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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Entrar por un oído y salir por otro

Respuesta rápida
«Entrar por un oído y salir por otro» significa Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.
  • Origen histórico: La imagen presenta la cabeza como un conducto vacío que las palabras atraviesan sin detenerse. Es transparente, se documenta con la misma forma en varias lenguas europeas y no se conoce cuál la acuñó primero…
  • Variantes frecuentes: Le entra por un oído y le sale por el otro
  • En otros idiomas: «in one ear and out the other» (EN)

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Origen desconocido

No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.

Oír algo y no quedarse con nada: eso es que a alguien le entre por un oído y le salga por otro. La locución retrata el consejo, la advertencia o la reprimenda que se escuchan sin protestar y sin efecto ninguno, porque quien los recibe no está reteniendo ni una sola palabra de lo que le dicen.

Qué significa exactamente

La frase no dice que el destinatario sea sordo ni que se niegue a escuchar. Dice algo más preciso y bastante más desalentador: que el mensaje ha pasado por él sin dejar rastro. El sujeto gramatical, de hecho, no es la persona, sino lo que se le dice; la persona aparece en dativo, como simple lugar de paso: le entra por un oído y le sale por otro. Esa construcción es la clave del sentido, porque coloca al oyente en una posición pasiva. No rechaza nada. Sencillamente, no retiene.

De ahí la diferencia con hacer oídos sordos, que implica una decisión tomada: quien hace oídos sordos oye perfectamente y elige no darse por enterado. Aquí no se afirma que haya voluntad, y ese matiz importa cuando se reparten culpas. Tampoco equivale a no enterarse de nada, que apunta a la comprensión, ni a estar en las nubes, que apunta a la distracción de un momento concreto. Lo que describe nuestra locución es un resultado comprobado después: se dijo, se oyó, no sirvió de nada.

Se emplea casi siempre en tercera persona y con valor de queja reiterada, no de incidente aislado. Por eso suele acompañarse de un cuantificador total —todo lo que le digas, todo lo que le explicas, mil veces— que subraya la inutilidad del esfuerzo acumulado. En primera persona aparece menos, y cuando aparece funciona como confesión resignada de quien admite que no está prestando atención. Con niños pequeños el reproche pierde filo y se vuelve casi cariñoso; con un adulto, en cambio, roza el desprecio, porque insinúa que no vale la pena seguir hablando.

De dónde viene

No hay origen histórico que contar, y conviene decirlo cuanto antes: ni oficio, ni episodio, ni anécdota. La imagen se explica por sí sola. Presenta la cabeza como un conducto con dos bocas, una a cada lado, y las palabras como algo material que lo atraviesa de lado a lado sin encontrar dónde detenerse. Es una metáfora anatómica ingenua, de la misma familia que la que aloja las ideas dentro del cráneo o los sentimientos en el pecho: no describe el cuerpo real, sino el cuerpo tal como lo imagina la lengua corriente.

Una metáfora que no necesita historia

Que la misma figura funcione en otras lenguas europeas se esgrime a menudo como prueba de préstamo. No lo es. Cuando una imagen resulta tan evidente —dos orificios enfrentados y un hueco en medio—, cada idioma puede llegar a ella por su cuenta sin copiar a nadie. Para sostener que una lengua se la tomó de otra habría que fechar su aparición en cada una y comprobar quién va primero; esa datación no existe, así que la coincidencia solo prueba que la ocurrencia es fácil.

Tampoco hay motivo para buscarle un padre literario. Que una frase resulte plástica no significa que la inventara un escritor: el habla común produce imágenes así a diario y la inmensa mayoría no lleva firma. Cuando en una recopilación de refranes o en un clásico aparece una fórmula de este tipo, lo que se documenta es que ya circulaba, no que el autor la creara. Es la confusión más extendida en las páginas que explican dichos, y es la que más orígenes falsos ha fabricado.

Hasta qué punto está probado

El nivel de certeza de esta ficha es el más bajo de la escala: desconocido. No se sabe quién fijó la fórmula, ni en qué siglo empezó a decirse, ni por qué camino se extendió. Esta entrada no registra primera documentación ni época estimada, y esa ausencia es en sí misma un dato: significa que nadie ha aportado todavía el texto antiguo que permitiría poner al menos una fecha mínima, un ya se decía en con respaldo.

El diccionario académico recoge la locución, pero recoger no es fechar. Un diccionario certifica que la expresión estaba viva y era general cuando se redactó la entrada; no dice cuándo nació ni de dónde salió. La distinción se pasa por alto continuamente, y merece la pena mantenerla aquí: lo honesto es afirmar que el sentido está clarísimo y el origen, sencillamente, no se conoce. En una frase transparente eso ni siquiera es un problema, porque no hay nada oscuro que explicar.

Cómo se usa hoy

Es coloquial, está plenamente viva y no suena anticuada en absoluto. Sus usuarios naturales son padres y profesores, que la sueltan ante el enésimo aviso desatendido, pero se ha desplazado sin esfuerzo a la oficina y a la crónica política: las recomendaciones del informe le entraron por un oído y le salieron por otro es una frase perfectamente periodística. También aparece en contextos médicos y de prevención, cuando alguien describe el poco caso que se hace a las advertencias.

Formalmente admite bastante juego. Se conjuga entera, se abrevia (por un oído me entra), se invierte el orden y alterna por otro con por el otro sin que cambie nada. El posesivo no aparece nunca: no se dice por su oído, sino por un oído, porque la frase no señala una oreja concreta, sino el trayecto. Y admite ampliación irónica: hay quien añade que por el camino no se ha parado a mirar.

No es grosera ni malsonante, así que puede decirse delante de cualquiera; el filo lo pone el tono, no las palabras. Fuera de España se entiende sin necesidad de explicación alguna, porque la imagen no depende de ninguna realidad local ni contiene ninguna palabra que cambie de valor al cruzar el Atlántico. Esta ficha la documenta en el uso español, pero es de esas fórmulas que nadie tiene que traducir.

Hay un rasgo pragmático que explica buena parte de su éxito: casi siempre se dice delante del aludido, pero dirigida a un tercero. La madre se lo cuenta al padre con el hijo presente; el profesor se lo comenta a otro profesor en la reunión de evaluación, con la familia sentada enfrente. Ese triángulo convierte la frase en un reproche muy difícil de contestar, porque no acusa de mala fe ni de desobediencia: se limita a constatar un hecho. Defenderse de él obligaría a demostrar que uno sí estaba escuchando, que es justo lo que no se puede demostrar.

Fuera del ámbito doméstico ha encontrado acomodo en el lenguaje de la comunicación y de la prevención, donde describe los mensajes que no calan: campañas de tráfico, avisos sanitarios, recomendaciones que se repiten cada verano con idéntico resultado. En ese uso pierde el filo del reproche personal y se vuelve casi técnica, una manera rápida de decir que el receptor recibió la información y no la incorporó. Es de las pocas frases hechas que sirven igual para regañar a un adolescente y para evaluar el rendimiento de una campaña institucional, y esa versatilidad la mantiene lejos de cualquier riesgo de caer en desuso.

Expresiones parecidas

La vecina más próxima es hacer oídos sordos, y la diferencia está en la voluntad: quien hace oídos sordos decide ignorar, mientras que a quien le entra por un oído y le sale por otro no se le atribuye ninguna decisión. En el extremo contrario están ser todo oídos, que es atención máxima y voluntaria, y aguzar el oído, que es el esfuerzo por captar algo que apenas se percibe. Las tres giran sobre el mismo órgano y reparten los papeles: la sordera fingida, la escucha entregada y el esfuerzo por oír.

Hay otro grupo que cuenta lo mismo desde el lado de quien habla. Predicar en el desierto, hablarle a la pared o gastar saliva ponen el foco en el emisor y en su fatiga; nuestra locución lo pone en el mensaje y en su recorrido. Cambiar de una a otra cambia a quién se compadece: si digo que hablo a la pared, me quejo de mí; si digo que le entra por un oído y le sale por otro, el retratado es él.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Chile

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Colombia

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

España

No hacer caso ni retener lo que se oye

Típico del reproche de padres y profesores

«Se lo he dicho mil veces, pero le entra por un oído y le sale por otro.»

México

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Perú

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Venezuela

Oír algo sin retener nada de ello, de modo que el consejo o la reprimenda no dejan ninguna huella en quien los recibe.

Cómo se dice en otros idiomas

EN

in one ear and out the other

Literalmente: por un oído y fuera por el otro

Preguntas frecuentes

¿Qué significa entrar por un oído y salir por otro?

Significa oír algo sin retener nada. El consejo o la reprimenda se escuchan sin protesta aparente, pero no dejan ninguna huella en quien los recibe.

¿De dónde viene entrar por un oído y salir por otro?

No se conoce. No consta ningún origen histórico ni ninguna primera documentación: la imagen es transparente y presenta la cabeza como un conducto que las palabras atraviesan sin detenerse.

¿Es lo mismo que hacer oídos sordos?

No del todo. Hacer oídos sordos implica una decisión de no darse por enterado; que algo entre por un oído y salga por otro describe la falta de retención, sin atribuir esa intención.

¿Cómo se usa entrar por un oído y salir por otro?

Como queja ante quien no atiende, sobre todo en boca de padres y profesores, y casi siempre con un cuantificador: todo lo que le digas le entra por un oído y le sale por otro.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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