: nadar contra la marea
FR
aller à contre-courant
Literalmente: ir a contracorriente
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «navegar contra corriente»?
Sostener una postura o un esfuerzo en contra de lo que hace o piensa la mayoría, sabiendo que eso multiplica la dificultad. Puede decirse como elogio de la independencia o como reproche de tozudez: el juicio lo pone quien habla.
¿De dónde viene «ir a contracorriente»?
De la navegación fluvial y marítima: remontar una corriente exige mucha más fuerza para avanzar mucho menos, y basta soltar el remo para retroceder. En los ríos se recurría a la sirga, arrastrando la embarcación desde la orilla. La imagen es transparente y no está fechada.
¿Se escribe «a contracorriente» o «a contra corriente»?
La locución adverbial va en una palabra: ir a contracorriente. Cuando contra funciona como preposición delante del nombre se escribe separado: navegar contra corriente, o contra la corriente. Las dos grafías son correctas en su contexto.
¿Es lo mismo que «llevar la contraria»?
No. Llevar la contraria es contradecir por sistema, dependiendo de lo que diga el otro para saber qué opinar. Quien va a contracorriente tiene una posición propia que resulta ser minoritaria, y le cuesta esfuerzo sostenerla.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Seguir la corriente
Darle la razón a alguien sin creerla, para evitar una discusión o para no contrariar a quien no merece la pena…
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