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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Hacer oídos sordos

Respuesta rápida
«Hacer oídos sordos» significa Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.
  • Origen histórico: La fórmula es paralela a hacer la vista gorda y funciona igual: se simula una incapacidad del sentido para eludir la obligación que traería el haber oído. El plural oídos sordos, con el adjetivo aplicado al…
  • Variantes frecuentes: Hacerse el sordo · Hacer oreja sorda
  • En otros idiomas: «to turn a deaf ear» (EN)

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Origen desconocido

No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.

Hacer oídos sordos es fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla. No se trata de no enterarse: se trata de haberse enterado perfectamente y comportarse como si no. La expresión describe una decisión, y por eso siempre lleva implícito un reproche a quien la toma.

Qué significa exactamente

Hacen falta tres cosas para que la frase sea exacta. Que alguien haya pedido, avisado o reclamado algo; que el destinatario lo haya recibido; y que la respuesta sea el silencio. Si no hubo petición, no hay nada que desatender. Si el mensaje no llegó, hay un fallo de comunicación y no una conducta reprochable.

El resultado buscado es que el asunto muera de puro agotamiento. Quien hace oídos sordos no discute ni niega, y esa es su ventaja: no da nada a lo que agarrarse. Contra un no razonado se puede argumentar; contra el silencio, no.

Conviene distinguirla de hacer la vista gorda, con la que se confunde a diario. El que hace la vista gorda ve una falta y decide tolerarla, muchas veces por benevolencia o por complicidad. El que hace oídos sordos desatiende una demanda que se le dirige a él. Una es permisividad; la otra, desatención.

Distinta también es entrar por un oído y salir por otro, donde el problema es que nada se retiene. Ahí puede haber distracción o desinterés, pero no necesariamente la voluntad de eludir una obligación que sí está en el fondo de nuestra locución.

Otro rasgo constante: la expresión nunca es neutra. Quien la emplea está tomando partido por el que reclamaba, y con ella se juzga a la vez la conducta y la posición de poder que la hace posible. No existe una versión amable de la frase, del mismo modo que no existe nadie que presuma de haber hecho oídos sordos.

Lo desatendido, además, suele venir en plural y con cierta solemnidad: las quejas, las advertencias, las peticiones, los llamamientos, las recomendaciones de los técnicos. Ese plural insinúa insistencia, que es lo que agrava la falta: no se desoyó una vez, se desoyó una y otra vez.

De dónde viene

No se conoce el origen. La expresión se explica por sí sola y se apoya en un procedimiento muy productivo del castellano: fingir una incapacidad para librarse de un deber. Ese mismo molde produce hacerse el sordo, hacerse el loco, hacerse el despistado y hacer la vista gorda. En todos los casos el verbo hacer vale por simular.

Hay un detalle gramatical que delata su antigüedad. El adjetivo va aplicado al órgano y no a la persona: no se hace el sordo, se hacen sordos los oídos, como si pudieran volverse sordos por decisión de su dueño. Esa manera de atribuir a una parte del cuerpo la conducta del conjunto es un giro añejo del castellano, presente también en la variante hacer oreja sorda, hoy poco usada pero recogida en los repertorios.

La imagen aparece además en un refrán muy conocido, a palabras necias, oídos sordos, donde los oídos sordos son la respuesta recomendable frente a lo que no merece contestación. Ahí el silencio es virtud y no falta. Cuál de los dos usos es anterior no está documentado, así que lo prudente es tomarlos como dos aprovechamientos de una misma imagen y no deducir que uno salió del otro.

La sordera fingida da mucho juego en castellano, y conviene ver la serie completa para situar la locución. Está el refrán no hay peor sordo que el que no quiere oír, que dice exactamente lo mismo en formato sentencioso; está el diálogo de sordos, donde ninguno de los dos escucha al otro; y está el hacerse el sordo de la conversación diaria. Cuatro maneras distintas de nombrar una misma conducta, que es la de tener el oído perfectamente y no querer usarlo. Ninguna de las cuatro tiene origen documentado, y no hace falta: la imagen se sostiene sola.

Hasta qué punto está probado

La certeza catalogada es desconocido. No hay primera documentación en la ficha, ni obra, ni autor, ni siglo, ni ámbito de origen. El diccionario académico registra la locución con su definición, que es todo lo que se puede afirmar con respaldo.

Lo que sí puede sostenerse, y no es poco, es el mecanismo: la simulación de una incapacidad sensorial como recurso para eludir una obligación, presente en un grupo entero de expresiones castellanas. Eso explica cómo funciona la frase, no cuándo se hizo. Cualquier texto que le atribuya una fecha o una anécdota está inventando: es un caso claro de expresión transparente, de las que no necesitan historia porque se entienden solas.

Cómo se usa hoy

Registro neutro, con un peso enorme en la lengua administrativa y periodística. El sujeto habitual no es una persona sino una institución: el ayuntamiento, el ministerio, la dirección, la empresa. Esa preferencia dice mucho, porque hacer oídos sordos es exactamente lo que puede hacer quien tiene poder para no contestar.

Se construye con la preposición a delante de lo desatendido: hacer oídos sordos a las quejas, a las advertencias, a las peticiones. Y se emplea casi siempre desde el punto de vista del que reclama, nunca del que calla: nadie dice de sí mismo que hizo oídos sordos, salvo para confesar algo.

Su variante coloquial es hacerse el sordo, más doméstica y siempre referida a personas. En España convive además con hacerse el sueco, que cubre un terreno parecido y cuyo origen, dicho sea de paso, está tan discutido como poco documentado.

La ficha la registra en España. En América se entiende sin dificultad y se usa con normalidad en la lengua escrita, porque no depende de ningún dato local ni contiene palabra que cambie de valor allí.

Una advertencia de uso que hace unos años no habría hecho falta. La locución convierte la sordera en sinónimo de mala voluntad, y hay redacciones y manuales de estilo que hoy prefieren evitar esa clase de metáforas por respeto a las personas sordas. La expresión no está proscrita ni mucho menos, y su uso es masivo, pero merece la pena saber que en ciertos contextos —comunicación institucional, textos sobre discapacidad— se buscan alternativas como desatender, ignorar o no dar respuesta.

Expresiones parecidas

Hacer la vista gorda y entrar por un oído y salir por otro, ya diferenciadas más arriba, son las dos con las que más se confunde, y la distinción vale la pena porque en un texto preciso no son intercambiables.

Dar la espalda va más lejos: implica abandono y ruptura, no solo silencio. Se puede hacer oídos sordos a una reclamación y seguir tratando con quien la presenta; dar la espalda es retirar la relación entera.

Mirar hacia otro lado es la vecina más cercana en el habla actual, con el ojo en lugar del oído y un matiz de complicidad pasiva. Y callar como un muerto nombra el silencio propio, no el desprecio del mensaje ajeno.

Por último, echar en saco roto se le acerca desde otro ángulo: allí el consejo se recibe y se pierde, con desperdicio más que con desprecio. Se suele emplear en negativo, y de hecho la forma habitual es la promesa de no hacerlo, que es justo lo contrario de la conducta que describe nuestra locución.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Chile

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Colombia

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

España

Desatender deliberadamente

Frecuente en la lengua administrativa y periodística

«El ayuntamiento hizo oídos sordos a las quejas del barrio.»

México

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Perú

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Venezuela

Fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla, dejando que el asunto muera por falta de respuesta.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to turn a deaf ear

Literalmente: volver un oído sordo

Preguntas frecuentes

¿Qué significa hacer oídos sordos?

Significa fingir que no se ha oído una petición o una advertencia para no tener que atenderla. Implica que el mensaje llegó y que el silencio es deliberado.

¿De dónde viene hacer oídos sordos?

No se conoce su origen documentado. Funciona como hacer la vista gorda o hacerse el loco: se simula una incapacidad para eludir la obligación de responder.

¿Es lo mismo hacer oídos sordos que hacer la vista gorda?

No. El que hace la vista gorda ve una falta y la tolera; el que hace oídos sordos desatiende una petición que se le dirige. Una es permisividad, la otra desatención.

¿Se dice hacer oídos sordos u oído sordo?

La forma asentada es hacer oídos sordos a algo, en plural. También existe hacer oreja sorda, hoy poco usada, y la variante coloquial hacerse el sordo.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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