El respetable
- Origen y documentación: La fórmula el respetable público pertenece al lenguaje ceremonioso de los carteles y los anuncios de espectáculo, y en la plaza tiene sentido literal: el público taurino no solo mira, pide trofeos…
- Variantes recogidas: Complacer al respetable · El respetable público
- En otros idiomas: «the gallery» (EN)
El público que asiste a algo y cuyo juicio decide el éxito o el fracaso, tratado con una cortesía que a veces esconde ironía.
El respetable es el público que asiste a un espectáculo y cuyo juicio decide si aquello sale bien o mal. La fórmula es de una cortesía tan aparatosa que hoy casi nadie la usa en serio: se dice con guiño, y el guiño consiste precisamente en tratar de usted a un grupo de gente que está allí para pasar el rato.
Qué significa exactamente
Lo que la expresión nombra no es el público sin más, sino el público en tanto que tribunal. Al llamarlo respetable se le está reconociendo autoridad para aprobar o condenar, y por eso la palabra aparece siempre en contextos donde alguien se somete a un veredicto: quien sale a saludar, quien recibe una ovación, quien se lleva una bronca. Un público que solo mira no es el respetable; lo es en cuanto se pronuncia.
Gramaticalmente es un adjetivo sustantivado que ha perdido el nombre al que acompañaba, el respetable público. Va siempre con artículo, siempre en masculino singular, y no admite plural ni adjetivos añadidos: no se dice un respetable ni los respetables. Esa rigidez es la marca de las expresiones que vienen de una fórmula fija y no de una construcción libre.
Conviene distinguirla de sus vecinas, que no dicen lo mismo. La galería nombra las localidades altas y baratas, y de ahí hablar para la galería, que es buscar el aplauso fácil de los menos exigentes: hay desprecio en esa palabra y no lo hay en la otra. La parroquia designa a los habituales de un local o de un espectáculo, con un matiz de fidelidad. La afición, en toros y en deporte, implica conocimiento y continuidad, no simple asistencia. Y el patio de butacas es una metonimia teatral, geográfica antes que valorativa.
El tono actual es casi siempre irónico, y la ironía nace del contraste. Llamar respetable a un grupo de gente que está comiendo pipas resulta gracioso justamente porque la fórmula pertenece a otro siglo. De ahí que hoy se emplee sobre todo en broma, aplicada a una clase, a una reunión de trabajo o a los cuatro amigos que escuchan una historia. Pero el uso serio no ha desaparecido: en el circo y en cierto lenguaje de presentación sigue diciéndose sin ninguna intención humorística.
Los verbos que la acompañan son casi siempre los mismos y dicen mucho de la relación que describe: saludar al respetable, dirigirse al respetable, complacer al respetable, agradecer al respetable. Todos ellos colocan al hablante en posición de servicio. No se manda sobre el respetable, no se le contradice y no se discute con él: se le atiende. Esa asimetría es la que se aprovecha cuando la expresión se usa en broma entre iguales, porque el que la dice finge rebajarse mientras toma la palabra.
De dónde viene
La fórmula completa, el respetable público, pertenece al lenguaje ceremonioso de los carteles, los pregones y los anuncios de espectáculo. Durante mucho tiempo, cualquier aviso empezaba dirigiéndose así a los asistentes: se ponía en conocimiento del respetable público que la función comenzaría a tal hora, que se suspendía por lluvia o que tal artista había sido sustituido. Era la manera educada y algo solemne de hablarle a una multitud de la que dependían las entradas vendidas.
De ahí sale la elipsis. Cuando una fórmula se repite lo suficiente, la lengua se queda con la parte que la identifica y suelta el resto: el sustantivo desaparece y el adjetivo pasa a nombrar por sí solo. Es el mismo mecanismo por el que un móvil es un teléfono móvil y una portátil un ordenador portátil. Con el respetable ocurrió lo mismo, y en el camino se cargó de una ironía que ya no se le quita.
La plaza de toros aporta algo que las otras salas no tienen, y es la razón de que la expresión se asocie de manera tan directa a ella: allí la deferencia no es solo formularia. El público taurino no mira nada más. Pide los trofeos agitando pañuelos, protesta cuando el toro no le convence, exige que se cambie el tercio, silba a la presidencia y, si el caso lo pide, obliga a rectificar. Tiene, en la práctica, funciones reconocidas dentro del espectáculo, cosa poco común. Llamarlo respetable en un cartel no era pura cortesía: describía una situación real.
Ahora bien, atribuir la expresión en exclusiva a los toros sería forzar las cosas. El circo la usó y la sigue usando desde la pista, el teatro de variedades la incorporó a sus presentaciones y el lenguaje comercial de los anuncios la manejó con toda naturalidad. La fórmula es del mundo del espectáculo en general. Lo que la plaza aportó fue el contenido, el hecho de que ese respeto se tradujera en decisiones.
La abreviación y el uso coloquial son del siglo XX, cuando la fórmula empezaba ya a sonar anticuada y por eso mismo resultaba divertida. Las expresiones ceremoniosas suelen tener esa segunda vida: primero se dicen en serio, después se dicen para reírse de lo serias que eran.
Aquel lenguaje ceremonioso dejó en el idioma más restos de los que parece, y verlos juntos ayuda a situar este. Sus señorías sigue vivo en el ámbito parlamentario y se emplea fuera de él con la misma ironía. La respetable concurrencia, el distinguido público o los señores espectadores pertenecen a la misma familia y han corrido peor suerte, porque no llegaron a abreviarse y hoy suenan a fórmula muerta. Que el respetable sobreviviera y las demás no tiene que ver con la elipsis: al perder el sustantivo, la expresión se volvió corta, cómoda y fácil de decir con retintín.
Hasta qué punto está probado
El punto de partida está fuera de duda. La fórmula el respetable público existió, se empleó de manera constante en carteles y anuncios de espectáculo y puede documentarse sin dificultad. Que la expresión actual sale de ahí por elipsis no lo discute nadie.
Lo que no puede fijarse es dónde se produjo el recorte y en qué momento. ¿Salió de la plaza, del circo, del teatro? Las tres opciones son compatibles con lo que sabemos y no hay documentación que permita decidir. La relación taurina se considera probable: la asociación es fuerte y bien fundada, pero es una asociación, no una prueba.
Y hay que descartar de entrada cualquier relato que atribuya la expresión a un empresario concreto, a un torero determinado o a una plaza con nombre. No existe ese dato. Lo que existe es una fórmula de cortesía repetida durante generaciones, que es una explicación menos vistosa y bastante más sólida.
Cómo se usa hoy
El tono es coloquial, con disfraz de solemne, y esa contradicción es su gracia. Se emplea en España, México, Colombia, Perú y Venezuela, es decir, donde el vocabulario del espectáculo taurino ha dejado poso. Fuera de ese ámbito se entiende, pero se usa menos.
Los contextos habituales son tres. El primero, el propio del espectáculo, donde un presentador o un artista saluda al respetable con o sin intención humorística. El segundo, el periodístico, sobre todo en crónicas de espectáculos y de política, donde sirve para señalar que alguien está actuando de cara a un público. El tercero, el humorístico cotidiano: un profesor que se dirige a su clase, alguien que cuenta un chiste en una mesa, un compañero que anuncia algo en la oficina.
Hay una precaución de trato. Dicha a la cara de un público real, la fórmula puede sonar condescendiente si el tono no acompaña, porque el exceso de cortesía se lee fácilmente como burla. Entre iguales no plantea ningún problema; desde un escenario, conviene medirla.
Va perdiendo terreno entre hablantes jóvenes, que rara vez la emplean y que a veces ni siquiera reconocen la fórmula completa de la que sale. Sigue siendo, en cambio, moneda corriente en la crónica y en el habla de quien se dedica al espectáculo, donde funciona como una pieza más del vocabulario profesional. Es el destino habitual de las expresiones nacidas en un gremio: se conservan intactas dentro y se van diluyendo fuera.
Expresiones parecidas
Hablar para la galería comparte el escenario y cambia la valoración: allí el público es el que se contenta con poco. Brindis al sol, también del repertorio taurino, describe el gesto vistoso dirigido a agradar sin coste, que es lo que se hace cuando se busca al respetable en vez de hacer bien el trabajo. Dar la vuelta al ruedo y salir a hombros nombran el reconocimiento cuando ese público ha decidido a favor.
Fuera de la plaza, la parroquia es la alternativa más cercana en tono, con un punto más de familiaridad. El patio de butacas se queda en lo teatral. La grada y la hinchada pertenecen al fútbol y llevan incorporada la pasión de parte, que en el respetable no está: el respetable, al menos en teoría, juzga.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Colombia
La audiencia que juzga y decide el éxito
Mismo sentido; vive en el lenguaje del espectáculo y en tono humorístico, poco en la conversación seria
«Bueno, señoras y señores, ahí les va esto para el respetable.»
España
La audiencia, tratada con deferencia formularia
Hoy casi siempre se usa con guiño irónico
«Salió al escenario a saludar al respetable.»
México
El público, tratado con una cortesía de cartel que suele llevar guiño
Mismo sentido; en México llegó también por el lenguaje del circo, la carpa y la televisión de variedades, y hoy casi siempre se dice en broma
«Un aplauso para el respetable, que aguantó tres horas parado.»
Perú
El público al que se trata con deferencia formularia
Mismo sentido; se oye sobre todo en presentaciones y en la prensa de espectáculos
«El humorista saludó al respetable antes de empezar.»
Ejemplos de uso
- «El crío se subió a la silla a recitar y saludó al respetable con una reverencia de cine.»
- «Enseñó las diapositivas nuevas y el respetable no movió ni una ceja en veinte minutos.»
- «En el descanso el grupo bajó a firmar discos para complacer al respetable.»
Así suena en una conversación
Antes de salir a escena
—Está lleno.
—A ver qué dice el respetable.
Después de la función
—Se han reído en todos los chistes.
—El respetable manda.
—Y hoy ha mandado bien.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
the gallery
Literalmente: la galería
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el respetable?
Es el público que asiste a un espectáculo y cuyo juicio decide el éxito o el fracaso de quien actúa. Nombra a la audiencia en cuanto se pronuncia, no simplemente en cuanto mira.
¿De dónde viene llamar el respetable al público?
De la fórmula el respetable público, propia de carteles, pregones y anuncios de espectáculo, que la lengua acabó abreviando. La asociación con la plaza de toros es fuerte, porque allí el público tiene funciones reconocidas, pero el circo y el teatro usaron la misma fórmula.
¿Se usa el respetable en serio o con ironía?
Hoy casi siempre con ironía, porque la cortesía de la fórmula suena a otro siglo. El uso serio sobrevive en el circo y en cierto lenguaje de presentación de espectáculos.
¿Es lo mismo el respetable que la galería?
No. La galería son las localidades altas y baratas, y hablar para la galería significa buscar el aplauso fácil, con desprecio incluido. El respetable no lleva desprecio: reconoce al público autoridad para juzgar.
Fuentes y referencias
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de la lengua española (DLE)
- Cossío, José María de, Los toros. Tratado técnico e histórico
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
- Fuentes citadas: 2 obras.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Brindis al sol
Gesto vistoso y sin coste que se hace para quedar bien ante la galería, sabiendo de antemano que no va a tener ninguna…
De sol y sombra
Cosa que participa de dos condiciones opuestas y no acaba de ser ni una ni otra, con lo bueno y lo malo de cada lado.
Dar la vuelta al ruedo
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Abrirse de capa
Desplegar todos los recursos ante alguien para impresionarlo, mostrando de una vez lo mejor que se tiene sin guardarse…
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Tener buena planta y presencia, con ese aire de cosa seria y bien hecha que se aprecia antes de comprobar si de verdad…
Colgar los trastos
Abandonar una actividad o profesión.