Hacer una faena a alguien
- Origen histórico: En la plaza, faena es el conjunto de pases de muleta que preceden a la muerte del toro, y hacerle a alguien una faena sonaría a someterlo a ese trabajo. La objeción es sencilla: faena significa tarea y…
- Variantes frecuentes: Menuda faena · Vaya faena
- En otros idiomas: «to do the dirty on someone» (EN)
Causar a alguien un perjuicio serio, sobre todo cuando viene de quien no se esperaba y deja al perjudicado sin margen de maniobra.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Hacerle una faena a alguien es causarle un perjuicio serio, casi siempre desde una posición de confianza y sin dejarle margen para reaccionar. La expresión admite además un uso sin culpable: vaya faena se dice de un contratiempo que no ha buscado nadie. Su origen se reparte entre la plaza de toros y el sentido llano de la palabra.
Qué significa exactamente
Lo primero que hay que fijar es el calibre. Una faena no es una molestia menor. Que el vecino ponga música alta es un incordio; que te cambien el turno justo el día que tenías el vuelo pagado, eso es una faena. La palabra exige un daño con consecuencias, algo que obliga a reorganizar los planes, a perder dinero o a tragarse un disgusto que no se olvida al día siguiente.
Lo segundo es de dónde viene el golpe. La faena la hace, casi siempre, alguien que estaba en condiciones de no hacerla: un jefe, un socio, un amigo, un organismo. Ahí está la diferencia con el simple contratiempo. Si el daño lo causa un desconocido, hablamos de mala suerte; si lo causa alguien de dentro, hablamos de faena. El elemento de decepción forma parte del significado, no es un adorno del tono.
Lo tercero, el desamparo. Quien recibe la faena no puede hacer gran cosa. No hay recurso, ni tiempo, ni forma de dar la vuelta a la situación. Por eso la expresión funciona tan bien con las decisiones administrativas y con los cambios de última hora: son perjuicios contra los que uno no puede pelear.
Con esos tres ingredientes puestos, la locución se separa bien de sus vecinas. Una jugarreta tiene algo de travesura y suele ser menor. Una traición es más grave y más solemne, e implica una lealtad rota. Una putada dice exactamente lo mismo que faena pero en registro vulgar, y de hecho faena funciona en España como su versión presentable: se puede decir delante de quien sea.
Hay una segunda vida de la expresión que conviene no pasar por alto, porque es la más frecuente en la conversación diaria. En las formas exclamativas —vaya faena, menuda faena, qué faena— desaparece el culpable. Se le dice a quien acaba de contar que lo han operado del menisco en plena temporada de esquí. No hay malvado; hay mala pata. La misma palabra sirve para el agravio y para la desgracia, y el contexto basta para saber cuál toca.
El artículo determinado añade un matiz que se pierde si no se está atento. Hacerme una faena es indeterminado y suena general. Hacerme la faena señala una faena concreta, la que los dos sabemos, y casi siempre viene con un relato detrás.
De dónde viene
La palabra tiene una etimología clara y la locución no. Conviene separarlas, porque el enredo nace justamente de mezclarlas.
Faena entró en castellano desde el catalán feina, y esta procede del latín facienda, literalmente las cosas que han de hacerse. Corominas lo explica sin titubeos. Su valor primero en castellano es el de trabajo, tarea o quehacer, y muy pronto el de trabajo duro y penoso: las faenas del campo, las faenas de la casa. De toros, por ahora, nada.
De ese sentido de trabajo penoso sale sin ningún esfuerzo el de trabajo penoso impuesto a otro. Hacerle a alguien una faena sería, en esta lectura, endosarle una tarea ingrata o un mal rato. Es un desplazamiento tan corriente que se repite en otras lenguas y no necesita ninguna explicación pintoresca para sostenerse.
La otra vía es la taurina. En la plaza, la faena es el conjunto de pases de muleta con que el matador prepara al toro para la estocada. Es el trabajo del torero, en sentido literal, y también aquí la palabra se emplea por su valor común. Quien defiende esta procedencia razona que hacerle la faena a alguien es tratarlo como al toro: someterlo, cansarlo y rematarlo. La imagen es potente y encaja con el desamparo del que hablábamos.
Hay un argumento a favor de la vía taurina que no conviene despachar a la ligera. El castellano coloquial está lleno de metáforas de la plaza que sí son transparentes y están vivas: ver los toros desde la barrera, entrar al trapo, torear a alguien, saltarse algo a la torera. En un idioma con esa cantera, que una expresión de perjuicio venga de allí no tiene nada de improbable.
Y hay uno en contra que pesa lo suyo: la lengua no necesitaba la plaza para llegar hasta ahí. Si faena ya significaba trabajo ingrato en el habla común desde muy antiguo, el paso a mala pasada está dado antes de que ningún matador entre en escena.
Hasta qué punto está probado
Firme está la etimología de la palabra. Discutido está el camino de la locución, y no hay documentación que permita cerrarlo.
Nadie ha señalado el testimonio antiguo que mostraría cuál de los dos sentidos venía primero en la fórmula hacer una faena a alguien. Sin ese testimonio, las dos explicaciones se quedan en igualdad de condiciones, y quien las presente como una sola verdad está eligiendo por gusto, no por prueba.
Hay un detalle que inclina un poco la balanza, aunque no la vuelca. Las formas sin culpable, vaya faena y menuda faena, están entre las más usadas y no tienen a nadie que toree. En la plaza siempre hay alguien que ejecuta la faena; en vaya faena, se ha roto la lavadora no hay nadie. Un origen taurino tendría que explicar además cómo desapareció el agente, mientras que el sentido de trabajo penoso lo admite desde el principio.
Existe también una posibilidad muy razonable y poco espectacular: que las dos vías se hayan alimentado la una a la otra. Los hablantes de un país con plaza de toros en cada capital de provincia oían el sentido taurino y el común a la vez, y no tenían por qué distinguirlos. Una locución puede tener dos padres.
Lo honrado es decir lo que hay. La palabra procede del catalán y del latín, el paso a mala pasada admite dos lecturas y elegir una es una preferencia, no un dato.
Cómo se usa hoy
En España es de uso diario y transversal. No tiene marca de edad ni de clase, y se cuela sin problema en la radio, en la crónica deportiva y en cualquier conversación de oficina. Lo único que no admite es el registro formal escrito: en un escrito de reclamación no se dice que la empresa nos ha hecho una faena, se dice que nos ha causado un perjuicio.
Las construcciones más habituales son hacer una faena con complemento de persona, las exclamativas menuda faena y vaya faena, y la intensificación con adjetivo: una faena gorda, una faena de las gordas. Tiene gracia que buena faena signifique cosas opuestas según dónde se diga: en la plaza es un elogio al torero; fuera de ella, una buena faena es una faena grande, es decir, un daño considerable.
En México, Colombia, Perú y Venezuela la expresión se entiende y se emplea, aunque allí el sustantivo conserva con más fuerza el valor de tarea, sobre todo la del campo y la del trabajo comunitario. En esos países convive con giros propios del mismo terreno, del tipo jugar sucio o hacer una jugarreta, y el matiz concreto del golpe inesperado desde dentro suele repartirse entre varias fórmulas en lugar de concentrarse en una.
El tono depende de quién hable. Dicho por la víctima, es queja con resignación. Dicho por un tercero, es solidaridad. Y dicho por el propio autor del daño —ya sé que te hago una faena, pero no me queda otra— funciona como disculpa anticipada para amortiguar el golpe, que es uno de sus empleos más frecuentes en el trabajo.
Un apunte de cortesía: acusar a alguien de hacer una faena es directo, pero no ofensivo. No hay insulto en la palabra, y esa es justamente la razón de que se prefiera a las alternativas malsonantes. Se puede decir en una reunión y nadie se levanta de la mesa.
Expresiones parecidas
Para este terreno el castellano tiene una escala completa. Jugarreta y mala pasada quedan por debajo en gravedad y añaden un aire de picardía. Jugada a secas, sobre todo en exclamación, resulta casi intercambiable en España. Putada dice lo mismo con una capa de vulgaridad, y faena es su equivalente educado, cosa que explica buena parte de su vitalidad.
Cuando el daño viene de quien no debía, entran otras fórmulas: dar la espalda, dejar tirado, clavar un puñal por la espalda. Todas insisten en la deslealtad, mientras que faena se conforma con el perjuicio y deja abierto el motivo, que es lo que la hace tan cómoda.
En la familia taurina los parientes son de otra clase. Torear a alguien es marearlo y entretenerlo con largas, no perjudicarlo de golpe. Dar un bajonazo, en la jerga de la plaza, es matar de forma tramposa hiriendo bajo, y de ahí pasa al golpe sucio. Pasar de muleta describe el manejo, no el daño.
Y para la variante sin culpable, los vecinos son qué mala pata, vaya tela y el todavía más resignado qué se le va a hacer. En inglés, la parte con agente se resuelve con to do the dirty on someone, hacerle a alguien la sucia, que conserva el mismo tono de golpe bajo entre conocidos.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Colombia
Causar a alguien un perjuicio serio, sobre todo cuando viene de quien no se esperaba y deja al perjudicado sin margen de maniobra.
España
Perjudicar a alguien
También se dice de un contratiempo sin culpable: vaya faena
«Me hicieron la faena de cambiarme el turno el día del viaje.»
México
Causar a alguien un perjuicio serio, sobre todo cuando viene de quien no se esperaba y deja al perjudicado sin margen de maniobra.
Perú
Causar a alguien un perjuicio serio, sobre todo cuando viene de quien no se esperaba y deja al perjudicado sin margen de maniobra.
Venezuela
Causar a alguien un perjuicio serio, sobre todo cuando viene de quien no se esperaba y deja al perjudicado sin margen de maniobra.
Ejemplos de uso
- «Menuda faena nos hizo cancelando la comida cuando ya teníamos el asado en el horno.»
- «Le hicieron la faena de dejarle el inventario entero el día antes de irse de vacaciones.»
- «Al bar de abajo le han hecho una buena faena plantando las obras justo delante de la puerta.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to do the dirty on someone
Literalmente: hacerle la sucia a alguien
Preguntas frecuentes
¿Qué significa hacerle una faena a alguien?
Causarle un perjuicio serio, normalmente desde una posición de confianza y sin dejarle margen para reaccionar. En exclamación (vaya faena, menuda faena) se dice también de un contratiempo del que nadie tiene la culpa.
¿De dónde viene la expresión hacer una faena?
Está en discusión. La palabra faena viene del catalán feina y del latín facienda, y significa tarea o trabajo penoso; de ahí saldría el valor de mala pasada. Otra explicación la lleva a la plaza, donde la faena es el trabajo de muleta previo a la estocada.
¿Qué quiere decir vaya faena?
Se dice de un contratiempo que fastidia los planes sin que nadie lo haya buscado: una avería, una baja médica, un cambio de fecha. En esa forma exclamativa desaparece el culpable y solo queda el perjuicio.
¿Es lo mismo una faena que una jugarreta?
No exactamente. La jugarreta es menor y tiene algo de travesura; la faena implica un daño con consecuencias y suele venir de alguien de confianza. Faena funciona además como la versión presentable de una palabra malsonante.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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